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¿Se puede hacer Educación
Popular en la Escuela Pública?
Por María Livia Vilardo.-
23/04/05
 
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¿Se puede hacer Educación
Popular en la Escuela Pública?
Por María Livia Vilardo
Hace más de cinco años que,
por opción, soy docente en una
Escuela Pública para Adultos en
la ciudad de Córdoba. Estoy a
cargo de dos materias (Economía
y Legislación Laboral) y de
varios cursos en el turno
vespertino. Desde que empecé mi
formación docente siempre me
sentí atraída por la propuesta
pedagógica del profeta Paulo
Freire.
Comprendí que la buena práctica
educativa es aquella que ayuda a
las personas a desarrollar una
conciencia crítico-reflexiva,
para que éstas puedan salir de
situaciones donde se encuentran
manipuladas u oprimidas y
empiecen a ver su vida como un
fenómeno biográfico en vez de
biológico. Desde esta mirada
intenté encarar mi práctica
docente sabiendo que no era un
camino sencillo, ya que está
condicionado por lo
institucional, público y
oficial. Se puede hacer
Educación Popular (EP en
adelante) en la Escuela
Pública?. Es la gran pregunta.
Creo que ésta admite, en la
práctica, varias respuestas: si,
no, tal vez, a veces, según las
circunstancias, según actores
que intervienen, .... etc. Aquí
sólo quiero compartirles mi
experiencia acerca de algunos
obstáculos, límites y
dificultades que he tenido (y
tengo), dejando para otra
ocasión una investigación más
detallada y exhaustiva acerca de
esta problemática.
Desde lo institucional El
Proyecto Educativo Institucional
(PEI), que refleja las posturas
ideológicas, filosóficas,
epistemológicas, políticas y
psicopedagógicas que orientan la
institución, funciona en mi
escuela como reproductor del
orden social imperante. Subyace
en él un discurso
administrativo, economicista y
positivista. Pone énfasis en
preparar a los estudiantes para
un mundo globalizado y
competitivo. Con este PEI la
escuela no opta por una
transformación social (como
propone la Educación Popular)
sino al contrario, favorece el
perpetuar las condiciones de una
sociedad injusta. Por ejemplo,
pone acento en formar a los
alumnos para que sean futuros "microemprendedores",
en vez de formarlos para que
sean "sujetos empleables" en el
mundo del trabajo. Ya sabemos
que un excesivo "cuentapropismo"
esconde situaciones de desempleo
real. Aparentemente, la escuela
se presenta como un lugar de
inclusión social para las
personas. Pero, ¿cómo puede
entenderse un "lugar de
inclusión" si su proyecto
educativo reproduce la lógica
del sistema injusto? Por otra
parte, el PEI define el perfil
del egresado como un "sujeto
crítico, reflexivo, responsable,
comprometido con la sociedad
democrática", postura que está
vinculada al pensamiento de
Freire pero que no siempre se
refleja en la práctica.
He observado, muchas veces, que
la pasividad y la indiferencia
de los alumnos es aprendida y
reforzada por la institución.
Cuando se presenta algún
conflicto, éste no se resuelve
por la vía del diálogo, sino que
se inculcan modelos de autoridad
y obediencia, coartando toda
posibilidad de escucha y
participación. Entonces, los
alumnos optan por el "no me
importa", "total todo sigue
igual", "yo no puedo hacer
nada". Con esto la institución
no promueve "una pedagogía
espontánea de la democracia",
dado que no permite a sus
miembros (incluyo también a los
docentes) una participación real
en el "decir", en el "tomar
decisiones" y en "el "hacer".
Por otro lado, circula un lindo
discurso sobre "la escuela
abierta que permite la
diversidad" pero es tan mal
interpretada y abordada esta
diversidad que están ausentes
las acciones diferenciadas para
atenderla. Otras cuestiones
tienen que ver con quienes
conducen la institución. Los
directivos se encuentran
sobreexigidos, tienen que
abocarse a una dirección más
administrativa (papeles y
expedientes) que pedagógica.
Para más, desde el Ministerio de
Educación se les pide que
incorporen elementos de control
económico (costo - beneficio -
eficiencia - marketing) para
cualquier proyecto, por lo que
se cae en una comprensión
mercantilista de la educación.
