Verano en escandinavia (Donde se habla de cuatro dias locos que iriolas a vivir).- 15/7/04
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VERANO EN ESCANDINAVIA
(Donde se habla de cuatro dias locos que iriolas a vivir)

Por: John Argerich

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Pánfilo Gómez era un tipo metódico, periodista de profesión, y ahorrativo como toda la gente que se levanta temprano. Laburador el loco, porque la inspiración le agarraba a cualquier hora, y había que estar siempre listo. Diez años sin interrumpir su columna, salvo duelo de familia al fallecer el tío José. Y mesejante curriculum era una garantía, a lo cual conviene agregar el lustre de un concepto vecinal poco común. Dicho en otras parolas, el Pánfilo era modelo de integración.
-¡Ojalá todos los inmigrantes fueran así, a pesar de su aspecto sospechoso! -decían los vecinos.
Pagaba el alquiler sin que debieran reclamárselo, la policía no le conocía el bulín, como es costumbre, y dedicaba toda su pasión sentimental a doña Sara, reina sin competencia en los recovecos más profundos de su corazón. Así que cuando en pleno invierno anunció públicamente que el 1 de julio se iba de veraneo con la patrona y los nenes, no quedaron dudas. Otro hito en el camino hacia la gloria, para escarmiento de amigos y colegas.
-¡Vea que tienen suerte éstos! -comentó la vecina del 5o. "B".
-Guita grossa… -dijeron los amigos más íntimos- ¿De dónde piensa rascarla un troncazo como él?
-Ahorros bien ganados tras muchos años de esfuerzo… -explicaba Pánfilo, disculpándose por el éxito.
"¡A éste me lo anoto para abril!", pensó el inspector impositivo, al oírlo en el ascensor.
Y vista la fama inherente a tanto elogio, la patriada reforzaba su prestigio. Como esa aureola que parece envolver los grandes acontecimientos públicos. Tema fijo del comentario social, cuando la juventud buscaba relacionarse. Y contribución bienvenida de sus mayores, cuando salían a tomar sol. Para no mencionar las sobremesas dominicales. O sea que mientras los días iban alargándose, ese proyecto se convirtió en un hecho pendiente sobre el futuro común, con la certeza de lo inevitable.
-¿Se van el mes próximo?
-¡Dios mediante, doña Ester!
Y como ocurre siempre, por fin llegó la hora de la verdad. Pero ya lo dijo Napoleón Bonaparte antes de que los ingleses le enseñaran quien es quien.
-¡Las cifras gobiernan el mundo, che!
Máxima que si no ha perdido vigencia es por lo sabio de su enseñanza, más que por tratarse de una antigualla. Pues nada garantiza la calidad de las cosas viejas. Porque si vamos a ser francos, el carrito del lechero es anterior a la invención del tranvía, y pocos quedan. Y allá iba nuestro buen Pánfilo Gómez, sudando con la canícula de 14 a la sombra que adorna los veranos escandinavos. Meta escribir sus robustas crónicas quincenales, mientras calculaba los mangos que condicionan la realidad. Sumar dos lucas acá, sacar tres mil de allá.
-¡Aumentaron los combustibles! -dijo de pronto un pelado que hablaba por la TV con entusiasmo digno de mejor causa.
"No somos nada", anunció la prensa del domingo. "¡El euro rajándose en espiral!"
-¡Sonaste, maneco! -dijo Gómez, asimilando el impacto.
Pero su esposa doña Sara era comprensiva, aunque jamás perdía de vista los objetivos.
-¡No te hagás mala sangre, querido! -acotó solícita- En vez de cuatro semanas, nos tomamos tres. Por los vecinos no te hagás problema, que de envidia revientan igual.
Palabras sabias, como ratificando la atmósfera de sensatez que era prenda de su vida conyugal. Ahora el presupuesto funcaba, así que fue lógico sacar una póliza de seguro contra los riesgos del periplo. Lo cual no es vocación de fúlmine, sino realismo puro. Porque la desgracia no manda certificada de preaviso, como los malditos capitalistas que metían tanto interrogante en su futuro. ¡Si habría visto cortar cabezas, con el camelo de la racionalización administrativa! Mas poner la chiva en remojo es tema para mufarse, de modo que sigamos con el relato.
-¿Tres mil coronas, la póliza? ¡Qué barbaridad!
Pero el agente de seguros tenía respuestas para todo, así que lejos de turbarse, agregó con una sonrisa que brindaba confianza.
-Es la alta tasa de siniestralidad…
Sarita puso por fin la nota humana.
