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Por otra parte, la privatización siempre va
acompañada por despidos. En Gran Bretaña, las
empresas privadas despidieron a un 25 por ciento
de la población activa, es decir a unos 100.000
trabajadores, cuando adquirieron los derechos de
aguas. En Diciembre de 1999, al recibir la orden
del gobierno de rebajar los precios, anunciaron
miles de nuevos despidos pese a los lucrosos
beneficios que estaban cosechando. En Europa
Central, bastaron unos pocos años para que las
empresas privadas de suministro de aguas
encogieran en un 30 por ciento la población
activa de siete ciudades (cuyos derechos habían
adquirido). En Sydney, Australia, cuando se
privatizó el Consejo de Aguas, miles de
trabajadores perdieron su empleo y los precios
al consumo doblaron en apenas cuatro años.
Cuando se privatiza el agua, el público suele
perder el derecho a obtener información sobre la
calidad del agua y las normas vigentes. Se
produjo un verdadero enscándalo cuando se
descubrió en el verano de 1998 que el agua
suministrada por la Sydney, proveedora del agua
de Australia ahora controlada por la Suez
Lyonnaise des Eaux, contenía altas
concentraciones de parásitos giardia y
criptosporidium, hecho que le fue ocultado al
público cuando se descubrió.
En Ontario, Canadá, el gobierno introdujo la
denominada "Revolución del Sentido Común",
"revolución" cuyas características principales
residían en cortes masivos en el presupuesto del
medio ambiente, la privatización de los
laboratorios hidrográficos experimentales, la
desreglamentación de la infraestructura de
protección del agua, y el despido de un elenco
de especialistas en este campo. En 1999, justo
después de que un estudio del gobierno federal
canadiense reveló que una tercera parte de los
pozos rurales de Ontario estaban contaminados
por el E. coli, el gobierno de la provincia
eliminó las pruebas relacionadas con este bacilo
de su programa de vigilancia del agua potable,
abandonando el programa por completo al año
siguiente.
Los resultados fueron catastróficos. Brotes de
E. coli en cierto número de localidades hizo
cundir el pánico en todas las regiones rurales
de la provincia de Ontario. En junio del año
2000, se supo de al menos siete personas, una de
ellas un bebé, que fallecieron por ingerir el
agua de la pequeña localidad de Walkerton. La
localidad había subcontratado las pruebas a una
planta perteneciente a una compañía privada de
Tennessee. El laboratorio en cuestión, A&L
Laboratories, descubrió la presencia de este
bacilo mortal en el agua pero optó por no
comunicar el hecho a las autoridades
provinciales, acogiéndose al derecho que le
otorgan las nuevas reglas establecidas en nombre
del "sentido común." Un portavoz del laboratorio
recordó que los resultados de las pruebas eran
"propiedad intelectual y confidencial" y que
como tales resultaban ser propiedad exclusiva
del "cliente" – es decir los funcionarios de la
municipalidad de Walkerton, que no tenían la
formación necesaria para saber qué hacer con las
pruebas.
El Liderato del Banco Mundial
En el tercer mundo, la situación resulta aún
peor allí dónde instituciones financieras
internacionales como son el Banco Mundial y el
Fondo Monetario Internacional se dedican a
fomentar a toda costa la privatización del agua.
Tal como lo explica Public Services
International, estas instituciones deforman el
libre albedrío con políticas tales como la de
imponer la privatización del agua como condición
para la concesión de créditos o ayudas para la
cancelación de la deuda, la financiación
otorgada a las multinacionales hídricas antes
que a las empresas públicas y la venta de los
servicios de aguas con vistas a reducir la deuda
nacional.
Los proyectos de privatización del agua bajo los
auspicios del Banco Mundial, fomentan la
creación de monopolios y protegen la corrupción
rampante y la extorsión, y a menudo se negocian
en el mayor de los secretos. Los acuerdos se
consideran "propiedad intelectual" y el público
permanece ajeno a sus modalidades. La
confabulación con dictadores como Suharto en
Indonesia es muy frecuente. El banco suele
invertir la parte del león de la inversión
mientras que la empresa se lleva los beneficios.
La Suez prometió invertir 1.000 millones de
dólares para privatizar el sistema de agua de
Buenos Aires, pero terminó invirtiendo
únicamente 30 millones; el resto provino de una
agencia del Banco Mundial.
Cuando el agua se privatiza, los precios salen
al mercado abierto. Como dice el director de la
Suez, Sr. During, " Estamos aquí para hacer
dinero." Tarde o temprano la empresa que
invierte tiene que recuperar su inversión, lo
cual quiere decir que el cliente tiene que pagar
por ello. El resultado en el tercer mundo es la
exclusión de millones de pobres. Como las
compañías están motivadas por el ánimo de lucro
y no por el ideal de servir al público, no
tienen ningún incentivo para suministrar agua a
los pobres.
En la India, algunos hogares llegan a pagar
hasta un 25 por ciento de sus ingresos para el
agua. El suministro de agua en Manila,
Filipinas, fue dividido por el Banco Mundial en
dos zonas en 1997, y es administrado por dos
consorcios distintos. Uno de estos ellos
comprendía a Bechtel y el otro a la Suez
Lyonnaise des Eaux. Apenas transcurridos unos
meses trás el inicio del nuevo acuerdo, subieron
de manera radical los precios al consumo,
contrariamente a su promesa de manterner las
tarifas bajas, sopretexto de compensación por
los ingresos perdidos debido a la crisis
monetaria regional. Un año más tarde, la Biwater
aumentó las tarifas del agua en Subic Bay en las
Filipinas en un 400 por cién.
