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El oro azul. La crisis mundial del agua y la reificación de los recursos hídricos del planeta.- 7/12/04
 

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El oro azul. La crisis mundial del agua y la reificación de los recursos hídricos del planeta.- 7/12/04


 


 

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Crewdson señala que en 1995 un petrolero fletado por Mitsubishi para el transporte de productos derivados del petróleo para su transformación en el extranjero aprovechó para cargar unos seis o siete millones de litros del agua de Eklutna con destino a Japón. Piensa que esto puede haber sido el primer traslado de agua por petrolero de EE.UU. y cuando se supo la noticia, recibió llamadas de empresas interesadas en hacer negocio en Nueva York, en la ciudad de Washington y en Charleston, Carolina del Sur. Crewdson añade que se puede hacer más dinero con la exportación de agua a granel que con la embotellada.

Un empresario decidido a enriquecerse con la exportación del agua de Alaska, ha dedicado gran parte de su carrera a ejercer su influencia en la acuñación de las políticas del sector público sobre el agua. Ric Davidge, presidente de la Arctic Ice and Water Exports, trabajó en el Ministerio del Interior de los EE.UU. como presidente del grupo de Política de las Tierras Federales y ejerció como asesor clave tanto para el gobierno federal como para el del estado de las operaciones de limpieza de la marea negra producida por el Exxon Valdez. En su calidad de director de recursos hídricos de Alaska, Davidge se ocupó de iniciar la comercialización del agua del estado y estableció el marco político que permitió la exportación del agua. Poco después de haber puesto en movimiento las ruedas de la exportación, pasó a trabajar en el sector privado empezando una compañía de exportación de agua. Ahora se le conoce como el "zar del agua de Alaska."

En el curriculum de Davidge se puede leer que provee una "amplía gama de servicios de asesoría a las empresas nacionales y extranjeras deseosas de desarrollar la exportación de agua de Alaska, ya sea a granel o embotellada." Entres sus clientes figuran empresas de Arabia Saudí., Taiwan, Alaska, Washington, Canadá, Corea del Sur, Tanzania, Japón, México, California y Nevada.

Hay quién afirma que la exportación de agua a granel es demasiado costosa para ser económicamente viable, sugiriendo que el futuro está en la desalación o potabilización del agua marina. El Banco Mundial recuerda no obstante que el mundo ya ha gastado sus reservas de agua asequibles y fácilmente accesibles; los costes financieros y medioambientales que supone la obtención de nuevos suministros, cualquiera que sea la forma en que se desarrolle, serán de dos a tres veces mayores que los de las inversiones actuales, pero por onerosa que sea esta propuesta, la demanda estará allí.

Aunque algunos países terminarán recurriendo a la desalación, se trata de un procedimiento extremadamente costoso, y que precisa de un gran volumen de carburantes fósiles. Los únicos países en medida de contemplar proyectos de desalación o potabilización masiva serían los que disponen de abundantes fuentes de energía, sin olvidar que estos proyectos recrudecerían el calentamiento del planeta - que es justamente la crisis que está siendo agravada por la penuria de agua dulce.

Davidge recuerda que el precio del agua a dólar unidad ya es más alto que el de la gasolina una vez refinada. "La carestía promete ser total, desde las bebidas gaseosas al vino francés pasando por los microchips cuyos precios se dispararán a medida que las reservas de agua potable se irán agotando." Aduce que es más oneroso y más destructivo para el medio ambiente producir agua potablizada que transportar agua a granel en petroleros y sacos de agua.

El empresario de Quebec Paul Barbeau de Aquaroute, Inc., compañía "dedicada al transporte de agua corriente" está de acuerdo con este punto de vista. Afirma que el agua se puede exportar facilmente por petrolero casi sin previo aviso. Informa que en su empresa anterior, Enercem Tankers, convirtió un petrolero en un navío de transporte de agua que fue usado para trasladar agua del Canadá a las Bahamas. "Captar el agua es tárea fácil. Basta que una embarcación a flote bombee lo que se puede declarar como lastre. Esto se hace todos los días en cualquier embarcación que circula por la costa o en alta mar o aún más sencillamente para cualquiera de los remolques que ya navegan por los Grandes Lagos. Ya disponemos de las herramientas necesarias para la exportación del agua a flote. Lo que nos falta es que se legifere esta actividad con precisión para impedir prácticas piratas."

Algunos ecologistas han llegado a creer que la reificación y el comercio del agua resulta inevitable. Según Allerd Stikker, "es muy probable que a principios del siglo XXI, el agua potable empiece a convertirse en una gran mercancía regional e interregional, que se produzca y se negocie en volumenes impensables hoy día."

Sobre todo a la luz de la mundialización económica, el pensar que los traslados transfronterizos masivos de agua no es económicamente viable, es un mito. La única diferencia entre éstos y otros megaproyectos estriba en que el agua se convierte en un producto que se traslada de un lado de la frontera a otro. El propósito de estos megaproyectos es idéntico al de los proyectos de agua doméstica y se rigen por el mismo análisis económico. No hay motivo para pensar que los subsidios masivos que el gobierno concede a las actividades industriales y agropecuarias se vayan a acabar en un futuro próximo. Las grandes multinacionales que se dedican a industrias que exigen muchos recursos hídricos esperararán de sus gobiernos respectivos que encuentren y financien los suministros de agua que necesitan antes de tomar decisiones relativas a las inversiones y a la producción.



El Agua Embotellada se Convierte en un Gran Negocio



Allí donde existe una demanda para el comercio transfronterizo del agua, el negocio está en plena marcha. El comercio del agua embotellada es una de las industrias de mayor expansión (y de las menos reglamentadas) del mundo. En los años 70, el volumen anual alcanzaba los 900 millones de litros. En los 80, esta cifra hizo más que doblar, colocándose en unos 1900 millones de litros, y para finales de la década, el mundo estaba consumiendo seis mil millones de litros de agua embotellada cada año. Pero estas cifras se quedan cortas en comparación con la explosión de las ventas de agua embotellada de los últimos cinco años - que aumenta a un ritmo anual superior al veinte por ciento. En el año 2000 se embotellaron y comercializaron más de 24.000 millones de litros en el mundo, de los cuales un noventa por ciento en recipientes plásticos no retornables o reciclables.

