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Yaracuy, por Kintto Lucas.-
16/06/05
 
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Yaracuy, por Kintto Lucas
Tranquilos con su universo, en
paz con la naturaleza y alegres
con su destino, así viven los
yaracuyes. Habitan la costa
norte del Golfo de Paria, unos
quinientos kilómetros al oeste
de la ciudad de Caracas. Mansos
viven hasta que llega el europeo
y se instala como en terreno
propio...
Si bien hace años que invadieron
la región, todavía no habían
incursionado por la zona de los
yaracuyes. Indignado ya con la
presencia tan cercana de los
extranjeros en su territorio y
con voluntad de pelea, el gran
cacique Yaracuy envía un mensaje
a Mencio Vargas, jefe de las
tropas españolas, y le dice:
"Les pido con mi pueblo que
dejen estas tierras, que no les
pertenecen y se marchen hacia
otros rumbos". La respuesta del
europeo fue contundente "Id a
decirle al cacique que venga él
a echarnos". Y así fue. El
cacique fue a echarlos...
Primero ataca con sus guerreros
un destacamento de indígenas al
servicio de los invasores, luego
el campamento del Tocuyo, donde
está el jefe de los
conquistadores con sus
soldados...
En la batalla de Cuycutóa los
yaracuyes logran la victoria.
Los vencedores saquean el
campamento español y los
poblados cercanos, luego
persiguen a los colaboradores
indígenas. El jefe Yaracuy se
molesta con esta acción y los
reprende: "Ese proceder es tan
feo como cobarde, no somos
saqueadores".
Cañones, arcabuces y otras armas
son capturadas por los rebeldes
pero no pueden utilizarlas
porque desconocen su manejo. Los
yaracuyes confían que su
victoria ya es definitiva y se
dispersan. Los conquistadores
aprovechan el tiempo
reconstruyendo sus filas:
setecientos hombres de todas las
armas llegan desde Europa,
quedan bajo el mando del
conquistador Diego de Losada y
parten en busca de los
sublevados. En Uricagua, que así
llamó ese paraje el jefe
español, fue el enfrentamiento
final. Los indígenas luchan con
valor pero igual les llega la
derrota. Yaracuy es preso y
atado a un árbol. Luego, cuando
ya la batalla había terminado,
un capitán español manda que lo
desaten. El agua del sudor le
moja los cabellos, las gotas
corren por su rostro y se
deslizan por el cuerpo desnudo,
solo cubierto con algunas plumas
y cordajes. En el túnel de sus
ojos negros se observa el dolor
y el fuego de la rabia. Los
españoles lo miran asombrados.
El capitán dispone a seis
soldados y un cabo para
custodiarlo. Le hacen seña que
permanezca sentado, hasta que
resuelvan su destino... El no
hace caso y permanece de pie,
quieto, silencioso, mirando al
suelo rojo de la sangre
fresca... Los europeos se
distraen un poco al ver que el
cacique no da muestras de
resistencia. Pero de repente se
lanza sobre un soldado, quita su
arma, atraviesa el pecho del
capitán y lastima otros tres...
Los arcabuces se descargan sobre
él. Cae en su tierra, se
revuelca en su sangre y se
introduce en la leyenda... Los
indígenas que logran escapar se
marchan a las montañas con el
jefe en sus pensares...
Organizarán guerrillas indígenas
para acosar a los españoles
durante veinte años... El
espíritu Yaracuy recorrerá el
Caribe...
* Este texto pertenece al
libro Rebeliones indígena y
negras en América Latina,
Ediciones Abya Yala, Quito 1992,
1997 y 2000. Edición Los Libros
de Tintají, Quito 2004.
Gentileza:: Kintto Lucas [
kintto@yahoo.com ]
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