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Las investigaciones con
ayahuasca en Rosario, por
Osvaldo Aguirre .- 10/03/05
(Argentina)
 
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Las investigaciones con
ayahuasca en Rosario, por
Osvaldo Aguirre
Promover los Bionegocios con
especies amazónicas peruanas
En Rosario, un psiquiatra
(subdirector del Hospital
Psiquiátrico Agudo Avila) y un
antropólogo trabajan junto a un
chamán peruano en la
investigación rigurosa de las
propiedades curativas de la
ayahuasca, el brebaje que las
poblaciones indígenas vienen
utilizando desde hace siglos
para inducir trances en los que
el paciente, sin perder la
conciencia y con ayuda del
chamán, cura patologías y
conflictos. Radar habló con los
responsables de esta fundación
que intenta conciliar la
tradición occidental con el
conocimiento de culturas
ancestrales en sesiones que
quedan rigurosamente
registradas.
Mesa Verde es el nombre de un
asentamiento de los asanazi,
comunidad indígena de Nuevo
México. También puede entenderse
como el espacio donde se reúne
un círculo de investigadores. Y
el color alude a las "plantas de
poder" utilizadas como medicinas
por las culturas aborígenes. La
expresión, en fin, da el nombre
a una fundación integrada por un
grupo de psiquiatras, médicos y
antropólogos que, en Rosario,
realiza experiencias con
ayahuasca y propone incorporarla
en el tratamiento de
enfermedades, como hacen desde
tiempos ancestrales los
curanderos indígenas, o chamanes,
de Perú y Ecuador.
El psiquiatra Néstor Berlanda, a
la vez subdirector del Hospital
Psiquiátrico Agudo Avila, de
Rosario, y el antropólogo Diego
Viegas son los voceros de la
Fundación Mesa Verde. El estudio
que realizan sobre la ayahuasca
incluye el asesoramiento de un
chamán peruano, Antonio Muñoz
Díaz, Don Antonio, médico de la
etnia shipibo conibo que llevó
la planta a Rosario y condujo
sesiones de ayahuasca. "Esto se
hace en el marco de una
investigación científica, no es
una cuestión alegre de ver qué
es lo que pasa", aclara Berlanda.
De hecho, las sesiones están
sujetas a un protocolo: en
minuciosas planillas se deja
constancia de las situaciones
vividas bajo trance. Es el
material de un libro en
preparación.
La ayahuasca (nombre científico:
banisterosis capi) es una liana.
El significado de la palabra se
cifra en su composición: aya,
muerto, espíritu, y huasca,
cordel grueso, soga. Un link con
los espíritus.
Se la llama planta maestra,
porque permite conocer las
propiedades medicinales de
otras. El brebaje que lleva su
nombre se prepara mezclando
pequeños trozos de su tronco con
hojas de otra planta, llamada
chacruna (psychotria viridis).
Las muestras son machacadas y
luego puestas a hervir hasta
obtener el líquido para las
pócimas. El chamán sirve la
medida que él considera
necesaria para su paciente.
"El primer contacto que tuvimos
con la ayahuasca fue a partir
del antropólogo colombiano Luis
Eduardo Luna", cuenta Néstor
Berlanda. "Un grupo de cuatro
personas de Mesa Verde hicimos
entonces la primera experiencia
y lo que vivimos desde el punto
de vista personal y del
potencial psicoterapéutico que
eso tenía nos llevó a
plantearnos una investigación
más intensa. Para eso había que
ir a las fuentes, y la fuente
era la selva amazónica." Un
miembro de la fundación viajó a
la ciudad de Pucallpa, en el
Alto Amazonas peruano, se
vinculó con la Asociación de
Medicina Tradicional (Ametra),
entidad que reúne a curanderos
indígenas, y "pudimos traer
material para trabajar".
La ayahuasca "no provoca más
efectos indeseables que una
situación de vómitos o diarrea,
que tiene que ver con un efecto
catártico desde el punto de
vista psíquico, emocional, más
que con un efecto fisiológico
negativo". Ese efecto disuade la
adicción del profano. La
vinculación con Don Antonio,
quien llegó a Rosario con un
discípulo e intérprete, Juan
Maldonado, fue necesaria porque
"nos faltaba el control de la
ciencia indígena". Berlanda
destaca que "el chamán no toma
la ayahuasca de la forma en que
podemos llegarla a consumir los
occidentales sino que la utiliza
como un instrumento de trabajo
para diagnosticar la enfermedad
y ver el tratamiento. Algunos
pueblos, por ejemplo los shuar
de Ecuador, o jíbaros, también
la usan para resolver conflictos
familiares; en esos casos, todos
los miembros de la familia,
incluso los niños, toman
ayahuasca". Después de obtener
la revelación, el chamán prepara
el medicamento del paciente,
exclusivamente con plantas.
