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La infancia es un país
completo…, por Mikel
Agirregabiria.- 06/06/05
 
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La infancia es un país
completo…, por Mikel
Agirregabiria
La propia infancia es un
país, o, al menos, debiera
serlo; lástima que, al crecer,
perdamos la nacionalidad...
Los años de la niñez son para
cada uno de nosotros los tiempos
más fabulosos de la historia. He
vivido intensa y constantemente
en el recuerdo de mi propia
infancia, siempre presente en mi
alma. Con el transcurrir de los
años, he llegado a tres
conclusiones, que quisiera
compartir con los supuestos
lectores que en algún sitio
pudieran aparecer.
1ª) La propia infancia es un
país plagado de difuntos
presentes. La mayoría de los
personajes con los que
convivimos en nuestra niñez han
ido desapareciendo gradualmente.
Mis bisabuelos Isabel y Pedro,
mis abuelos, mis padres, y otros
muchos de quienes más aprendí
habitan ya entre las estrellas
del cielo. El peso de los
grandes protagonistas infantiles
persiste en nuestra memoria,
tanto más vigentes cuanto más
etéreos.
2º) La propia infancia es un
país cargado de vivencias. Las
experiencias más significativas
y decisivas se producen en las
edades más tempranas. Los
sucesos se aceleran y atropellan
en nuestros primeros años; a
menudo, sin que puedan ser
entendidos en su momento por
quienes los vivimos y los
aceptamos como inevitables. Esas
vivencias moldean crucialmente
nuestro espíritu.
3º) La propia infancia es un
país rebosante de claves. La
vida paulatinamente nos descubre
las soluciones que explican lo
que nos asombró durante la
inocencia de nuestra niñez. La
existencia va adquiriendo su
significado progresivamente. El
descubrimiento de los secretos y
la magia del aprendizaje son
máximos en las etapas
incipientes; luego el
escepticismo y, lo que es peor,
la indiferencia se van
apropiando de nosotros.
Por todo ello, muchos
reivindicamos el retorno a los
valores de la infancia, a los
hallazgos propios de la niñez.
No es nuevo el mensaje de la
infancia como la patria común de
todos los mortales. Antoine de
Saint-Exupery señaló que "la
infancia es la patria de todos
los hombres". Más matizadamente,
Georges Bataille apuntaba que
"la literatura es la infancia al
fin recuperada".
Otra conclusión también se
deriva: La trascendencia de la
educación infantil y primaria. Y
necesariamente a través de
educadores que coincidan con el
pedagogo suizo Edouard Claparede,
cuando sentenció que "todo el
sentido que se da a la educación
depende del significado que cada
uno atribuya a la infancia". De
ahí la necesidad de que todos
los adultos, pero especialmente
quienes somos padres o
educadores, interpretemos
debidamente la etapa de la
infancia. Con la misma
atribución que otorgamos a
nuestra propia niñez, desde la
percepción más personal.
Sólo así descubriremos que la
razón última es que "la infancia
es un país repleto de amor", ese
deseo de imitación divina. El
escritor Gilbert Keith
Chesterton relataba: "Dios crea
cada margarita separadamente, y
nunca se cansa de forjarlas.
Puede ser que Él tenga el
apetito eterno de la infancia.
Porque nosotros hemos pecado y
envejecemos, pero nuestro Padre
es más joven que nosotros".
Un proverbio turco asegura que
"el amor devuelve a los viejos
sabios a la infancia". Otros
sugieren que el amor no envejece
nunca,… muere en la infancia.
Una razón más para perseverar en
los valores infantiles de la
incansable pasión por el juego,
por la amistad y por el afecto.
Hagamos que nuestra vida
contradiga ese pesimista
presagio que insinúa: "la
infancia es una eterna promesa
que nadie jamás mantiene".
Mikel
Agirregabiria Agirre. Getxo
http://www.getxoweb.com/mikel
Versión final en:
http://www.geocities.com/agirregabiria2005/infancia.htm
Gentileza:: Mikel Agirregabiria
Agirre [agirregabiria@euskalnet.net]
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