En Canadá, la cantidad de agua extraída por los embotelladores ha crecido en más de cincuenta por ciento en menos de una década; los embotelladores, que no pagan tarifa alguna por el agua que obtienen, tienen el derecho legal de extraer unos 30.000 millones de litros al año - o sea, mil litros por cada habitante del país. Casi la mitad de este agua se exporta a los EE.UU.

A medida que se va deteriorando cada vez más el agua dulce que existe en el mundo, los que pueden permitirse el agua embotellada están a favor de esta fórmula, pese al hecho de que el agua embotellada no es sometida a unas pruebas y normas de pureza tan rigurosas como las del agua de grifo. Un estudio realizado en marzo de 1999 por el Consejo de Defensa de Recursos Naturales (NRDC) de los EE.UU., halló que buena parte del agua embotellada es igual de segura o insegura que el agua de grifo, y en algunos casos lo es bastante menos. Un tercio de las 103 marcas de agua embotellada que fueron objeto de este estudio estaban más o menos contaminadas, encontrándose indicios de arsénico y de E. coli; el estudio determinó asímismo que al menos en una cuarta parte de los casos, el agua embotellada no resulta más que ser agua de grifo.

Junto con los colosos de la industria, tales como Perrier, Evian, Naya, Poland Spring, Clearly Canadian, La Croix y Purely Alaskan, existen literalmente miles de pequeñas compañías que se dedican a este negocio. Además empiezan a pegar fuerte las grandes empresas de bebidas gaseosas. La Pepsi ha lanzado su gama Aquafina y Coca-Cola acaba de lanzar la versión norteaméricana de su marca internacional Bon Aqua, bajo el nombre de Dasani. Coca-Cola predice que su agua embotellada, que no es más que agua de grifo depurada y que es más cara que la gasolina, terminará dando mayores beneficios que sus bebidas gaseosas antes de que acabe la década.

Estas empresas no escatiman esfuerzos en seguir buscando nuevas fuentes de agua para calmar el insaciable apetito del negocio y se dedican al comercio del agua que se transporta en petroleros, y a comprar los derechos de aguas de los agricultores. En las localidades rurales de todo el mundo, las empresas están comprando tierras agrícolas para tener acceso a los pozos y abandonarlos en cuanto se secan. En América del Sur las empresas hídrográficas extranjeras están adquiriendo grandes pedazos de naturaleza salvaje e incluso sistemas hidrográficos integrales que pretenden guardarse en la manga para desarrollo futuro.

A veces ocurre que estas empresas agotan por completo no sólo los sistemas de su propio terreno sino que también los de la región circundante. Un acalorado debate ha estado teniendo lugar en Tillicum Valley, pintoresca región de huertos y viñas de Columbia Británica. Es evidente que la Canadian Beverage Corp. ha estado explotando el agua subterránea de la región de manera tan incansable que los habitantes y los hortelanos del lugar dicen que la compañía está "dejándoles secos."

Por supuesto, las diferencias en los ingresos mundiales se reflejan en un acceso desigual al agua embotellada. El NRDC informa que algunas personas gastan hasta 10.000 veces más por cada tres litros de agua embotellada que para el agua del grifo. Por el mismo precio que el de una botella de este artículo de lujo, se podría abastecer a los hogares 3.000 litros de agua de grifo, según la American Water Works Association. Paradójicamente la mismísima industria que contribuye a destruir las fuentes de agua públicas - con objeto de abastecer agua "pura" a la élite mundial en plástico no reciclable - presume de tener un producto que no hace daño a la naturaleza y que forma parte de un estilo de vida sano.



El Fracaso de los Gobiernos


Medidas Tan Escuetas Como Inoportunas



Los gobiernos en todo el mundo han coincidido en no saber reconocer la crisis que padecían los recursos hídricos del mundo y en su falta de planificación para tomar medidas en previsión del estado de urgencia que se avecina.

Es cierto que los países industrializados se han apuntado algunos éxitos en el saneamiento de los ríos, lagos y estuarios que se habían convertido en verdaderas alcantarillas y focos de contaminación industrial. El río Hudson en los EE.UU había sido dado por muerto, y ahora rebosa de vida. Los ciudadanos y los gobiernos han trabajado para prohibir el vertido de las peores toxinas tales como el DDT en nuestra aguas, y en diciembre del 2000 se firmó un tratado histórico prohibiendo la presencia de los agentes contaminantes orgánicos de mayor persistencia. Se obligó asímismo a la limpieza parcial de los flujos industriales tales como los desechos de las fábricas de pasta de papel.

Por ejemplo, los científicos del mundo entero están estudiando la manera de sanear los Grandes Lagos al menos parcialmente, en un esfuerzo conjunto de las provincias y de los Estados que los rodean. Allá por 1972, al descubrirse que su estado de deterioro se debía en gran parte a la presencia de fósforo en sus aguas, los gobiernos de Canadá y de Estados Unidos firmaron el Acuerdo sobre la calidad del agua de los Grandes Lagos, que impidió radicalmente que el fósforo y las alcantarillas municipales fueran a parar a los Lagos.

Los esfuerzos de conservación en Europa y Norteamérica han resultado asímismo en una reducción del consumo del agua utilizada en los hogares y en el sector industrial, ayudando a aminorar la marcha del agotamiento de las capas acuíferas. El consumo de agua ha llegado a bajar en algunas regiones y sectores industriales en EE.UU. de un 10 hasta un 20 por ciento desde 1980, según el Instituto geológico de los EE.UU., la United States Geological Survey. En la última década, los gobiernos han mantenido encuentros de manera regular para intentar solucionar los diversos factores que componen la crisis: empobrecimiento, contaminación, saneamiento e igualdad de las condiciones de acceso.

Las Naciones Unidas dieron a los años ochenta el nombre de Década Internacional del Abastecimiento y Saneamiento del Agua Potable y lograron importantes avances en lo que se refiere a proveer infraestructuras y agua potable a algunas de las localidades en que el problema era más acuciante. Pero la ONU se lamenta que la falta de fondos está poniendo esta campaña en grave peligro y que, al ritmo actual, el mundo tendrá que esperar hasta el año 2100 para poder contar con una cobertura completa de los servicios.