La empresa multinacional británica Biwater
amenazó con denunciar ante los tribunales a unos
sindicalistas en Africa del Sur por haberla
criticado en la web. Los sindicalistas acusaban
a la empresa de una mala administración y de su
involucración en el escándalo británico
"arms?for?aid " de los años 1980, hecho que
había sido documentado por el Comité de Asuntos
Exteriores de la Cámara de los Comunes
británica. El sindicato de trabajadores
municipales de Afica del Sur afirma que Biwater
está intentando acallar las críticas del público
con la esperanza de que le sea adjudicado el
primer contrato de agua privada en la historia
de Africa del Sur.
La postura del sindicato es inamovible: " la
privatización del agua es una cuestión crucial
que ha de someterse a debate público. Hay vidas
humanas que dependen de la distribución
equitativa de los recursos hídricos; el público
debe de tener voz y voto a la hora de decidir si
quiere que unos recursos tan críticos como estos
sean controlados por una multinacional
extranjera cuyo interés primordial reside en
optimizar los beneficios… El agua es un recurso
imprescindible para la vida y dada su escasez,
debe de suministrarse por el sector público y
permanecer así en manos de la colectividad. El
agua no debe de suministrarse con la intención
de hacer beneficios, sino para satisfacer las
necesidades humanas."
La privatización del agua es injusta por muchos
motivos. Permite que las decisiones relativas a
la distribución del agua giren casí
exclusivamente en torno a consideraciones
comerciales. Los accionarios empresariales
buscan obtener el máximo beneficio, sin tener en
cuenta ni el carácter sostenible de los recursos
ni la igualdad de acceso. La privatización
quiere decir que la administración de los
recursos hídricos se funda en los principios de
la escasez y de la optimización de los
beneficios en lugar del aspecto sostenible de
cara al mañana. Las empresas dependen del
incremento del consumo para generar beneficios y
por lo tanto estarán más dispuestas a invertir
en la potabilización del agua marina, el desvío
o la exportación de agua, antes que para su
conservación.
Por otra parte, la tendencia mundial hacia la
reíficación de lo que fuera un servicio público
reduce la participación de los ciudadanos en las
decisiones relativas a la administración de las
aguas. Los proyectos de agua privados regidos
por el Banco Mundial, por ejemplo, conllevan
exigencias relativas a una divulgación mínima
sobre su contenido. Un ejecutivo de una empresa
de aguas manifestó públicamente en el Foro sobre
agua mundial que se mantuvo en la Haya en Marzo
del 2000, que mientras que el agua siguiera
saliendo del grifo, el público no tenía ningún
derecho a saber como llegó hasta allí. La
concentración del poder en manos de una única
empresa y la incapacidad de los gobiernos de
recuperar el dominio de los servicios de
suministro permiten a las empresas imponer sus
intereses sobre el gobierno, reduciendo así el
poder democrático de los ciudadanos.
Los que abogan por la privatización afirman que
están buscando crear consorcios entre el sector
privado y el público y procuran convencer a los
interesados de que los gobiernos seguirán
estableciendo las reglas. Sin embargo, como la
prestación de servicios de abastecimiento de
agua no redunda en sí sola en recetas
suficientes, las compañías van buscando acaparar
cada vez más el control exclusivo sobre estos
suministros mediante la adquisición de
infraestructuras y permisos de explotación.
Están logrando evitar la participación del
público y creando enormes monopolios contra los
cuales los suministradores locales no pueden
competir.
Al apoyar la financiación de proyectos a gran
escala, el Banco Mundial y otras instituciones
de este tipo suelen dar la preferencia a grandes
proyectos de infraestructura que abarquen
servicios públicos múltiples, en beneficio de
las grandes empresas, lo cual conduce a la
creación de monopolios. Para mayor insulto, el
Banco Mundial está apoyando estas grandes
empresas con fondos públicos, y asume los
riesgos, mientras que la empresa cosecha los
beneficios. Y a menudo ocurre que los gobiernos,
que supuestamente representan a su pueblo,
tienen que garantizar al accionista que recibirá
los ingresos correspondientes. Chile tuvo que
garantizar un margen de beneficios del 33 por
ciento a la Suez Lyonnaise des Eaux como
condición impuesta por el Banco Mundial -
cualquiera que fuera el rendimiento.
Pero más preocupante aún es el hecho de que las
estrechas alianzas entre los gobiernos, el Banco
Mundial y las empresas suministradoras de agua,
otorgan a estas empresas una influencia indebida
sobre las políticas del gobierno que favorecen
sus intereses, tales como la desreglamentación y
el libre comercio, y un acceso preferencial a
los contratos de suministro que se van
produciendo. El objetivo declarado del Banco
Mundial cuando concedió un préstamo a las
infraestructuras de aguas de Budapest consistía
en "amortizar la resistencia política ante la
participación del sector privado." En las
Filipinas las empresas suministradoras de agua
pueden apelar las decisiones y medidas que el
gobierno tome contra ellas ante un panel
internacional de arbitraje designado por la
Cámara de Comercio Internacional.
