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Cuba. Escándalo en "El Sótano",
por Amado del Pino.- 27/04/05
 
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Cuba. Escándalo en "El
Sótano"
Confieso que un estreno a
partir de la frondosa y, a
ratos, olvidada obra de José
Ramón Brene (1927-1990) se
convierte en una alegría
personal. He estudiado la
literatura dramática del autor
de Santa Camila de La Habana
Vieja, pero, sobre todo, guardo
recuerdos trémulos de la amistad
del simpático, silencioso,
humilde, y a veces triste hombre
que fue Brene. Ahora Tony Díaz
—que había llevado a las tablas
con éxito El corsario y la
abadesa en la década de los
ochenta— nos ofrece Escándalo en
la trapa, un texto en el que se
dejan ver algunas de las
virtudes cardinales de la
dramaturgia de este autor:
diálogo chispeante, formidable
olfato para detectar argumentos
enjundiosos, impactante
humanidad de los personajes y
sus conflictos.
Escándalo... parte de un hecho
histórico, pero sin ceñirse a
los datos que nos han llegado de
Enriqueta Faber, esa
suiza-francesa, mujer adelantada
para su época que apareció
disfrazada de hombre, como
médico en la Baracoa del siglo
XIX. Lleva razón Lilian Suset
cuando señala en las Notas al
Programa: "los personajes son
recreados por el verbo ingenioso
y fecundo de Brene quien narra
la esencia del suceso, y oficia
con imaginación allí donde la
anécdota real resulta
insuficiente como historia
teatral".
Díaz, con la compañía Rita
Montaner, ha logrado un
espectáculo que rinde homenaje a
un dramaturgo de ideas, a un
artista de preocupaciones
eminentemente cívicas y que se
convierte, a su vez, en una
fiesta de los sentidos. La
puesta opta por un ritmo
frenético y una cadena de
imágenes que se apartan de la
gestualidad cotidiana, de las
composiciones a partir de la
naturalidad. El ritmo, la
proyección de los actores y el
colorido del montaje tienen algo
de titiritero; la figura humana
es tomada a broma, casi
descompuesta, desarticulada.
Este propósito de
despersonalizar al individuo y
subrayar conceptos se apoyó en
un expresivo, sutil y hermoso
diseño de vestuario del
consagrado Eduardo Arrocha.
También resulta clave el
virtuoso diseño de luces del
propio director, así como la
riqueza en matices de la música
original de Alejando Padrón y
Julio Montoro.
Aunque se trata de uno de los
espectáculos más fluidos de los
muchos que he visto en los
últimos meses, aprecio cierta
contradicción entre el tono de
gran retablo de la primera hora
de representación y el cierto
estatismo de la larga escena del
juicio. El valor de la quietud
estaba muy bien resuelto en las
confesiones de la Enriqueta
moribunda, pero en el plano del
debate de ideas, el director se
encomendó —tal vez en exceso— a
la fuerza de los argumentos de
Brene en defensa de la igualdad
de la mujer y otras denuncias
sociales. Por momentos —en el
juicio— la agrupación de los
personajes resulta un tanto
ingenua y previsible.
Debo saludar el nivel de
actuación general y sobre todo
la presencia de varios jóvenes
intérpretes en la compañía. Tony
optó por dividir entre tres
intérpretes la vida de su
multifacética protagonista. Hedy
Villegas logra un emocionante y
exacto decir en la despedida o
testamento de Faber. Alejandro
Milián articula un médico
repleto de dignidad más allá de
la identidad sexual. Su
desempeño tiene mucho que ver
con la coherencia argumental de
la puesta en escena. Aunque
aprecio una caracterización
menos rica y faltan matices en
los difíciles discursos del
final, Sarahí Viñas da pruebas
de talento; agrada por la
limpieza de su decir y defiende
con pasión bien dosificada a su
Enriqueta. En el resto del
elenco sobresale la segura
sobriedad de Miguel Montesco, el
encanto rural de Andrés H.
Serrano; la acertada caricatura
pueblerina que consigue Alina
Molina; la dosificación del
dolor que trasmite Lisett
Meléndez; el aporte gestual y la
búsqueda de registros vocales de
Jorge Luis de Cabo.
Escándalo en la trapa nos pone
en contacto con una historia del
pasado que tiene resonancias en
la vida y la sensibilidad de
ahora mismo. Lo ha hecho además
desde una espectacularidad y un
terminado artesanal que se
agradecen y estimulan.
Amado del
Pino.
Granma.
Abril de 2005
Gentileza:: CELCIT [celcit@sinectis.com.ar]
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