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El tuerto Santesteban andaba
siempre sin un sope cortado al
biés. Sin tela para ir al cine,
ni a la milonga, y mucho menos
para culminar el levante más
rasca, en posición decúbito
dorsal. Hecho determinante de
que su arrastre con las naifas
se fuera al zócalo. Pero la
autoestima sólo claudica después
del último suspiro. Cuando
entrás en la categoría de
fiambre, un decir. Así fue como,
con tanto rebote en el legajo,
para no juntar complejo de gil
empezó a sublimar su entorno. La
culpa era de las minas, un
descargo que efectuaba sin
aportar ideas que pasaran al
acervo cultural, porque era
medio flojón con la pensadora. Y
su denuncia era canturrear una
copla gauchesca oída de purrete,
de esas que se pegan como
estampilla. Primero mediante
regios solos de bañadera, que en
su afán de embellecerse,
proseguía hasta el espejo Todo
el día con la misma cantilena.
Ni siquiera transitando la vía
pública, cambiaba de tema. Y de
no ser porque el diablo metió la
cola, lo más probable es esa
manía hubiera pasado
inadvertida, porque acá sólo el
uno por ciento del grasaje pesca
la castilla.
"Las mujeres de hoy en día
sólo buscan interés..."
-denunciaba el poema-
"Y si el burro tuviera plata,
¡también lo habrían de querer!"
Mas tan escaso porcentaje de
hispanohablantes, indicativo de
igual probabilidad matemática,
cada tanto se hace ver. Y una
vuelta que pensaba tomar el
ferry que va a Alemania para
comprarse un vinito libre de
impuestos, conoció al Bagre
Raponi. Ilustre representante de
la colonia nacional y nativo de
Villa Insuperable, que estaba
anclado en Trelleborg desde
1978. Aunque se las rebuscaba
para viajar a Buenos Aires todos
los años. Cuando acá hace un
frío que te las pelás, y allá
están en pleno despelote del
verano. La Costanera, Olivos,
Mardel, el minaje en ropita que
te trastorna el coco, qué se yo.
Cómo se las rebuscaba para vivir
a ese tren con la guita del
Social, no lo sabía nadie. Y
mejor no preguntarle, porque era
de pocas pulgas.
-¡Hacéte planchar la jeta,
boludo! -gatilló al escuchar en
el bondi las coplas que al
tuerto le iban saliendo del
corazón.
En medio del ruido, el
destinatario no se dió cuenta de
que ocurría lo inédito. Le
estaban hablando en español. Y
contestó, como un sueco
cualquiera.
-Förlåt? (¿Cómo?)
-Si me hablás en jeringozo, te
pescaría más mejor.
Ya no quedaban dudas: ¡Un
paisano! Y se inició un diálogo
lleno de intimidad.
-¿Quepe tepe papesape?
-¿Sos de los míos, entonces?
-Segurola, dijo Piazzola... ¿No
me viste la facha de bacán? Sin
liquidez, pero toda una promesa.
Y como para un argentino eso es
tener condiciones, al ratito
hicieron migas.
-Mirá -expuso por fin Raponi,
con tonito magistral- Tomátela
con soda, que hay una onda flor
y truco para forrarnos bien
-¿A ver?
-Ponemos un conservatorio para
enseñarles a los suecos a cantar
tango y chamamé. Academias de
baile ya hay muchas.
-¡Chamamé sólo se escucha el
domingo en Plaza Italia, negro!
-dijo Santesteban, medio
nervioso por los prejuicios
sociales de nuestra época.
Pero sea como fuere, quedó
esbozado un proyecto inédito.
Naciendo del mismo una entidad
cultural sin fines declarados de
lucro, "Conservatorios La Garufa
del Gotán". O sea, CLGG para
ahorrar tinta, estilo sueco.
Claro que del dicho al hecho,
hay mucho trecho, porque los
mangos le gustan a todo el
mundo. Y analicemos ahora el
modus operandi. Atrapar al
cliente no resultó difícil, pues
Raponi había sido vendedor de
departamentos por tiempo
compartido en Marbella, y
conocía bien las malandradas del
singular oficio. Mandaban a la
yeca unas minusas todas
pintarrajeadas, más caretas que
mascarita en carnaval. Y
ensartaban puntos a rolete,
usando jarabe de pico con una
generosa exposición de piel. El
diálogo podía empezar de
cualquier modo, pero habían
fijas.
