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Julio Delfos
Marín : Roque Dalton Garcías
Julio Delfos Marín era el seudónimo del Poeta
salvadoreño Roque Dalton Garcías, entre los amigos
le llamabámos "vache" de apodo. El siempre tenía
algo nuevo que decir, ya sea sobre la lucha o
sobre las faldas, cuando nos decía refiriendose a
un poema nuevo "este esta acabadito de salir del
horno" es que comprendíamos que había estado en
"orbita", se ve que leía mucho sobre el desarrollo
revolucionario en otros paises y manejaba bien
Una historia prohibida de Roque Dalton
¿Qué hacer si sus peores enemigos son
infinitamente mejores que usted?
Eso no sería nada.
El problema surge cuando los mejores amigos son
peores que usted.
Lo peor es tener sólo enemigos.
No. Lo peor es tener sólo amigos.
Pero, ¿quién es El Enemigo?
¿Usted o sus enemigos?
Hasta la vista, amigo.
--- Roque Dalton.
"Conversación tensa".
Un libro levemente odioso.
A Roque Dalton lo mataron a quemarropa. La leyenda
dice que sus matadores, sin valor para mirarlo a
los ojos, le inyectaron un somnífero antes de
dispararle. También se dice que lo liquidaron de
sorpresa: llegaron a su lado y de súbito le
descargaron los tiros. Pasara lo que pasara en esa
hora siniestra, aquella fue la última de las
celadas que le tendió la vida.
El sacrificio de Dalton estuvo en el génesis del
nuevo poder que emergió entre combates
guerrilleros y protestas sociales. Sus asesinos
eran un pequeño grupo de conspiradores que con los
años llegaría a ser una poderosa organización
armada. Dos de los sobrevivientes de aquella
célula estamparon su firma en el documento que
puso fin a la más cruenta de las guerras libradas
hasta ahora en El Salvador.
La "muerte horrenda" de Dalton, como la llamó
Julio Cortázar, levantó una exclamación de repudio
en todo el mundo y le dio paso a su leyenda. Una
leyenda que Dalton mismo, en vida, ayudó a
alentar. Nació en 1935, único hijo de la enfermera
María García y de Winnal Dalton, un tejano criado
en la frontera con México, que hablaba el español
como segunda lengua. Casi nadie sabe que aquella
improbable relación entre dos personas
provenientes de mundos sociales tan dispares tuvo
como origen un altercado entre Winnal Dalton y el
filántropo Benjamín Bloom. María García se encargó
de curar de sus heridas a Mr. Dalton, y este le
hizo la corte . El niño fue inscrito con el nombre
de Roque Antonio García. Roque fue calzado con el
apellido que su padre no quiso darle, y más tarde
con las botas de una leyenda, la de los hermanos
Dalton, forajidos y fabricantes de mal whisky, que
en el último cuarto del siglo XIX sembraron el
terror en Arizona. No existen pruebas de parentela
alguna entre el poeta y aquellos malhechores, pero
con ellos Dalton se construyó una aureola de
pendenciero que lo seguiría hasta el fin de sus
días.
Aquel hombre que por periodos fue devastado por el
alcohol, lector voraz, proverbial mujeriego e
iconoclasta capaz de imprudencias relevantes ha
llegado a ser un icono incuestionable. Algunos no
sólo tienen el justo interés en lavar su memoria
sino también el menos recto propósito de
entronizarlo como una figura moral que le
otorgaría infalibilidad a sus propios juicios
políticos y estéticos.
La poesía de Dalton es inseparable de su vida, y
su vida de sus opciones políticas. Sin embargo,
una de esas partes --la política-- ha predominado
por encima de las demás. Uno de sus resultados ha
sido, como ya lo señaló Rafael Lara Martínez, una
"invención editorial" que privilegia la imagen de
Dalton-guerrillero. Cabe preguntarnos por la
sinceridad con que han actuado los constructores
de su prestigio como guerrillero.
Cuando lo mataron tenía cuarenta años de edad.
Aunque sus declaraciones de apoyo a la lucha
armada comenzaron a conocerse a finales de los
años 60, Dalton efectivamente tomó las armas en
los dos últimos años de su vida. En varios
momentos recibió instrucción militar, como muchos
de los escritores de su generación, cuando en la
década de los sesenta el PC salvadoreño contempló
la veleidad de organizar un frente armado. Dalton
se reía repetidamente de la voluntad combativa de
la nomenclatura comunista de aquellos años. En uno
de sus poemas, desdoblado en un burócrata, afirma:
"Estamos por la lucha armada/ pero en contra de
comenzarla". En efecto, después de recibir una
ducha de rigores en algún campamento de Cuba, los
conjurados regresaban a San Salvador a hacer "una
vida entre militante y bohemia" , a la espera del
llamado al combate. Algunos fueron adiestrados
hasta en el manejo de tanques, lo que le otorgaría
a la instrucción ribetes cómicos.
