|
|
Guaicaipuro, por Kintto Lucas.-
15/06/05
 
|
|
Guaicaipuro, por Kintto Lucas
1560. En la región de
Caracas habitan los teques y los
caracas, dos tribus indígenas
que se han unificado y eligen su
cacique supremo por voto
popular. Seis meses hace ya que
Guaicaipuro fue elegido, y tres
días que empezaron a llegarle
malos augurios... Por las costas
aparecieron gentes extrañas:
"Llevan en la cara la color de
las nubes ligeras de la mañana y
toda manchada de cabellos
espesos... están cubiertos sus
cuerpos por una piel tejida tan
sólida que no le penetran los
más duros y agudos dardos", así
el mensaje corre y llega al
jefe.
Después de arrasar con lo que
encontraron a su paso, los
hombres pálidos construyeron
casas rodeadas de trincheras y
profundos pozos, para resistir
posibles ataques de los que aquí
viven. El cacique no espera que
lleguen a sus dominios, no
espera que la mañana tome el
color de las nubes ligeras, no
quiere que la noche pierda su
luna... Levanta su pueblo en
armas... Desde muchos rincones
llegan los guerreros para
concentrarse en el valle de los
caracas... varias tribus de la
zona se pliegan a la lucha.
El valle es un arco iris de
penachos de plumas brillando al
sol. Enseguida atacarán el
poblado construido por los
recién llegados. Asaltarán con
arrojo las trincheras, pelearán
cuerpo a cuerpo sin temor a las
armas de fuego, querrán tomar la
ciudad... pero el poderío
europeo es mayor. No basta la
fuerza, ni las flechas, ni los
dardos, ni el valor: el enemigo
vence.
Guaicaipuro siente la derrota
como una deshonra personal y
piensa en el suicidio. Un viejo
sacerdote de los teques
interviene: "Lo que ocurrió es
una prueba caprichosa de la loca
fortuna. Hay que seguir
peleando, debemos acosar, herir
y asaltar a los extranjeros para
que dejen estas tierras"... Las
palabras reaniman al cacique y
la guerra de guerrillas se
desata. Cuando sale el sol o se
oculta, bajo el relámpago o la
lluvia silenciosa, con el viento
o el silencio de la quietud, en
cualquier momento los guerreros
atacan a los españoles...
Surgen desde las sombras y por
las sombras se van... Durante
siete años escapan al
enfrentamiento directo porque
saben sus limitaciones. En
Antímano no pueden evitarlo. Los
cañones destrozan batallones
indígenas uno tras otro. Los
nativos siguen guerreando. Luego
de tres horas, ya cansados
algunos desertan. Guaicaipuro no
tiene otra opción que refugiarse
en la montaña.
Los españoles fundan Santiago de
León de Caracas y el cacique se
transforma en su pesadilla.
Varios ejércitos llegan desde
España para defenderla del
puñado de rebeldes... Un capitán
al frente de ciento ochenta
soldados es el encargado de ir a
buscarlo, si vence tendrá de
recompensa una alcaldía. El
cacique junto a veintitrés
hombres se parapeta en uno de
sus refugios de la montaña: una
casa de madera, que resiste el
embate durante varias horas. Ni
los indígenas pueden poner en
fuga a los soldados, ni estos
derrotar a los guerreros...
Recurren al fuego, que avivado
por el viento arde la cabaña y
obliga a los rebeldes a
abandonarla. Al salir, el jefe
indio grita a sus enemigos:
"Español cobarde, le falta el
valor para rendirme y se vale
del fuego para vencerme. Soy
Guaicaipuro, a quien tanto
buscas y quien nunca tuvo miedo
a su nación soberbia. Aquí me
tienes, muéreme para que con mi
muerte se
libre del temor que siempre le
causó‚á". Y así, lanzando una
flecha tras otra, corrió contra
ellos. Varios soldados murieron,
pero él fue atravesado por una
bala. Luego lo remataron. Su
rebeldía se mantiene hasta que
deja de ver el cielo y la
floresta. Ya agonizante habla a
los conquistadores: "Ven
extranjero, ven a ver como muere
el último hombre libre de estos
montes", luego deja de respirar.
Su cabeza fue colocada en un
lugar muy frecuentado, para que
todos la observaran. La luna se
nubló; el Orinoco, el Apure y el
Arauca ensombrecieron su cauce;
el viento se aquietó como triste
con la vida; no hubo ruidos,
hasta los pájaros decidieron
callar, todo el paisaje se
silenció y las lágrimas
caminaron por el valle con su
pesar... aletargando las
miradas. Pero la alegría siempre
vuelve a nacer y la sonrisa
revive... Yaracuy caminará el
mismo paso guerreando al
invasor... y habrá un Bolívar
peleando la independencia...
* Este
texto pertenece al libro
Rebeliones indígena y negras en
América Latina, Ediciones Abya
Yala, Quito 1992, 1997 y 2000.
Edición Los Libros de Tintají,
Quito 2004.
Gentileza:: Kintto Lucas [
kintto@yahoo.com ]
paginadigital |
|
  |
|
Ir al principio,
|
|
Noticias, opinión, política, derechos humanos, movimientos sociales, informes, latinoamerica |
|
|