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Paramilitarización en la
Universidad Pública.- 15/06/05
 
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Paramilitarización en la
Universidad Pública
Ejército de Liberación Nacional
de Colombia
Revista INSURRECCION No.037
El movimiento estudiantil
universitario y de los colegios
públicos, continúa peleando con
justeza el derecho a la
educación y la obtención de
garantías sociales que le
permitan desarrollarse sana e
integralmente y para que el
progreso de nuestro país se
pueda revertir en beneficio de
la población en general.
Ante la lucha por este legítimo
derecho el Estado ha respondido
con un terrorismo sistemático,
que va desde las medidas para
privatizar la educación pública,
con lesivas consecuencias, hasta
la imposición del miedo mediante
la actuación del
narcoparamilitarismo en los
centros de estudio.
Álvaro Uribe Vélez, fiel
representante y leal seguidor a
las enseñanzas elaboradas en la
Escuela de las Américas que el
imperio diseñó para frenar el
inconformismo social y combatir
los brotes revolucionarios de
los pueblos, ha enfilado una
sangrienta ofensiva paramilitar
contra los líderes estudiantiles
y sus movimientos.
Es de resaltar el caso de la
Universidad de Córdoba, donde
desde hace tiempo Salvatore
Mancuso, uno de los más grandes
capos y jefe paramilitar, ha
venido dirigiendo el
funcionamiento de dicho
establecimiento.
Bien sea por vía radial,
telefónica, cartas o
sencillamente con convocatorias,
suele citar al rector, a
miembros del consejo directivo y
a estudiantes para que reciban
las debidas orientaciones y
órdenes del caso para incidir en
la vida académica y
administrativa de la
universidad.
Al parecer se pretende instaurar
este tipo de modalidad en todas
las universidades del país,
donde las mafias locales
asumirán de manera directa o
indirecta los destinos
universitarios.
El Estado colombiano y su
novedosa modalidad de
intermediarios, se vale hoy del
concurso de estos asesinos, para
que "impongan la ley y el orden"
en el Alma Mater, controlando y,
en el peor de los casos que ya
son muchos, aniquilando
físicamente a quienes deciden
enarbolar las banderas
históricas del estudiantado.
Está claro que lo que se
pretende es golpear las
aspiraciones y derechos
políticos, sociales y culturales
de los estudiantes y la juventud
en general.
La paramilitarización del país
viene cada día cobrando más
vidas de los estudiantes. La
desolación que circunda los
campos, la huella lúgubre que
tanto crimen ha marcado en el
movimiento sindical y popular,
en el periodismo crítico, en los
artistas, en las mujeres
dirigentes, etc., expresan el
rostro de un Estado que
desarrolla sin rodeos métodos
fascistas sin precedentes.
Ahora de lo que se trata es de
ir borrando de nuestra geografía
nacional todo ese acumulado
juvenil que volcado a las
calles, se pelea con las uñas,
la posibilidad de la risa, la
alegría, el deleite que produce
el contacto con la sabiduría, el
conocimiento, la ciencia, la
técnica, que encuentran en los
templos del saber, como la
escuela, el colegio y la
universidad.
Grave situación de las
principales universidades y de
colegios públicos, que desde la
llegada de Uribe Vélez a la
presidencia, se encuentran
sumidas en la incertidumbre. Los
casos de la Universidad de
Antioquia, de la Nacional en
Bogotá y Medellín, la
Universidad Industrial de
Santander, la del Cauca, la de
Nariño, la de Córdoba, las de la
Costa Atlántica, etc.,
constituyen el más claro
ejemplo.
Crímenes ocurridos en una lucha
desigual de gritos rebeldes
estudiantiles, contra las balas,
las bombas lacrimógenas, los
pasamontañas de la nueva policía
robotizada, la infiltración de
personal paramilitar que, en
contubernio con las "autoridades
del orden gubernamental", hoy
deambulan por los claustros de
los educandos, como Pedro por su
casa.
Un estudiante de la Universidad
de Antioquia y uno de un colegio
del Cesar, manifestaron que el
paramilitarismo les ha llegado
porque no van a tolerar que la
juventud en su conjunto se
oponga a las medidas y reformas
educativas que el presidente
desde el modelo neoliberal
quiere imponer.
Hoy en día, son muchos los
estudiantes asesinados por
mantener la lucha contra la
privatización de la educación
pública. Lo vimos reflejado en
la marcha del Primero de Mayo
donde se perpetró el asesinato
de Nicolás Neira, en la protesta
contra el Tratado del Libre
Comercio (TLC) en febrero de
este año, donde se encontraban
las estudiantes Magali
Betancourt y Paula Andrea Ospina,
de la Universidad de Antioquia,
también vilmente asesinadas.
Por otro lado, el joven
estudiante condena enérgicamente
la exclusión social a que se le
viene sometiendo a través las
llamadas "limpiezas sociales",
como por ejemplo la que están
ejecutando en Ciudad Bolívar,
barriada bogotana, que entre
finales del 2004 y lo que va del
año 2005 cuenta más de ciento
cincuenta asesinatos de jóvenes
menores de veintiséis años,
todos ellos perpetrados por
bandas paramilitares.
Como vemos el terrorismo de
Estado está cobrando con sangre
el inconformismo y la toma de
conciencia por parte del
estudiantado colombiano. Por eso
está incursionando al interior
de las universidades y colegios,
no solo para amenazarlos,
perseguirlos, desaparecerlos,
detenerlos y quitarles la vida,
sino también manejando el poco
presupuesto que el Estado da
para este rubro.
Así mismo ha sucedido en el
sector de la salud en la Costa
Atlántica, donde el
paramilitarismo maneja y
dilapida el presupuesto de la
salud, destinándolo para la
compra de armas, droga y la
guerra contra los pobres.
Si bien es cierto que la
situación por la que atraviesa
el estudiantado colombiano es
escalofriante, también es cierto
que su movimiento viene
organizándose y consolidándose a
nivel regional y nacional,
alrededor de la defensa del
derecho a la educación pública.
Recordamos que a comienzos de
los años sesenta el movimiento
estudiantil liderado por la
Federación Universitaria
Nacional (FUN), libró grandes
batallas encaminadas no solo a
la transformación política y
académica de la Universidad,
sino también a la construcción,
junto a los obreros, campesinos
y demás sectores populares, de
un nuevo sistema social para
nuestro país.
Esta importante herencia
organizativa y beligerante se
mantenerse más viva que nunca en
estos momentos, por eso
resaltamos la entereza y la
dignidad con que viene
fortaleciéndose el compromiso
social del estudiante con su
país.
La rebeldía innata de nuestra
juventud excluida, los dispone a
no tenerle miedo al miedo y a
confrontar con inteligencia,
organización y valentía la
intolerancia de un sistema
político carcomido por la
corrupción y el crimen,
características estas de la
clase política, ganaderos e
industriales, que sin pudor
alguno, al lado de Mancuso, se
proponen acabar con la vida de
las nuevas generaciones y con
ellas, sus sueños de paz y
libertad.
Llamamos al pueblo colombiano a
confrontar el horror del poder
que encarna este gobierno
narcoparamilitar. A
solidarizarse profundamente con
el sector estudiantil, pues son
nuestros hijos y a ellos les
debemos una protección
ilimitada, capaz de
garantizarles los bríos
necesitados por la nueva
Colombia que nos proponemos
conquistar.
Gentileza:: Nicolás [niko@enet.cu]
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