Una conferencia mantenida en Irlanda en el año 1992 dió por fruto una declaración de principios - la Declaración de Dublín sobre el Agua y el Desarrollo Sostenible. Este instrumento sirvió de fundamento al capítulo sobre el agua de Acción 21, el plan de acción mundial que se desarrolló con motivo de la Cumbre de la Tierra celebrada en Río de Janeiro en 1992. Estos principios reconocen la necesidad de proteger los ecosistemas acuáticos y lanzan un llamamiento a los gobiernos para que planifiquen a más largo plazo las medidas de protección de sus recursos de agua dulce. La Comisión de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible emprendió por su parte una valoración exhaustiva del agua dulce existente en el planeta. El informe, presentando ante la Asamblea General de 1997, subraya los campos en que se imponen medidas urgentes, y ruega a la Organización que facilite el dialogo entre los gobiernos para una acción concertada a favor del desarrollo sostenible.

Por muy significativas que sean estas medidas, distan de ser lo bastante suficientes o coordinadas como para poder hacer contrapeso a los otros tipos de acción, o mejor dicho, inacción por parte de los gobiernos. Como dijo Klause Topfer del Programa de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente con motivo de una conferencia sobre el agua mantenida en París en marzo de 1998, "La fragmentación de los poderes sobre el agua que se reparten entre una infinidad de sectores y ministerios tanto a escala nacional como internacional, ha resultado en la ausencia de una visión común sobre el consumo sostenible de este recurso vital."

La ONU hace resaltar la poca prioridad que tanto los gobiernos de los países industrializados como los de los países en desarrollo otorgan a las cuestiones relativas al agua y a las instituciones que se ocupan del tema; los fondos destinados a la investigación y a la búsqueda de soluciones en este campo son totalmente insuficientes. La gestión del agua dulce se encuentra aún en pañales y, desgraciadamente, en el mundo entero se observa una falta de compromiso político y de concienciación del público.

Mientras tanto, los gobiernos y la industria siguen con sus prácticas destructivas. Como muchos gobiernos del Norte han prohibido la venta y el uso de toxinas como el DDT dentro de sus fronteras, ciertas multinacionales con sede en estos países siguen dedicándose a la fabricación de estos productos químicos harto tóxicos, sólo que lo hacen en el extranjero, con lo cuál su uso está en plena expansión en el tercer mundo. Se pueden detectar rastros de estas toxinas en los ecosistemas de prácticamente todos los países del planeta, inclusive en las tierras supuestamente vírgenes. Los pesticidas, herbicidas, fungicidas y las hormonas son de uso corriente en la agricultura del mundo entero. Mientras que la voz de algunos grupos ecologistas y los colosales costes financieros han entumecido el entusiasmo por los megaproyectos como la construcción de presas y de estaciones hidroeléctricas en algunos países, otros no cejan en sus esfuerzos por introducir la megatecnología moderna.

Los gobiernos están dejando en en el tintero otra importante causa de la pérdida de agua: la que se escapa de las infrestructuras municipales y de los canales de irrigación. Estos problemas son particularmente graves en el tercer mundo, debido a que sus gobiernos se han empobrecido aún más trás la fusión financiera mundial. El Banco Mundial informa que en estos países, se desperdicia al menos 50 por ciento del agua municipal por estos escapes. Por ejemplo en Manila, Filipinas, el 57 por ciento del agua municipal se pierde por motivo de estos escapes y por robo. En los países en desarrollo, informa World Resources, de 60 a 75 por ciento del agua destinada a la irrigación no llega jamás a su destino.

En los países industrializados, que disponen de toda suerte de tecnologías y de recursos para introducir mejoras, los gobiernos están efectuando recortes en los gastos de obras públicas y destripando las leyes medioambientales en nombre de la competitividad mundial. Las canalizaciones ya medio podridas de los barrios bajos del primer mundo van deteriorándose cada vez más. En Inglaterra, por ejemplo, el Worldwatch Institute calcula que una cuarta parte del agua que pasa por los canales de distribución se pierde debido al mal estado de las cañerías y a otros problemas de esta índole. Hasta que decidió ocuparse de este problema, la ciudad de Boston, Massachusetts, perdía casi un 40 por ciento annual de sus abastecimientos municipales, por abandonarlos a su suerte.

Los Canadienses derrochan el agua sin contemplación alguna. El hogar medio gasta unos 500.000 litros al año, de los cuáles la mitad se desperdician lavando automóviles o dejando gotear los grifos. El gobierno canadiense calcula que tendrá que desembolsar unos 80 mil millones de dólares canadienses para reparar las infraestructuras hidrológicas en vías de deterioro.

Bastarían diez años y un esfuerzo concertado por parte de los gobiernos del mundo para dar un giro de 180 grados a esta pauta de desperdicio. Con las tecnologías y los métodos de los que se disponen hoy día, se puede calcular sin temor a equivocarse que la agricultura podría cortar sus exigencias de agua en un 50 por ciento, las industrias de un 50 a un 90 por ciento, y las ciudades en un tercio, sin sacrificar en lo más mínimo el nivel de vida o la producción económica. Lo que hace falta es una voluntad y una visión política.

Por otra parte, millones de personas mueren cada año por el agua contaminada porque los gobiernos no permiten a las localidades que administren sus propios recursos. Un estudio realizado en marzo de 1999 conjuntamente por el Banco Mundial y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo hace resaltar que los programas de ayuda internacional canalizan demasiado dinero a través de los gobiernos y organismos, y no dejan que las localidades administren sus propios sistemas, ya que no se fían de ellas. El informe también acusa a los gobiernos y a los organismos internacionales de obligar a las localidades a abrazar las nuevas tecnologías, aún cuando éstas no tienen medios para ocuparse de su mantenimiento. Como ejemplo ilustrativo de una medida que puede funcionar, señala el proyecto piloto que se ha llevado a cabo en Uttar Pradesh, el estado más poblado y menos desarrollado de la India, en que los habitantes de los pueblos escogen sus propios comités de administración de las aguas y controlan el correspondiente presupuesto público. Estos proyectos piloto han venido a costar dos terceras partes menos que los que dependían del consejo gubernamental de administración de las aguas.