Estos contratos apoyados por el Banco Mundial
han llegado tan lejos que ahora ya llegan a
contener una forma de " seguro democrático." Un
contrato recientemente firmado entre Azurix y el
gobierno argentino garantiza el pago al contado
por "expropiación" en caso de que un gobierno
futuro cambie de idea y desee restablecer los
servicios de suministro de agua bajo control
público.
La Guerra del Agua
En 1998, el Banco Mundial se negó a garantizar
un préstamo de 25 millones de dólares para la
refinanciación de los suministros de agua en
Cochabamba, Bolivia, salvo que el gobierno
vendiera su sistema de suministro público al
sector privado y que los costes fueran imputados
a los consumidores. Tan solo se consideró una
oferta y la empresa adjudicataria resultó ser
Aguas del Tunari, una filial del conglomerado
dirigida por Bechtel, la gigantesca empresa de
ingeniería de San Francisco, y por varias otras
constructoras.
En Diciembre de 1999, esta compañía privada
anunció su intención de duplicar los precios del
agua. Para la mayoría de los Bolivianos, esto
quería decir que el agua iba a costar más que la
comida; para las personas en paro o que
percibían el salario mínimo, las facturas de
agua de repente pasaron a representar casi la
mitad de su presupuesto mensual. Para mayor
insulto, el gobierno boliviano animado por el
Banco Mundial, concedió monopolios absolutos a
concesionarios privados de agua, anunció que
apoyaba la tarificación del agua a pleno coste,
relacionó el coste del agua con el dólar
americano y declaró que no se usaría ni la más
mínima fracción del préstamo concedido por el
Banco Mundial para ayudar a los pobres a pagar
por los suministros de agua. Para poder acceder
al agua, incluso la que procedía de los pozos de
las localidades, se requerían permisos y los
campesinos y pequeños agricultores hasta
tuvieron que comprar permisos para instalar
captores de lluvia en sus tierras.
El traspaso de las empresas públicas tales como
los transportes, los servicios eléctricos y la
educación a empresas extranjeras ha puesto el
debate económico al rojo vivo en Bolivia. Pero
esto era diferente; las encuestas revelaron que
90 por ciento del público quería que Bechtel
desapareciera del mapa. El debate se convirtió
en protesta y así se inició una de las primeras
"guerras del agua" del mundo.
Dirigido por Oscar Olivera, ex maquinista
convertido en activista sindical, un masivo
movimiento de trabajadores, campesinos,
agricultores y otras personas crearon La
Coordinadora de Defensa del Agua y de la Vida -
en breve La Coordinadora – para "desprivatizar"
el sistema de suministros de las aguas locales.
Cientos de miles de bolivianos marcharon sobre
Cochabamba para manifestarse contra el gobierno
en una huelga general y el paro de los
transportes provocó la paralización total de la
ciudad. La policía intervino con violencia
practicando arrestos y a comienzos de abril, el
gobierno declaró la ley marcial. Los activistas
fueron detenidos durante la noche y los
programas de radio y televisión se
interrumpieron en plena emisión. Un joven de 17
años, Victor Hugo Danza, fue muerto por un
disparo en plena cara.
Por fin, el 10 de Abril del 2000, los directores
de Aguas del Tunari y de Bechtel abandonaron
Bolivia, llevando en sus maletas los expedientes
de sus empleados más significativos, documentos
y computadores y dejando detrás de ellos una
empresa desmantelada y endeuda hasta el cuello.
Ante las exigencias de la población, el gobierno
revocó su tan odiada legislación sobre la
privatización del agua. Hondamente afectado por
el fracaso del proyecto que había emprendido con
tanta ilusión, el gobierno local terminó
cediendo sin más la administración de los
servicios de agua, SEMAPA a los que protestaban
y a La Coordinadora, con deudas y todo.
La gente se hizo cargo de esta nueva dificultad
y eligió un nuevo consejo de administración para
la compañía de aguas, desarrollando un nuevo
mandato anclado en un firme conjunto de
principios. La compañía tenía que ser eficaz;
incorruptible, justa para con los trabajadores,
guiarse por su compromiso hacia la justicia
social (abasteciendo primero a los que no tienen
agua), y actuar como catalizador para una mayor
participación y organización del movimiento
popular.
La primera medida de la nueva compañía consistió
en poner en funcionamiento una enorme cisterna
de agua en los barrios menos favorecidos del
sur, instalando cañerías para el abastecimiento
de 400 localidades que se habían visto
abandonadas por la antigua compañía. Después, la
empresa se preocupó de tener una presencia
dinámica en los barrios, escuchando a la gente y
trabajando con ella para resolver los problemas.
En el verano del 2000, La Coordinadora organizó
sus primeras audiencias públicas sobre SEMAPA,
con el ánimo de emprender un proceso de consulta
sobre el establecimiento de una definición
amplíamente consensuada sobre el devenir de la
empresa, recibiendo gran número de propuestas de
la sociedad civil.
La empresa también ha adoptado una postura
inflexible en lo que se refiere a cualquier
indemnización a Bechtel por sus "pérdidas."