Una noche en La Habana Julio Cortázar presenció
una discusión de Dalton con Fidel Castro sobre un
problema de utilización eficaz de quién sabe qué
arma. Una metralleta invisible pasaba de las manos
del uno a las del otro. "Las diferencias entre el
corpachón de Fidel y la figura esmirriada y
flexible de Roque nos causaba un regocijo
infinito", recuerda Cortázar. Dalton no tendría
ocasión de poner en práctica sus supuestas
habilidades. Es poco probable que alguna vez haya
entrado en combate. No estoy poniendo en duda su
coraje y determinación, pero Dalton no fue
exactamente el prototipo de un soldado, aunque,
después de todo, fue el que llegó más lejos entre
todos los poetas de su generación, que le cantaron
a la revolución con la metralleta invisible bien
guardada en sus armarios.
La imagen que tenemos de él ha sido en parte
construida en el fértil terreno de la fantasía y
en el más fangoso de los intereses políticos. He
aquí una historia para probarlo: la ruptura de
Dalton con Casa de las Américas, en Cuba, y la
manera en que se ha relacionado este hecho con su
propia decisión de incorporarse a la guerrilla
salvadoreña, es una muestra de la imaginación y el
lodo que se ha vertido sobre su nombre.
Abandonar la casa
De todos los libros de Dalton, el más celebrado y
el que tiene un olor más provinciano es Las
historias prohibidas del pulgarcito (México,
1974). Es la quintaesencia de su estilo lúdico y
experimental. Como su título lo proclama, el libro
sacó a la luz episodios que la historia oficial
salvadoreña había ocultado. El "caso Dalton"
podría engrosar ahora el volumen como una "nueva
historia prohibida". Al final del libro, a guisa
de colofón, uno se encuentra con un poema que
dice:
"Yo volveré yo volveré no a llevarte la paz sino
el ojo del lince el olfato del podenco amor mío
con himno nacional".
Cuando este poema comenzó a circular en su país,
Dalton había cumplido su promesa. Unos meses antes
había ingresado "a la soleada caverna" de la vida
en la capital salvadoreña para incorporarse al
Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Con
papeles falsos y una nueva apariencia, ingresó por
la terminal aérea de Ilopango exactamente el día
de Navidad de 1973. Uno de los periódicos del día
informaba de la exitosa producción de granos
básicos de ese año.
Para su actividad clandestina Dalton escogió un
nuevo nombre: Julio Dreyfus, tomando el apellido
del célebre oficial acusado de traición --y luego
rehabilitado por la justicia francesa. Pasó la
Nochebuena en los alrededores del centro de San
Salvador, en la casa de seguridad de la mujer que
se convertiría en la compañera de sus últimos
meses de vida, la guerrillera Lil Milagro Ramírez.
De alguna manera, el rumor sobre su regreso se
esparció entre algunos de sus conocidos. La
leyenda, pues, había vuelto. Ahora sí, el empuje
revolucionario sería inevitable. Como diría más
tarde un poema de Alfonso Quijada Urías, era "el
retorno de Gulliver" al país de los enanos.
Era el de mayor edad dentro del grupo. Se le
conocía como "el tío Julio". No existen muchos
testimonios directos sobre la actividad que
desplegó, pero todo indica que el agua salada de
la vida clandestina no era exactamente el ambiente
para un pez como Dalton. Eduardo Sancho, quien fue
jefe político del poeta y el único del grupo de
dirección del ERP que se opuso a su asesinato, lo
recuerda como un activista incansable. Realizó
trabajos organizativos, participó en acciones de
propaganda (como realizar pintadas con aerosol en
las paredes) y redactó folletos de análisis
político. Al mismo tiempo escribía los borradores
de sus Poemas clandestinos. No es posible saber
cuáles eran sus planes, pero el libro estaba
destinado a la propaganda inmediata. Aunque en sus
composiciones usó cuatro nombres falsos, el tono,
el estilo y la voz eran los suyos. Casi nadie que
hubiera leído sus poemas se habría tragado la paja
de que los autores eran una obrera textil, un
joven dirigente católico y tres estudiantes
universitarios. Nicolás Guillen ha comparado al
Dalton de este libro con Fernando Pessoa, pero me
atrevo a pensar que los desdoblamientos del
portugués sólo le sirvieron como coartada al
novato luchador clandestino que a ratos se veía
dominado por su ego poético.
