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Construyendo realidades e la
mano de la educación popular,
por Wenceslao Moro.- 05/03/05
 
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Construyendo realidades de la
mano de la educación popular,
por Wenceslao Moro
Introducción
Desde hace 4 años compañeras y
compañeros de la Agrupación La
Dignidad Rebelde hemos venido
realizando un trabajo de base en
la villa 31 (bis) de Retiro,
Ciudad de Buenos Aires.
Inspirados en la pedagogía de la
liberación buscamos que las
vecinas y los vecinos del barrio
se constituyan en mujeres nuevas
y hombres nuevos, constructores
de una nueva sociedad. Sin
personas nuevas no habrá una
nueva sociedad.
La tarea político-educativa
apunta a que ambos nos
desarrollemos como sujetos
activos, posibilitando una
lectura crítica de la estructura
social y, con ello, la
conscientización de ser sujetos
históricos, con la capacidad de
poder actuar sobre este mundo
para transformarlo.
Transformación que no implique
el cambio de manos del poder de
dominación, sino en el
rompimiento de la lógica
autoritaria y verticalista.
En el caminar junto al pueblo
hemos dado un lugar muy
importante a la formación
política y de alguna manera este
texto representa una síntesis de
muchos talleres, encuentros y
experiencias vividas en estos
años. Son puntos de llegada que
hemos tenido, pero también son
nuevos puertos para partir a
nuevos ríos, mares y océanos
llenos de sueños, esperanzas y
rabias.
Conceptualización de la
Educación Popular.
¡Qué desafío llegar a
conceptualizar qué entiende la
Agrupación La Dignidad Rebelde
con respecto a la Educación
Popular!. No es poca cosa
reflexionar en torno a un
concepto que ha tenido tanta
repercusión en el mundo, y,
particularmente, en el Tercer
Mundo. Educadores,
organizaciones populares,
movimientos sociales,
académicos, han pasado sus vidas
analizando, reflexionando y
actuando en relación a la
Educación Popular.
¿Por dónde iniciar el camino que
ayude a explicar la noción que
la Agrupación La Dignidad
Rebelde tiene sobre la Educación
Popular?
Quizás para empezar podemos
señalar algo que salta a primera
vista. Se trata de una práctica
educativa relacionada con lo
popular. No es posible separar
en esta denominación los
términos educación y popular.
Creemos interesante examinar
estos dos aspectos sin
dividirlos. Para lo cual, vamos
a intentar tener una
aproximación a la pregunta:
"¿qué entendemos por
educación?", para luego
acercarnos al concepto de
popular. Tarea no del todo
sencilla, pero que implica un
gran desafío que queremos
asumir.
La tarea de querer delimitar el
concepto de educación, va a
tropezar con el hecho de que
existen diferentes usos sociales
sobre ésta.
Los usos sociales de la
educación van a estar
íntimamente ligados a la
concepción del mundo que
tengamos. "Una concepción del
mundo implica un conjunto
articulado, sistemático y
coherente de ideas, conceptos,
valores y normas de conducta
práctica que guían nuestra vida
cotidiana."[2] Esta concepción,
al moldear nuestra visión de
cómo debe ser la sociedad y de
qué lugar juega en ella el ser
humano, va a influir en la
noción que tengamos sobre la
educación.
Las sociedades establecen los
preceptos doctrinales que han de
guiar a las prácticas
educativas. Estas ideas no son
hechas por la sociedad como un
todo, sino que responden a
perspectivas e intereses de las
clases dominantes para conservar
los elementos básicos de la
estructura social. Aun así las
prácticas educativas se dan en
espacios diversos y hasta
antagónicos que confrontan por
constituirse en discursos
pedagógicos hegemónicos. Es
decir, en los espacios
educativos coexisten componentes
que tienden a la conservación de
las estructuras y las relaciones
sociales, y otros, que tienden a
la transformación de la
sociedad.
Así existen fundamentalmente dos
usos sociales para la educación:
que sea la vía para corregir las
disfunciones del sistema
socioeconómico imperante, sin
intentar modificación alguna,
sólo adaptaciones; o que sea un
instrumento importante en la
transformación y cambio de las
estructuras sociales de
opresión.