Bechtel ha presentado una demanda contra el
gobierno boliviano por unos 40 millones de
dólares USA ante la Corte Internacional del
Banco Mundial para la resolución de conflictos
sobre inversiones. Invoca sus derechos de
"expropiación" en virtud del Tratado bilateral
sobre las inversiones que Bolivia firmó con
Holanda en 1992. Bechtel, empresa
norteamericana, debe de haber intuído que iba a
tener conflictos en Bolivia; así pues, a finales
de 1999 trasladó su empresa de Tunari de las
Islas Caiman a Holanda, obteniendo así el
derecho de demandar al país más desfavorecido de
toda Sudamérica.
Mientras que el gobierno de Bolivia había
declarado oficialmente que presentaría recurso
contra esta demanda, hay quienes piensan en el
gobierno que la mejor solución sería indemnizar
a Bechtel para demostrar que el país está
preparado para la mundialización económica y que
será un "buen" actor en el escenario de la OMC.
Se rumorea con inquietud que el gobierno de
Bolivia está negociando un acuerdo amistoso
secreto con Bechtel.
En el transcurso de los primeros meses del año
2002, se ha ido observando una pauta harto
preocupante de vigilancia, de infiltración, de
acoso y agresiones físicas contra los miembros
de La Coordinadora. Se sabe claro está que tanto
La Coordinadora como SEMAPA tienen poderosos
enemigos en los peldaños del poder de los
gobiernos del estado y de Bolivia. Si los
ciudadanos no fracasaran en administrar su
propia empresa de aguas, esto podría servir de
advertencia a otros en el mundo para que no se
opongan a la privatización del agua y al poder
del Banco Mundial.
Las Industrias de Alta Tecnología, Grandes
Acaparadoras del Agua
Conflictos parecidos sobre el agua están
produciéndose más y más en la industria de la
informática en que las grandes empresas están
reclamando una porción desmesurada de los
suministros de aguas locales. Los fabricantes de
computadores utilizan grandes cantidades de agua
dulce desionizada para producir sus mercancías y
por lo tanto, siempre están buscando nuevas
fuentes de agua. Esta búsqueda está enfrentando
cada vez más las grandes sociedades de alta
tecnología contra las personas económica y
socialmente marginadas en la batalla por los
recursos locales.
La electrónica es el sector de fabricación de
mayor crecimiento en el mundo, según la Silicon
Valley Toxics Coalition. Gigantes tales como
IBM, AT&T, Intel, NEC, Fujitsu, Siemens,
Phillips, Sumitomo, Honeywell, y Samsung tienen
una cifra de venta neta anual que supera el
producto interior bruto de muchos países. Si en
un prinicpio se pensó que se trataba de una
industria no contaminante, la alta tecnología no
ha tardado en dejar en poco tiempo un
estremecedor legado de polución. El Valle de la
silicona tiene más lugares declarados altamente
tóxicos por la Ley de protección medioambiental
de los EE.UU. que cualquier otra región del
país, sin hablar de más de 150 capas
subterráneas contaminadas, muchas de las cuales
se relacionan con la fabricación de alta
tecnología. Casí el 30 por ciento de las aguas
subterráneas debajo y en los alrededores de
Phoenix, Arizona, ha sido contaminada y bastante
más de la mitad es imputable al sector de la
alta tecnología.
En la actualidad existen unas 900 plantas de
fabricación de condensadores o fábricas de
transformación en el mundo que se dedican a
producir soportes para los chips informáticos.
Otras 140 fábricas están en vías de
construcción. Este tipo de fábricas consume una
impresionante cantidad de agua. A modo de
ejemplo, Intel Fab, que se ubica en pleno
desierto cerca de Alburquerque, Nuevo México,
tiene permiso para consumir unos 18 millones de
litros de agua al día, es decir lo bastante para
abastecer una pequeña ciudad.
A este ritmo (incluyendo las nuevas fábricas en
construcción) la industria estará consumiendo
más de 15.000 millones de litros de agua y
produciendo más de 300 mil millones de litros de
aguas inmundas cada año. Buena parte de estas
nuevas construcciones están teniendo lugar en
los países donde hay escasez de agua o en el
desierto, pero como dicen los activistas del
lugar, "el agua fluye río arriba hacia el
dinero."
La pregunta es: ¿de dónde saldrá el agua? El
Southwest Network for Economic Justice y la
Campaign for Responsible Technology explican:
"En una esfera de tan contados recursos, se
inicia una lucha entre los que han disfrutado
tradicionalmente de ellos y los recién llegados
que contemplan esos recursos con ambición."
Las empresas de alta tecnología están
recurriendo a determinados mecanismos para
obtener el derecho de aguas: tarificación del
agua, con la que la industria puede presionar a
los gobiernos para conseguir subvenciones y los
equipos municipales de los servicios de
abastecimiento que les permite bombear el agua
directamente, con lo cual pagan mucho menos que
el precio que le corresponde pagar a las
residencias particulares; prospección minera del
agua, mediante la cual las empresas obtienen los
derechos para vaciar las capas acuíferas al
tiempo que aumentan los costes de acceso que
tienen que pagar los pequeños consumidores tales
como las granjas familiares; explotación del
agua que permite a la industria adquirir el
derecho de aguas de los ranchos y agricultores;
y vertido de desechos, manera en que la
industria contamina las fuentes de agua locales
para luego pasar factura a la comunidad.
