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Hipótesis y errores de
Einstein, por José Repiso.-
11/06/05
 
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Hipótesis y errores de
Einstein, por José Repiso
"La preocupación por el
hombre debe constituir siempre
el objetivo principal de todo
esfuerzo tecnológico.
Preocupación por los grandes
problemas no resueltos de cómo
organizar el trabajo humano y la
distribución de la riqueza de
manera que se asegure que los
resultados de nuestro esfuerzo
científico sean una bendición
para los seres humanos, y no una
maldición"
Einstein sostiene su teoría de
la relatividad en que la
velocidad de la luz es fija, que
no depende ni de alguna fuerza
ni del espacio, o sea, que es
absoluta. De hecho, eso se ha
demostrado una y otra vez: es
así. La velocidad de la luz es
un movimiento constante al igual
que otros movimientos dadas unas
circunstancias; porque la
constancia es lo único que
garantiza un orden, un
desarrollo o cualquier ciclo;
pero ¿qué ocurriría si lo que
existe fuera únicamente
constante?, pues que no
permitiría una diversidad, una
libertad de interacción del
"todo con el todo". He ahí que
son deparadas unas constancias
absolutas junto a otras que,
también absolutas, sólo se
comportan como tal vinculadas a
unas circunstancias, en claro, a
unos desarrollos que han
derivado.
Ahora bien, antes de profundizar
sobre cualquier aspecto
existencial se debe precisar
sobre la propiedad más inherente
—la fundamental— de lo que
existe: el movimiento. Así pues,
éste existe, y existe de forma
absoluta, ya que lo que existe
sólo existe al actuar, al
desmarcarse de lo que "no posee"
capacidad para algo o "ser nada"
(inexistencia). El movimiento
conlleva "siempre" el que "algo
se mueve", y no sobre sí mismo
sino sobre o dentro de un
contexto amplio que podríamos
llamar contexto A o "espacio";
por lo que toda la ciencia se
fundamentará sobre lo que es, en
todo caso, firme base real: el
movimiento y el espacio. Empero
no puede "unirse", porque será
muy preciso el distinguirlos,
pues un movimiento se moverá
siempre "hacia" un espacio al
que aún no ha llegado —sólo
llegará moviéndose—, luego el
movimiento "no es" el espacio,
sino éste se dirige —podríamos
decir— a otro espacio —al
moverse siempre. Por lo tanto,
el que algo deje un espacio no
tiene por qué determinarlo en
cuanto que ya no sabe nada de
él, no lo "sabe" ocupando otro
y, además, "no sabe" el que
luego vaya a ocupar; es decir,
un movimiento jamás podrá
determinar un espacio al que
nunca ha llegado. Pese a quien
pese, de hecho un movimiento
nunca podrá influir a ese
espacio en el que nunca haya
estado; concretemos, por ello,
en que algo en movimiento
influye con una serie de fuerzas
a todo lo demás o a aquello que,
en verdad, es alcanzado por sus
fuerzas o por sus capacidades de
interacción.
En suma, al movimiento no le es
propio un espacio estable, más
bien se conforma abnegándose por
obligado a un espacio estable o…
influido.
El movimiento (el "ser") ya ha
quedado dicho que "está en
espacios" que le favorecen una
"continuidad" de interacciones;
sin embargo, hay algo más: el
movimiento dura o, al menos,
dura en el proceso al que se
encuentra vinculado. Si es un
movimiento máximo de la energía,
por supuesto mantiene una
constancia —un límite, una
limitación, una regla firme que
consiste en que algo no puede
sobrepasar un límite: en esto se
basa cualquier constancia—; si
por el contrario ése se
constituye dentro de una
estructura compleja donde actúan
diferentes fuerzas, pues
"transcurre" dependiendo de
ellas o en atención a ellas se
regula o se delimita.
En efecto, un movimiento dura
—normalmente "prosigue" un
movimiento en otro— al margen de
que el ser humano lo mida; pero
el ser humano —por su
atrevimiento— lo mide y no más
que con unos intervalos o
recurriendo a unas referencias
de distancia que denomina
"tiempo". Bien, lo hace para una
utilidad suya; no obstante,
¿existe el tiempo sin distancia?
Pues sí, la respuesta es sí, al
poder medirse el movimiento por
referencias a lo que ya le es
connatural: por ciclos, por
desarrollos, por logros de
límites, etcétera. Es decir, el
tiempo se mide según qué aspecto
del movimiento se quiera medir
considerando que tal tarea, el
medir, será como "sujetar" al
movimiento si se hiciera
únicamente con unas referencias
de distancia —un error que
comete ya el ser humano, pues
debería decirse "distinguir las
duraciones".
