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Sanchis Sinisterra: “Quiero
dar un aldabonazo sobre el
comercio de armas”
.- 27/04/05 (España)
 
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Sanchis Sinisterra: “Quiero
dar un aldabonazo sobre el
comercio de armas”
Con el título de Misiles
melódicos, José Sanchis
Sinisterra se interna en el
musical para ofrecer su versión
del “No a la guerra” y agitar
conciencias. El Centro Dramático
de Aragón estrena mañana, en el
Principal de Zaragoza, esta
tragicomedia que persigue la
estela de Bertolt Brecht tanto
en su forma como en su fondo. Lo
dirige el argentino David Amitin
y la música es del cantautor
aragonés Gabriel Sopeña.
Es uno de los pocos autores de
teatro que son cortejados. Raro
es que un teatro oficial no se
pliegue a la obra de Sanchis
Sinisterra (Valencia, 1940),
aunque él sigue fiel a las salas
alternativas y también trabaja
para el teatro comercial (ha
adaptado para el Fígaro de
Madrid Ensayo sobre la ceguera,
de Saramago, y el teatro estudia
programar su gran éxito, ¡Ay
Carmela!). Mañana, el Centro
Dramático de Aragón (CDA)
estrena su primer musical,
Misiles Melódicos, una
tragicomedia que aborda con
humor el comercio y tráfico de
armas desde la más estricta
geopolítica progresista. Todo
empieza cuando un buen día el
director de una empresa de armas
(protagonizado por Javier
Zulueta) se despierta con una
extraña anomalía en su garganta:
en vez de hablar, canta.
–Supongo que no es arbitrario la
elección de este género híbrido
entre la comedia y el cabaret
brechtiano para hablar del
negocio bélico.
–Creo que la deuda más clara la
tengo con Brecht. La obra surgió
al coincidir dos ideas: por un
lado, empecé a conocer el
horrible negocio de las armas y,
por otro, tenía curiosidad por
acercarme al musical. Yo ya
había hecho un espectáculo de
teatro-danza, Bienvenida, que ha
sido mi única incursión en lo
que yo llamo el género
danza-drama. Desde entonces me
quedó el capricho de hacer algo
donde la música fuera
dramáticamente necesaria. Pensé
en hacer una ópera de cámara,
pero luego dándole vueltas me
aconsejaron que quizá tendría
poco alcance y que un musical
tendría mayor repercusión. Y
como soy tan ignorante de la
ópera como del musical no tuve
problemas en cambiar. Así que mi
referente inmediato, en la
medida de que ignoro todo sobre
la comedia musical americana, es
papá Brecht.
–¿Cómo se escribe un musical?
–En mi caso tenía la idea del
libreto y me reuní con Gabriel
Sopeña en una fase bastante
inicial. Sopeña fue la persona
en la que pensó el Centro
Dramático de Aragón (CDA), que
dirige Paco Ortega, para la
música: poeta, cantautor, es una
persona que ha trabajado en el
mundo de la música y la
literatura y que, por tanto, lo
he sentido muy próximo. Yo le
iba enviando el material y él
iba trabajando.
–¿Y ese final ex-machina?
–Como le digo, mi referente es
Brecht y cuando ya me estaba
acercando al final se me ocurrió
la peregrina idea de hacer
aparecer al Séptimo de
Caballería; me alarmé y me dije:
es un final por los pelos. Pero
volví a leer La ópera de dos
centavos, que ofrece un final
escandalosamente artificial.
Porque no es la fábula lo que
importa, sino la temática; me
interesa que permanezca en la
conciencia de los espectadores.
“NO A LA GUERRA”
–¿Es esta obra su contribución
al movimiento “No a la guerra”?
–Bueno, si quiere, puede
considerarlo así. Soy contrario
no sólo a la guerra, sino a
todas las guerras, no sólo a las
que están cerca geográfica o
cronológicamente. Pero como le
digo, la raíz de este
espectáculo viene de antes,
cuando el libro Las armas de la
democracia, de Viçens Fisas,
cayó en mis manos, un libro que
se publicó en los 80 y que
despertó en mí la alarma sobre
el comercio de armas. Luego he
estado en contacto con él, pues
dirige la cátedra de la Unesco
de la Pau , en la Universidad de
Bellaterra, que me ha facilitado
documentación.
–¿Existen las compañías que se
mencionan? ¿Por qué la empresa
de armas y sus directivos son
vascos, personajes por otro lado
muy vodevilescos?
–Algunos nombres son reales y
otros han sufrido una pequeña
deformación. Si relee las obras
de Brecht también le parecerá
que los personajes están
llevados a la caricatura, a lo
grotesco. ¿Y por qué son vascos?
Pues porque la mayor parte de la
industria armamentista española
es vasca. De todas formas, mi
interés era dar un aldabonazo en
la conciencia colectiva sobre
este tema, así que me he
permitido esquematizarlo o
simplificarlo.
