|
|
Maestro retirado, por Mikel
Agirregabiria Agirre.-
29/03/05
 
|
|
Maestro retirado
Una visión actual de un sabio
docente octogenario.
Fue un agradable encuentro con
mi antiguo profesor, que
acumulaba más de tres lustros de
jubilación. A pesar del paso y
el peso de los años, seguía con
la misma mirada inteligente que
acompañaba a su permanente
sonrisa. Era uno de mis héroes
predilectos, un maestro capaz de
imprimir huella indeleble en sus
alumnos más conspicuos de muy
diversas generaciones. Ahora me
llamaba por mi nombre, superando
el primigenio apellido, común a
todos los hermanos. Este etéreo
pormenor quizá traslucía que,
ocasionalmente, algunos alumnos
con los que mantenía el contacto
ascendían un escalón y adquirían
la consideración de discípulos.
Cuando, tras numerosas e
irreparables reformas
ministeriales, el aula parece
haberse transfigurado en un
exótico laboratorio híbrido
entre un circo y un programa de
“Gran Hermano”, mi recuerdo de
aquel antiguo bachillerato
pausado era reconfortante. Así
se lo comenté, añadiendo que la
educación se había convertido en
una profesión de alto riesgo. Él
me dio una última lección,
siempre con su habitual
perspicacia, que exigía el
concurso del aprendiz mediante
la reflexión y el
descubrimiento.
- Mikel, seguimos en una
sociedad que paga menos a sus
mejores profesores de cualquier
nivel y especialidad que a sus
peores entrenadores de fútbol.
Los docentes competentes son tan
escasos como los médicos
ilustres, pero mucho menos
reconocidos. Pero continuamos
siendo insustituibles, porque
sólo los profesores creamos
riqueza espiritual y material.
Aquí mismo, ¿donde ves tú
nuestro mayor y mejor
patrimonio?
Estábamos en medio de Bilbao,
sobre el Puente de Deusto entre
el Museo Guggenheim, la
Universidad de Deusto, el
Palacio de Congresos y de la
Música Euskalduna, el Museo de
Bellas Artes y el Parque de Doña
Casilda, donde se veían muchos
niños en un primer lunes de
vacaciones escolares por la
Semana Santa.
Creí que adivinaría su intención
indicando el campus, donde
todavía acudían a clase los
universitarios. Él me corrigió,
parcialmente, apuntando con un
gesto fugaz hacia el parque.
- Esos niños y niñas son nuestro
futuro, nuestro tesoro aún más
preciado que la juventud. Como
ya señaló Montesquieu, nuestra
infancia recibirá tres
educaciones: la de sus padres,
la de nuestros profesores y la
del mundo. La tercera contradirá
todo lo que las dos primeras
enseñan; incluso los más
desvalidos apenas podrán
aprender de sus familias. Sólo
la escuela y el profesorado son
garantía universal para todos;
muchos no llegarán a la
universidad, ni a la formación
profesional.
Nos despedimos, pero su análisis
me dejó cavilando. Pensé que,
sin advertirlo, hemos ideado un
sistema educativo donde el
docente competente no obtiene
reconocimiento oficial, excepto
la vocación cumplida, mientras
que el profesor inepto raras
veces es reprendido. Me consolé
pensando en tantos buenos
maestros y maestras que, sin
contabilizar las horas
extraordinarias, han conducido a
millares de alumnos y alumnas
adonde hoy están.
¡Cuántos profesores, como los
grandes médicos, saben que el
verdadero éxito se logra con los
casos aparentemente perdidos! Es
el alumnado menos dotado quien
obliga al profesorado a enseñar
mejor. Lamenté no haber podido
apostillar a mi profesor con una
cita de Gertrude Stein que él ya
conocería. La genial escritora
Norteamérica escribió: “Podría
pensar en ser una buena alumna,…
si fuera posible encontrar un
buen profesor”. Su interesante
vida y su inigualable obra son
la mejor prueba de que sí debió
descubrirlo.
Mikel
Agirregabiria Agirre. Getxo
http://www.getxoweb.com/mikel
Artículo ilustrado en:
http://www.geocities.com/agirregabiria2005/retirado.htm
Gentileza:: Mikel Agirregabiria
Agirre [
agirregabiria@euskalnet.net
]
paginadigital |
|
  |
|
Ir al principio,
|
|
Noticias, opinión, política, derechos humanos, movimientos sociales, informes, latinoamerica |
|
|