Otro punto muy importante para
aproximarnos a la noción de
educación que sustentamos es que
ésta es siempre un acto de
conocimiento. No hay posibilidad
de entender la educación sin
percibir que toda práctica
educativa es siempre una
situación en la cual hay un
cierto objeto a ser conocido por
sujetos cognoscibles.
La educación es siempre una
teoría del conocimiento puesta
en práctica. Consideramos
entonces que una práctica
educativa responde a las
siguientes preguntas: Primero,
cómo conocer. Segundo, cuál es
la compresión sobre el acto de
conocer. Tercero, conocer para
qué. Cuarto, conocer con
quiénes. Quinto, conocer en
favor de qué. Sexto, conocer
contra qué. Séptimo, conocer a
favor de quienes. Octavo,
conocer contra quiénes.
La pedagogía de la liberación se
fundamenta en una concepción
dialéctica del conocimiento,
contraria a la tradicional
epistemología idealista y
positivista.
Uno de los exponentes máximos de
la pedagogía liberadora, Paulo
Freire, "peregrino de lo obvio",
plantea que "la educación es un
acto de conocimiento que implica
praxis, reflexión y acción de
los seres humanos sobre el mundo
para transformarlo."[3] La
pedagogía freireana concibe el
conocimiento como una
construcción social, es un
proceso y no meramente un
producto. "El conocimiento no se
transmite; el conocimiento se
hace, se rehace a través de la
acción transformadora de lo real
y a través de la comprensión
crítica de la transformación que
se ha dado antes o que se puede
dar mañana."[4] Según la
perspectiva tradicional, la
práctica educativa consiste en
la transmisión de diferentes
saberes y valores de generación
en generación, en la cual el
educador es el transmisor de los
conocimientos y el educando es
el receptor pasivo.[5] Para este
enfoque, el objetivo de la
educación es adaptar y
acostumbrar al individuo a la
sociedad en que vive, formándolo
para que se incorpore al
"mercado" laboral a fin de
asegurar y dar continuidad del
modo de producción vigente.
Hasta aquí hemos analizado el
término de educación, queriendo
destacar la intencionalidad
pedagógica de la educación
popular.
Ahora queremos analizar el otro
término en cuestión: popular.
Considerando que éste es el
elemento específico de la
educación popular.
Cuando hablamos de popular
hacemos referencia a un sujeto
colectivo: los oprimidos. La
opresión aparece en la sociedad
a través de diferentes
relaciones de dominación:
opresión de la mujer por el
hombre; del niño o la niña por
el adulto; de los trabajadores
por los patrones, etc.
La opresión la ejercen las
clases opresoras que someten a
las clases oprimidas, al despojo
del tener: alimentación,
trabajo, techo, tierra, salud….
Se trata en definitiva de una
negación del derecho a la vida.
Negando el derecho a vivir,
todos los demás derechos caen.
"¿De qué libertad nos hablan,
cuando la experiencia concreta
de cada día niega en los barrios
un plato de comida para los
niños y las niñas, una cama para
dormir, ropa para vestirnos, un
salario digno para los papás de
los chicos y las chicas? ¿Acaso
de esa libertad que nos
atribuyen idealmente a cada uno
de nosotros y nosotras?" Junto
con los elementos básicos para
la vida, también a las clases
oprimidas se les niega el saber
que pasa por la "prohibición"
del acceso a la escuela, en la
"expulsión" del sistema
educativo, pero fundamentalmente
por el desprecio de las clases
opresoras a los valores, a las
culturas, al "saber hecho de
experiencia" del pueblo.
Negación que tiene que ver con
una de las características de la
acción conquistadora de los
opresores: la invasión cultural.
Esta consiste en la "penetración
que hacen los invasores en el
contexto social de los
invadidos, imponiendo a éstos su
visión del mundo, en la medida
misma en que frenan su
creatividad, inhibiendo su
expansión."[6] La función
principal de la invasión
cultural radica en imponer la
lógica del pensar de los
opresores a los oprimidos, en
lugar de la suya propia.
La ideología dominante,
perteneciente a las clases
dominantes, se construye y
recrea en la vida cotidiana. A
través de ella se interiorizan
los valores culturales propios
de los opresores y se domestica
a los oprimidos. Pero la clase
opresora no sólo realiza una
invasión cultural, sino que
también saquea al oprimido de su
cultura, su memoria,
destruyéndola, fragmentándola
y/o incorporando elementos
propios del pueblo a la cultura
opresora.