Desde los docentes Para los
docentes que apostamos por una
Educación Liberadora, lo primero
que sobresale como limitación es
"la dualidad profesional". Por
un lado, tenemos que responder
al Estado que nos paga los
salarios. Por otro, queremos ser
fieles a nuestros ideales y
utopías. Acatar órdenes y
contraórdenes de los directivos,
contar con poca carga horaria
para las asignaturas,
acostumbrarse al ruido y a las
interrupciones continuas, llevar
programas con objetivos
preestablecidos, son referencias
que indican que enseñamos en un
contexto muchas veces
desfavorable para la EP. Más de
una vez queremos cambiar
nuestros métodos de trabajo y
nos resulta realmente difícil
lograrlo, pues el peso de lo
establecido y lo autorizado
sigue siendo muy fuerte y
determinante.
Pero también si revisamos
nuestras prácticas, notamos que
tenemos una cierta incapacidad
para trabajar de "otras"
maneras, y es que tantos años de
estudiar y practicar las viejas
formas y métodos, nos han
marcado más de lo que pensamos,
y terminamos repitiendo aquellos
modelos verticalistas y
antidemocráticos que tanto
cuestionamos. Particularmente,
vale la pena destacar que hay
experiencias áulicas que van
configurando alternativas, tanto
en métodos pedagógicos como en
opciones ideológicas, pero éstas
no logran articularse como para
alterar o transformar
sustancialmente la estructura
escolar. Lamentablemente, por
esta desarticulación los
docentes seguimos siendo, de
alguna manera, funcionales al
sistema. Desde el conocimiento y
los contenidos Un elemento
fundamental en la metodología de
la EP es el papel que juega la
teoría dialéctica del
conocimiento.
Se apunta a partir de la
práctica, o sea del saber
popular, de lo que la gente vive
y siente, para teorizar. El
proceso de teorización así
planteado, permite ir ubicando
lo cotidiano, lo inmediato, lo
individual, dentro de lo social
y colectivo. Considera al
conocimiento como una actividad
indesligable de la práctica. Es
la práctica social de donde
surgen los conocimientos, es en
la transformación de esa
práctica donde se constata la
objetividad y la verdad del
conocimiento. Así, el trabajo
popular se realiza en dos
momentos: Reflexión y Acción. El
primer momento, es de cuño
educativo, es una actividad
teórica que mira a la
comprensión de la realidad, a la
"Concientización".
Es esencialmente un "acto de
conocimiento". El segundo
momento, la acción, es de
carácter práctico y político ("Praxis
Política"). Los contenidos de
las materias que doy favorecen
ampliamente la "Concientización".
Se trata de conocimientos útiles
para transformar; por ejemplo:
hemos dialogado con mis alumnos
sobre las actitudes y
responsabilidades que tenemos
como consumidores, productores,
empresarios, contribuyentes
impositivos, trabajadores,
asalariados, estudiantes, etc.
Sin embargo, el segundo momento,
la "Praxis Colectiva", no está
tan claro: ¿hay acciones para
cambiar? ¿cuáles son y porqué se
distinguen de otras? ¿cuándo se
realizan?, ¿tienen la fuerza
suficiente para cambiar?, ¿se
trata de acciones colectivas o
individuales? ¿hay acciones
dispersas?. Como contaba
anteriormente, los alumnos mucho
no se organizan para accionar
porque reiteradas veces han
experimentado rechazos o
indiferencias y terminan
creyendo que "nada se puede
cambiar".
El grueso de los contenidos que
circula en la escuela se orienta
más a mantener las estructuras
vigentes que a cuestionarlas. Se
trata de conocimientos tópicos,
abstractos, muchas veces
trasplantados del exterior. Se
pone énfasis en un saber
científico / técnico para ser
más competitivos y productivos.
Así, se dejan de lado o están
ausentes, entre otros, los
contenidos que tienen que ver
con la lógica cívica y política,
los actitudinales y los
valorativos. Desde los educandos
No hay EP sin toma de la
Palabra. La Palabra es Poder. La
Palabra es creadora y
transformadora. Quizás, los
mayores inconvenientes que he
tenido con los educandos están
relacionados con el mundo de la
Palabra. El silencio y/o el
expresarse con monosílabos son
los modos de comunicación más
utilizados por la mayoría de los
alumnos. Lo anterior tiene
consecuencias directas en mi
tarea. Primero, porque se me
hace más difícil descubrir ¿qué
sienten?, ¿qué viven? ¿qué
saben? ¿cómo interpretan el
mundo que les tocó vivir?.
Segundo, cuando propongo un
diálogo de saberes o un debate
sobre algún tema, veo frenada mi
propuesta. Es comprensible, el
diálogo exige una cierta
disciplina: la de escuchar y
hablar (sin interrumpirse unos a
otros) y la de centrar el debate
en torno a un problema
delimitado. Disciplina a la
cual, educadores y educandos, no
estamos bien acostumbrados; no
nos han educado para el "saber
decir", para el "saber
dialogar". Una vez descubierto
el universo temático de los
alumnos, éste resulta ser muy
diverso, dado que el grupo que
compone la clase es heterogéneo
en edades, orígenes, cultura,
sectores sociales y económicos.