"Este es el problema que
presento ante ustedes, duro,
terrible e inevitable: ¿Debemos
poner fin a la vida humana sobre
la Tierra o renunciar a la
guerra? La gente no se plantea
esta alternativa porque es muy
difícil abolir la guerra"
En esos términos, sí, el
problema más grave de la ciencia
empezó cuando el ser humano se
obsesionó por medir el tiempo
con esa idea de relacionarlo a
la fuerza con la distancia,
pues, si con "perfección" la
naturaleza lo "admite" o lo
distingue por ciclos o
desarrollos (por ejemplo, la
vida dura lo que dura el proceso
desde que se inicia la formación
de los órganos de un ser vivo
hasta que se descomponen o al
perder el control funcional de
su sistema nervioso), el ser
humano lo extrapola, lo lleva al
inventado y tendencioso "tic-tac"
logrando, así, una tabla rasa
ficticia para todos los
desarrollos existentes —a veces
totalmente distintos unos de
otros. No, con contundencia no
sólo existe el tiempo que un
movimiento recorre una distancia
porque, asimismo, existe el
tiempo que un movimiento resiste
a otro movimiento —el de una
masa "más en reposo" ante otro
movimiento. Hay que tener en
cuenta, por tanto, que el
movimiento —o la vida— no
recorre un "espacio base" —algo
que está esperándole— o un
espacio estable en virtud de que
transcurre o prosigue por
"espacios" nunca idénticos; aún
más, el movimiento no puede
recorrer en el fondo nada, sino
que se va formando —se mueve
nunca en una misma base— o
conformando y, a su vez,
deformando en el espacio en
general.
Aclarándose: el movimiento se
conforma —al interaccionar
siguiendo un modelo estructural
o su desarrollo— y, al mismo
tiempo, se deforma —por factores
que frenan más o menos el que
siga a ese modelo estructural—:
cuando chocan dos estructuras
complejas, por ejemplo.
Con lo dicho, el espacio no
puede quedar preestablecido por
una concepción de distancia
porque son "espacios",
ocupaciones continuamente las
que determinan cada movimiento;
y advirtiendo que de algunos
"espacios" nunca un movimiento
sabrá nada, es decir, les serán
siempre ajenos
"existencialmente", ni los que
en verdad poseen no son un
"uniforme" para siempre. Con el
tiempo ocurre lo mismo, que no
lo dicta un movimiento en
particular —que comporta sólo
uno—; por ello, sí, habría que
hablar de tiempos.
La teoría de la relatividad
expone, en cambio, la acertada
relación que intensifica todo
movimiento con su masa, con su
expresión de energía condensada
o de materia; esto es, el
movimiento que se realiza es
equivalente a su masa, de una
forma proporcional y de ahí que
la referencia a esa proporción
sea la constante de la velocidad
de la luz para una formulación
en concreto (E = m. c al
cuadrado) significando que,
cuando algo varía
energéticamente, varía en
proporción su masa.
Por de pronto eso es así, pero
Einstein habla de tiempo
también: que éste decrece cuando
un movimiento se acerca a la
velocidad de la luz con respecto
al punto de referencia inicial,
o sea, con respecto al lugar en
donde se originó. Sin duda, si
algo se mueve "más rápido" que
el planeta que deja —que nunca
alcanzará un movimiento cercano
al de la luz—, envejecerá menos
que tal planeta y lo que esté en
él —es evidente, un tonto lo
sabe—; según la ecuación de
Lorentz: t = tiempo inicial (l —
v elevado a la potencia 2. c
elevado a la potencia —2)
elevado a —1/2, conforme a la
relación v elevado a 2 . c
elevado a 2.
Si un objeto se aleja de
nosotros cercano a la velocidad
de la luz, desde nuestra
observación o sistema de
referencia la longitud del
objeto disminuye —por una
curvatura, nada va en línea
recta— y su duración —al ir a
tal velocidad con respecto a
otro sistema de referencia—
aumenta. Claro, razonable es que
aumente si el movimiento en el
cual se encuentra contenido es
mayor con respecto a otro
—considerando siempre que en un
movimiento cercano al de la luz
todo dura menos, está más cerca
del límite, se necesita más
energía para estar ahí—; pero no
en el instante algo consigue tal
velocidad, en realidad muy poco
y nunca una estructura compleja
como la nuestra.
Einstein cae en el facilismo de
atribuirle un "tiempo de
utilidad" a lo que ya está
demostrado como constante en
cualquier sistema de referencia;
conque será "tiempo" para él la
distancia que se deduce de esa
velocidad, y la impone como
"duración sucedánea" a todos los
movimientos (un procedimiento
reflexivo así: si en una
distancia hay tiempo, ¿cómo no?,
pues utilizo esa distancia
constante para hablar de tiempo,
sin restricciones; si en el
tocino hay velocidad —alguna
hay—, pues utilizo el tocino
como medida de velocidad).