Además de negar el tener y el
saber a las clases populares se
les impide desarrollarar su
hacer, es decir sus propias
praxis sociales. Esto se ve
plasmado a través del monopolio
de la violencia ejercida por los
opresores que matan, reprimen,
persiguen y encarcelan a los
luchadores sociales. Pero "las
clases opresoras no sólo impiden
la organización del pueblo como
clase capaz de iniciar un amplio
proceso de transformaciones
sociales sino que intervienen
directamente en los modos de
organización del pueblo,
tratando que toda organización
popular no sea una organización
de clase, o por lo menos no pase
de una organización vacía y
"bajo control" (los sindicatos
reinvicadores de privilegios "neo-capitalistas"
son un ejemplo de eso)."[7] Las
distintas formas de opresión del
"tener", "saber", "hacer" tienen
como corolario la expulsión de
las clases oprimidas de las
instancias de "poder". El pueblo
no delibera ni gobierna sino es
a través de sus representantes
dice la Constitución de la
República Argentina. El poder
está en manos y al servicio de
los opresores quienes niegan
todo espacio de participación
popular que implique una disputa
de su situación de dominación.
En definitiva la opresión
consiste en la negación de lo
popular, de todo aquello que
pertenece al pueblo, a las
clases populares. Entendiendo
por pueblo a todas las personas
que se reconocen como parte de
aquellos que luchan y trabajan
en función de un proyecto de
sociedad sin clases que
satisfaga los intereses y las
necesidades de todas y todos:
las niñas y los niños, las y los
jóvenes, las adultas y los
adultos, las ancianas y los
ancianos.
En relación al término popular
queremos destacar que "la
educación es popular cuando en
su realización - en su
inserción, sus contenidos y sus
métodos -contribuye a que el
pueblo, las clases populares,
vayan constituyéndose,
encontrando su propia esencia,
profundizando la comprensión de
su propio ser."[8] Por tal
motivo, es que los cumpas de la
Agrupación La Dignidad Rebelde
entienden que "la Educación
Popular es un instrumento de las
organizaciones populares para la
construcción de Poder Popular,
en el proceso de las luchas
sociales."[9] No podemos hablar
de una práctica de Educación
Popular que no esté enmarcada
dentro de una práctica política
liberadora y aportando a este
accionar.
Concepción del ser humano y
del mundo desde la Educación
Popular.
Toda práctica educativa
liberadora, nos dice Paulo
Freire, debe ir precedida de una
concepción del ser humano, a
partir de una situación
existencial concreta, un aquí
(lugar) y un ahora (tiempo) de
la persona. No podemos pensar en
una educación que conciba al ser
humano en forma abstracta,
ahistorica, desligada del mundo,
así como tampoco que niegue al
mundo como una realidad ausente
de los seres humanos.
El ser humano no es sólo un "ser
en el mundo"; es sobre todo, un
"ser con el mundo". No podríamos
concebir un mundo sin personas,
ni personas sin mundo. Sin seres
humanos el mundo no tendría
sentido, ya que el mundo está
constituido por un conjunto de
relaciones, y sólo las personas
son capaces de captar esas
relaciones como seres
inteligentes; sólo el ser humano
puede establecer nuevas
relaciones en el mundo y con él;
sólo por la acción de las
personas el mundo se transforma,
se dinamiza y se crea. Existe
una comunión entre el ser humano
y el mundo.
Como seres inconclusos, las
personas no son, sino que se van
haciendo en su
accionar-reflexivo. La capacidad
de acción y reflexión, propias
del ser humano, están
condicionadas por el mundo, por
la realidad, que también es
inacabada.
Así como no hay seres humanos
sin mundo, ni mundo sin seres
humanos, no puede haber acción y
reflexión fuera de la relación
hombre/mujer-realidad. Es en la
relación del ser humano con el
mundo, que desarrollamos nuestro
accionar-reflexivo.
Transformamos al mundo, y al
hacerlo condicionamos nuestra
acción y reflexión.
De acuerdo a como se establezcan
estas relaciones es que las
personas pueden tener o no
condiciones objetivas para el
ejercicio de una vida más
humana.