–Usted toma partido en esta
obra, opta por un enfoque
político del asunto ¿No teme que
su visión disguste a un sector
del público?
–Nunca he escrito teatro para
gustar a todos los públicos,
tanto si es político o no.
Escribo para buscar afinidades.
Para mi sería problemático
gustar a todos. Ya me imagino
que Terror y miseria en el
primer franquismo molestó a
mucha gente, aunque no creo que
fueran ni a verla.
–No resultó fácil ver esa obra,
no se exhibió en los teatros.
–La vieron 2.800 chavales de los
últimos cursos de la Educación
Secundaria Obligatoria (ESO) y
1.800 o 2000 adultos. El público
de teatro no es sólo el que va a
los teatros y a mí me interesa
mucho buscar otros públicos. De
hecho, la idea de Misiles
Melódicos esta también conectada
con la posibilidad de que
Amnistía Internacional u Oxfam
la aprovechen para apoyar
campañas. Creo que es una idea
que el CDA tiene en cuenta.
–Antes de Terror y
miseria...usted había iniciado
una trilogía dedicada a las
Artes (El lector por horas , La
raya en el pelo de William
Holden)...
–Sí y Misiles melódicos, que
está dedicada a la música, es la
tercera. Bueno, son trilogías
muy laxas. A veces veo un cierto
nexo entre unas obras y otras.
Por ejemplo, ahora trabajo en
una trilogía sobre la mente. La
primera obra, La máquina de
abrazar, aborda el tema del
autismo y todavía no se ha
estrenado, pero sí la segunda:
Flechas del ángel del olvido,
sobre la amnesia, que ahora está
en la Rialto de Valencia. Y la
tercera parte de esa trilogía
será sobre las personalidades
múltiples. Pero ya digo que la
idea de las trilogías es muy
elástica.
–Me parece ver en Terror y
miseria (obra por la que le
concedieron el Premio Nacional
de Literatura Dramática 2004) y
en Misiles melódicos que su
teatro ha tomado un sesgo más de
denuncia ¿es así?
–No creo. Ya le digo que
Flechas... está ambientada para
más lío en un futuro y lo que se
percibe es la denuncia de un
sistema, pero en abstracto. Y La
máquina de abrazar también tiene
algo político porque no me puedo
quitar de encima la desazón que
me producen determinadas cosas,
pero es una obra que trata del
enigma del autismo. No, no... yo
sigo moviéndome en varios
terrenos. Ocurre que Brecht es
una figura recurrente y me pasa
no sólo con él. Lo bueno de
madurar es que descubres lo
bueno que es la relectura,
autores que considerabas
superados los relees y
encuentras dimensiones que te
sirven para seguir creando. Es
la virtud de los clásicos.
–¿La elección de David Amitin
para dirigir la obra ha sido a
propuesta suya?
–No, no es exacto. Me lo sugirió
Paco Ortega y yo tenía muy
buenas referencia suyas.
–Lo digo porque tiene fama de
ser un autor difícil de
contentar con los directores de
escena
–Ese es uno de los mitos que
circulan sobre mí por ahí y que
algunas personas hacéis
circular.
TREGUA DE DOS AÑOS
–Es dramaturgo asociado del
Centro Dramático Nacional (CDN)
¿en qué consiste su labor?
–Somos un triunvirato, Juan
Mayorga, Luis García Montero y
yo. Gerardo Vera (director del
CDN) lo plantea como dramaturgos
a los que puede recurrir para
colaboraciones distintas sin que
nos sintamos comprometidos. No
es una figura contratada. Ahora,
por ejemplo, Gerardo nos ha
encargado algo sobre el Quijote
y estamos trabajando en torno a
una propuesta de Mayorga.
–Usted ha sido crítico con los
teatros públicos por su escaso
apoyo a la dramaturgia española
actual. Ahora que han cambiado
los directores, ¿cómo ve el
panorama?
–Creo que en Madrid, tanto el
CDN como el Español están
introduciendo nuevos aires, hay
gran voluntad de escuchar.
Gerardo es muy buen escuchador
y, por lo tanto, habrá una
diversificación de las
propuestas. Pero cuando se
notará más es cuando esté
abierta la Olimpia, que es donde
va a poder apostar por la nueva
dramaturgia.
–Si se refiere autores españoles
no parece que haya habido muchos
cambios: esta temporada el CDN
ha programado a Mayorga, que ya
lo estrenó el equipo anterior, y
queda Raúl Hernández para la
sala de la Princesa.
–Creo que es un poco prematuro
para hablar ¿no le parece? Yo
creo que a un director de un
Centro Dramático habrá que
dejarle que diseñe por lo menos
dos temporadas seguidas.
Liz Perales.
El Mundo.
Abril de 2005
Gentileza:: CELCIT [celcit@sinectis.com.ar]
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