Veranos de antaño, por Mikel
Agirregabiria Agirre
Antes, en verano, veíamos la
trashumancia de las ovejas;
ahora, los corderos asisten al
trasiego masivo de los humanos.
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Todos los veranos de mi
infancia los he pasado en
Ubidea, un pequeño pueblo
vizcaíno en la frontera con
Zigoitia (Álava), de donde
procedía mi abuela paterna.
Allí, mis bisabuelos
mantuvieron un gran rebaño
ovino, siendo mi tío-abuelo
Esteban Etxebarria, uno de
los últimos pastores del
Gorbea. |
No llegué a conocerle. Su rebaño
desapareció en la guerra civil,
requisado sucesivamente por los
dos bandos que libraron la
“Batalla de Villarreal” en las
inmediaciones.
Hasta los años ’60, recuerdo que
-cuando llegábamos para las
fiestas de San Juan- junto al
río cercaban a los rebaños para
esquilarles su lana diestramente
con unas grandes tijeras. Con la
leche de oveja se preparaba,
sólo en estas fechas, una
inolvidable cuajada deliciosa
que llamábamos “putxa”, en el
dialecto bizkaiera del euskera.
De pequeño me sorprendía
sobremanera aquel desplazamiento
del ganado desde los pastos de
invierno a los del estío, y
especialmente la voz que lo
definía: "trashumar". Me traía
resonancias de “traspasar el
humo” (como cuando saltábamos
sobre la hoguera de San Juan).
Luego descubrí que el verbo,
procedente del latín, sólo
significaba “cambio de tierra”,
trans (de otra parte) y humus
(tierra).
Los veranos actuales también
comportan otra forma de
trashumancia: la “translación de
humanos”. En julio nuestros
jóvenes circulan de fiesta en
fiesta, de localidad en
localidad, e incluso de
continente en continente por
aquello de aprender idiomas.
Después, en agosto, las familias
enteras recorren miles de
kilómetros para buscar nuevas
tierras. Viajes de ida y vuelta,
como antes las ovejas.
Mikel
Agirregabiria Agirre. Getxo
http://www.getxoweb.com/mikel
Versión final en:
http://www.geocities.com/agirregabiria2005/veranos.htm
Gentileza:: Agencia NOVA [noticias@nova-net.com.ar]
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