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Los medios y la protesta
educativa: Paranoicos y educados.- 27/06/05
 
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Los medios y la protesta
educativa: Paranoicos y educados
“Todavía existen hombres para
los que la huelga es un
escándalo; no solo un error, un
desorden o un delito, sino un
crimen moral, una acción
intolerable que perturba a la
naturaleza” R. Barthes.
Y el Gobierno, ¿por que
lucha?
La respuesta del Gobierno ante
las protestas y reclamos de
estudiantes y docentes es
siempre la misma: no hay
presupuesto. Es por eso que
nuestros representantes “luchan”
por afianzar las relaciones con
aquellos sectores que
“desinteresadamente” pueden
aportar para mejorar la
situación de la educación en
nuestro país.
Desde el Gobierno se habla
entonces de la negociación de
una ley de financiamiento
educativo, cuyo proyecto se
presentaría en el Congreso
Nacional en los primeros días de
julio. Nuestro Ministro de
Educación, Daniel Filmus, se
encargó de aclarar que el
proyecto se llevó a cabo en
consenso con todos los “sectores
sociales”. Estos son: la
Asociación Empresaria Argentina,
las cámaras de Educación como
ADEPA, ADEEPRA, ADRHA y COORDIEP;
IDEA, UIA, las cámaras Argentina
de la Construcción, de
Indumentaria, del Libro, de
Publicaciones y de Convertidores
de Papel y Fabricantes de
Artículos de Librería. También
el Banco Río, los diarios Clarín
y La Nación; IBM, INTEL, Sidus,
Sociedad Comercial del Plata S.A,
Techint y Telecom, etc. Para
Filmus aquí están todos los
sectores, ¿y el pueblo donde
está?....La privatización de la
educación está en camino, sólo
faltan un par de firmas.
La lucha por una Educación
Pública no es un fenómeno
reciente. Un trabajo de
investigación realizado por el
Centro de Estudios Nueva Mayoría
consigna que en los últimos 22
años -entre 1980 y 2001- han
tenido lugar en la Argentina
1.584 paros docentes. Los mismos
constituyen el 17% del total de
paros y medidas de fuerza que
han habido en el país durante
dicho período. A partir de este
dato se puede inferir que la
constancia y repetición de estas
luchas es el resultado de un
modelo económico y político
preocupado más por encontrar
alternativas de privatización
que por dignificar las bases de
la Educación Pública.
A partir del mes de mayo se ha
observado en la agenda de los
medios una mayor incidencia de
los temas referidos a las
protestas sociales en el campo
educativo. Este espacio “ganado”
en la cobertura periodística se
corresponde, evidentemente, con
un mayor nivel de conflictividad
social real. La representación
que realizan los medios de las
protestas populares y de los
sujetos protagonistas de las
mismas, da cuenta de las
diversas estrategias que los
sectores dominantes ponen en
juego en este tipo de
conflictos. Todas ellas
responden a una lógica que
intenta criminalizar a las
protestas sociales, cristalizar
los conflictos y deshistorizar
las luchas, con el único fin de
que todo siga igual o, mejor
dicho, aún peor.
El usuario, los medios y laS
huelgaS
Desde los titulares mismos de
las notas, se plantea claramente
una toma de posición. En Clarín
o La Nación se lee: “Comienzan a
perderse días de clases en
escuelas bonaerenses”; “Tiempo
perdido”; “Docentes
universitarios vuelven a parar
72 horas” o “La protesta
callejera”. Se plantean, de esta
manera, las pérdidas que
ocasionan los paros y las tomas,
en lugar de discutir sobre las
significaciones de la protesta,
su contenido, y la legitimidad
del reclamo. Al poner el eje de
las problemáticas en las
metodologías de las protestas
(cortes de calles, movilización,
tomas, entre otras) y no en sus
contenidos, se produce un desvío
en el tratamiento del fenómeno.
El mismo nos conduce hacia dónde
los sectores dominantes quieren
ir: una espectacularización de
las luchas sociales, que
clausura la discusión crítica y
demoniza al sujeto social que
participa en ellas. Se termina
así, en una mera descripción
situacional que menciona la
generalidad de los reclamos y no
las problemáticas de fondo. Como
bien afirma Barthes en su libro
“Mitologías”: “la burguesía
afirma que no se inquieta por
saber quién está equivocado o
quién tiene razón en la huelga.
Después de haber dividido entre
sí los efectos para aislar mejor
el que le preocupa, pretende
desinteresarse de la causa: la
huelga se reduce a un incidente
aislado, a un fenómeno que no
merece ser explicado”.
Otra de las estrategias de
representación del conflicto se
basa en darle la voz al
Gobierno, excluyendo así al
sujeto activo de la protesta. Si
bien se realiza un trabajo de
fuentes que pretende consultar a
todos los involucrados en el
conflicto, el mayor espacio lo
ocupan las fuentes oficiales.
Son escasas las voces de los
protagonistas. Un ejemplo claro:
el 26 de mayo de 2005 en el gran
diario argentino, se cita al
jefe de Gabinete, Alberto
Fernández, quien afirma: “la
Casa Rosada no entiende la
utilidad de las protestas que le
arruinan la vida a los demás
argentinos".
En base a estos mecanismos queda
al descubierto que la acción de
los medios es distanciar el
fenómeno de la protesta
educativa de la realidad en que
se enmarca. Esto es lo que
planteó Armand Mattelard [1] ya
desde la década del ’70, al
establecer la operación que
realizan los medios de promover
modelos extrasociales, por los
cuales los individuos y los
fenómenos son desconectados del
proceso histórico que los
produce. Para este autor un
ejemplo de esto sería lo que
hacen los medios al buscar las
causas de la protesta en la
personalidad y las acciones de
los actores, enfatizando las
consecuencias que traen en el
resto de la población.
La aplicación concreta de esta
metodología se ve claramente en
el caso en las protestas
estudiantiles. Para muchos éstas
serían una nueva movida, una
moda o simplemente una
consecuencia de la indisciplina
propia de los adolescentes. Se
los despoja de sus aspiraciones
reales de transformación social
y se toma todo como “rebeldía
juvenil”.
Tanto el gobierno como las
autoridades de varias escuelas
porteñas consideran además que
la protesta de los estudiantes
está muy politizada, que el
reclamo es de carácter
transitorio (y no histórico) y
que los estudiantes se
encuentran influenciados por
otros sectores. “No se entiende
si no, cómo es posible que de un
día para otro, haya problemas en
todos lados”, dijo un miembro de
la jefatura del gobierno porteño
a Página 12 en la semana trágica
de las tomas y cortes. ¿De un
día para otro?...
La representación que realizan
los medios del sujeto que
protesta en el campo educativo
es entonces aquella que muestra
la concreción de la protesta
como violencia, como escándalo
que perjudica al resto de “la
gente”. Naturalizan el
conflicto, universalizan
conceptos e instituyen un
pensamiento único, enmascarando
de esta manera la verdadera
violencia, que es la ejercida
por los sectores dominantes
respecto a la ineficiencia del
sistema educativo. Así, esta
visión dicotómica del tejido
social, realiza una construcción
paranoica del otro social. El
temor de que nuevos sujetos se
sumen a esas luchas constituye
la principal violencia que se
intenta esconder.
Gentileza:: Agencia
Sociales [sociales@gmail.com]
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