Pese a la creciente demanda industrial, los
programas de conservación dirigidos hacia el
ciudadano de a pie no se aplican a la industria.
"Mientras que algunos residentes tuvieron que
arrancar su cesped el año pasado [1996] para
ahorrar agua, " comenta el diario Albuquerque
Tribune sobre un proyecto de conservación
municipal, "el agua corría a raudales por los
grifos de la industria." Mientras los residentes
tuvieron que reducir su uso en un 30 por ciento,
la Inter Corporation, compañía dedicada a la
creación de programas informáticos, tuvo
licencia para aumentar su uso en un porcentaje
idéntico. Además, Intel paga por el agua cuatro
veces menos que los habitantes de la ciudad.
Pero la tendencia más preocupante de todas sin
embargo, reside en la destrucción deliberada de
una acequia - sistema colectivo de irrigación
agrícola tradicional en los pueblos - para
colmar el insaciable apetito de los colosos de
la alta tecnología.
Bajo el nuevo sistema comercial, el agua es
arrancada de su tierra de origen para
transportarse a lo lejos; esto es un anatema en
relación con los usos y costumbres indígenas.
Recogiendo las palabras de John Carangelo,
mayordomo de la Asociación de la Acequia de La
Joya, "en Nuevo México, se supone que cuando el
abastecimiento total y limitado del agua ya
tiene dueño, el emplazamiento de una industria
de alta tecnología depende de la compra de los
derechos existentes. Esta alta demanda de agua y
los enormes recursos financieros de los que
disponen convierten al agua en un preciado
producto comercial." Carangelo advierte que el
comercio del agua podría vaciar los campos de
América.
Es evidente que las fuentes locales disponibles
no bastarán para colmar las necesidades
industriales, en vista del empobrecimiento de
las capas acuíferas que se está produciendo en
muchas regiones en las que preponderan las
industrias de alta tecnología. Las empresas
están empezando a buscar nuevas fuentes de agua
más allá de sus propios países; el comercio
mundial del agua proveé una nueva fuente
posible. En vista del crecimiento acelerado de
las empresas de alta tecnología en el tercer
mundo, y particularmente en China, es
perfectamente factible que las exportaciones
actuales del agua a granel se estén negociando
para colmar el voraz apetito que la industria
tecnológica mundial tiene por el agua.
El Comercio Mundial del Agua
Canalizaciones
Los bucaneros del agua ya tienen la vista puesta
también en la exportación del agua a granel
mediante mecanismos de desvío, por gaseoductos y
oleoductos, y mediante enormes petroleros. Ya se
ha procedido a la reconversión de barcos
petroleros para distribuir el agua en
determinadas regiones que están dispuestas a
pagar el precio que sea por el agua que tan
urgentemente necesitan. Los petroleros más
pequeños llevan cargas de agua dulce a las islas
en Las Bahamas, mientras que los de mayor tamaño
van camino de Japón, Taiwan y Corea. Turquía se
dispone a vender su agua y trasladarla en
petroleros y mediante oleoductos reconvertidos
desde el río Manavgat hasta Chipre, Malta,
Libia, Israel, Grecia y Egipto. En el verano del
2000, Israel entabló negociaciones para la
compra de unos 52.000 millones de litros de agua
al año de Turquía; los barcos cisterna ya están
anclados a proximidad de enormes estaciones
flotantes amarillas a dos millas de la costa,
aguardando la orden de zarpar. La compañía de
las aguas turca afirma que dispone de bombas y
de oleoductos suficientes para exportar de
cuatro a ocho veces dicho volumen.
Para solucionar los problemas de sequía en los
países europeos del Sur, la Comisión Europea se
está planteando la posibilidad de obtener agua
de los países bien surtidos tales como Austria.
Si sus planes para establecer una red
hidrográfica europea se hacen realidad, el agua
de los Alpes podría fluir hacia España o Grecia,
en lugar de a los embalses de Viena en apenas
diez años. "Esto quiere decir que, en teoría,
podríamos abastecer a todo el mundo en la Unión
Europea, es decir a 370 millones de personas,"
hace constar Herbert Schroefelbauer,
vicepresidente de Verbund, el mayor servicio de
suministros hidroeléctricos del país. Un
conducto de alta tecnología ya se dedica al
transporte de agua de montaña de gran calidad
desde los Alpes austriacos hasta Viena, y la
propuesta de extender este sistema a otros
países está generando muchísima inquietud entre
los ecologistas austriacos, que advierten de los
daños que estas exportaciones masivas podrían
causar al ya vulnerable ecosistema alpino.
Gerard Mestrallet de la Suez Lyonnaise está
proyectando un nuevo Canal de Suez - esta vez en
Europa. Ha anunciado su intención de construir
un enorme acueducto de 160 millas de longitud
para transportar el agua del río Ródano a través
de Francia hasta la capital de Cataluña,
Barcelona.
Para tratar de solucionar la crisis del agua que
se va acentuando en Inglaterra, algunos
dirigentes políticos y empresariales están
pidiendo exportaciones de agua a gran escala
desde Escocia, por medio de petroleros o
conductos. Ya hay varias empresas inglesas que
están examinando la posibilidad de exportar el
agua y un empresario escocés declaró al díario
The Scotsman que las empresas escocesas también
estaban interesadas. Pero el proyecto se
complica por el hecho de las distintas
inclinaciones políticas, ya que las
canalizaciones escocesas siguen siendo propiedad
pública, mientras que el agua inglesa es
administrada por empresas privadas.
