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Ponme a dormir: Una clave
familiar que mide la felicidad y
el éxito alcanzados dentro de un
hogar.- 09/03/05
 
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Ponme a dormir: Una clave
familiar que mide la felicidad y
el éxito alcanzados dentro de un
hogar
Pasados los años, se llega a
descubrir cuáles son las
vivencias más significativas y
gratificantes de una vida. Una
de mis favoritas entre las más
felices y repetidas es despertar
de madrugada. En plena oscuridad
ir recobrando la percepción del
entorno: sentir la presencia de
mi esposa apoyada en mi hombro y
brazo izquierdos, sus pies junto
a los míos, su respiración
sosegada y su sueño sereno.
El juego del despertar incluye
desde hace pocos años una
adivinanza de saber dónde
estamos: Si en nuestro hogar de
Getxo o en la casa de Alicante.
El colchón es similar y no vale
palpar el cabezal o el borde de
la cama, ni apurar la memoria
del día anterior. El truco es
tratar de acertar sin abrir los
ojos, por algún leve ruido como
la lluvia exterior en los
ventanales o el tráfico lejano.
Entonces comprendo si estamos de
vacaciones o durante el curso,
pero eso no importa demasiado,
cuando se está entre personas
amadas.
Luego sigue la preocupación por
nuestros hijos: ¿Estarán en sus
cuartos de al lado, o en su
residencia de estudios? ¿Han de
madrugar? ¿El pequeño que
estudia lejos parecía feliz en
su última llamada? ¿Los abuelos
qué tal estaban según la
conversación de cada noche? ¿Y
el resto de la amplia familia?
Cuando el repaso indica que todo
parece estar en orden, casi
inmejorablemente, no cabe mayor
felicidad.
Todo este sosiego lo atribuimos
a un lema familiar que les
enseñamos a nuestros hijos.
Cuando la mayor nació, su
precocidad con el habla -en
distintos idiomas porque uno le
parecía poco- fue impactante.
Ella recreó la expresión de
"ponme a dormir", que incluía
rezar sus oraciones, arroparla
con su peluche del momento,
leerle o contarle un cuento con
precisión milimétrica para
evitar inexactitudes, debatir
con ella el desenlace de la
historia, darle un beso y velar
un buen rato mientras parecía
dormir… pero estaba al acecho
para evitar quedarse sola hasta
que Morfeo la acunase, siempre
con una tenue luz en su cuarto.
Ahora que pasamos más tiempo
solos, mi esposa ha recupero el
mimoso lema de "ponme a dormir".
No en vano hemos compartido
juntos nuestras vidas desde que
éramos unos críos, ella de 18
años y yo de 20. Definitivamente
es fácil compartir la idea de
que sentirse querido es la
sensación más humana que se
puede experimentar. No existe
mayor aprecio interpersonal que
saberse querido en el seno de
una familia, por parte de los
padres, de la pareja, de los
hijos, de los hermanos, de los
familiares propios y políticos.
La verdadera medida del éxito
público en la vida, donde
también la estima de
colaboradores, colegas y
superiores es decisiva, se
determina por la dimensión del
triunfo íntimo dentro del propio
hogar.
Mikel
Agirregabiria Agirre. Getxo
http://www.getxoweb.com/mikel
Artículo ilustrado en:
http://www.geocities.com/magirregabiria/ponme.htm
Gentileza:: COMUNICACION FUCE [comunicacion@fuce.org]
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