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Juan Manuel de Rosas a 128
años de su muerte, por Enrique
Oliva.-
17/03/05
 
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Juan Manuel de Rosas a 128
años de su muerte, por Enrique
Oliva
Enrique Oliva
Rebanadas de Realidad
Este aniversario de Juan
Manuel de Rosas se presta a
reflexionar con dolor los
padecimientos ante el genocidio
de pueblos y sus culturas por el
imperialismo de antes y ahora,
hoy en su etapa más violenta e
impredecible.
Los unitarios liberales siguen
proclamando como forma de
democracia y progreso la
libertad de comercio, cuando los
grandes países deben su riqueza
y poder al proteccionismo que
practicaron antes y lo siguen
practicando hoy en nuestro
perjuicio y de pueblos hermanos.
En los contenedores de los
puertos no pueden incluirse como
simples mercancías la soberanía
y cultura nacional, porque la
soberanía y la cultura no
entrarán nunca en la economía de
mercado.
Su expedición al Sur no fue de
conquista para eliminar
indígenas y dejarlos en la
miseria del desierto. Don Juan
Manuel hizo convenios con ellos
que respetaron ambas partes,
manteniendo la paz y el orden.
Su misión fue evangelizadora e
instructiva, divulgando sus
conocimientos en agricultura y
ganadería, concediendo espacios,
como a cuanto gaucho quiso
radicarse. Con esa civilización
cristiana usted integró a los
indígenas bajo la bandera
argentina.
El propio Charles Darwin, quien
vino a nuestras tierras, a
estudiar sus posibilidades de
explotación colonial, lo visitó
en su campamento junto al Río
Colorado y explicó luego los
objetivos de su campaña militar:
consistía en impedir la entrada
de blancos e indios venidos de
Chile a cuatreriar ganado vacuno
y caballar en las nacientes
estancias de la pampa. Y usted
cerró tratos con el bravo
cacique Calfucurá (Piedra Azul),
también llamado "Napoleón de las
Pampas", convirtiéndolo en su
amigo y fiel aliado. A cambio de
proveerle periódicamente ganado
y algunos elementos como azúcar,
harina, yerba mate, y hasta
jabón, el araucano, argentino
por opción, impidió a partir de
entonces, con indios y criollos,
las penetraciones de malones de
Chile.
La paz y seguridad de la
frontera Sur se mantuvo hasta
Caseros. Los "civilizados"
desconocieron el "tratado entre
salvajes". Y los indígenas,
"nuestros paisanos los indios"
como los llamaba San Martín,
antes de morirse de hambre
atacaron sus tierras ancestrales
en justa búsqueda de comida y
espacio.
Su Expedición al Desierto dejó
pequeños pueblos, transformados
con el tiempo en muchas
ciudades, entre ellas Junín,
Bahía Blanca y 25 de Mayo. Esta
última con la fecha patria que
fue celebrada oficialmente, por
primera vez.
Consolidada la frontera Sur, un
enemigo peor llegó a las aguas
del Río de la Plata: el
colonialismo europeo.
Usted Don Juan Manuel, como su
amigo el General Don José de San
Martín, ya conocían bien las
intenciones de las grandes
potencias colonialistas en el
siglo XIX, cuando se lanzaron a
una desenfrenada carrera que
parecía inatajable para sojuzgar
nuevos pueblos. Más en el Río de
la Plata usted los frenó, como
única excepción. Pero sus
enemigos locales, siguen
reprochándole su victoriosa
determinación patriótica,
llamándole "bárbaro", cuando
ellos continúan considerándose
portaestandartes de la
"civilización".
A usted, Don Juan Manuel de
Rosas, los adoradores de la
cultura colonialista europea, no
lo pudieron convencer. Los
unitarios de ayer, como los de
hoy, pensaban y piensan, que
rechazando la cultura de los
cañones nos aislaríamos para
"caernos del planeta", como se
dice hoy.. Todo lo contrario, se
defendió con uñas y dientes y
una brillante actividad
diplomática que asombró al
mundo, ganándose el justo título
de "Gran Americano". Fue en ese
sentido, nuevamente, seguidor
del pensar siempre vivo
sanmartiniano de la unidad
suramericana. Y su almirante
Guillermo Brown, con bergantines
construidos en Corrientes,
desalentó a los poderosos
invasores, luciendo orgulloso en
su uniforme la consigna
innegociable de "Soberanía o
muerte".
