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El Club Bilderberg, una
sociedad elitista a la sombra de
los debates públicos, por Mateo
Balín
Mateo
Balín
Periodista Agencia de
Información Solidaria
Situado en un altillo de una
campiña de Oosterbeck, al
noreste de Holanda, se erige el
Hotel de Bilderberg. Un edificio
moderno de tres plantas con
tejados a dos aguas. Entre sus
servicios destaca una fina
cocina, la tranquilidad del
complejo y una veintena de salas
equipadas para acoger reuniones
de negocios. Prestaciones que le
han proporcionado un renombre
internacional, como cita su
publicidad en la red. Pero la
promoción se olvida de algo más
simbólico que ocurrió bajo sus
cimientos en 1954. El Príncipe
Bernhard de Holanda reunió a
puerta cerrada a la flor y nata
de la política, la empresa y las
finanzas mundiales a fin de que
éstos armonizaran la política
internacional de los aliados en
plena Guerra Fría.
Este grupo supranacional
pretendía dinamizar las
relaciones transatlánticas a
través del fortalecimiento de
Naciones Unidas. La intención:
convertirla en un gobierno
mundial de hecho, que a su vez
garantizase la voz cantante
tanto de América del Norte como
de Europa en la escena
internacional. Para ello creían
necesario que ambos actores
fueran pragmáticos y vigilasen
las consideraciones geopolíticas
y geoestratégicas. La ecuación
era sencilla. Si algún régimen
quiere cambiar el mundo, éste
sólo podrá conseguirlo con la
búsqueda de consensos en los
grandes temas que dominan la
agenda internacional y que
respaldan los poderes. Y como
los gobiernos son incapaces de
llegar a acuerdos en los grandes
asuntos supusieron que nadie
mejor que la iniciativa
particular para lograr este fin.
Que a nadie le sorprenda que los
grandes 'cardenales' de este
cónclave planetario con medio
siglo de vida son dueños de
bancos, administradores de
grupos industriales, comisarios
europeos, millonarios como la
familia Rockefeller o George
Soros, responsables de 'think
tanks' ('grupos de
pensamiento'), secretarios
generales de la OTAN, FMI y
Banco Mundial, ex presidentes
como George Bush padre o Bill
Clinton y personajes tan
influyentes como Henry Kissinger.
Un periodista del diario sueco
Dala Demokraten, Goran Greider,
establece un lazo entre el orden
actual del mundo y las
influencias ejercidas en el seno
de los Bilderberg desde su
creación. Según Greider,
contribuyeron "a instaurar el
tipo de capitalismo que
conocemos hoy y a solidarizar
entre sí las principales elites
mundiales del ámbito de los
negocios".
Normas internas
La adhesión al Club se hace por
contactos confidenciales a
personas cuya influencia en
círculos nacionales e
internacionales pueden ampliar
el objetivo que preconizan:
imponer un único mercado
globalizado poblado por una
comunidad controlada y
manipulada, según escribe el
periodista Daniel Estulin en un
reportaje publicado en la
revista española Época, en
septiembre de 2004.
Los miembros tienen
estrictamente prohibido hablar
abiertamente del contenido de
los debates -para ello ya tienen
hoy el Foro de Davos- y de las
decisiones que se toman. Aunque
su organización interna sigue
bajo secreto, se sabe que existe
un 'comité conductor' compuesto
por miembros permanentes que
deciden a quién se invita. La
secretaria general la ocupa
desde 2000 el belga Etienne
Davignon, presidente de la
empresa aérea belga SN
Airholding.
Davignon afirma que "la
franqueza es la regla del juego"
y considera además que "si el
Club es un éxito se debe a que
nadie molesta a nadie, a que
cada participante juzga útil
escuchar una cosa distinta de la
que está acostumbrado a oír".