-¡Querés descubrir tu garganta
de oro, che? -era una de las
favoritas.
-Förlåt? (¿Cómo?)
Y la productora arremetía en
svenska.
-Digo que con esa pinta de
amante latino, cualquiera te
imagina haciendo la noche en
Florida y Corrientes, che.
-Jaså? (¿Ah, sí?)
-Vd. puede tener un futuro
musical cantando tangos, señor.
-No me diga...
-Vea que los premios al mérito
son en especie... ¿eh?
-¡Huija rendija! -contestaba sin
variantes, y loco de entusiasmo,
el cliente.
Después, hacerlo entrar era pan
morfado. ¡Y a ponerse como el
duque Paganini, pibe! Porque los
honorarios jamás bajaron de tres
mil coronas. Agreguemos
finalmente que faltando mejores
talentos, el conservatorio había
rejuntado una orquesta de
pincharratas. Pero con la
páctica, toda timidez se supera.
Así es como un buen día, tuvo
lugar la primera festichola,
celebrando el casamiento del
tuerto Santesteban con una
minusa que conoció paseando por
Trelleborg. Todo iba en carroza,
y los anuncios puestos en sitios
clave decían "5 Grandes
Recitales 5". Escuche al
quinteto Ventolini con sus
vocalistas Åke Svensson, Kjell
Andersson y Mohammed Babusi". La
tensión estaba patente en cada
rostro, hasta que por fin un
bandoneón rompió el silencio. Y
la voz canyengue del cantor
lloró de sentimiento.
"Tango ke me hiciste skada
men jag ¡ahijuna! te kiero.
Porke sos la ombudsmanjiero
del anda del mio förort..."
-dijo Åke Svensson.
-¡Qué bella melodía
transcultural! -exclamaron los
críticos.
Luego llegó el arrullo de Kjell
Andersson.
"Kom ihåg Milonguita, vos eras
vackaraste purreta i Chiklana,
miniskjolen kortona y las
trenzas,
y på håret un rayo de sol..."
-¡Muy bien! -dijo al unísono la
concurencia, porque los que no
hablaban sueco igual pescaban el
significado de esos versos.
Entonces sonaron los compases
del himno nacional.
-¡La Cumparsita, del compositor
Alí Babajuna! -dijo Mohammed
Babusi.
Metidas de pata que cometen los
extranjeros. Pero el horno no
estaba pa' bollos, con tanta
nostridad. Y sobre el pucho voló
la primera silla. Luego se armó
un toletole que te la voglio
dire. El turco quería
tranquilizar a la gente con
buenas razones, mas su empeño
era como echar nafta al fuego. Y
quien no estaba planchado a
sopapos, ponía caminantes en
polvorosa. Desbande que se
multiplicó, al gritar un rengo
con experiencia de campanario:
-¡Araca, la cana, che!
Al ratito aportaron los
vikingos, repartiendo leña a
reglamento. O sea, sin
discriminación racial, que está
prohibida. Y así llega el fin de
esta triste historia. La idea
del conservatorio era buenísima,
pero sólo dejó un recuerdo
amargo. El local hecho
escombros, los otarios alarmados
con tanta pasión latina, y sin
ganas de cantar más. ¡Adiós,
morlacos dulces del subsidio
cultural! Pero eso no es todo,
porque la yeta siempre trae
cola. Raponi se fue a baraja con
los pocos fasules que quedaban,
llevándose de yapa a la flamante
señora del tuerto Santesteban.
Que hablando mal y pronto,
estaba propio para el mordisco,
pero era difícil de aquerenciar.
Y aquél, de nuevo sin un sope
cortado al bies. Para más pior,
otra vez sin naifa.
"Baciencia baisano"
-cantaba el turco, cuando pasó
la bronca-
"¡La vida es así...!"
En resumen: He aquí otro
monumento a las desdichas, que
en las noches del exilio son
alma atormentada de nuestro
tango inmortal.
THE END

Copyright: John Argerich, 2003
All rights reserved.
La serie quincenal "El amasijo" se publica regularmente en veintidós medios, de siete países, existiendo una versión en idioma inglés.
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