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Organizan la ignorancia, por
Ismael León.-
16/04/05 (Perú)
 
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Organizan la ignorancia, por
Ismael León
Ismael
León
La Insignia
El periodismo considerado serio
en el Perú vive en trance de
autoliquidación. Y no me refiero
únicamente a la televisión de
señal abierta, que nunca fue más
ajena a conocer y difundir temas
de ciencia, educación y salud,
ni qué decir cultura. Hablamos
además de los diarios
presuntamente serios, cuyas
páginas ignoran el conocimiento
como las brujas medioevales
detestaban la ley de la
gravedad.
Como es conocido, el periodista
dedicado a la divulgación
científica amplía la educación
escolar y apresta al lector
joven para los ajetreos
universitarios. Además, por
supuesto, de estimular las
vocaciones por la investigación.
Eso no ocurre en el Perú, salvo
un par de solitarias excepciones
que no hacen sino confirmar la
regla general. Un ejemplo, el
diario La República se preguntó
recientemente, en su primera
página, dónde estaba el calzón
de Leslie Stewart, tristemente
célebre mujercita del
espectáculo, embrollada en estos
días en otro escandalete típico
de su biografía. Por supuesto
nadie ha encontrado la prenda.
Veamos qué temas son casi
desconocidos para la mayoría de
peruanos lectores de periódicos,
televidentes o radio oyentes.
Los alimentos transgénicos, por
ejemplo. En medio mundo esta
modalidad de la biotecnología
está sometida a rigurosos
escrutinios periodísticos. Hay
asociaciones de consumidores
orientados por medios poderosos,
que les ayudan a tomar
decisiones en sus compras, tanto
como a los políticos les sirven
para debatir en foros y plazas.
En el Perú los transgénicos
están en los alimentos enlatados
que se venden en los
supermercados, sin que el
público lo sepa. Y el Congreso
no tiene ningún proyecto que se
ocupe de ellos.
Otro caso es el de los sistemas
de acreditación universitaria,
diseminados en casi todos los
países de América Latina, menos
en Haití y el Perú, sin que la
prensa local haya pedido jamás a
los políticos que se interesen
en el asunto. Mientras tanto las
universidades particulares se
multiplican como bodegas y
millares de jóvenes son
estafados de manera pública y
organizada.
Podemos agregar la clamorosa
ausencia de debate sobre temas
de educación, en un país con uno
de los peores registros de
América en rendimiento escolar;
o la mortalidad materno-infantil
por causas vinculadas al
desconocimiento elemental de
regímenes sanitarios y
alimenticios. Pero aquí nos
detenemos.
La audiencia y otras
coartadas
¿Cuál o cuáles podrían ser las
explicaciones ante semejante
lenidad? En el caso de la
televisión una de las causas
sería el sometimiento
incondicional ante el llamado
raiting, que por añadidura es
organizado desde Lima por una
empresa especializada brasileña.
Ningún productor quiere tener un
programa debajo de los 10
puntos, aunque para superarlos
tenga que importar loquitas en
desuso como Gloria Trevi u
obligar a su público más pobre a
besar sobacos a cambio de unos
cuántos dólares.
La tiranía de la audiencia
rechaza cualquier iniciativa que
exija al conductor por lo menos
hablar bien. Ni qué decir la
cara que ponen los dueños de los
canales cuando les sugieren
invertir en concursos educativos
para niños o jóvenes. "Ese es
culturoso", señalan con el dedo
infamante al autor de semejante
idea. Y lo peor es que lo
condenan y borran de las nóminas
periodísticas.
En la prensa escrita es distinto
pero con resultados semejantes.
Al tema educativo o científico,
en un par de medios, se le
asigna un espacio semanal o
quincenal, pero en medio de una
barahunda de páginas destinadas
a las noticias "vedettes", es
decir los escandalillos
políticos de la familia
presidencial, o los dimes y
diretes de congresistas
fronterizos.
Así, cuando el lector de
periódicos toma entre sus manos
un diario serio, encuentra el
mismo material que en la prensa
vulgar llamada "chicha", pero
editado con mayor sobriedad,
acompañado de cuadros
estadísticos e infografías
ilustrativas de la cotidiana
pobreza intelectual de nuestros
parlamentarios.
Mientras tanto crece la lectoría
de los tabloides multicolores
que publicitan futbolistas cojos
o ciegos que desconocen torneos
mundiales hace 25 años,
bailarinas desaforadas con
traseros gigantes, adivinos,
chamanes, prostitución delivery
y naturalmente lagrimeantes
biografías del fallecido Papa
Juan Pablo II, merecedor de la
unánime aprobación de serios y
chichas.
¿Puede alguien extrañarse que el
Perú esté al borde de ser
considerado país inviable en el
siguiente cuarto de siglo? ¿Han
reparado alguien que a un año de
las elecciones generales ninguno
de los candidatos en danza
registra 20 por ciento de la
aprobación ciudadana? ¿No es
vergonzoso que otro 20 por
ciento añore como presidenciable
a un japonés delincuente y
prófugo por añadidura? Así
estamos en el Perú, país en el
que sus más calificados
economistas se han resignado a
pedirle a los capos de una
economía que crece al 4,5%
anual, que por favor chorreen
alguito para los más pobres.
Ismael
León
La Insignia
Gentileza:: Ricardo Alvarado [alvarado.ricardo@gmail.com]
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