A los gobiernos también se les puede achacar el subsidio masivo del sistema de transporte mundial que soslaya la mundialización económica del planeta. Valga como ejemplo el comentario de Victor Menotti que recuerda que si el coste del transporte ida y vuelta de los bienes de consumo expedidos a traves de los mares para su transformación se reflejera en el precio de venta al público, retrocedería de manera significativa el volumen de los intercambios comerciales en el mundo.

Los gobiernos financian el sector de la alta tecnología de muchas maneras, y recordemos que este sector consume muchísima agua. La ciudad de Austin, Texas, no sólo concede incentivos fiscales a las empresas del sector (ejemplos más recientes: 125 millones de dólares a Samsung y 56 millones a Sematech), sino que también les ofrece tarifas reducidas en lo que se refiere al pago del abastecimiento de agua. Las tarifas que paga el sector industrial en Austian son dos terceras partes inferiores a las que pagan los residentes. Hace poco, Intel recibió un incentivo fiscal por valor de ocho mil millones de dólares para su fábrica de Río Rancho en Nuevo México, en forma de obligación pagadera mediante sus ingresos industriales, y otros 250 millones de dólares en forma de deducciones fiscales y otras subvenciones. La Southwest Network y la Campaign for Responsible Technology indican en su informe Sacred Waters (Aguas Sagradas), que "La mayor forma de exteriorizar el coste del agua...reside en la reducción de las tarifas del agua, los subsidios destinados a las infraestructuas de abastecimiento y depuración del agua, y el acceso restringido al agua de los consumidores de pocos ingreos que tradicionalmente utilizaban el agua debido a su uso masivo en el sector industrial."

Además, y debido a la ausencia de legislación, o tan siquiera de debate en la mayoría de los países, la privatización del agua y de los servicos de alcantarillado aumenta progresivamente. Merced a los consorcios formados entre el sector público y privado, las municipalidades de muchos países están logrando hacer que las líneas que dividen los intereses de las compañías privadas y los gobiernos democráticamente elegidos, se vuelvan confusas. Estos "consorcios" a menudo no son más que el primer paso hacia la privatización integral. Y como muchas de las empresas proveedoras de estos servicios son las mismísimas que terminarán dedicándose a la exportación masiva de agua a granel, a la construcción de presas y al desvío de los cursos de los ríos, los gobiernos les dan acceso a los recursos hidrícos por la puerta de atrás.



La Compra y el Comercio del Derecho de Aguas



Los intercambios comerciales del agua se encuentran en expansión en muchas partes del mundo, generalmente con el visto bueno y la bendición de los gobiernos. En Chile, donde la privatización es una meta del gobierno, las compañías de agua están comprando el derecho de aguas de los agricultores para venderlos a las ciudades. En el tercer mundo, son moneda corriente los intercambios amistosos y de poca monta entre los agricultores. Mientras que estos intercambios se realicen entre los granjeros y las localidades, el sistema puede funcionar de manera justa. Pero en el momento que esta práctica quede desreglamentada, puede servir a disparar el precio del agua suministrada a los pobres, como a menudo suele ocurrir. Cuando las grandes empresas entran en el juego, suelen comprar el derecho de aguas en bloque, agotar los recursos de la región, y pasar a otra.

Una práctica parecida ya es habitual en la industria de la pesca. Las grandes empresas están comprando las licencias de pesca otorgadas por el gobierno, licencias conocidas como cuotas individuales transferibles - título que puede ser alquilado o vendido, permitiendo al titular capturar determinada cantidad de peces. Concebido en un principio por los gobiernos para controlar la sobrepesca, estas licencias están logrando ahora concentrar la industria pesquera en manos de un puñado de gigantescas pesquerías que fomentan las prácticas de pesca destructivas y están ahogando a las pequeñas localidades. Como dijo un pescador de Terranova que se quedó sin trabajo, "por primera vez en la historia, los peces tienen propietario antes de convertirse en pescado."

En California, el comercio del derecho de aguas se está convirtiendo en un negocio de lo más lucrativo. En 1992, el Congreso de los EE.UU. aprobó un proyecto de ley que permitía a los agricultores, por primera vez en la historia del país, a vender su derecho de aguas a las ciudades. En 1997, el Secretario del Interior Bruce Babbitt anunció planes para abrir un importante mercado de agua a los consumidores del río Colorado. El nuevo sistema permitiría la venta entre estados del río Colorado y los consumidores del sur, es decir Arizona, Nevada y California.

Wade Graham (del Harper's Magazine) define esta medida como "la mayor desregulación de un recurso nacional desde la promulgación de la ley de concesión de territorios (Homestead act) de 1862" y añade que lo único que faltaba era la privatización de todas las tierras federales de los EE.UU. Babbitt cuenta con que el mercado libre consiga lo que los políticos y los tribunales nunca lograron hacer - servir de árbitro en las numerosas demandas relativas al agua del río Colorado.

Los tratos serán seguramente de poca monta al principio (Nevada ya ha tomado disposiciones para pagar a Arizona por el almacenamiento del agua para uso futuro), pero a la larga, las regiones en plena expansión donde se concentra la industria de la alta tecnología, podrán obtener enormes cantidades de agua a precios razonables de una fuente por así decir inagotable. A modo de advertencia, Graham recuerda el fracaso del experimento de privatización del agua en el Valle de Sacramento a principios de los años 90.

Por primera vez, ya nada impedía que las ciudades y los agricultores del sur de California compraran su agua directamente de los granjeros del norte de California, para acarrearla y venderla en el mercado abierto. Los explotadores a gran escala se autosirvieron enormes cantidades de agua que almacenaron en el Banco de Agua en previsión de futuras sequías, aguardando el momento en que el precio subiera lo bastante para justificar su venta. Un pequeño puñado de vendedores se marcharon con enormes beneficios en el bolsillo, mientras que otros agricultores se encontraron con que sus pozos se habían deshidratado por primera vez en su vida. Los resultados fueron desastrosos; la capa acuífera bajó de nivel llegando a hundirse la tierra en algunos lugares.