Paradójicamente, algunas de estas empresas no
han manifestado mayor interés por las
exportaciones ya que la escasez del agua en
Inglaterra ha mantenido los precios y benefecios
a la alza.
El profesor George Flemming de la Universidad
Strathclyde afirma que sería relativamente
sencillo prolongar los conductos y las vías
marítimas naturales que ya existen entre el
norte de Escocia y Edimburgo, hasta alcanzar
Londres y otros lugares de Inglaterra. Pero el
público escocés no está tan facilmente dispuesto
a renunciar a su soberanía sobre el agua; cuando
la administración escocesa de las aguas, la West
of Scotland Water, presentó públicamente un plan
para vender el excedente de agua a España,
Marruecos y Oriente Medio, la reacción pública
fue tal que se vió obligada a desistir. No
obstante, muchos piensan que estos miedos
terminarán por disiparse; Flemming afirma que
Inglaterra y el País de Gales están quedándose
sin agua por el calentamiento del planeta y que
por lo tanto será inevitable importar el agua
corriente.
En Australia, la United Water International ha
obtenido la adjudicación del contrato del
sistema de canalizaciones de Adelaida (en el sur
de Australia), desarrollando un plan a quince
años para exportar su agua a otros países para
las necesidades de la industria informática y la
irrigación de los campos. A las empresas
nacionales no se les permitió ofertar por este
contrato ya que se dió por sentado que hacía
falta una gran multinacional para aumentar el
valor de la exportaciones de agua, cuya cifra se
calcula en unos 628 millones de dólares.
Varias empresas en el mundo entero se encuentran
desarrollando tecnologías que les permitan
cargar enormes cantidades de agua dulce en
grandes sacos herméticos que se remolcarán a
través de los mares. La compañía de aguas Nordic
Water de Oslo, Noruega, ha firmado un contrato
para la entrega de siete millones de metros
cúbicos de agua al año en bolsas al norte de
Chipre. Durante la Guerra del Golfo, la
Operación Tormenta del Desierto utilizó este
tipo de sacos de agua para abastecer a las
tropas.
La Aquarius Water Trading and Transportation
Ltd. de Inglaterra y Grecia han empezado las
primeras entregas comerciales de agua dulce en
bolsas de poliuretano que son remolcados por las
vías marítimas. La empresa, entre cuyos
inversores figuran la Suez Lyonnaise des Eaux,
suministra agua a las islas griegas mediante un
sistema de canalizaciones que conecta la bolsa
al principal canal de abastecimiento de la isla.
Aquarius predice que el mercado no tardará en
superar los 200 millones de toneladas métricas
al año. La flota de bolsas de la empresa se
compone de ocho bolsas de 720 toneladas cada una
y de dos bolsas de 2.000 toneladas/unidad. Las
bolsas más grandes tienen una capacidad de dos
millones de litros de agua cada una. Aquarius ha
investigado la posibilidad de desarrollar bolsas
diez veces mayores y está en busca de capitales
para poder producirlas. La empresa tiene puesta
su mira en Israel, y dice que diversas grandes
empresas de agua se interesan en el proyecto.
Pero nadie se atreve a albergar sueños tan
ambiciosos para el comercio del agua como
Norteamérica. Cada pocos años surgen proyectos
para desviar cantidades masivas de agua
canadiense a las regiones donde escasea en
EE.UU., hacia el Oriente Medio, por petroleros,
gaseoductos, oleoductos o mediante el desvío de
los cursos naturales de los ríos, pero son
rápidamente desestimados en vista de las
protestas del público.
Uno de los mayores proyectos de desvío que se
han propuesto era el del GRAND Canal - Great
Recycling and Northern Development Canal, o Gran
Canal de Reciclaje y de Desarrollo del Norte.
Exigía en un principio la construcción de un
dique desde la Bahía James hasta el estuario de
la Bahía de Hudson (ambas fluyen hacia el norte)
para crear un gigantesco embalse de agua dulce
procedente de la Bahía de James y de los veinte
ríos que allí desembocan. Se pretendía construir
una interminable serie de diques, canales,
presas, centrales hidroeléctricas y esclusas
para desviar el agua a razón de unos 186 mil
litros por segundo río abajo por un canal de 167
millas hasta la bahía Georgian, donde se
trasvasaría para pasar por los Grandes Lagos y
llegar hasta el Sun Belt de la EE.UU.
Otro gran proyecto de esta índole fue el de la
NAWAPA - la North American Water and Power
Alliance (Alianza Norteaméricana del Agua y de
la Energía Hidroeléctrica). El plan original
consistía en construir un sinfin de poderosas
presas para poder recoger las aguas de los ríos
Yukón, Peace y Liard en un enorme embalse que
inundaría una décima parte de Columbia Británica
para crear un canal desde Alaska hasta el estado
de Washington y abastecer a treinta y cinco
estados americanos a través de los canales y
conductos existentes. El volumen del agua
desvíada equivaldría por así decir al caudal
medio anual del río San Lorenzo.
A principios de los 90, un consorcio denominado
Multinational Water and Power Inc. desembolsó
500.000 dólares para fomentar el desvío del agua
del tramo norte del río Thompson (afluente del
Fraser) hacia el río Columbia para su
distribución por conductos a California.