En el "mareo", o trance, "el
chamán se pone en contacto con
los espíritus guías, los de las
plantas o los que él tiene
asociados para trabajar; en
nosotros, como occidentales, se
produce un contacto con un
inconsciente desnudo, un estado
de conciencia dialógica, como si
hubiera dos entidades, un
observador que dialoga con uno
mismo elaborando los conflictos
que puede tener". El canto es el
instrumento con el que opera el
chamán, al modo de un bisturí.
"El chamán dice que repite el
canto que él escucha", apunta
Diego Viegas. "No es que
proviene de él mismo sino que
los espíritus guías le van
cantando al oído. Los sonidos
provocan unas visiones que son
las que aparecen reflejadas por
ejemplo en la etnia shipibo
conibo, uno de los pueblos
amazónicos que tiene más
desarrollado el arte visionario.
En las cushmas –los ponchos–,
los tejidos, los manteles, en
sus bolsas, las mujeres
reproducen un dibujo tradicional
que se repite de generación en
generación y está basado en las
visiones de los chamanes. Para
las curaciones el paciente es
envuelto en esos dibujos, un
tipo de protección espiritual al
que llaman arcana y con el cual,
después de dos o tres sesiones,
se rechaza el mal." El método se
utiliza en particular "en las
enfermedades culturales propias
de los pueblos amazónicos, que
se repiten en otros pueblos
etnográficos, por ejemplo en los
del noroeste argentino: aquellas
enfermedades como el susto o el
mal de ojo, que pueden ser
hechicerías inducidas por
chamanes negros, o brujos, si
queremos llamarlos así".
El propósito de documentar cada
paso de la experiencia es
visible en Mesa Verde. "Cuando
trabajamos con Antonio, en la
selva peruana y en Rosario,
pudimos filmar algunas de las
sesiones", cuenta Berlanda. "Una
de las cosas más interesantes es
que en el trance le toma la mano
al paciente, le pasa la mano dos
veces como si fuese a untar un
pan y acto seguido mira su mano
para leer la enfermedad. Después
empieza el canto particular para
ese paciente. Si bien existe una
base, hay cantos específicos
para cada persona." La Fundación
editó un CD, Icaro de unania,
con cantos ceremoniales de Don
Antonio. Unania es el término
que designa al curandero.
Las sesiones de ayahuasca se
realizan de noche y a oscuras,
para permitir el desarrollo de
las visiones. Cualquier luz, aun
con los ojos cerrados, es un
obstáculo. "Cuando uno llega al
estado de trance, las visiones
se superponen con lo que se ve
en la realidad", dice Berlanda,
que rechaza hablar de
alucinaciones, porque "la
alucinación es la percepción sin
objeto, o la percepción de algo
que no existe: el chamán nunca
habla de algo irreal, tiene
visiones de un mundo más real,
para él la realidad que
conocemos es una apariencia, una
versión tergiversada de otra
realidad, que es la verdadera".
El psiquiatra destaca además que
en el "profundo viaje interior"
que significa el trance "uno no
pierde la conciencia en ningún
momento, sino que sabe qué hace
y dónde está".
Pero la ayahuasca supone, como
se dice, una experiencia no
ordinaria de conciencia. "Se dan
así las situaciones que Jung
llamaba de sincronicidad, donde
no habría una relación causal
entre dos cosas vinculadas",
apunta Berlanda. Por ejemplo,
que el chamán afirme qué piensan
sus pacientes o compañeros de
sesión. "Son momentos que
estaríamos tentados de llamar de
telepatía", agrega Viegas. "De
hecho cuando se descubrió el
principio activo de la ayahuasca
se la llamaba telepatina."
La ayahuasca ha llevado a
antropólogos y científicos al
corazón de la selva amazónica.