Graham compara este incidente con la tragedia de Owens Valley a principios de siglo. Dicho valle, que rezumaba agua y fertilidad en tiempos pasados, se fue desangrado hasta secarse por completo cuando los funcionarios de la Administrción de las Aguas de Los Angeles imaginaron un plan para desviar las aguas de Owens Valley hacia el sur de California. "El escándalo de Owens Valley demuestra que aunque únicamente unas pocas personas o entidades empresariales tienen la titularidad oficial del derecho de aguas, la comunidad entera depende de ese derecho… El agua en California es sinónima de prosperidad, y cuando el derecho legal a utilizarla puede ser privatizado y traspasado de esta manera, se traspasa al mismo timpo la prosperidad de la comunidad."

Empero, y no obstante las advertencias sobre la tormenta que se avecina, el comercio del derecho de aguas sigue floreciendo en California. En 1993, la multimillonaria empresa Bass brothers de Texas compró discretamente 40.000 acres de las tierras ágricolas del Valle Imperial con vistas a vender el agua a la ciudad de San Diego, California. El proyecto, y nunca mejor dicho, se fué al agua cuando se descubrió que la tierra pertenecía al distrito y no a los agricultores. En Enero de 1999, la U.S. Filter Corp. compró un rancho y unos diecisiete millones de metros cúbicos de agua al norte de Reno, Nevada, que pretendía desviar y hacer llegar por un conducto a Reno para su venta. La localidad afectada del condado de Lassen se lamenta de que la van a dejar sin la sangre que fluía por sus venas.

La empresa Samda de Santa Mónica tiene intención de bombear el agua de los pozos en el rancho de 2.000 acres que tiene en Fremont Valley al norte de Mojave para canalizar el agua hacia Los Angeles. La empresa north Stockman Water Co. ha recibido por su parte la luz verde Parker, California para bombear el agua del Valle de San Luis hacia Denver, Colorado

A principios del año 2001, la Administración delas Aguas del Distrito Metropolitano de Los Angeles, firmó un contrato para la compra de hasta 140 billones de litros de agua de la compañía agrícola más importante del estado, Cadiz Inc. Esta iniciativa siembra gran inquietud entre los ecologistas, que temen asistir a la repetición de lo que ocurrió en Owens Valley, ya que el agua será bombeada de una capa acuífera que se encuentra en las profundidades bajo el desierto de Mojave. Tony Coelho, poderoso ex-congresista del Partido Democrático que formó parte del equipo encargado de la campaña presidencial de Al Gore, dice que esta fuente de agua es tan valiosa, que no se le puede poner precio. "Las carreras en el mundo de la política de las aguas tan pronto se construyen como se derrumban, y lo mismo reza en este caso. ". Y añade Keith Brackpool, empresario británico que administra Cadiz, "Si supiéramos sumar, veríamos el precio de nuestra agua subir hasta el cielo."

Nadie se puede sorprender ante la afirmación del gobernador de California Gray Davis que dice "el agua es más valiosa que el oro." En un mercado privado, el poder adquisitivo superior de las grandes ciudades como Los Angeles y de las compañías como Intel, pudiera forzar una situación en que el coste del agua será lo bastante alto como para eliminar del mercado a los granjeros, a las pequeñas localidades y a los pueblos indígenas.



Tratos a Puerta Cerrada


Estas compañías están a la espera de cosechar colosales beneficios mientras que los gobiernos en todo el mundo, que han permitido la caída de las infraestructuras municipales, ahora están entregando el mercado del agua al sector privado. Y lo hacen con la participación y visto bueno incondicional de organismos gubernamentales internacionales tales como la ONU y el Consejo Mundial del Agua.

En julio del año 2000, la ONU anunció un pacto comercial mundial con destacadas multinacionales, com son Nike, Shell Oil y la Suez Lyonnaise des Eaux. Muchas ONG se sorprendieron y quedaron profundamente consternadas ante el hecho que la ONU diera su bendición a empresas que se habían forjado una notoria fama internacional, todo ello a cambio de obtener su cooperación en la adopción de un puñado de directrices puramente facultativas. Pero este hecho se inscribe como anillo al dedo en la postura a favor de la privatización que la ONU viene adoptando desde hace unos años.

En una conferencia mantenida en París en marzo de 1998, la Comisión sobre Desarrollo sostenible del Consejo económico y Social de Naciones Unidas propuso que los gobiernos se giraran hacia las "grandes multinacionales" para obtener los capitales y los conocimientos técnicos necesarios y lanzó un llamamiento para la creación de un "mercado abierto" del derecho de aguas así como para que el sector privado desempeñara un papel más extenso en este ámbito. La ONU prometió movilizar fondos privados para las enormes inversiones que hacen falta para asegurar las redes y las fábricas de depuración así como para la tecnología necesaria para asegurar el abastecimiento futuro del agua.

Las Naciones Unidas, junto con el Banco Mundial y la Asociación Internacional de Recursos Hídricos, es también miembro fundador del Consejo Mundial del Agua, que en sus propias palabras, constituye la olla en la que se cuecen por excelencia las ideas en torno a la política del agua. Dicho Consejo cuenta entre sus 175 grupos afiliados a las principales asociaciones profesionales, las grandes empresas mundiales de agua, los ministerios encargados de los recursos hídricos, y grandes instituciones financieras internacionales. Uno de sus dos vicepresidentes es René Coulomb de la Suez Lyonnaise des Eaux.

El Consejo mantuvo su primer foro mundial sobre el agua en Marrakesh, Marruecos, en 1997, y el segundo en La Haya en Marzo del 2000, que fue presidido por el vicepresidente del Banco Mundial Ismail Serageldin, y en el que se dieron cita unos 5.700 participantes del mundo entero. Mientras que el foro parecía lanzar un llamamiento para que se aunaran todos los interesados para intentar solucionar la crisis mundial, en lugar de eso fue utilizado como feria de muestras por las multinacionales dedicadas al suministro de agua y de energía e incluso por las grandes compañías de alimentación tales como Nestlé y Unilever para el fomento de la privatización y de la recuperación de los costes integrales como única solución para la escasez del agua en el mundo. La mayoría de los paneles y talleres fueron presididos por el Banco Mundial y por importantes ejecutivos que también conformaron la mayor parte de los panelistas. Durante los cinco días que duró la conferencia, tan solo fue invitado a tomar la palabra un sólo representante sindical del sector público.