De antemano, una estructura
compleja cercana a la velocidad
de la luz dejará de inmediato y
de forma irreversible de ser
ella: ocupará rápidamente más
espacios, o sea, abandonará una
naturaleza a la que no volverá
intacta o intentando seguir con
aquel añorado tiempo, el de su
anterior sistema de referencia.
Por ejemplo: El señor A va en un
tren X y el movimiento de este
tren lo mide "participando" en
ese movimiento, es decir,
dándolo como adherente a sus
medidas; pero el señor B que se
sitúa fuera del tren X lo medirá
con el movimiento adherente al
suelo, a su sistema de
referencia, lo que determina una
"desubicación" para medir por
igual el movimiento que
corresponde al tren X. Dado
esto, el señor A participa —no
tiene, pues él per se no puede
alcanzar más que su movimiento—
en el movimiento adherente más
cercano al de la velocidad de la
luz. Ahora bien, si
hipotéticamente el señor A
tuviera el movimiento cercano al
de la luz y luego decidiera
volver a otro movimiento menos
rápido, por supuesto, seguiría
viviendo en el tiempo que ahí le
corresponde y… más joven que el
señor B.
El señor A, sin duda, habría
vivido dos movimientos
adherentes; todo un privilegio
con respecto al señor B que
seguiría con el suyo. Esto se ha
imaginado así; pero es una…
falacia, puesto que la medición
—la que se ha realizado— sólo ha
atendido a las medidas de
movimiento del señor B cuando,
en realidad, el señor A no ha
atendido a la suya misma ni a
sus "posibilidades" con respecto
al señor B.
"Una cosa he aprendido a lo
largo de mi vida: toda nuestra
ciencia, contrastada con la
realidad, es primitiva e
infantil —pero, aun así, es lo
más preciado que poseemos"
Más claro: Imaginen dos personas
viviendo en un mismo tren que
hipotéticamente viaja cercano a
la velocidad de la luz; bien,
aunque en un principio los dos
se encuentran en el primer
vagón, uno es más libertino y
decide alejarse —corriendo—
hacia el último vagón. De esa
forma, en efecto, siempre "el
que se queda" llega antes a la
muerte —porque sólo cuenta con
un tiempo o con un sistema de
referencia, no tiene otro
recurso ni truco ante él—; sin
embargo, "el que se aleja" resta
movimiento a ese proceso y, a la
par, tiempo. Además, ahí,
advertido lo ocurrido, otro
señor fuera del tren puede
admitir que un señor envejece
menos, eso es lo que dice —¡ah!,
pero no deja de envejecer porque
también le afecta el… tiempo.
Pues bien, si los dos que se
encuentran dentro del tren
quisieran verse, "el que se
alejó" tendría que volver y
precisamente en esa acción
usaría —perdería— la energía —la
ventaja— que necesitó para
alejarse, el otro movimiento
adherente al que estuvo
vinculado: al final se verían
como lo hicieron inicialmente,
en un mismo contexto,
sobrellevando unas mismas reglas
de tal contexto, fuera de
fantasías o de trucos.
Y es que con el movimiento
cercano a la velocidad de la luz
no se juega, por razón de que no
es algo que corresponda a una
decisión de ida y de vuelta, de
"súbete a la velocidad de la luz
y date una vuelta", ni menos de
dimensiones inventadas (una vida
en cuanto deja de ser vida con
otro movimiento no puede
construirse tal como se dejó).
Einstein sostuvo que el Sol no
atrae a la Tierra, sino que la
Tierra "porque sí" está
encerrada en la curvatura del
espacio que el Sol provoca; y
que la Tierra continúa
arrastrada por su propia
inercia. Por eso, la cantidad de
energía concentrada no hace sino
influir en el espacio que la
rodea y, así, lo que hay en éste
se dirige por su propia inercia
hacia el centro de la curvatura:
hacia la mayor energía
concentrada. Entonces, dicha tal
cosa mientras no se censure al
que demuestra, todo curva su
movimiento a causa de una
curvatura existente siempre por
concentraciones de energía. En
tal supuesto, si se curva la
distancia, el tiempo también; y
todo —así concibe la
gravitación.
Durante un eclipse de Sol la luz
de las estrellas nos llega
gracias al eclipse: la luz se
desvía de su trayectoria cuando
pasa cerca de una mayor masa.
Por otro lado, Einstein se
atrevió a revolucionar el
espacio euclidiano de tres
dimensiones añadiendo otra,
espacio-tiempo, donde el espacio
es continuamente espacio-tiempo
de forma constante o absoluta.