A lo largo de este último decenio estos
proyectos han ido recabando el apoyo del sector
empresarial canadiense. En 1991, la revista
Canadian Banker vaticinaba que la exportación
del agua se convertiría en un negocio
multimillonario: "el concepto de la NAWAPA…sigue
siendo un increíble catalizador que podría
potenciar el cambio económico y medioambiental."
En ese mismo año, la revista Report on Business
señalaba: " En los próximos diez años, se espera
que la contaminación, la explosión demográfica y
las cruzadas contra el medio ambiente
contribuyan a la escasez progresiva del
suministro mundial de agua dulce. Algunas de las
principales empresas técnicas del Canadá se
están preparando para el día en que el agua se
transporte alrededor del mundo como si se
tratara de petróleo, trigo o madera…lo que
contará entonces es saber quién tiene el derecho
de vender el agua al mejor postor."
Entretanto, los habitantes de las regiones donde
el agua escasea siguen sin darse por aludidos.
En un artículo publicado en la revista The
Atlantic Monthly de julio de 1998, bajo el
título "Desert Politics," (la política del
desierto) el autor Robert Kaplan hace constar
que los habitantes del desierto de Arizona se
dejan llevar por una fé ciega en alguna solución
milagrosa o panacea que pondrá fin a la escasez
de agua, y no por ello dejan de construir en una
región que nunca estuvo preparada para albergar
a tantísimos seres humanos. Subraya que más de
800 mil personas residen en Tucson y alrededores
y unos cuatro millones de habitantes en Arizona,
habiéndose multiplicado su población por diez en
setenta años. De acuerdo con Wade Graham del
Harper's Magazine, los proyectos de urbanismo en
Phoenix se desarrollan al ritmo de un acre por
hora.
"Quién sabe si, como opinan ciertos ingenieros
visionarios, la salvación del Suroeste no
termine por llegar de la fría inmensidad de esa
esponja verde y húmeda que hay en el norte:
Canadá. De ser así, toda una red de nuevas
presas, embalses y túneles estarían
suministrando el agua del Yukón y de Columbia
Británica a la frontera méxicana, mientras que
un gigantesco canal acarrearía el agua
potabilizada de la Bahía de Hudson desde Quebec
al medio oeste americano, y los superpetroleros
cargarían con el agua de los hielos del norte
desde la costa de Columbia Británica hasta el
sur de California - todo ello para alimentar una
creciente red de vainas en los que se oye los
latidos de la actividad económica de un mundo
post-urbano y multi-étnico, " escribe Kaplan.
¿Canadá y Alaska: La OPEC del Agua?
Tras unos años de silencio la llamada a la
exportación del agua por superpetroleros ha
salido de su letargo y vuelve a ser foco de
debate en Canadá. En Columbia Británica, algunas
empresas de exportación tales como la Western
Canada Water, Snow Cap Water, White Bear Water y
Multinational Resources ya lo tenían todo listo
para el negocio cuando el gobierno prohibió la
exportación del agua a granel en 1993. Unos de
los proyectos iba a contar con la participación
de una compañía texana que estaba dispuesta a
adquirir una flota de doce a dieciseis de los
mayores superpetroleros del mundo (500 mil
toneladas de tara) que iban a funcionar sin
interrupción. En virtud de dicho contrato, el
volumen anual de agua que iba a ser trasladada a
California hubiera sido equivalente a la del
consumo anual total de la ciudad de Vancouver.
El gobierno que tomó la decisión de prohibir la
exportación de agua a granel se había
comprometido a adoptar esta postura, aunque la
opinión pública no estaba muy a favor suyo por
motivos que nada tienen que ver con esta ley. Un
futuro gobierno en dicha provincia pudiera
facilmente dar marcha atrás y cambiar esta
política, abriendo así las compuertas para
desatar una inundación de propuestas de
exportación. El experto hidrográfico canadiense
Richard Bocking explica que las mismas compañías
se dedicarían al transporte del petróleo y del
agua, en ciertos casos, vacíando el petróleo en
un tramo del recorrido, y llevando agua en el
tramo de regreso.
"Las exportaciones de agua de la costa de
Columbia Británica necesitarían de enormes
superpetroleros en funcionamiento a lo largo del
año y con un programa muy apretado. Se abrirían
camino a través de las sinuosas vías marítimas
del litoral, maniobrando alrededor de las islas
y arrecifes en una región donde aún no se ha
desarrollado un buen sistema de control del
tráfico marítimo. Tendrán que hacer frente a
corrientes y mareas fuertes y a menudo
turbulentas en pequeñas calas costeras donde los
vientos invernales suelen alcanzar tremendas
velocidades.
"Estos enormes petroleros viajarían por unas
aguas que figuran entre las más codiciadas del
mundo por sus posibilidades recreativas, la
navegación y la pesca. Las bandas de orcas se
desplazan regularmente en estas aguas. Aparte de
sus increíbles posibilidades de pesca comercial
y deportiva, esta región es donde se produce el
desove de prácticamente toda la industria de la
ostra del litoral de la provincia. Las enormes
cisternas de los superpetroleros van cargadas de
fuel-oil, que es la peor categoría de petróleo
ecológicamente hablando. Considerando los
apretados programas de los buques que además
deben lidiar con las corrientes, los vientos y
los arrecifes se puede decir que se dispone de
todos los ingredientes para asistir a tragedias
de gran escala."