Se permitió la asistencia de las ONG, pero el coste prohibitivo de la tarifa de inscripción y del alojamiento permitió asegurar que tan sólo asistiría un reducido grupo de estas organizaciones. En la conferencia participaron los funcionarios de los gobiernos de más de 160 países pero su papel fue limitado al de observadores y se recabó su aprobación del informe final del foro, que se rehusó a denominar el agua como derecho humano, llamándolo en su lugar una "necesidad húmana." A lo largo de este proceso, los gobiernos y el Banco Mundial fueron dejados al margen, mientras las empresas resultaron ser las protagonistas estrella en la escena del agua mundial.

En 1996, se asistió a la creación de un nuevo organismo internacional del agua, que se componía más o menos de los mismos actores. El Global Water Partnership (GWP) se describe a sí mismo como una "red encaminada a la acción" de organismos interesados en cuestiones relativas al agua y cuya misión consiste en encontrar las "herramientas necesarias en la práctica" para resolver los problemas del agua, sobre todo en los países del Tercer Mundo. Entre sus afiliados figuran numerosas ONG, organizaciones gubernamentales (tales como la Agencia de Desarrollo Internacional del Canadá, cuya ex-presidenta Margaret Catley-Carlson acaba de ser nombrada presidenta del GWP ), bancos multilaterales y el sector privado). René Coulomb de la Suez Lyonnaise des Eaux forma parte del consejo de administración, en el qu también figuran representantes del Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible, con sede en Suiza, y del Banco Mundial. Otro representante de la Suez Lyonnaise des Eaux, Ivan Cheret, forma parte del Comité Consultivo Técnico del GWP.

La organización tiene por principio que el agua es una "mercancía económica" que tiene un "valor económico en todos sus usos competitivos", y sirve para asentar las bases de la prioridad que concede el GWP a la privatización de los servicios de abastecimiento de este recurso. Por ejemplo, en Noviembre de 1997, este grupo consultivo mantuvo una reunión en Vitoria, Brasil, en colaboración con la Asociación Brasileña de Recursos Hídricos y el Banco Interamericano del Desarrollo. Entre las cuestiones que se sometieron a consideración figuraban los "consorcios entre el sector público y privado para la administración de las aguas." Debido a su presencia en este Comité, la Suez Lyonnaise des Eaux se encuentra en una posición privilegiada para ofertar por estos contratos de "consorcio", contando con un "sello de aprobación por buena administración casera" por parte de los gobiernos del mundo y de Nacions Unidas.

Resulta evidente que las multinacionales del agua están lanzando una ofensiva en varios frentes para tomar las riendas de los programas internacionales de desarrollo sostenible y moldearlas en su propio interés, y que los dirigentes políticos, el Banco Mundial y Naciones Unidas no ocultan su complicidad. Su camino ha sido facilitado por el lamentable fracaso de los gobiernos de todo el mundo en lo que se refiere a proteger su patrimonio hídrografico. El sector privado argumenta que ya es hora de darle la oportunidad de administrar este valioso recurso e no faltan los ecologistas que abrazan este punto de vista por haber perdido su fé en los gobiernos.

Los gobiernos están de hecho y por defecto perdiendo su derecho de proteger el patrimonio hidrográfico. La mayoría de los gobiernos tienen muy pocas leyes o reglamentos relativos a los sistemas hidrográficos. La mayoría ni tan siquiera han empezado a ocuparse de las cuestiones de privatización, de comercialización, y de comercio del agua. Sin embargo, mientras dejan sus recursos hídricos sin protección legislativa, sí están haciendo prueba de dinamismo en lo que se refiere a la negociación y conclusión de acuerdos internacionales sobre comercio e inversión que tienen precedencia sobre las leyes nacionales. Estos tratados incluyen el comercio del agua y en algunos casos otorgan explicitamente el derecho de aguas al sector privado. El ejemplo más flagrante es el del Tratado de Libre Comercio de América del Norte TLCAN, firmado por Canadá, EE.UU. y México en 1993.



La Amenaza de Los Acuerdos Internacionales de Libre Comercio e Inversión


El Agua, el TLCAN y el ALCA



El capítulo III del TLCAN formula las obligaciones relativas al intercambio de mercancías. Se inspira en la definición que de "mercancía" hace el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (AGAAC, más conocido como GATT) que se refiere claramente a las aguas inclusive las naturales, artificiales y las aireadas, y añade una nota explicativa indicando que se incluyen asímismo las aguas naturales de todo tipo (a excepción del agua de mar). El capítulo XII describe con harto detalle el regimen necesario para gobernar los intermcambios e inversiones en el sector de los servicios incluyendo los que se refieren al agua. El capítulo XI establece por su parte una amplía gama de derechos del inversionista, inclusive en el ámbito de los bienes y servicios relativos al agua. Así pues, de acuerdo con el TLCAN, el agua es una mercancía comercial, un servicio y una inversión.

El TLCAN contiene tres importantes dispocisiones que suponen una amenaza para el agua. La primera se refiere al "trato nacional" mediante el cual ningún país puede "hacer uso de discriminación", para favorecer su propio sector privado en el uso comercial de sus recursos hídricos. Por ejemplo, si una municipalidad decide privatizar su servicio de abastecimiento, se vería obligado a permitir que las conpañías de abastecimiento de otros paíse signatarios del TLCAN participen a la oferta pública. De la misma manera, una vez que se le otorga una licencia a una compañía nacional para exportar el agua, las empresas de los otros países signatarios del TLCAN deben tener un derecho idéntico al de las compañías nacionales en lo que se refiere a establecer el uso comercial de las aguas del país interesado. Por ejemplo, si una empresa canadiense obtuviera el derecho a exportar el agua de su país, las empresas internacionales estadounidenses tendrían el derecho de autoservirse y tomar toda el agua canadiense que quieran.

