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La quema de libros nazi y la
decadencia científica alemana,
por Mirra Banchón.-
13/05/05
 
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La quema de libros nazi y la
decadencia científica alemana,
por Mirra Banchón
Mirra
Banchón
Deutsche Welle
"Donde se quema libros, se acaba
quemando hombres".
(Heine, 1820)
Miles de libros desaparecieron
de las bibliotecas alemanas el
10 de mayo de 1933 durante la
quema de libros perpetrada por
el régimen nacionalsocialista.
Se calcula que sólo en Berlín,
los nazis quemaron esa noche
20.000 publicaciones de
filósofos, científicos, poetas,
escritores. Sus nombres pasaron
a integrar las "listas negras".
Muchos de ellos fueron
asesinados, arrestados o
enviados al exilio.
La quema de libros fue un acto
simbólico: el comienzo de la
persecución y la expulsión de
científicos e intelectuales de
Alemania. El efecto de la quema
de libros supera la época
nacionalsocialista: según el
historiador berlinés Michael
Grüttner, con ello comenzó la
decadencia de Alemania como
nación de la ciencia: con la
emigración a América del Norte
de 24 premios Nóbel de Alemania
y Austria, "el primer lugar pasó
a ocuparlo Estados Unidos",
declaró Grüttner en entrevista
concedida al semanario Der
Spiegel en su edición digital.
¿Colaboradores del régimen?
Después de 1933, las
universidades alemanas tuvieron
que renunciar a un quinto de su
personal docente. Si a comienzos
del siglo XX, las universidades
alemanas eran las mejores del
mundo, después de 1945 de la
tradición de excelencia quedaba
sólo el recuerdo. Los
catedráticos que se quedaron
tuvieron necesariamente que ver
con el régimen nazi; sus
publicaciones e investigaciones
de esa época tuvieron que
contar, necesariamente, con el
beneplácito del gobierno de
Hitler. Al final de la guerra,
entre 60 y 70 por ciento de los
catedráticos alemanes
pertenecían al partido o a
alguna organización nazi.
No dejar las universidades
vacías
Si bien al finalizar la guerra,
las fuerzas aliadas despidieron
a la mitad del personal, poco a
poco fueron volviendo a ocupar
sus puestos. Quien no hubiese
denunciado a nadie y tuviese un
nombre como científico tenía
buenas oportunidades de ser
rehabilitado. Sus obras de la
época nacionalsocialista fueron,
convenientemente, relegadas al
olvido. Básicamente porque no
convenía paralizar completamente
las universidades alemanas.
Muchos de los que no colaboraron
con el régimen
nacionalsocialista no estaban
interesados en volver. Theodor
W. Adorno y Max Horkheimer, del
Instituto para Investigación
Social de Fráncfort fueron las
brillantes excepciones.
Los "emigrados" no pudieron
evitar la mirada decepcionada
hacia Alemania: la conciencia
del grado de horror perpetrado
por los nazis era mínima en el
ámbito universitario. El
consenso fue callar y olvidar lo
sucedido. Fue apenas en los años
80 cuando las Facultades se
dedicaron a revisar, en contra
de la voluntad de sus autores,
las obras de sus catedráticos,
para ese momento ya jubilados.
La quema de libros fue un acto
simbólico y propagandístico, que
Joseph Goebbels alabó como un
día en que "Alemania había
comenzado a limpiarse interna y
externamente"… de excelencia
académica.
Gentileza:: Ricardo Alvarado [alvarado.ricardo@gmail.com]
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