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Canto para
el Ocaso del Mundo
por Oscar
Portela
junio 2004
Mírenme ahora a los ojos, calmos lagos,
ciegos como los ojos del anciano y
solitario ex Rey en Colona, mírenme así,
sin esperar sin esperar ver el final ni el vuelo
de las aves, adentrándome
en la oscura caverna
de la no salimos nunca, oh Prometeo,
nosotros, yo, raza de traidores
por los Dioses burlados
y los días, sustancia de inmortales:
así me veo ahora, en fútil conocimiento,
la citara y la flecha, no son más
inútiles prendas, de quien va a perecer
como Paris en Troya, sintiendo
como se paga la luz, la luz, con el
consentimiento de los Dioses,
inútil atavío, lujo de quienes ignoran su
destino. Volver, volver siempre al desierto
del cual partió el mortal,
jugando con alucemas y con rozas,
pactando con sonrientes inmortales
que ahora, separados del hombre,
miran girar en el vacío el destino mortal:
guerras, violencias, depredaciones,
galeras convertidas en naves donde
se gestan monstruos más insidiosos
que las Parcas, hombres con lenguas
bífidas y de largas palabras
que ocultan el Ocaso que vio Edipo
hace siglos, antes de que todos
los soles se apagaran en ardentía
de Caos, como se apagan hoy,
en medio de solitarias muchedumbres
que ignoran
el fin de primaveras y de luces:
hombres pequeños que han descubierto
la duración efímera como el Poder
que afirma "seamos como Dioses",
mientras la vejes se hace con las cosas
que el hombre crea para alcanzar
la Infinitud del tiempo: Así, yo, como
Edipo, abandonado por las luces
del cielo que iluminaran mi niñez,
de los caballos que Agamenon pusiera
a las puertas del oro, de rumorosas aguas,
y de flores, veo como el Tirano Egisto
impone el crimen y sin posada ya,
siento pasar los días,
sin lamentos ni lutos,
porque toda parodia se repite,
y en lo profundo de la caverna yace
el animal que espera otro animal de
muerte, dispuesto a dominarlo todo,
e ignorar que la burla del Dios y el
sacrosanto Búho, son apenas la riza
de maquinas de hierro,
que en el desierto moran, esperando
la muerte.
Oscar Portela
Junio 2002
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CANTO DE MARCIAS
POR OSCAR PORTELA
MAYO
2004
He aquí mortal , definitivamente
como mi aspiración al infinito,
mi corazón oh Apolo, vencido
por tu furia y por el rayo de tus
ojos, he aquí, mi finitud , de rodillas
frente a la lira de amor y el roto
corazón entrando a las tinieblas
lentamente, luego del fuego
en que la consumí mis ansias
de eternidad y amor, oh Dios
oculto por mis cantos y mis coros
cuando las fuerzas me abandonan
y mis cenizas desde una urna Etrusca
vuelan al infinito de la soledad
a la que me condenaste
oh armonioso entre los armoniosos,
más, cruel la con soberbia y la vanidad
de los titanes que no tienen
descanso, salvo la muerte,
el polvo de las urnas, las puras
aguas del mediterráneo:
ni animales ni humanos
han venido hasta mí,
hasta mi roto corazón,
hasta el occidente de mi dolor
para amortajar mis deseos
de amor por lo mortal,
que desató tu ira
y condenó mi alma
a la prisión del arte
y del amor que calla
en el silicio hosco
del desierto. Solo el murmullo
del infinito mar,
solo el viento de las noches
encetadas por las estrellas
acompañan los ecos
de mis tristes lamentos,
ahora que desde una urna
bella continúo
atado al laúd del destino
con que me encadenaste
Apolo, oh invencible,
oh impiadoso,
compañero de la amargura
de que hiciste mis horas,
solo, desesperado,
hasta que el silencio venga
a redimir mi viaje
y el ángelus diga sí
a mis deseos de páz
y de silencio
Gentileza::OSCAR PORTELA [
portelao@hotmail.com ]
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