El Corporate European
Observatory, uno de los grupos
de estudio más importantes sobre
las políticas liberales, asegura
en un informe publicado en 2000
que si bien Bilderberg no decide
nada de manera formal, si llega
a plasmar un consenso entre las
elites de la política, de la
economía y de los medios de
comunicación. Algunos de éstos,
sobre todo revistas y prensa
especializada, son utilizados
como canales de difusión. "Se
trata de un pacto estructural
entre las elites de los tres
poderes", afirma el sociólogo
Geoffrey Gueuns, autor del
estudio 'Todos los poderes
confundidos'.
Agenda extensa
En las secretas reuniones que se
celebran un fin de semana cada
año en un lugar diferente del
mundo se tratan temas
importantes para el mundo. Desde
la guerra de Irak, la lucha
contra el terrorismo o la caída
del dólar, hasta de genéricos o
el sida, como ocurrió en la
reunión de 2003 en Versalles
(Francia), que contó con
invitados de excepción como
primeros ministros, miembros de
la realeza europea o jueces.
Otro de los temas que tratarán
en la reunión de este año será
el desempleo. En ella, escribe
Estulin en Época, el primer
ministro holandés, Jan Meter
Balkenende, propondrá borrar de
la "memoria colectiva" la
palabra 'jobless' (sin trabajo
en inglés) y sustituirla con la
expresión "entre dos empleos".
Además tiene previsto promover
la iniciativa del "Nuevo Orden
Mundial hecho a medida
Americana", según sus propias
palabras. Una postura del primer
ministro holandés perfectamente
entendible si tenemos en cuenta
que apoya la guerra contra el
terrorismo de la Administración
Bush.
Pero la agenda de los Bilderberg
es mucho más amplia. Pretenden
promocionar acuerdos económicos
como hicieron con el Tratado de
Libre Comercio (TLC) de América
del Norte o el Acuerdo General
sobre Aranceles y Comercio
(precursor de la Organización
Mundial del Comercio). Apuestan
por tres monedas universales
como consecuencia del proceso
natural de integración
planificado hace años por la
elite globalista: el euro para
Europa, el dólar para el futuro
mercado de las Américas -a
través de extender el TLC por
todo el continente- y otra para
la unión Asia-Pacífico.
Quieren amortizar la fiscalidad
para que los países con mayores
impuestos puedan competir con
aquellos en los que la
tributación es menor. Forzando
que la presión fiscal de países
como Estados Unidos aumenten con
el objetivo de permitir que el
impuesto del 58% en Suecia sea
competitivo.
Además, defienden la
transparencia de las cuentas
bancarias y las tarjetas de
crédito, y la creación de un
Ejército mundial vigilante.
Hasta entonces ya elucubran una
base global de datos que
identifique a cada individuo;
dentro de una iniciativa mayor,
una Ley de Seguridad universal.
Entre los asuntos a resolver
destaca el militarismo
estadounidense, la guerra de
Irak o la posición británica con
respecto al euro. El tirón de
orejas a Tony Blair en Versalles
fue subsanado con el
nombramiento del británico Peter
Mandelson como comisario europeo
de Comercio Exterior, que además
tendrá la difícil tarea de
promover el europeísmo entre los
británicos y adoptar de una vez
la moneda continental.
Con respecto a la OTAN, los
Bilderberg han extendido sus
intereses al Golfo, Serbia,
Bosnia, Kosovo, Siria, Corea del
Norte, Afganistán... Dentro de
una estrategia que consiste en
crear tensiones en naciones
cerradas cultural y
religiosamente, que conducen a
estados de guerra y hostilidades
perpetuas que utilizan para
justificar medidas de emergencia
nacional en los tiempos de paz.
"El objetivo es maximizar el
beneficio industrial de miembros
del Club vendiendo al mismo
tiempo las armas y la
mantequilla", escribe Daniel
Estulin.
En fin, estamos ante una visión
de la democracia teledirigida. Y
no sólo puesta en práctica por
los Bilderbergs. El Bohemia
Club, la Comisión Trilateral o
el Club de Roma aparecen como
ramificaciones donde el gran
poder negocia las políticas
globales a la sombra de los
debates públicos.
Mateo
Balín
Periodista Agencia de
Información Solidaria
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