Entonces, se plantea seriamente
el cómo dialogar y sobre qué
dialogar, para que estos
intercambios sean significativos
para todos los alumnos. Otro
capítulo tiene que ver con el
aprendizaje, están tan
acostumbrados a recibir todo
conocimiento en "paquetes" y
encima a aprenderlo de memoria,
que les cuesta salir de esa
rutina y trabajar "con otros"
para construir conocimientos.
En cierta manera, el concepto de
educación que supone que una
parte (docente) sepa, hable y
enseñe y la otra (alumno)
ignore, escuche, memorice y
repita, está muy internalizado
en los educandos. Por último,
son múltiples los intereses y
las motivaciones que tienen los
jóvenes adultos y los adultos
para concurrir a la escuela.
Algunos tienen especial interés
por aprender, otros quieren
terminar el secundario por
mandato social, otros para tener
un ascenso o reconocimiento
laboral, también están quienes
quieren ayudar a sus hijos en la
escuela y darles buen ejemplo.
Lo cierto es que la mayoría de
las personas adultas se
esfuerzan para asistir a la
escuela y aprender. Dentro de la
gran diversidad de metas e
intereses por aprender, los
educandos tienen una
característica en común:
estudian por la "nota" y la
"nota" los moviliza a estudiar.
Resulta difícil convencerlos que
lo fundamental es aprender y
saber, porque la escuela
mantiene ese esquema de premio o
castigo que es la aprobación y
la reprobación de las materias.
Reflexiones Finales Comenzaba
preguntando: ¿Se puede hacer
Educación Popular en la Escuela
Pública?.
Desde mi experiencia contesto:
Poco tiempo y espacio queda en
la Escuela Pública para hacer EP,
como puede darse en un
movimiento social y popular. La
Escuela Pública brinda una
"Educación Compensatoria",
pensada y elaborada para adultos
de los sectores populares, pero
en sí, no se trata de Educación
Popular. La Educación Popular
tiene otras exigencias, ella
debe culminar en una acción
transformadora de la realidad de
quienes participan en sus
procesos (educadores y educandos).
Las realidades aquí planteadas
son problemáticas que atraviesan
cotidianamente la institución y
condicionan el espacio de
enseñanza /aprendizaje. Sin
embargo, sería injusto no
reconocer que hubo logros y
aciertos. Con el correr del
tiempo, algunos alumnos empiezan
a tener más confianza: se animan
a participar y a la expresión
oral; se dan cuenta de que ellos
traen saberes, valores y
sentires; quieren aprender por
ellos mismos y con otros. En lo
individual, noto que se produce
un cambio de percepción del
mundo. También debo señalar el
interés mostrado por algunos
docentes para preparar,
coordinar y aunar esfuerzos en
torno a una tarea
transformadora. Leyendo lo
escrito hasta aquí, cualquiera
puede pensar, si hay tantos
obstáculos en la Escuela
Pública, porqué seguir
intentando con la Educación
Popular ?. Porque creo que la EP
es uno de los caminos para el
"Otro Mundo Posible". Y es que,
la EP tiene su compromiso y
posicionamiento Ético.
Ante un mundo de crecientes
injusticias, ante la "ética del
Mercado", que nos venden día a
día, la EP propone la "ética de
la Vida" con sus valores de
justicia, libertad, compasión,
respeto por los derechos de
todos /as, etc. Además, no es
considerada solamente como un
referente abstracto, ni tampoco
como una guía de comportamiento
individual, sino que la EP hace
una opción política (práxis
política) a favor de los
empobrecidos. Así pues, creo que
la contribución de la EP sigue
siendo válida, aún en los
espacios institucionalizados y
con todos los obstáculos que
pueda haber. Para quienes
estamos comprometidos con esta
mirada, la tarea sigue siendo:
¿El cómo hacer realidad lo que
en el discurso y en la opción
ética proclamamos?.
Bibliografía
* Freire, Paulo. La Educación en
la Ciudad. Edición - Siglo XXI,
1999.
* Preiswerk, Matthias. Educación
Popular y Teología de la
Liberación - CELADEC, Buenos
Aires, Argentina,1995.
* Moro Wenceslao. Educación
popular: Un acercamiento a una
práctica libertaria - 2003
María Livia Vilardo
mlvi@hotmail.com
Gentileza:: Agustín Cardini [
acardini83@hotmail.com ]
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