La existencia humana radica en
la búsqueda de su realización en
la humanidad. La vocación de las
personas de realizar una tarea
de humanización, se contrapone a
la deshumanización. "Esta última
constituye una distorsión
posible en la historia pero no
es su vocación histórica. Si
admitiéramos que la
deshumanización es vocación
histórica de los seres humanos,
nada nos quedaría por hacer sino
adoptar una actitud cínica o de
total desespero."[10] La
humanización es consecuencia de
una práxis liberadora que va en
búsqueda de una sociedad donde
los pueblos son sujetos
creadores de su destino
histórico. La vocación de los
pueblos es la de "ser más"
libres. "Libertad que no es sólo
una capacidad (aspecto
ontológico) y un derecho radical
(aspecto jurídico), sino que es
además una situación personal y
social de madurez que hace
concretamente posible el
ejercicio de esa capacidad y de
ese derecho."[11] "La vocación
del ser humano de ser sujeto y
no objeto, sólo podrá
desarrollarla en la medida en
que, reflexionando sobre sus
condiciones tempo-espaciales, se
inserte en ellas,
críticamente."[12] En la
búsqueda de su perfección el ser
humano se educa. El hombre y la
mujer deben ser sujetos de su
educación. No pueden ser objeto
de ésta.
Dimensión política de la
Educación Popular
Las prácticas de educación
popular están fundamentadas en
una lectura del mundo a través
de la cual se constata e
interpreta la realidad social.
La naturaleza política de la
educación popular radica en una
toma de posición con respecto al
contexto en que vivimos. Este
posicionamiento supone reconocer
e interpretar que "la estructura
sobre la que se organiza y
funciona la sociedad se basa en
el egoísmo, la acumulación
material, la opresión y la
explotación del ser humano por
el ser humano; nos mantiene
esclavos de un sistema económico
capitalista donde la propiedad
privada vale más que la vida, el
dinero transforma al amor en una
mercancía y la dignidad es
comprada con unas migajas por el
Señor Poder."[13] A partir de
reconocer una situación
estructural de opresión, Paulo
Freire elaboró "una pedagogía
que haga de la opresión y sus
causas el objeto de reflexión de
los oprimidos, de lo que
resultará el compromiso
necesario para su lucha por la
liberación, en la cual esta
pedagogía se hará y rehará."[14]
Aunque reflexionando entorno a
la pedagogía del oprimido hace
un llamado de atención con
respecto a cierta posición
ingenua que concibe a la
educación como una palanca de
transformación de la sociedad.
Es decir, la educación no cambia
al mundo; la educación cambia a
las personas; por lo tanto, las
personas a través de una
práctica política organizada
cambian al mundo.
Siendo la Educación Popular una
herramienta de las
organizaciones populares para
cambiar radicalmente las
situaciones de desigualdad,
dominación e injusticia, ésta
refleja los niveles de lucha de
clases en la sociedad.
"Una educación popular que no
sea instrumento para que el
pueblo se organice y movilice
para establecer un nuevo sistema
de relaciones sociales, sirve
sólo para que los sistemas
opresores permanezcan en
nuestras sociedades."[15] La
politicidad de la educación no
nos permite concebirla como
neutra. Cuando se pretende
presentar a la educación como
apolítica, justificando que ésta
ha de ser únicamente técnica o
científica, se práctica de hecho
una opción: la indiferencia y
por ende el sometimiento a una
realidad deshumanizada.
La dimensión política de la
Educación Popular se expresa
también en el tipo de vínculo
que se da entre el educador y el
educando, y entre ellos y el
objeto de conocimiento. Esto
tiene que ver con las relaciones
de poder que se dan en el
vínculo pedagógico entre el
educador y el educando.
En la visión "bancaria" de la
educación, el educador asume el
rol de quien sabe, y debe, por
lo tanto, enseñar al educando
que no sabe. "Si el educador es
quien sabe, y si los educandos
son los ignorantes, le cabe,
entonces, al primero, dar,
entregar, llevar, transmitir su
saber a los segundos."[16] Así,
la educación se convierte en un
"acto de depositar", donde el
educador es quien "deposita"
conocimientos y los educandos
son los "depositarios". La
educación se concibe como una
práctica acumulativa de saber.
En la educación bancaria no sólo
se donan los conocimientos que
el educador posee, sino que éste
define el contenido programático
de la educación.
Al negar a los educandos la
capacidad de crear, actuar,
pensar, obstruye el quehacer de
los seres humanos como sujetos
activos, críticos, soñadores y
rebeldes. La educación bancaria
proyecta una ignorancia absoluta
sobre los otros. En esta
relación pedagógica, se mantiene
la contradicción entre el
educador del educando y el
educando del educador.