En los últimos años, otras dos provincias
canadienses han recibido solicitudes por parte
de empresas para permitir la exportación del
agua a granel con fines lucrativos. En la
primavera de 1998, el Ministerio de Medio
Ambiente de Ontario, aprobó un plan sometido por
el Nova Group que pretendía exportar millones de
litros de agua del Lago Superior por petroleros
hasta el Asia. No obstante, la provincia terminó
por rescindir la licencia ante una masiva
protesta de la International Joint Commission,
de la entonces Secretaria de Estado de los
EE.UU., Madeleine Albright, y del público. La
otra solicitud, que pretendía exportar 52.000
millones de litros de las aguas pristinas al año
del Lago Gisborne, pérdido en la naturaleza
salvaje de Terranova, parecía estar a punto de
obtener luz verde cuando un público furioso
obligó al gobierno a retraerse a finales de
1999, apenas unos meses antes de la fecha en que
debían empezar las exportaciones. La empresa,
McCurdy Group de Terranova tenía intención de
hacer llegar el agua a Oriente Medio por
superpetroleros.
Las crónicas y artículos de los periódicos y
revistas especializadas están dando mayor
intensidad al debate. En febrero de 1999, el
National Post calificaba el agua del Canadá de
"oro azul" y exigió que el gobierno "cerrara el
grifo." El comentarista de su sección de
negocios, Terence Corcoran, añadió leña al
fuego: " Canadá es una futura OPEC del agua.
Propongo una apuesta a largo plazo que bién vale
la pena: de aquí al 2010, Canadá estará
exportando enormes cantidades de agua dulce a
los EE.UU. y recurriendo a los petroleros para
abastecer a los países sedientos del mundo
entero.
"La cuestión no residirá en saber si hay que
exportar o no, sino en la cantidad de dinero que
el gobierno federal y las provincias estarán en
disposición de obtener de los envíos masivos de
agua. En lugar de oponerse a la idea de la
exportación del agua, Canadá terminará haciendo
cambalaches para encabezar el WWET, Tratado
Mundial sobre la Exportación del Agua, que
veinticinco países con sobradas reservas de agua
firmarán en el 2006. Siguiendo el modelo de la
OPEC, intentarán crear un cartel del
abastecimiento mundial del agua para disparar su
precio." Este punto de vista lo reitera el
Consejo de Redacción del Calgary Herald
afirmando que "ya que Canadá dispone de
tantísima agua dulce, que empiecen las
exportaciones comeciales."
No obstante, Canadá no es la única región rica
en agua codiciada por las multinacionales. Una
compañía canadiense, la Global Water
Corporation, ha firmado un acuerdo con Sitka,
Alaska, para la exportación anual de 58 mil
millones de litros de agua de los glaciares a
China donde será embotellada en una de las áreas
de libre comercio más notorias del país por el
ahorro de mano de obra. Aún cuando el folleto de
la compañía reconoce la existencia de una grave
crisis del agua en China, anima a los
inversionistas a "cosechar todo lo que puedan lo
antes posible de esta magnífica oportunidad ya
que las fuentes de agua que se conocían en el
mundo se están empobreciendo y deteriorando cada
vez más" y deplora el hecho que el gobierno de
Columbia Británica haya prohibido la exportación
de agua a granel.
La compañía se está dedicando ahora a establecer
una "alianza para planificar una estrategia
internacional para el transporte del agua en
grandes petroleros a escala mundial" con Signet,
una compañía internacional de transporte
marítimo con sede en Houston, Téxas. Signet se
ha estado dedicando al transporte masivo del
agua desde 1986 cuando la Western Canada Water y
su predecesor contrataron los servicios de dicha
compañía para el "diseño, desarrollo, análisis e
implantación de un sistema internacional para el
transporte del agua." Como lo explica Global,
"el agua ha pasado de ser un producto inagotable
que se daba por sentado para convertirse en una
necesidad racionada que puede ser tomada por la
fuerza."
Pero la Global es tan solo una del extensísimo
elenco de compañías que se interesan por el agua
de Alaska, cuyo gobierno se ha convertido en el
primero del mundo en permitir la exportación de
agua a granel. La revista Alaska Business
Monthly dice sin rodeos: " todo el mundo está de
acuerdo con que el agua de Alaska tiene grandes
posibilidades de exportación en el siglo XXI, y
las diversas localidades, desde la isla de
Annette hasta las Aleutianas están pensando en
cerrar el grifo. "La revista informa que una
empresa de Washington ha empezado a transportar
el agua municipal a granel desde Alaska a Kent,
Washington, para ser embotellada, y que muchos
otros proyectos están en marcha.
Los recursos hídricos de Alaska son inmensos,
informa la revista partidaria de la exportación
Alaska Business Monthly. Hace constar, por
ejemplo, que si Sitka llenara un petrolero con
unos tres millones de litros al día, esto
seguiría representando menos del diez por ciento
de su consumo actual. En Eklutna, Brian
Crewdson, director adjunto de la administración
de las aguas de Anchorage, o Anchorage Water and
Wastewater Utility, calcula que las
posibilidades de exportación alcanzan hasta 90
millones de litros al día.
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