La segunda disposición clave se encuentra bajo el artículo 315, que contiene la cláusula de "proporcionalidad", en virtud de la cual el gobierno de un país del TLCAN no puede reducir o restringir la exportación de un recurso a otro país signatario una vez que se haya autorizado la exportación. El artículo 309 indica que "ninguna parte podrá adoptar o mantener prohibición o restricción alguna sobre la exportación o vender de cara a la exportación cualquier producto destinado al territorio de otra parte" y esta disposición incluye la prohibición de imponer impuestos sobre la exportación. Esto quiere decir que si comenzara la exportación de agua entre los países del TLCAN, habría que dejar que corrieran los grifos. Las exportaciones de agua estarían garantizadas a un nivel idéntico al adquirido en los 36 meses precedentes; cuanto más agua se exporte, más se precisará para la exportación. Estas exigencias serían inamovibles, incluso si se obtuvieran pruebas de que el acarreo masivo de agua resultara nocivo para el medio ambiente.

La tercera disposición que nos ocupa es la relativa a la solución de conflictos ente el inversionista y el estado (capítulo XI) que permite a cualquier empresa de un país del TLCAN entablar una demanda contra el gobierno de otro país signatario en concepto de indemnización en caso de rehusársele sus derechos de trato nacional o si el país adopta una legislación que "expropie" la compañía de sus beneficios futuros. Unicamente una empresa "con sede en el extranjero" puede entablar una demanda acogiéndose al capítulo XI; las empresas nacionales deben respetar las leyes nacionales y no pueden demandar a su propio gobierno para obtener una indemnización en virtud del TLCAN. Como resultado de ello, hemos podido asistir a un sinfin de procesos en Norteamérica que desafiában la legislación de los tres países en materia de medio ambiente, salud y seguridad.

El capítulo XI podría aplicarse al agua de dos maneras. Si cualquier país, estado o provincia perteneciente al TLCAN intentara acaparar para su sector nacional la prestación de servicios hidrográficos o la exportación comercial del agua, las empresas de las otras partes tendrían derecho a obtener una indemnización financiera en concepto de "discriminación". De hecho, cualquier intento por parte de un gobierno para poner un alto a las exportaciones del agua automáticamente convierte al agua en una mercancía comerciable. Los derechos que el TLCAN concede a los inversionistas extranjeros, entrarían en vigor en virtud de la mismísima ley que los excluyó, y podrían exigir indemnizaciones financieras en compensación por las oportunidades perdidas.

Y también en virtud del capítulo XI, los cambios en la política de gobierno podrían dar lugar a una demanda. Por ejemplo, si el estado de Alaska cambia de política y decide prohibir la exportación de agua o modificar su ley de manera que únicamente las empresas de Alaska pudieran exportar su agua y mantener así los empleos en casa, el gobierno de los EE.UU. podría verse expuesto a una importante demanda en virtud de la cláusula sobre la solución de controversias entre el inversionista y el estado. La Global Water Corp. de Columbia Británica espera conseguir muchísimo dinero de su contrato con Alaska. Pero como se trata de una compañía canadiense y no estadounidense, la Global tendría derechos que los EE.UU. no podrían conceder a sus propias empresas en semejante situación.

El primer juicio en el que se invocó el capítulo XI del TLCAN tuvo lugar en el otoño de 1998. La Sun Belt Water Inc. de Santa Bárbara, California, presentó una demanda contra el gobierno canadiense porque perdió un contrato para exportar agua a California cuando la provincia canadiense de Columbia Británica prohibió la exportación de agua a granel en 1991. La Sun Belt alegaba que esta prohibición quebrantaba las disposiciones del TLCAN y buscaba obtener 10.000 millones de dólares USA en concepto de indemnización. "Debido al TLCAN, nos hemos convertido en partes interesadas en la política nacional canadiense relativa al agua", declaró el PDG de la Sun Belt Jack Lindsay.

Todas estas disposiciones favorables a las empresas - y más - están recogidas en el Area de libre comercio de las Américas (ALCA), que en este momento se está tramitando entre 34 países de las Américas. Aunque se inspira en el modelo del TLCAN, el ALCA va mucho más allá en cuanto a su alcance y poder.

El ALCA, tal y como se le conoce en este momento, introduciría en el hemisferio occidental unas nuevas y concretísimas disposiciones sobre los servicios, que, junto con el capítulo 11, crearían una nueva sede de poder comercial que dispondría de una autoridad arrasadora sobre el más mínimo aspecto de la vida en Canadá y las Américas. La combinación de sendos poderes en un solo acuerdo otorgaría unos derechos totalmente inéditos a las grandes multinacionales del hemisferio, permitiéndoles competir e incluso poner en entredicho cualquier servicio financiado por los fondos públicos, inclusive en lo que se refiere al capítulo de la protección del agua y del medio ambiente.

El ALCA propuesto contiene asímismo nuevas disposiciones sobre la política que rige la competencia, las adquisiciones del gobierno, el acceso al mercado y la resolución de controversias que, si se añaden a las relativas a los servicios e inversiones, pudieran dejar a los gobiernos de las américas sin potestad para crear o mantener leyes, normas y reglamentos encaminados a proteger la salud, la seguridad y el bienestar de sus ciudadanos y del medio ambiente que comparten. Por otra parte, los negociadores del ALCA parecen haber decidido imitar la OMC más bien que el TLCAN en las cuestiones relativas al dictado de normas y a la solución de controversias, campos en los que la OMC tiene reglas más rigurosas.



El Agua y la OMC


El TLCAN no es el único acuerdo sobre libre comercio que pone el agua en peligro. La Organización Mundial del Comercio (OMC), se creó en 1995 a raíz de la conclusión de la ronda de Uruguay del GATT con vistas a consolidar este acuerdo y otros. Los 134 países miembros de la OMC trabajan para eliminar las últimas barreras arancelarias y no arancelarias que quedan en orden a fomentar el movimiento transfronterizo de capitales, bienes y servicios. La OMC no contiene las normas minimamente necesarias para proteger los derechos laborales, los programas sociales, el medio ambiente o los recursos naturales.