-Es un toco, viejo, pero yo las vacaciones no me las pierdo por nada del mundo. Y el remedio es bien sencillo. Hagamos otro cortecito a la duración del viaje, y chau.
-Tenés razón, bajando de veinte días a diecisiete, el proyecto es casi idéntico, pero más realista. Incluso un aliciente, para disfrutarlo con calma.
-¡Batiste la justa, Panfi!
Después vino el tema pilchas. Que para los Gómez nunca había sido significativo, porque cuidándola bien, la ropa es para siempre. Pero estaban los pibes, mal influenciados por la cultura de este país donde vinimos a parar. Uno les explica que la ropa es para cubrirnos de las inclemencias climáticas nomás, pero ellos no entran por el aro. Lo importante es la marca, reflejada en etiquetas grandes, que despierten admiración.
-¿Vaqueros coreanos "Flor de Loto"? ¡Ni se te ocurra comprarme un quemo así, papá!
Pero eso no agota el ajuar veraniego. Además están las camisas, remeras, zapatillas y accesorios. Prendas para hacer juego con los Levy's, que deben ser hechas en países de calidad.
-¿Made dónde, dijiste? ¡Con vos no hay guita que alcance, flaca! -exclamó don Pánfilo, mientras sacaba la billetera.
Y para dar un panorama realista, debemos agregar que cuando salió de la tienda, al pobre se le habían venido diez años encima. Presión consumista, un decir.
-A la nena hay que entenderla… ¡Hagamos las cosas bien, yéndonos una semana y media, nomás -propuso doña Sara- Así la guitarra alcanza, y todos se quedan contentos. Entonces tampoco precisamos empeñar los cubiertos de plata que dejó el tío José.
-Pobre, con la monada que era… ¡Descanse en paz!
-¡Metéle entonces, che!
Santo remedio. Resultaba mejor pasar sólo diez días a todo trapo, que arruinar las finanzas por mera ostentación. Así que hicieron los aprestos finales y llegó día señalado, mientras las agencias de turismo prometían cascadas de sol en las antípodas. Un sueño capaz de ablandar chequeras en el verano subártico. Pero ese día también Malmö había amanecido pintón, como anticipo del merecido descanso. Aunque cualquier aprendiz de meteorólogo hubiera advertido que sobre el horizonte se cernía un nubarrón.
-¡Hasta la vuelta! -gritó por la ventanilla don Gómez, al poner en marcha el motor.
Famosas últimas palabras.
-¿No arranca, che?
-Dame el móvil, llamaré al taller.
Poco después llegó un mionca de auxilio reluciente, equipadísimo y pintado de colores vivos. Cual heraldo de la eficiencia nórdica, como se dice. Aunque sin resultado inmediato. Porque a pesar de sus empeños, aquellos rubios tecnócratas nada pudieron contra la terquedad enfermiza del motor. ¡Pero, ni pensar en tentaciones capaces de restar brillo a su imagen empresaria! Como tomarse el raje aprovechando cualquier descuido del cliente, como hacen los extranjeros. Causa suficiente para que nuestro noble Volvo terminara en las entrañas digitalizadas y brillantes de un taller.
-Puede pasar a retirarlo el jueves después de las 13 horas, señor.
Pero percatándose de que era lunes, doña Sara dijo:
-¡Con este contratiempo, las vacaciones se nos reducen a una semana, Pánfilo!
Por suerte, la desgracia tiene un límite. No hubieron más problemas, y el coche estuvo listo puntualmente. Lástima la dolorosa. Repuestos 35 coronas, mano de obra 2.800, supervisión 1.200, servicio de calle 1.980, gastos adminsitrativos e impuestos 5.985. Total, 12 lucardas, al contado y sin chistar.
-¿Qué tenía el coche, para que salga ese platal?
-Los tornillos del carburador, señor…
De tal forma, y como Vd. ya empieza a palpitarse, la familia Gómez terminó pasando sus vacaciones anuales en el pastito del Folkets Park. Donde es improbable que ocurran acontecimientos memorables para relatar en invierno. Porque la suerte del pobre es aburrirse como hongo de azotea, che.
-Permítame una opinión… -dijo un comedido
Pero a Gómez le zumbaba en el altillo la voz de Carlos Gardel.
"A mí no me den consejos"
-decía -
"Démen guita, más mejor…"


THE END                      

 

                                                    

Copyright: John Argerich, 2003
 john.argerich@telia.com 

All rights reserved.

La serie quincenal "El amasijo" se publica regularmente en veintidos medios, de siete países, existiendo una versión en idioma inglés.

 




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