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Entre dos generaciones, por
Nelson Manrique- 20/05/05
 
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Entre dos generaciones, por
Nelson Manrique
"En una clase en la
universidad tratamos el tema de
la juventud en el Perú, a partir
de una exposición preparada,
precisamente, por un grupo de
jóvenes. Ellos son estudiantes
que se sienten comprometidos con
el país y habían acopiado
abundante información para
respaldar sus afirmaciones, y lo
que decían era poco alentador.
El clima era francamente
depresivo. Los datos se
acumulaban, mostrando un país a
la deriva, donde las
desigualdades sociales continúan
agravándose, la educación tiene
cada vez menos calidad, la
cantidad de personas
adecuadamente empleadas es
irrisoria y no hay trabajo. El
panorama moral resultaba aún más
deplorable. Con semejante
situación, era difícil imaginar
algún porvenir posible.
Remató la presentación el dato
estadístico de que, de poder, la
gran mayoría de los jóvenes
abandonaría el país para irse a
vivir en el extranjero. Siempre
ha habido una cierta cantidad de
jóvenes que opta por irse para
construir su porvenir bajo otros
cielos, pero se trataba de un
sector estadísticamente poco
relevante. Hoy constituye una
maciza mayoría. De hecho, la
situación ha continuado
agravándose durante los últimos
años.
Ante este panorama tenía poco
sentido recurrir a las arengas
patrióticas que apelan al
espíritu de sacrificio, para
defender por qué vivir en el
Perú. Es un triste argumento que
la disposición a sacrificar las
perspectivas de una vida plena
en aras de permanecer en el país
-aunque internamente se esté
convencido de que esa decisión
no va a cambiar nada la
situación- sea una prueba de
patriotismo.
Pertenezco a una generación a la
que le habría resultado extraña
la idea de marcharse, pues nos
sentíamos implicados con lo que
pasaba en el país, así fuera por
el solo hecho de que
usufructuábamos ciertos
privilegios, como por ejemplo
tener la oportunidad de
estudiar. Creíamos, por otra
parte, que podíamos contribuir a
poner remedio a los problemas
existentes. Creo que allí,
precisamente, radica la gran
diferencia entre estos dos
momentos: hoy parece imposible
cambiar nada. A nosotros, nos
tocó vivir un momento en que,
para usar una metáfora de la
época, parecía posible tomar el
cielo por asalto. Diría que la
reacción de los jóvenes que
quieren irse está motivada no
tanto por las dificultades
económicas -después de todo la
situación ha mejorado
ligeramente- sino por un
profundo sentimiento de
impotencia, en relación a la
posibilidad que puedan
realizarse los cambios que el
país necesita para ponerse en la
senda de un desarrollo justo y
sostenible.
Hoy todos los sistemas políticos
de representación están
profundamente desprestigiados.
Las nueve décimas partes de los
peruanos no se sienten
representados ni por el
presidente, ni por el
Parlamento, el Poder Ejecutivo,
Judicial o por los propios
partidos. Tampoco se cree que
eligiendo nuevos representantes
la situación vaya a cambiar.
Esta no es una crisis política,
sino una crisis de la política,
donde los mecanismos de
representación no funcionan más.
Algo mucho más profundo, que
demanda soluciones más
radicales.
Gentileza: Ricardo Alvarado [killincho73@yahoo.com
]
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