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El teatro en México, entre
titubeos busca un lenguaje: Olga
Harmony, por Mariana Morandi
.- 26/04/05
 
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El teatro en México, entre
titubeos busca un lenguaje: Olga
Harmony
Es, quizá, una de las
críticas de teatro más sagaces,
penetrantes e influyentes con
que ha contado el periodismo
mexicano. Dueña de una
personalidad sólida y de una
mirada teatral minuciosa, Olga
Harmony es, a sus 76 años, parte
del teatro mexicano.
Dramaturga, novelista y
cuentista, recibió en noviembre
de 2002 la medalla del INBA en
el Palacio de Bellas Artes "por
su obra en beneficio de la
reflexión y del desarrollo de la
actividad teatral". Sus críticas
no han derrochado elogios y se
ha caracterizado por decir
siempre lo que piensa. Su estilo
puede resultar condescendiente o
extremadamente mordaz, pero es
innegable que conversar con ella
es transitar por los recientes
60 años del teatro mexicano.
Describe ambientes de diferentes
épocas, personajes, obras y
sinfín de anécdotas de los más
importantes directores y
dramaturgos de este país.
Esta entrevista nació en el
vestíbulo de un teatro
capitalino. La encontramos y,
mientras esperábamos el acceso
al interior de la sala,
conversamos en torno del papel
del reportero frente el crítico
teatral. La función comenzó y la
plática tuvo que interrumpirse.
Dos semanas después, en el salón
de su departamento, continuó la
charla.
Harmony vive en un acogedor
espacio de la colonia Del Valle.
En el salón se encuentra un
escritorio donde confecciona sus
críticas. La luz es penumbrosa,
pero agradable. Sirve un café.
Fuerte, porque a ella le gusta
el café intenso. Enciende un
cigarrillo. Una enorme
biblioteca enmarca el diálogo.
Libros de historia, política,
filosofía, pero, sobre todo, de
teatro. Teatro británico,
polaco, ruso y de los más
dispares rincones del mundo
reflejan su enorme interés por
este arte. Interés que se
convierte en pasión cuando
comienza a hablar.
-¿Cómo nace su interés por el
teatro?
-Es una cuestión generacional,
porque mi generación coincidió
con un gran impulso y renovación
del teatro. A mediados de los
años 40, cuando estudiaba en la
Facultad de Filosofía y Letras
de la Universidad Nacional
Autónoma de México, había una
ebullición del teatro y escribí
mi primera obra llamada Nuevo
día. Se escenificó y tuvo buena
crítica, pero me gustaba mucho
ver lo que hacían mis
compañeros. Y, aunque escribí
algunas obras, acabé
inclinándome por la crítica. No
hago crítica porque sea una
escritora frustrada, sino porque
es algo muy creativo.
-¿En ese momento el cine no era
una competencia del teatro?
-El cine se hacía de manera
industrial y el teatro no. Un
día le pregunté a mi nieto si
quería ir al cine o al teatro.
Me contestó que al teatro porque
"en el teatro la gente es
gente". Esa era, y sigue siendo,
la gran diferencia.
-¿Cuándo empieza a escribir
crítica de manera profesional?
-Yo quería escribir y empecé
haciendo una revista horrible
que se llamaba Lupita. Ahí hacía
desde cuentos semanales a
horóscopos. En los 60 empecé a
dar clases de teatro en la
preparatoria y, en 70, me fui a
Cuba a dar clases. Cuando volví
empecé a hacer entrevistas de
teatro en televisión y luego
crítica en varios medios
impresos hasta que, desde hace
20 años, colaboro con La
Jornada.
Saber para fundamentar
-¿Cuáles deben ser las
cualidades de un crítico?
-Saber de teatro para
fundamentar lo que dice.
-Cuando ve una obra, ¿cuáles son
las prioridades de su
observación?
