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Discapacidad.-
16/03/05
 
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Discapacidad
La discapacidad ha sido
enfocada en los ámbitos
educativos, desde hace tiempo,
con un sesgo poco proclive a la
inclusión en la Educación Común
y, a la vez, con una cierta y
relativa inclusión en la
Educación Especial, lo cual se
revela en los contenidos
curriculares de cada uno de los
niveles educativos del sistema
formal y en la cultura
institucional de las
instituciones dedicadas a la
primera rama mencionada.
La política educativa nacional y
de la Ciudad de Buenos Aires no
se caracteriza precisamente por
su tendencia a la inclusión de
alumnos y docentes con
discapacidad en la Educación
Común pues, en general, se sigue
el criterio de agruparlos en lo
"especial", más parecido a un
ghetto que a una verdadera
inclusión tendiente a la
integración social.
Operan los viejos paradigmas de
la rehabilitación y de la
inutilidad en forma simultánea
con la irrelevancia estatal
derivada de la social, lo cual
constituye un verdadero
obstáculo para lograr la
inclusión e integración de las
personas con discapacidad, sean
docentes o alumnos.
Esta operación moldea los
contenidos curriculares y las
prácticas educativas como
también la cultura institucional
para devenir en un currículum
rígido y poco flexible frente a
la diversidad psicofísica que
lleva a incrementar aún más la
invisibilidad de un colectivo
sumamente vulnerable.
La Educación es el primer motor
inmóvil y causa eficiente para
una inclusión que permita una
verdadera integración en la vida
social de todos los individuos
de una sociedad y por ende, uno
de sus principales fines es la
socialización que, sin dudas,
debe tener en cuenta la
diversidad cultural y
psicofísica.
Ahora bien, ¿ cómo se puede
tener en cuenta la diversidad en
lo educativo ?. Este
interrogante tuvo algunas
respuestas en la Ciudad de
Buenos Aires para la diversidad
cultural, respecto de l@s niñ@s
y jóvenes de origen indígena o
de países limítrofes como
también las hubo en ciertas
jurisdicciones provinciales como
en el Chaco. Sin embargo, no
alcanza porque se viene
soslayando el derecho a la
Educación Común a las personas
con discapacidad en virtud de la
operación que hemos mencionado
con anterioridad.
Es importante advertir que si el
principal rol de lo educativo es
la socialización de los
individuos para su formación
como personas, como ciudadanos y
como sujetos aptos para el
trabajo, resulta ineludible
tener en cuenta lo diverso tanto
en lo curricular como en la
cultura institucional.
Con respecto a la diversidad
cultural, es importante comenzar
por la progresiva inclusión de
docentes provenientes de las
culturas a las cuales se quiere
llegar, como también la
formulación de un currículum
flexible que tenga en cuenta las
particularidades de cada
cultura. Tanto los indígenas
como los oriundos de los países
limítrofes tienen
características propias a las
cuales se deben adaptar los
directivos y docentes con el fin
de lograr un óptimo proceso de
enseñanza-aprendizaje respetando
sus pautas culturales.
Lo mismo ocurre con la
diversidad psicofísica, teniendo
en cuenta la particular
constitución física y mental de
las personas con discapacidad,
las cuales requieren de un marco
curricular adaptado y de una
cultura institucional que les
permita encontrar la aceptación
de sus particularidades.
Sin embargo, podemos trazar una
línea divisoria muy clara entre
ambas ramas de la Educación si
ceñimos lo "especial" a casos
puntuales, a determinadas
patologías que impiden
estrictamente la incorporación a
la escuela común tanto de
docentes como de alumnos.
Si tenemos en cuenta la
normativa vigente en la Ciudad
de Buenos Aires, podremos ver
que la inclusión de niñ@s con
discapacidad depende de la
opinión de un consejo
interdisciplinario, que es
solicitada por los directivos de
la institución educativa donde
ell@s son inscriptos por sus
padres, que aconseja la
inclusión en aquella institución
que consideren conveniente, de
acuerdo a la evaluación de las
condiciones del niñ@ en
cuestión.
A pesar de ello, existe una
fuerte reticencia por parte de
los directivos de la Educación
Común; quienes, en general,
tratan de disuadir a los padres
para que inscriban a sus hijos
en una institución educativa de
la Educación Especial. En muy
pocos casos, podemos decir que
cuando aceptan a un niñ@, joven
o adult@ con discapacidad es
porque prima mucho más la
voluntad del directivo.
También ocurre lo mismo con los
docentes, poco habituados o
renuentes a trabajar en equipo,
porque supone enormes
dificultades para el proceso de
enseñanza-aprendizaje cuando no
están formados para coordinar el
trabajo conjunto de alumn@s con
y sin discapacidad como, por
otro lado, son reticentes a
compartir lo áulico con un
docente integrador o un
facilitador para quienes tienen
alguna discapacidad porque no
aceptan compartir lo pedagógico
y la autoridad en el aula...