Existe una negación de la
educación y del conocimiento
como proceso de búsqueda. No hay
objeto de conocimiento a ser
conocido, sino que hay una
memorización de lo narrado por
el educador.
A través de la educación
bancaria se construyen y rehacen
relaciones sociales de
dominación que se reproducen en
los diferentes ámbitos de la
vida cotidiana.
Desde una concepción educativa
liberadora, el educador asume su
rol en concordancia con su
comprensión político-ideológica
del acto de conocer. Un educador
popular abraza lo que Freire
denominó "radicalidad
democrática-revolucionaria".
"Esto significa que desde el
punto de vista de la educación
como acto de conocimiento, los
educadores populares debemos
siempre partir de los niveles de
comprensión de los educandos, de
la comprensión de su medio, de
la observación de su realidad,
de la expresión que las propias
masas populares tienen de su
realidad, para luego, con ellos,
ir avanzando y transformando en
rigurosidad científica lo que
era, en el punto de partida,
sentido común."[17] El educador
mediatizado por el objeto de
conocimiento, problematiza sobre
él mismo, estableciendo un
diálogo con los educandos. El
diálogo no es mero intercambio
de ideas y mucho menos la
polémica por imponer la
"verdad", puesto que no se trata
de conquistarse unos a otros,
sino de vencer juntos a la
estructura social que nos
mantiene en una situación de
opresión.
La educación liberadora supera
la contradicción del educador y
el educando. "El educador, al
problematizar, "re-admira" el
objeto conocido a través de la "ad-miración"
de los educandos. Ambos se
transforman en sujetos del
proceso de conocimiento (enseñaza-aprendizaje).
Ahora, ya nadie educa a nadie,
así como tampoco nadie se educa
a sí mismo, los seres humanos se
educan en comunión, y el mundo
es el mediador."[18] Al
problematizar con la realidad,
el educador induce a los
educandos a que se piensen a sí
mismos en ese contexto y puedan
reflexionar en torno a su
práctica social para actuar en
su vida cotidiana buscando "ser
más", dirigiendo su vida a la
humanización de los seres
humanos.
Las distintos tipos de vínculos
pedagógicos que se dan tanto en
la educación "bancaria" como en
la educación liberadora muestran
como funciona el poder en torno
al acto educativo.
La educación bancaria es un
instrumento de la clase opresora
para el mantenimiento del reino
del dinero, la competencia, el
egoísmo, la desesperanza, la
desmemoria. En forma contraria,
la educación problematizadora,
responde a la vocación del
hombre y la mujer de ser más, de
insertarse críticamente en esta
sociedad clasista e injusta y
transformarla en función de
proyecto sin opresores ni
oprimidos.
No hay duda entonces para
nosotros y nosotras que el
educador popular es un militante
político en tanto educador, y
que como militante político es
educador por el propio hecho de
ser político. Nuestras prácticas
educativas representan una
opción política.
Por último, no podemos reducir
todo lo político a lo educativo,
así como tampoco todo lo
educativo a lo político. Cada
uno tiene su especificidad,
aunque existe una relación
dialéctica entre ambos. Pues
cuando hablamos de la
especificidad de lo político no
podemos prohibirle la entrada a
la presencia educativa que hay
en ella. De la misma manera
descubrimos que en la
especificidad de lo educativo,
no podemos dejar a un costado su
dimensión política.
Paulo Freire señala que "lo
educativo se centra en el
convencimiento y abre la puerta
para lo político; la
especificidad de lo político se
encuentra en la búsqueda del
poder, en la búsqueda del vencer
para obtener el poder, en la
victoria."[19]
Educación Popular y
Concientización
La Educación Popular se entiende
a partir de un contexto de
dependencia y dominación. Una de
las manifestaciones de esta
situación es lo que algunos han
dado en llamar "cultura del
silencio". La cultura hegemónica
de las clases opresoras ha
prohibido la palabra al pueblo y
ha justificado sus relaciones de
dominación por razones de índole
natural: "siempre hubo ricos y
pobres". Y, lo peor de todo es
que ha hecho que las clases
oprimidas tomen como verdad esta
mentira.