Felizmente, usted aprovechó una
experiencia anterior, durante la
dominación española, cuando sus
reyes impusieron el comercio
solo con la metrópolis. Como el
intercambio era insuficiente
para cubrir las necesidades de
la creciente colonia, ésta debió
ingeniárselas para crear sus
propias industrias para
autoabastecerse.
El ilustre Restaurador conocía
asimismo la historia del
Ejército Libertador de San
Martín y porqué su admirado
prócer pidió la Gobernación de
Cuyo, pues allí ya existía una
industria metalúrgica y hombres
capacitados que explotaban minas
de hierro, estaño y cobre y
elaboraban el bronce. Fray Luis
Beltrán no armó un ejército de
casi 6.000 hombre de combate
solo rezando, sino también con
la fragua y al yunque dando.
Fueron armas criollas, incluso
cañones, que junto a las bien
templadas lanzas o facones
atados a las tacuaras, abrieron
el camino de nuestra libertad.
Esas armas usted las usó contra
los franco ingleses,
manteniéndolos a raya hasta
obligarlos a retirarse de
nuestras aguas y honrar el
pabellón azul y blanco.
Rosas no recurrió a préstamos ni
inversiones extranjeras para que
el país progresara . No cayó en
el complejo de inferioridad que
inculcaban los colonialistas de
adentro y de afuera frente a las
manufacturas importadas, que las
consideraban fruto de una
cultura superior inalcanzable
por los criollos.
Fracasados por las armas, los
nuevos invasores no vienen hoy
con sus flotas a cañonear
nuestras poblaciones (por
ahora). Tampoco les prestan
uniformes y armas a traidores
criollos para luchar contra sus
hermanos. En cambio, a muchos
les dan títulos universitarios
en inglés o francés. Los
instruyen para ser obedientes
servidores pagos de las
multinacionales materialistas.
El imperialismo hoy se sostiene
con esos escribas por medio del
imperiodismo nacional y el
imperiodismo internacional.
Batallones de "economistas" y "politólogos",
repiten recetas tramposas para
consolidar al cipayismo.
Hoy nos presionan descaradamente
los gobiernos de las grandes
potencias y el FMI para
acordarles indebidos aumentos de
tarifas a las multinacionales
del colonialismo. La nueva
extorsión, ya está saboteando el
desarrollo nacional por la
insuficiente provisión
energética, a causa del
incumplimiento de las
inversiones comprometidas y la
explotación irracional.
Ante un federalismo en crisis y
un unitarismo financiero
soberbio, es de recordar Don
Juan Manuel que fueron federales
quienes lograron la conquista
del voto universal, creando un
partido político entonces
popular que llevó a Hipólito
Yrigóyen a la Presidencia.
Asimismo fue el criollaje
federal de la Argentina profunda
quien eligió a otro paisano, el
general con sangre tehuelche
Juan Perón, que encaró un nuevo
y valiente proceso de desarrollo
nacional con el consecuente
afianzamiento de la soberanía,
dejando al país sin deuda
externa. Esa osadía terca de ser
patriota le costó, a su vez. un
imperdonable odio y el exilio
impuesto por los unitarios.
Ahora el mundo entero está
desestabilizado bajo la amenaza
de un nuevo imperio glotón.
Ilumínenos con su talento y
firmeza, usted que contó con el
apoyo del General San Martín,
quien con fundadas razones lo
hizo heredero de su glorioso
sable, bien llamado el talismán
de la Patria.
Don Juan Manuel, hizo honor al
escudo del Libertador, que
compartió: "Velar se debe la
vida, de tal suerte, que viva
quede en la muerte". Por eso le
rogamos hoy, inspiración y valor
para ser fieles a su machaza
divisa de soberanía o muerte.
Enrique
Oliva
Rebanadas de Realidad
Gentileza:: Rebanadas de
Realidad [redaccion@rebanadasderealidad.com.ar]
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