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Cambiar de aires, por Mikel
Agirregabiria.- 11/08/05
 
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Cambiar de aires, por Mikel
Agirregabiria
La vida es una mixtura de
aire, donaire, desaire y
socaire. Vive a tu aire, al
menos el verano, época de
libertad, el aire del alma.
Un proverbio medieval aseguraba
que “el aire de la ciudad hace a
los hombres libres”, por aquello
del fuero que allí regía. Otro
antiguo proverbio médico
señalaba que “el aire natal es
una medicina universal”. Pero en
los veranos actuales cambiamos
de aires y es cuando mejor
sentimos la existencia y el
significado de vivir libres al
aire libre.
El aire es ese fluido
transparente que forma la
atmósfera de la Tierra, una
mezcla gaseosa sin olor ni sabor
que llena todo el espacio
terrestre considerado como
vacío. Inhalamos unos 14.000
litros de aire por día, y su
pureza determina nuestra salud
y, en definitiva, la duración y
calidad de nuestra vida. Se dice
que los cinco mejores médicos
son los doctores Sol, Agua,
Aire, Ejercicio y Dieta.
Napoleón decía que las
principales medicinas de su
farmacopea eran Aire puro, Agua
clara y Limpieza. Hasta los
médicos recomiendan que
cambiemos de aires cuando no
saben qué hacer con nosotros.
En verano parece que, al mudar
de aires, podamos vivir del
aire, alimentamos del aire,
aunque la cuenta bancaria luego
nos demuestra que damos aire al
dinero y que no nos sustentamos
del aire, ni en Buenos Aires, ni
en el Zaire. Allá donde
descansemos, olvidamos los aires
de grandeza, incluso los aires
de suficiencia, lo que es más
fácil cuando vivimos con la
tripa al aire que con aire
acondicionado.
Cuando el problema mundial es
evitar que saltemos por los
aires, muy en serio pero con un
aire de fiesta digamos: ¡Aire a
las preocupaciones y a las
noticias! ¡Aire a quienes
disparan, aunque sea al aire y a
los ejércitos incluidos los del
aire! Demasiado azotamos el aire
durante el resto del año, para
estar de mal aire en agosto.
Vamos a tomar el aire por la
playa. Olvidemos, por su tufillo
machista, la idea de echar una
canita al aire y los affaires.
Es tiempo de beber los aires por
la pareja, por tu partenaire,
por los seres queridos, por
quienes tienen un aire de
parecido, ese aire de familia.
De aire no se vive, y quizá sólo
los mendigos viven a su aire.
Pero en vacaciones somos
vagabundos enamorados que, como
Bécquer, sabemos que los
suspiros son aire y van al aire.
Esta noche no importa que al
estirarnos más de lo que da de
sí la sábana, queden los pies al
aire. Creamos, como Montesquieu,
que para prosperar en este mundo
lo mejor es tener un aire de
tonto… sin serlo.
Si no nos da un aire, en cuanto
amanezca inflemos con aire las
bicicletas, y vayamos con las
colchonetas de aire a la playa.
No construiremos castillos de
arena, y sí castillos en el
aire. El aire, como el océano,
todavía es patrimonio común de
la Humanidad. Sintamos esa
querida hermandad de todos los
seres humanos que compartimos la
trinidad de la Tierra, el Mar y
el Aire.
Mikel Agirregabiria Agirre.
Getxo
http://www.getxoweb.com/mikel
Versión final en:
http://www.geocities.com/agirregabiria2005/aires.htm
Gentileza:: [mikel@getxoweb.com]
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