-En lo primero que me fijo es en
el texto. Intento dar al lector
sus antecedentes y ofrecerle más
elementos de los que aporta el
programa. Luego me fijo en la
dirección, pues el director es
el responsable de lo que ocurre
en escena. Finalmente observo
los demás aspectos, como
escenografía, música o
actuaciones. También es
importante el criterio. Ser
imparcial, mas no objetivo, es
decir, no atacar o defender un
espectáculo por criterios
personales.
-Usted no aprueba que un
reportero emita juicios de valor
al escribir sobre una obra de
teatro, ¿por qué cree que un
reportero no debe criticar?
-Porque tenemos distintos campos
de trabajo. El reportero informa
y el crítico analiza. Es muy
difícil que el reportero de
cultura no opine porque es
persona, pero es imposible que
conozca a profundidad de teatro,
cine, música o danza como para
opinar. Si ese reportero se
especializa puede llegar a ser
un crítico, pero si no, es mejor
que no dé opinión. Además el
reportero es inmediatista, tiene
muy poco tiempo para escribir
una nota. Yo dispongo de más
tiempo para escribir mi crítica
y, en ese espacio, puedo
informarme, leer libros y
documentarme. Pienso que el
reportero se tiene que dedicar a
describir o a hacer entrevistas
de teatro, pero no a criticar.
-Sus críticas son muy
respetadas, pero también muy
temidas. ¿Por qué esa fama de
ser una mujer dura o negativa
con el teatro?
-Creo que es mala fama porque
trato de ver a los jóvenes,
apoyarlos y buscar obras que me
deslumbren. Pero cuando algo no
me gusta lo digo.
-¿Quién lee las críticas de
teatro?
-Trato de escribir para un
público que no es de teatro. Sin
embargo, haciendo un perfil del
público al que me tengo que
dirigir resulta que es afecto al
teatro y de cierto nivel de
escolaridad. Porque ése es el
que ve el teatro del que yo
escribo, el no comercial.
-¿Qué separa el teatro comercial
del que no lo es?
-La búsqueda de lenguajes, a
pesar de que, actualmente, las
vanguardias se están agotando.
Vivimos un momento en que los
jóvenes están probando, pero
hace mucho que nadie me
deslumbra. El último que me hizo
tilín fue Valdés Kuri y eso fue
hace varios años.
-¿Qué opina de compañías como La
Fura dels Baus o De la Guardia?
-Cuando vi a La Fura pensé que
lo que hacían ya se lo había
visto a Jodorowsky en los años
70. La Fura rompe automóviles y
Jodorowsky rompía pianos. No
creo que esos grupos estén
protagonizando grandes rupturas,
pero atraen porque la gente
tiene un odio espantoso al
realismo.
-¿Por qué?
-No sé, pero dentro del realismo
se pueden dar cosas
sorprendentes e innovadoras como
lo que hace Mauricio Jiménez,
David Olguín, Mauricio García
Lozano o Martín Acosta. Son
personas que han hecho
propuestas, casi de ruptura,
pero sin caer en vanguardismos
fáciles.
-¿Hacia dónde tiende el teatro
mexicano?
-Está en titubeos y búsquedas.
Las nuevas generaciones están
buscando sus lenguajes, pero
todavía no logran conformarlos.
Después del enorme pleito que se
dio entre el texto y el
director, en que se afirmaba que
no había mejor autor que el
autor muerto, o el director como
dictador, ahora se está
volviendo al texto apoyado en
los actores.
-¿Se puede hablar de un teatro
mexicano?
-No creo que exista un teatro
mexicano pero sí algunas
dramaturgias que tratan los
problemas mexicanos como las de
Víctor Hugo Rascón Banda.
-¿Cómo vive la responsabilidad
de ser crítica de teatro?
-Es una gran responsabilidad,
pero si se hace con honestidad,
con verdadero interés por lo que
está ocurriendo en escena y con
fundamento, la gente lo
entiende. Creo que muchos de
nosotros nos hemos ganado
respeto.
Mariana
Morandi.
La Jornada. Abril de 2005
Gentileza:: CELCIT [celcit@sinectis.com.ar]
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