|
|
La velocidad mata.-
02/06/05
 
|
|
La velocidad mata
Una medida simple que
inmediatamente salvaría millones
de vidas en las carreteras.
El 17 de agosto de 1896, Bridget
Driscoll, una mujer de 44 años,
se convirtió en la primera
víctima mortal de un accidente
de tráfico frente al Crystal
Palace de Londres. Fue
atropellada por un vehículo que
iba “a gran velocidad”, según
afirmó un testigo. Posiblemente
fuera a 8 millas/hora (12,8 km/h),
cuando debía respetar un límite
máximo de 4 mph. El joven
chofer, que ofrecía paseos para
mostrar el incipiente invento,
trataba de impresionar a una
pasajera igualmente joven.
Durante la investigación, el
magistrado encargado afirmó:
“Esto no debe volver a ocurrir
nunca más.”
Desde entonces, más de cuarenta
millones de personas han muerto
a causa del tráfico rodado.
Según un informe publicado
conjuntamente por la
Organización Mundial de la Salud
(OMS) y el Banco Mundial en
abril de 2004, "los accidentes
causan anualmente 1,2 millones
de muertos y 50 millones de
heridos o minusválidos”, siendo
la segunda causa mundial de
mortalidad de personas entre 5 y
29 años y la tercera entre 30 y
44 años.
La velocidad, por sí sola, es el
mayor factor de riesgo en la
carretera. En el mundo
occidental, casi cuatro de cada
diez percances mortales (37%) se
provocan por exceder los límites
permitidos de velocidad. La
velocidad produce múltiples
efectos peligrosos, como una
visión reducida del conductor
(“efecto túnel”), un menor
tiempo de reacción, una mayor
distancia de frenado, así como
un incremento de la gravedad y
frecuencia de los accidentes.
Las posibilidades de sobrevivir
a un choque son ínfimas para un
ocupante a 200 km/h, o para un
peatón a 80 km/h.
Las leyes de la Física dictan
inexorablemente que la energía
cinética absorbida en una
colisión se incrementa con el
cuadrado de la velocidad de
impacto. En otras palabras, la
gravedad de los accidentes
aumenta desproporcionadamente
con la velocidad.
Investigaciones canadienses
demuestran que elevar la
velocidad legal, máxima
simplemente desde 70 mph (112 km/h)
hasta 75 mph (120 km/h), provoca
un aumento del 35% en la
mortalidad vial. Otros estudios
constatan que "la mayor parte de
las paraplejías y tetraplejías
se producen entre los 100 y 130
km/h, por encima de este límite,
la velocidad mata". La OCDE ha
estimado que un solo
kilómetro/hora añadido de
velocidad promedio en una vía
eleva en un 5% las lesiones y en
un 7% los accidentes fatales.
Así, con una reducción de sólo 5
km/h., en la Unión Europea cada
año podrían evitarse 11.000
muertos y 180.000 heridos.
El accidente de tráfico es una
maldición evitable.
Especialmente evitando el exceso
de velocidad, que es uno de los
pocos factores de la seguridad
vial que podríamos controlar
voluntariamente nosotros mismos.
Pero no lo hacemos
colectivamente. Son muy
numerosos los conductores
multados por velocidad excesiva,
cuya probabilidad de verse
envueltos en accidentes sube un
59% respecto de la media (según
el informe Stradling de 2002).
Hoy día quienes circulan más
rápidos no son sino los más
insensatos, inconscientes de
actuar como criminales
potenciales.
¿Por qué tolerar esta tragedia
colectiva? Cada día, jóvenes o
familias enteras dejan su vida
en el asfalto por imprudencia
propia o ajena,... y por desidia
de todos (autoridades,
conductores, ciudadanos,….). Se
adoptan acertadas decisiones
como el carné por puntos, los
controles de alcoholemia o de
uso de cascos y cinturones, o la
proliferación y generalización
de dispositivos de seguridad
activa y pasiva (airbags, ABS,
ESP, sillas infantiles,…), pero
son medidas insuficientes ante
un veloz parque móvil que supera
crónicamente los límites de
seguridad.
La delgada línea entre la vida y
la muerte se desvanece cuando
circulamos a gran velocidad, o
en medio de un tráfico ajeno que
no respeta los límites y que nos
rodea a velocidades inadecuadas.
Para evitar la sangría de
muertos en las cunetas, es
preciso derribar el hipócrita
culto a la velocidad, propio del
mundo frenético en el que
vivimos. Bastaría con añadir el
más simple de los dispositivos
de seguridad: un limitador de la
velocidad. Con reguladores (o
tacógrafos) incorporados de
serie en todos los vehículos,
que impidiesen circular a más de
120 km/h (quizá permitiendo
breves subidas hasta 140 por
razones de seguridad activa), se
reducirían millones de muertos y
heridos, con su insoportable
dolor derivado e incluso su
incalculable coste económico.
Con la instalación de un simple
limitador de velocidad aplicado
a escala universal, de coste
irrelevante e incorporado de
serie, todos viviríamos más y
mejor. Esto ya se hace en
camiones, en marcas de lujo
(pero con la barrera a 250 km/h)
o en toda la gama de modelos
Renault (pero sólo con avisador
y una restricción opcional).
Además con la velocidad
autolimitada infranqueablemente
a 140 km/h, nos ahorraríamos los
complicados radares de multas y
perderían sentido los coches de
más 120 CV o las motos de más 60
CV. ¿Por qué anuncian y venden
vehículos rebasan sobradamente
el máximo permitido de 120 km/h?
¿Por qué no humanizamos el
tráfico rodado, y con ello la
calidad de vida contemporánea?
Mikel
Agirregabiria Agirre. Getxo
http://www.getxoweb.com/mikel
Versión final en:
http://www.geocities.com/agirregabiria2005/velocidad.htm
Mikel Agirregabiria Agirre.
Otros artículos disponibles en
http://www.getxoweb.com/mikel
E-mail:
agirregabiria@yahoo.es
Gentileza:: Mikel Agirregabiria
Agirre [agirregabiria@euskalnet.net]
paginadigital |
|
  |
|
Ir al principio,
|
|
Noticias, opinión, política, derechos humanos, movimientos sociales, informes, latinoamerica |
|
|