La esencia de la OMC reside en la deregulación; está diseñada para dificultar la labor de los países que desean implantar controles o condiciones sobre los productos exportables, inclusive los recursos naturales. Al mercado se le concede el derecho preeminente de determinar el curso del desarrollo de los recursos y las reglas establecidas por la nación-estado no pueden ser desalentadoras para el comercio o los beneficios. Las rigurosas leyes sobre medio ambiente pueden ser cuestionadas por los países miembros ante la OMC, aduciendo que se trata de barreras no arancelarias al comercio. Por lo tanto, se protegen las normativas nacionales siempre y cuando sus exigencias no superen las que se establecen de media en el mundo; las que sí las superan, se convierten en clarísimos blancos para las demandas. Cada vez que un jurado de arbitraje de la OMC emite un fallo, se requiere la conformidad mundial. Los países están obligados a harmonizar sus leyes en función de las normas de la OMC para no verse expuestos a pagar sanciones o indemnizaciones.



La autoridad de la OMC se extiende al agua también, e incorpora la misma definición de mercancía que el TLCAN copió del GATT. Aunque la OMC aún no comprende la claúsula del inversionista-estado, de alguna manera se puede decir que representa un peligro mayor para la protección del agua que el TLCAN. Esto se debe al hecho de que, contrariamente a cualquier otra instritución mundial, la OMC dispone tanto del poder legislativo como judicial para poner en entredicho las leyes, políticas y programas de los países miembros que no se conformen a la normativa de la OMC, y tiene el poder de anular estas normas si se demuestra que imponen alguna restricción al comercio.

Hay una disposición de la OMC que amenaza el agua de manera más señalada. El artículo 11 prohibe especifícamente el uso de controles sobre la exportación para cualquier efecto y elimina las restricciones cuantitativas sobre importación y exportación. Esto quiere decir que las cuotas o la prohibición de exportar el agua impuestos por motivos medioambientales podrían ser puestos en entredicho como una forma de proteccionismo. Hechos como el fallo del GATT que obligó a Indonesia a levantar su prohibición sobre la exportación de troncos de madera o como el que el TLCAN dictaminó por una práctica similar en Canadá no auguran nada bueno para el derecho de una nación a proteger sus recursos naturales.

Por otra parte, la OMC obliga a las naciones a renunciar a su capacidad de discriminar contra las importaciones en función de sus prácticas de consumo o de producción. El artículo I sobre la "nación más favorecida" y el artículo III - "Trato Nacional", exigen que todos los países afiliados a la OMC, traten los productos "idénticos" exactamente de la misma manera a efectos de intercambios comerciales, ya sean o no producidos en condiciones ecológicas. Si se descubriera que el comercio del agua resulta destructivo para los cauces, la OMC podría impedir que los países impongan restricciones sobre su comercio debido a su inquietud por el medio ambiente.

Los partidarios de la OMC aducen que una "excepción" incluída en el GATT servirá para proteger el medio ambiente y los recursos nacionales. En virtud del artículo XX, los países miembros pueden seguir adoptando las leyes "necesarias para proteger la vida o la salud humana, animal o vegetal… En relación con la conservación de recursos agotables siempre que dichas medidas entren en vigor conjuntamente con las debidas restricciones sobre la producción o el consumo nacionales." Sin embargo, existe un elemento que viene a rematar el artículo XX, mediante el cual el artículo en cuestión tan solo se puede aplicar de manera "no discriminatoria" y no puede constituir una barrera disfrazada contra el comercio. En los conflictos presentados ante la OMC para poner a prueba estas "medidas de protección", resulta que este remate lleva la batuta en lo que se refiere al artículo XX. Dicho de otro modo, la OMC siempre se las ha arreglado para hacer que los derechos comerciales prevalezcan sobre los de la protección del medio ambiente



Asímismo, las medidas de protección deben de ser interpretadas de manera que resulten "lo menos restrictivas para el comercio". Además, la OMC no reconoce la autoridad de los acuerdos multilaterales sobre medio ambiente y amenaza con contrarrestar acuerdos tales como la Convención sobre el Comercio Internacional de las especies de fauna y de flora en peligro de extinción (CITES). Como señala el periódico estadounidense Public Citizen, "La jurisprudencia emergente...muestra que la OMC sigue poniendo a la abogacía en contra de las leyes medioambientales." Si se toman como indicio los fallos del jurado hasta la fecha, está claro que el agua se halla en gran peligro bajo la OMC, pese a la supuesta "excepción".

Un nuevo acuerdo de la OMC, el Acuerdo General sobre Comercio y Servicios (AGCS) amenaza gravemenete a su vez la soberanía y la conservación del agua. El AGCS se estableció en 1994, al terminar la ronda de Uruguay del GATT, y fue uno de los acuerdos comerciales que se decidieron incluir en la OMC cuando se formó esta organización en 1995. Las negociaciones debían empezar cinco años más tarde en vista de "aumentar el grado de liberalización progresivamente." Estas discusiones empezaron tal como previsto, en febrero del año 2000, y deberían culminar en un acuerdo general de aquí a diciembre 2002.

El AGCS se considera un "acuerdo marco multilateral", lo cuál quiere decir que su amplio cometido se definió en el momento de su creación, y que se le irán añadiendo después nuevos sectores y nuevas normas mediante negociaciones permanentes. En resumidas cuentas, el AGCS tiene por mandato restringir las medidas gubernamentales relativas a los servicios, a través de un conjunto de restricciones legales obligatorias que están apoyadas por las sanciones comerciales que la OMC tiene el poder de aplicar. Su propósito esencial es el de restringir a todos los niveles de gobierno en la prestación de servicios y facilitar el acceso de las multinacionales a los contratos del gobierno en toda suerte de campos, entre los que figuran los servicios relativos al agua y al medio ambiente.

El AGCS cubre cientos de tipos de servicios relacionados con el agua - alcantarillado, abastecimiento de agua potable, saneamiento de los desechos liquidos, protección de la naturaleza y del paisaje, construcción de canalizaciones y cañerías, vías marítimas, petroleros, evaluación del agua subterránea, irrigación, presas, augua embotellada, y servicios de transporte del agua, entre otros. Lo que no hay que olvidar es que el propósito de las disciplinas del AGCS no se refiere a los servicios en sí, sino a las medidas, iniciativas y reglas gubernamentales relativas a dichos servicios que limitan el derecho del sector privado a brindar sus servicios a las industrias. Hasta la fecha, ningún otro acuerdo ha intentado tan honda ingerencia en la jurisdicción política de los gobiernos (aunque el acuerdo del ALCA sobre servicios se inspire del modelo del AGCS).

 

 

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