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¿Existe una modalidad de
terrorismo económico y social?,
por Cuauhtémoc Amezcua Dromundo
Por
Cuauhtémoc Amezcua Dromundo
El asunto ha sido poco explorado
y para hacerlo bien se puede
empezar por la definición
clásica de terrorismo, que
contiene tres elementos
principales: 1) se ejerce por
medio de la amenaza y/o el uso
de la violencia, 2) va contra
víctimas inocentes, es decir,
contra población civil, no
combatiente, y 3) tiene el
propósito de intimidar, de crear
un estado de terror en la
población, que repercuta para
alcanzar determinados fines. El
terrorismo es particularmente
grave cuando sus víctimas son
numerosas.
Las modalidades más frecuentes
del terrorismo se ejercen por
medio de armas de destrucción,
sea individual, colectiva o
masiva. Un francotirador o una
serie de ellos, por ejemplo, aun
cuando disparen de manera
selectiva, contra determinado
blanco en cada ocasión, pueden
producir el efecto colectivo del
pánico. Una bomba en un avión, o
en cualquier centro de
concentración, como los muchos
atentados que orquestó Posada
Carriles, también. Y desde
luego, los atentados masivos,
como lo fueron el del 11 de
septiembre, en Nueva York, los
de Madrid y Londres y, mucho más
grande, el caso de las bombas
atómicas que arrojara Estados
Unidos sobre la población civil
de las ciudades de Hiroshima y
Nagasaki, en Japón, pasando por
su bombardeo a la población
civil de Afganistán e Irak.
Pero, ¿es ése, el de las armas,
el único tipo de instrumentos de
los que se puede valer el
terrorista -se trate de un
individuo, una organización o un
Estado-, para ejercerlo? O bien,
replanteado el asunto, ¿puede el
terrorista también recurrir a
instrumentos de tipo económico y
social, a su uso violento contra
víctimas inocentes con el
propósito de intimidar a la
población, en busca de ciertos
objetivos?
Los hechos nos dicen que sí, que
sí ocurre esto en la realidad.
Veamos el caso nítido del
bloqueo de Estados Unidos contra
Cuba. Es cierto que es un
fenómeno económico y social,
dado que la potencia obstaculiza
al hermano pueblo caribeño el
libre intercambio de productos y
servicios en el mundo. Pero
también es cierto que el
impedimento lo ejerce por la
fuerza, incluso amenazando a
terceros países con medios
coercitivos, a través de una
legislación extraterritorial, a
todas luces ilegal y abusiva,
con lo que se concreta el primer
elemento de la definición. Es
cierto, además, que el bloqueo
afecta de manera directa a toda
la población del país, y de
manera más sensible a los grupos
más vulnerables, ancianos,
niños, minusválidos, enfermos,
al obstaculizarles el acceso a
alimentos y medicamentos a los
que tienen derecho como seres
humanos, con lo que se
materializa el segundo elemento.
Y también es cierto que el
bloqueo tiene el fin de
intimidar a la población de
Cuba, de aterrorizarla, con el
propósito de obligarla a
abandonar el sistema económico,
político y social socialista que
ha diseñado y construido
libremente, en ejercicio del
derecho supremo de la
autodeterminación de los
pueblos, para que adopte uno
distinto, al gusto y
conveniencia de Estados Unidos y
no del pueblo cubano, el sistema
económico llamado "de libre
mercado" -ironía, como si el
mercado capitalista pudiera ser
libre-, y denominado en lo
político "democracia
representativa", otra ironía,
como si tal régimen tuviera algo
de democrático más allá de las
simples apariencias.
A fin de cuentas, lo que busca
Estados Unidos es subordinar a
Cuba en lo económico, en lo
político y en lo social, como la
ha hecho con la gran mayoría de
nuestros países de América
Latina y el Caribe, o de plano
anexarla, como a Puerto Rico.
Con el agravante de que este
crimen, esta modalidad de
terrorismo -económico y social-
que ejerce Estados Unidos con el
bloqueo contra Cuba, causa daños
de gran magnitud y convierte en
víctima a todo un pueblo,
integrado por poco más de doce
millones de humanos.
En conclusión, no sólo los
atentados con explosivos contra
la población civil, ni los
intentos de magnicidio múltiples
que Estados Unidos, sus
gobiernos todos hasta hoy, han
planeado, organizado,
financiado, dirigido y
promovido, constituyen actos de
terrorismo de la potencia
imperialista contra el pueblo
hermano. También lo es, sin
duda, el bloqueo criminal que ya
se prolonga por más de cuatro
décadas -el más largo de la
historia de la humanidad-, cuyos
daños a la población civil han
sido señalados con pleno
sustento en numerosas ocasiones.
Gentileza:: Cuauhtémoc Amezcua [amezcua@mx.inter.ne]
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