A partir de ello es que podemos
distinguir que la conciencia del
pueblo es alienada en la medida
en que representa y significa la
dimensión del ser humano y del
mundo de la clase opresora. Es
una conciencia imperfecta e
incompleta, pues se le escapan
muchos fenómenos de la realidad,
y la interconexión profunda
entre ellos; no tiene una visión
de la totalidad de la realidad.
También la conciencia del pueblo
es oprimida porque refleja el
mundo del dominador y resulta de
vivir en una situación de
opresión. Finalmente, podemos
decir que la conciencia del
pueblo es visceral, ya que
implica un bloqueo bio-psíquico
del ser humano, de los
contenidos de crítica y de
oposición a las estructuras y
relaciones de opresión.
En estas circunstancias, la
educación popular ha ido
desarrollándose en el seno de
las organizaciones populares con
el objeto de desmitificar la
cultura dominante en que nos
hallamos sumergidos. La
educación popular nos permite
afrontar la realidad con una
mirada crítica, y ser capaces de
abordarla para emprender la
tarea de la humanización.
Es aquí donde cobra fuerza un
concepto que Paulo Freire
desarrolló: la concientización.
La concientización no es la
simple toma de conciencia. Ésta
exige una mayor profundización.
Cuando normalmente los seres
humanos nos acercamos a la
realidad, lo hacemos desde
nuestra cotidianidad y
habitualidad, y acaba por ser
ingenua o mágica. Se trata de
una simple opinión que formamos,
condicionados por la realidad
social que nos impide ver la
realidad de las cosas, su razón
de ser.
Por lo tanto, es preciso tomar
una cierta distancia de esa
cotidianidad, para poder tener
una mirada crítica y global.
Debemos superar el conocimiento
místico o mágico de forma tal
que podamos alcanzar un
conocimiento que nos permita "des-velar"
la realidad e ir a la esencia de
las cosas, llegar a descubrir la
causalidad de los fenómenos que
ocurren en el mundo y no
solamente sus emergentes. Esto
exige una búsqueda, y no la mera
transmisión de conocimientos.
Tampoco es cuestión de
introducir opresivamente en los
educandos la idea de que están
en una situación existencial de
dominación y que deben rebelarse
ante ello. Cuando se intenta
convencer a los educandos no se
trata de decirles "yo tengo
razón" o que "Marx estaba en lo
cierto sobre tal tema", para que
aquellos asuman la posición del
otro. El convencimiento pasa por
conocer juntos, por vencer con
el otro las estructuras y
relaciones sociales de
dominación.
La concientización no es una
obra que acaba en la conciencia,
ni tampoco algo previo que
implique la motivación y la
criticidad que llevaría a un
impulso de una acción
liberadora.
La transformación de la
estructura injusta y clasista de
la realidad se hace en la
historia y no en la conciencia;
no se puede reducir la
concientización a una visión
lúcida de la realidad. La
concientización se da en la
misma dinámica de la lucha de
clases, en el propio dinamismo
de la acción política de las
organizaciones populares.
No puede haber concientización
sino como una expresión
organizada; no existe conciencia
de clase sin práctica de clase;
es imposible llevar a cabo un
proceso de fortalecimiento de la
conciencia de clase, al margen
de las luchas sociales que
llevan adelante el pueblo.
Educación Popular y Utopía
Paulo Freire decía que "la
concientización nos invita a
asumir una posición utópica
frente al mundo, posición que
convierte al concientizado en
factor utópico."[20] La utopía
no es lo irrealizable, sino lo
que aún no se ha hecho. Las
utopías de hoy son las
realidades de mañana.
La utopía implica los actos de
denunciar y anunciar, es decir
el acto de denunciar las
estructuras y relaciones
sociales de opresión que nos
deshumanizan y el acto de
anunciar un mundo nuevo sin
opresores ni oprimidos, sin
ricos ni pobres. Denuncia la
situación de hambre, egoísmo,
analfabetismo, codicia,
desocupación, guerra, etc. y
anuncia un mañana nuevo, un
mundo bueno, feliz, humanizado,
lindo.
Esta dialectización entre el
anuncio de un pre-proyecto
futuro mejor y la denuncia de lo
que le contradice no puede
plasmarse en meras palabras.