También a escritores: en 1953,
William Burroughs viajó a
Pucallpa e hizo su experiencia;
siete años después siguió su
camino Allen Ginsberg. "Al cabo
de una hora empecé a ver o
sentir lo que me pareció el Gran
Ser, o algún sentido de Eso, que
se aproximaba a mi mente con una
gran vagina húmeda", escribió
Ginsberg en Cartas del yagé, el
libro donde ambos relataron
aquellos viajes. "Recién ahora
se están investigando un montón
de situaciones que en algún
momento aparecían como algo
fantástico y que uno puede
encontrarle una explicación
hasta biológica", dice al
respecto Berlanda, para quien el
contacto con la ayahuasca marca
"un antes y un después, porque
determinó un cambio en mi vida a
partir de trabajar cosas muy
fuertes de las que uno a veces
ni siquiera tiene registro". La
planta maestra "abre una
perspectiva para investigar el
origen de ciertas patologías. Y
tiene un potencial enorme desde
el punto de vista
psicoterapéutico. Tenemos un
trabajo hecho con protocolos
rigurosos, pero creemos que el
tema da para profundizar estos
estudios". Berlanda cita, a modo
de ejemplo, los estudios de la
norteamericana Deborah Mash
sobre la planta iboga, de la
etnia bwiti, para el tratamiento
de alcoholismo y adicciones, las
conclusiones del español Josep
Maria Fericgla sobre poblaciones
indígenas consumidoras de
ayahuasca, según las cuales
"aquellas personas que han
tomado más de diez veces tienen
muy bajos niveles de ansiedad y
depresión", y las actividades
del Centro Takiwasi, que dirige
en Perú el médico francés Jack
Mabit, donde la ayahuasca es
utilizada para la recuperación
de adictos de cocaína y heroína.
Dos religiones brasileñas, Santo
Dame y Union da Vegetao,
utilizan la ayahuasca como
sacramento en sus ceremonias. "A
diferencia de lo que ocurrió en
el `60, cuando se bastardea el
uso del LSD, a partir de la
década del `90 comienza la
investigación científica sobre
estas sustancias", dice Berlanda.
En la Fundación Mesa Verde, que
cuenta con un espacioso parque
para realizar sus sesiones, se
pueden cursar seminarios sobre "Chamanismo
y plantas sagradas" y "Enteógenos
en los orígenes de la filosofía
y la religión". Este año se
espera una nueva visita de Don
Antonio y la de un chamán shuar.
En los cursos "nos adentramos en
el fenómeno de que quizás este
tipo de agentes vegetales estuvo
como una cuestión muy
fundamental en los orígenes del
sentimiento religioso del homo
sapiens e incluso, según algunos
autores, en el origen de la
propia conciencia del ser
humano", dice Diego Viegas, para
quien "el tema del chamanismo
estuvo mal comprendido durante
muchos años por los antropólogos
y los historiadores: a partir
del descubrimiento y la
utilización de medicinas
ancestrales por parte de
científicos occidentales, que se
han animado como nosotros a su
consumo, se está haciendo un
acercamiento más profundo".
Viegas retribuyó la visita de
Don Antonio con una excursión a
la región de Ucayali, donde vive
el chamán. "Tuvimos un
reencuentro en Yarinacocha, al
norte de Pucallpa –recuerda–, e
hice un recorrido por distintas
zonas del río Ucayali, las
localidades de Pahoyán y
Tituntan, donde viven
comunidades enteras de indígenas
y conocí a chamanes ancianos,
que en la actualidad no ejercen
su oficio pero me contaron sus
experiencias de juventud." Con
Berlanda viajaron además a
Huautla de Jiménez, en México,
el lugar donde el antropólogo
Robert Gordon Wasson redescubrió
en
1954 "ritos ancestrales
prehispánicos con consumo de
teonanacatl, carne de Dios, los
mal llamados hongos
alucinógenos".
La formación de un chamán
requiere lo que se llama "hacer
dieta": un prolongado período de
abstinencia sexual, aislamiento
en la selva y restricción de
alimentos, de modo de preparar
el cuerpo para ingerir y conocer
las propiedades de la ayahuasca.
El oficio corre peligro de
extinción. "Los jóvenes,
imbuidos del avance de
filosofías de corte capitalista
y occidental, no soportan un
aprendizaje tan severo y tan
sacrificado", dice Viegas.
En Rosario, sigue Berlanda,
"nosotros presentamos a Don
Antonio como nuestro colega.
Queremos mostrar que hay otra
forma de medicina, que ha curado
durante miles de años y funciona
actualmente en la atención
primaria de la salud con
preparados vegetales en muchos
lugares donde no accede un
médico tradicional". Se trata de
rescatar "el trato directo del
chamán con el paciente: el
chamán ingresa directamente al
mundo emocional del paciente, a
diferencia de la medicina
actual, donde muchas veces el
médico ni siquiera levanta los
ojos para atender a un
paciente".
La Fundación no se propone ser
un grupo new age ni un lugar
"alternativo"
respecto de los espacios
académicos: "En todo caso
queremos recuperar antiguos
valores hoy casi olvidados,
relegados al terreno de lo
inconsciente, de lo arcano, de
lo arquetípico, pero que sin
embargo una vez fueron un
conocimiento empírico, fáctico,
a partir del cual hemos llegado
como especie hasta nuestros
días". Una cultura que atesora
la ayahuasca.
Gentileza:: evaldivia87 [evaldivia87@yahoo.es]
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