Bien, en primer lugar, una
dimensión del espacio es por
menos una "dirección" que la
posee siempre el espacio,
incluso con la carencia de
energía; conque en un espacio lo
más próximo a nada —o
imaginablemente nada— nunca le
será "demostrado" a esa
dimensión de espacio-tiempo que
la depara como una propiedad
energética más que como una
propiedad … espacial.
Si es así, si en verdad toda la
materia del Universo se
concentra y ya ha predeterminado
—según dice él— una curvatura
infranqueable en torno a ella,
entonces "ya" la materia estaría
condensada para no salir de ahí,
de la inevitable inacción a la
larga, pues, el probado punto
subatómico o fondo de radiación
desde luego crearía tal
"hundimiento" del espacio que de
inmediato se cerraría o "se
instalaría" en la inacción por
tal confinamiento establecido; o
sea, ninguna fuerza de implosión
podría franquear esa
predeterminación espacial tan
absolutamente… cerrada.
Bien, Einstein no probó sino una
evidente constancia de la
velocidad de la luz pero, con
aforo a eso, confundió lo demás.
Porque él mismo demostró sin
darse cuenta que su supuesto
tiempo es absoluto —el que tarda
la velocidad de la luz en
recorrer una distancia— y
después como conclusión
precipitada soñando en "viajes"
lo señaló como relativo, algo
que jamás ha demostrado y ni en
sueños.
La luz viaja en todas
direcciones como lo hace todo lo
demás —se expande—: un protón no
curva él el espacio para que los
electrones le obedezcan,
únicamente eso es así.
"Dios no juega a los dados" era
su obsesión que nada tiene que
ver con una coherencia que
siempre rompió o que rompía a
cada instante, como queriendo
predeterminar que cualquier
movimiento siguiera a su
imaginación, a sus reglas de
"juego de ajedrez", y que
incluso respondiera a un "tiempo
único" o a un "espacio único"
—todo mezclado— de ida y de
vuelta.
En definitiva, Einstein como
resultado elude la coherencia;
sí, descubre en una fórmula una
constancia energética pero, de
ahí, deduce lo que nada tiene
que ver: la existencia de un
espacio-tiempo. Y ¿por qué no
—de paso— la existencia de un
espacio-tiempo/energía-antienergía?
¿Y por qué no la existencia de
un tiempo-antitiempo frente a un
espacio-antiespacio? Él fue un
fabulador, que mezcló todo para
que saliera algo; por confundir
confundió hasta lo imposible con
enredos imaginarios porque
vinieran luego otros y los
desenredaran.
Las fuerzas, sí, se ha
demostrado que existen, según
qué interacciones la energía
conlleva unas fuerzas o maneras
de proyectar las consecuencias
de esas interacciones de
movimiento. La energía en estado
potencial ya es una fuerza: una
capacidad para atraer más
movimiento y, de hecho, el
electromagnetismo existe.
El movimiento no preestablece
como "inamovible" el espacio;
nada se concentra en una
predeterminación —para que algo
vaya a ser— que antes hizo el
movimiento (por nebulosas se
forman concentraciones o
galaxias no en función de
hundimientos, no en función de
algo o de un guión de
movimientos que todos deben
leer—, es decir, no lo origina o
no es la causa el espacio mismo,
sino la acción de algo, sino
determinándose conjunciones de
movimientos, los cuales
interaccionan entre sí.
Una mayor cantidad de movimiento
actuará siempre sobre una menor
cantidad de movimiento, no sobre
la nada: la energía dirige su
acción —para que sea acción— a
la menor energía cercana. La
Tierra actúa sobre la atmósfera
porque sencillamente mantiene
una constante interacción con
ella, digamos, le es propia en
una conjunción de fuerzas o se
encuentra en su ámbito de
acción; pero, aún más, la
gravitación es limitada como
cualquier fuerza y
contrarrestada por otras fuerzas
o por otras gravitaciones. La
Tierra atrae a la Luna en una
misma proporción —con respecto a
la masa y a la distancia— que el
Sol atrae a la Luna marcándose,
así, un equilibrio estático
—todo lo posee. Es decir, no
sólo la Tierra atrae a la Luna
en su rotación elíptica sino que
es atraída la Luna por la misma
inercia de su masa en el
espacio, por la rotación y
gravedad de la Tierra y, a su
vez, por la inercia y gravedad
del Sol.
El espacio es imprescindible
para la energía, absoluto; el
tiempo también; y cada elemento
que exista es necesario
energéticamente, y no es una
imposición fantástica de nadie.
Luego nada ni nadie ha
demostrado jamás que algo sea
relativo (es una locura
imponerlo, por sinrazón, por
dictadura).
Gentileza:: Pedro Flecha [pedroflecha@yahoo.com]
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