Hace pocos días, gracias a un
recurso de amparo, un niño con
parálisis cerebral tuvo que ser
incorporado a una escuela común
de la Ciudad de Buenos Aires,
con el acompañamiento de su
terapeuta particular. Más allá
de los bemoles que supone la
problemática de la
responsabilidad de un
profesional externo al personal
docente estatal, bienvenida sea
esta oportunidad para comenzar
una nueva etapa en este sentido
aunque, desde luego, deberá ser
examinada en profundidad por
parte de la Secretaría de
Educación del GCBA. Sin embargo,
también es auspicioso para la
visibilización de la
discapacidad en la escuela común
porque sus alumnos tendrán la
oportunidad de compartir
espacios y momentos con una
persona diferente, que se
expresa y manifiesta de otra
forma pero que es igual a ellos.
En otro orden de cosas, desde la
óptica de la incorporación de
docentes, podemos encontrar que
los docentes con discapacidad
pueden llegar a incorporarse a
la Educación Especial pero
difícilmente lo puedan hacer en
la Común. Al no tenerse en
cuenta las particularidades de
su formación y de su vida
personal, debido a la fuerte
influencia de la patología
discapacitante, suele pasar que
no pueda alcanzar el puntaje
establecido para lograr algún
cargo docente, gracias al
anacronismo del Estatuto del
Docente, cuyo articulado premia
más a aquellos que pueden pagar
los cursos de los sindicatos
docentes pues quienes no tienen
esa posibilidad, en general, son
los que no tienen forma de
financiar ni siquiera un curso
gratuito del CEPA (Centro de
Pedagogías de Anticipación del
GCBA); por supuesto, ni hablar
de un posgrado que les permita
acceder a un título
universitario de grado...
En general, la formación docente
se orienta hacia una población
escolar sin discapacidad y se
desalienta la incorporación de
personas con discapacidad en los
Profesorados e Institutos de
Formación Docente como
estudiantes y desde luego, ni
pensarlo como docentes... Desde
luego, es posible que puedan
llegar a ser incorporados como
alumn@s en aquellas
instituciones destinados a la
formación de docentes para la
Educación Especial, pero suele
ocurrir que si desean
incorporarse a un Profesorado
para la Educación Común, lo más
probable, es que aparezcan las
sutilezas de la discriminación
por parte de docentes,
directivos y algunos estudiantes
para lograr que desista de su
propósito y si ha ingresado,
buscarán la forma para que no se
reciba... ¿ Y dónde quedaron los
Derechos Humanos ?. En algún
cajón perdido o en los
laberintos de la burocracia
pergeñada por los
tecnoburócratas educativos...
Si llegaron a recibirse en las
instituciones educativas de
formación docente, les queda
superar otro escollo: ingresar a
la docencia. En general, podemos
decir que l@s docentes con
discapacidad suelen tener
numerosos obstáculos que no son
contemplados por la normativa
vigente; es decir, por el
Estatuto del Docente Municipal.
Desde la falta de puntaje, que
lleva a la espera de largos años
o, tal vez, nunca... hasta su
falta de adecuación a lo
establecido por la Ley Nº 1502
de la Ciudad que, sin embargo,
no contempla esta problemática
tanto para lo educativo como
para lo sanitario y que, además,
no está reglamentada... A lo
mejor, se decidió hacer
clientelismo político y se
reglamentará para las elecciones
de octubre, para un nuevo acto
demagógico como los
acostumbrados pero queda la
duda: ¿ lo harán ?, resulta
difícil pensarlo...
Tener en cuenta la diversidad en
lo educativo, signfica la plena
inclusión de niñ@s, jóvenes y
adultos como estudiantes y de
docentes con discapacidad y de
pueblos originarios en la
Educación Común, lo cual
permitirá incrementar la
visibilidad de dos minorías
tradicionalmente ignoradas por
nuestra sociedad y por el
Estado: las minorías indígenas y
las personas con discapacidad.
La educación inclusiva, aún con
las dificultades que ello
supone, es un excelente
instrumento para llegar a la
integración social, para formar
a los miembros de estas minorías
como personas útiles para la
sociedad, como personas y como
ciudadanos. Es decir, es una
herramienta para contribuir a la
visibilización y a la toma de
conciencia acerca de la
necesaria tolerancia al otro, al
diferente que debe construir la
Escuela Pública para formar a
las nuevas generaciones en un
nuevo concepto de sociedad que
llevará, sin dudas, a un nuevo
concepto de Estado y de
ciudadanía.
El indígena es un ciudadano por
el sólo hecho de haber nacido en
estas tierras, con su lengua y
su cultura y la persona con
discapacidad es un ciudadano más
y una persona que tiene una
capacidad diferente, otra forma
de manifestarse o de moverse
pero no es un inválido; ambos,
tienen derecho a enseñar y a
aprender como a trabajar...
Y es hora que la Nación, vieja
incumplidora de las normativas
sobre discapacidad y poco
dispuesta a reglamentar la Ley
Nacional Nº 25.689 sobre cupo
laboral, al igual que la Ciudad
de Buenos Aires, que sigue los
dictados nacionales, se
dispongan a cumplir de una buena
vez para que los integrantes de
estas minorías sean considerados
como personas y como
ciudadanos... ¿no les parece?.
Prof. Juan
Carlos Sánchez
Cs. Jurídicas, Políticas y
Sociales
(I.S.P."Dr. Joaquín V. González)
Gentileza:: Prof. Juan Carlos
Sánchez [juanca_s2003@yahoo.com.ar]
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