Vivir la utopía implica
compromiso histórico con la
humanidad. Una praxis histórica
transformadora donde el
pre-proyecto se va haciendo
proyecto. Es a través del
quehacer de las organizaciones
populares que se puede
transformar el pre-proyecto en
proyecto.
La utopía necesita de un
conocimiento crítico. Es
propiamente un acto de
conocimiento. Uno no puede
denunciar la deshumanización sin
conocer las estructuras y
relaciones sociales que la
generaron. Cuanto más
concientizados estamos, más
capacitados estamos para ser
anunciadores y denunciadores del
mundo.
Los utópicos sólo pueden ser los
oprimidos, sólo en ellos radica
la fuerza de cambio, sólo ellos
pueden ser proféticos y
portadores de esperanza. Porque
el opresor es opresor en la
medida en que provoca y se
beneficia de una situación
dominante, por lo que tiende a
mantenerla. No espera un futuro
distinto, sino que quiere
perpetuar el presente.
Nuestra utopías no caen del
cielo es responsabilidad nuestra
construirlas en la tierra.
Wenceslao
Moro
ladignidadrebelde@hotmail.com
[1] Wenceslao Moro, o Mono como
lo conocen sus cumpas, es
militante de la Agrupación La
Dignidad Rebelde. Si quieren
contactarse nomás manden un
e-mail a ladignidadrebelde@hotmail.com
.
[2] Kohan, Néstor y Korol,
Claudia. Introducción al
pensamiento marxista. Ediciones
Madres de Plaza de Mayo,
Editorial Madres de Plaza de
Mayo, Buenos Aires (2003).
[3] Freire, Paulo. La Educación
como práctica de la libertad.
Editorial Siglo XXI, Argentina
(1974).
[4] Torres, Rosa María Torres.
Educación Popular. Un encuentro
con Paulo Freire. Centro Editor
de América Latina, Buenos Aires
(1994).
[5] Paulo Freire hace una
crítica a la escuela tradicional
denominando a la educación dada
en aquella como bancaria. Dice
al respecto: El educador es
siempre quien educa; el
educando, el que es educado. El
educador es quien sabe; los
educandos quienes no saben. El
educador es quien piensa; el
sujeto del proceso, los
educandos son los objetivos
pensados. El educador es quien
habla; los educandos quienes
escuchan dócilmente. El educador
es quien disciplina; los
educandos los disciplinados. El
educando es quien opta y
prescribe su opinión; los
educandos quienes siguen la
prescripción. El educador es
quien actúa; los educandos son
aquellos que tienen la ilusión
de que actúan, en la actuación
del educador. El educador es
quien escoge el contenido
programático, los educandos a
quienes jamás escucha, se
acomodan a él. El educador
identifica la autoridad del
saber con su autoridad
funcional, la que opone
antagónicamente a la libertad de
los educandos. Son éstos quienes
deben adaptarse a las
determinaciones de aquél.
Finalmente, el educador es el
sujeto del proceso, los
educandos meros objetos. Freire,
Paulo. Pedagogía del oprimido.
Editorial Siglo XXI, México
(2000).
[6] Op. cit. (Paulo Freire,
2000).
[7] Barreiro, Julio. Educación
Popular y proceso de
concientización. Siglo XXI
Editores, México (1986).
[8] Vigil, Carlos José.
Educación Popular y Protagonismo
Histórico. Una opción para
América latina.Editorial
Hvmanitas, Buenos Aires (1989).
[9] Documento Político de la
Agrupación La Dignidad Rebelde
(2002).
[10] Op. cit. (Paulo Freire,
2000).
[11] Echeverría, J. Javier.
Escuela y Concientización.
Espacio Editorial, Buenos Aires
(1993).
[12] Paulo Freire. Educación y
Cambio. Editorial Galerna,
Buenos Aires (1985).
[13] Op. Cit. (A.L.D.R., 2000).
[14] Op. cit. (Freire, Paulo,
2000).
[15] Op. Cit. (Barreiro, Julio,
1986).
[16] Op. cit. (Freire, Paulo,
2000).
[17] Op. cit. (Torres, Rosa
María Torres, 1994).
[18] Op. cit. (Freire, Paulo,
2000).
[19] Freire, Paulo y otros
autores. Pedagogía, Dialogo y
Conflicto. Ediciones Cinco,
Buenos Aires (1987).
[20] Freire, Paulo.
Concientización. Ediciones
Búsqueda, Buenos Aires (1974).
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