|
|
Venezuela. El diablo, por E.
A. Moreno-Uribe.-
26/04/05
 
|
|
Venezuela. El diablo, por E.
A. Moreno-Uribe
Es incesante y abultado el
éxodo del talento artístico
venezolano -léase intérpretes
teatrales y dancísticos hacia el
exterior, especialmente a los
teatros y los estudios en Miami
y Nueva York, sin descontar al
ya de por sí lejano y casi
inalcanzable Hollywood. Van a
probar suerte en lo que saben
hacer y también en lo que
ignoran.
Por supuesto que no todos van a
triunfar ni menos aún forrarse
en dólares, pero es el riesgo
que corren lo atractivo, lo que
los excita. Algunos queman las
naves, mientras otros sueñan con
volver a comer arepas en Las
Mercedes o bañarse en la bahía
de Cata.
Todos los que se van lo hacen
porque aquí no tienen claras
perspectivas de crecer ni en lo
profesional ni en lo económico,
al tiempo que la incertidumbre
sociopolítica los asusta y los
ahuyenta, especialmente a la
gente joven y a la madura
también. Ya hay varios actores y
bailarines instalados y
creciendo, figurando en
películas y espectáculos
escénicos, mientras que otros se
dedican a la docencia, como
Keyla Ermecheo y Anita Vivas,
para citar a esas dos damas que
nos encontramos en Miami.
¿Qué pasará con esa diáspora
criolla? ¿Se afectará la
producción artística en el país?
Son preguntas que sólo en el
tiempo tendrán respuesta.
Mientras tanto, en Nueva York,
hay gente como Enrique Enríquez,
un artista multimedia venezolano
con amplia trayectoria a nivel
nacional e internacional. Nació
en Caracas en 1969.
Él ahora prepara su show teatral
El diablo en las manos, para
exhibirlo del 5 al 8 de mayo, en
el Theater Lab, 236 West 78th St.
Ese teatrero cuenta que en
Latinoamérica creemos que “de
que vuelan, vuelan”.
Desde tiempos de la Colonia
nuestras noches han estado
llenas de espanto. Hoy en día es
posible que en nuestros países a
los espectros les dé miedo salir
de noche, o que la Llorona lleve
un piercing, pero aún así el
“Más Allá nos atrae y nos
fascina, porque nuestro
continente está hecho a partes
iguales de miedo y gozadera”.
El diablo en las manos es un
show de una hora de duración,
donde Enrique Enríquez relata
sus historias de fantasmas
favoritas. Son historias que ha
recopilado durante años,
visitando diversos países,
conociendo gente. Algunas se las
han contado o las ha leído, pero
hay otras que ha vivido en carne
propia. Él las ilustra con
objetos, antiguos oráculos y
extraños rituales.
“Los fantasmas habitan la línea
que separa el mundo literal del
metafórico. Para quien nunca ha
visto un fantasma, ellos
comparten el universo de la
ficción con los super-héroes y
los personajes de cuentos de
hadas; pero para quien ha visto
un fantasma, la experiencia es
real e intensa, tanto que a
veces puede cambiarte la vida”,
dice el artista, que se presenta
en escena a solas, usando como
único efecto especial la
imaginación del público. “Mi
visión de los fantasmas es
distinta a la hollywoodense. Las
películas te enseñan a lidiar
con el ´Más Allá´ a golpes y
tiros. Los latinoamericanos
tenemos una visión del ´otro
lado´ más gentil. No combatimos
al mundo de los espíritus, sino
que convivimos con él. Donde
Hollywood ve a un monstruo, yo
veo a un tío, un abuelo...
porque los fantasmas son también
una conexión con nuestras raíces
y con el pasado”.
Luego de este estreno, en Nueva
York, Enríquez viene Caracas a
presentar El diablo en las manos
durante un mes en los espacios
del Celarg. También están
previstas presentaciones en
Chicago y México; además de la
edición de un libro y la
grabación de una serie de
segmentos televisivos sobre
fantasmas y leyendas
latinoamericanas. ¡Viene, debuta
y se marcha. El mundo es ancho y
ajeno!
E A.
Moreno-Uribe.
El Mundo. Abril de 2005
Gentileza:: CELCIT [celcit@sinectis.com.ar]
paginadigital |
|
 
|
|
Ir al principio,
|
|
Noticias, opinión, política, derechos humanos, movimientos sociales, informes, latinoamerica |
|
|