Si hemos de creer en la fatalidad --y a veces no
hay remedio--, su partida de Cuba estuvo marcada
con una cruz de ceniza. Antes de volver a El
Salvador el poeta se sometió a una operación
estética facial que estuvo a cargo del mismo
equipo que preparó el ingreso del Che Guevara a
Bolivia. La coincidencia no deja de ser
estremecedora, pero no hay nada de extraño en que
un mismo equipo se encargara de misiones tan
confidenciales. Seguramente, habrán mandado a
muchos al sacrificio. El detalle revela, sin
embargo, que Dalton todavía gozaba del apoyo de un
sector del Partido cubano, porque en realidad su
situación en la isla había atravesado por un
momento muy difícil. Tres años antes había
renunciado a sus cargos en Casa de las Américas
mediante una carta dirigida a Roberto Fernández
Retamar.
Esta carta, publicada por primera vez en el número
200 de Casa, ha sido rodeada con un halo
romántico. Se ha querido presentarla como la
despedida de un amigo que deja la máxima
institución cultural cubana para abrazar la causa
guerrillera. Luis Alvarenga, biógrafo de Dalton,
anota: "Dalton está decidido a integrarse a la
lucha armada en El Salvador. Decide renunciar al
Comité de Colaboración de Casa de las Américas y
así se lo comunica a Roberto Fernández Retamar en
carta fechada el 20 de julio de 1970" . La primera
biografía del poeta, publicada veintisiete años
después de su asesinato, todavía se mueve a merced
del oleaje de la leyenda.
El trasfondo de esa carta ahora está iluminado por
la existencia de otra carta de Dalton , que ha
permanecido inédita, dirigida a la Dirección del
Partido Comunista de Cuba un mes después de la
primera, el 7 de agosto de ese mismo año. Dicha
carta de diecisiete folios, sin numeración, expone
de manera precisa los motivos que llevaron a
Dalton a renunciar como trabajador de Casa de las
Américas y miembro del Comité de Colaboración de
la revista. La escribió cuando los rumores sobre
su "traición" a Cuba lo obligaron a romper el
silencio.
Una cosa es clara: la renuncia no tuvo relación
directa con la decisión de Dalton de regresar a El
Salvador, aunque posiblemente sí precipitó la
manera en que lo hizo. Nadie puede dudar que la
idea de regresar a su país, no de vacaciones sino
a luchar, estuvo intermitentemente en la cabeza
del poeta. Lo anunció, lo proclamó, lo repitió
cuanta vez pudo. Pero para un internacionalista,
como Dalton se consideraba a sí mismo, la decisión
de luchar no tenía por qué tener a El Salvador
como único destino. En la carta de agosto, en
ningún momento habla de volver a su país. Cuando
se describe como "un militante revolucionario que
sólo temporalmente reside en Cuba y que debe
preparar diversas condiciones para su
participación futura en la actividad concreta en
América Latina" , confirma lo que sabemos por
diversas fuentes: que Dalton intentó sin éxito
incorporarse también a "la actividad concreta" en
otros dos países centroamericanos, Guatemala y
Nicaragua.
Dalton había llegado a ser uno de los mimados de
Casa. Su relación venía desde el año 1962, cuando
su libro El turno del ofendido obtuvo una mención
en el Premio de ese año y posteriormente fue
publicado. Dalton volvió en 1963 a El Salvador. En
el año 1964 fue capturado e internado en el centro
de detención de Cojutepeque, ubicado al oriente de
la capital. Su salida de este penal ha estado
bañada con la luz de la leyenda. Dalton siempre
dijo que se había fugado del penal. Aquella
espectacular escapada está contada en su novela
Pobrecito poeta que era yo.En la obra, Dalton
cuenta de su encuentro con un agente de la CIA en
la casa de un alto funcionario del gobierno
militar. Al año siguiente, el Partido lo envió a
Checoslovaquia como su representante en la Revista
Internacional.
Dalton ya había tenido algunas desavenencias con
la dirección del PC, por el carácter de sus
críticas a la política del partido y también por
sus repetidas crisis alcohólicas. Algunos se han
empeñado en desmentir sus borracheras, pero Dalton
mismo, casi con fascinación, se encargó de
retratarse bajo los efectos del alcohol,
reconociéndose en un texto de Raymond Chandler,
como "Horrible. Brillante, duro y cruel". Alguna
vez el propio Secretario General, el obrero
Salvador Cayetano Carpio, se encargó personalmente
de reconvenirlo para que asumiera sus
responsabilidades, a lo que Dalton habría
respondido con una autocrítica. Existe el rumor de
que en el partido se rieron de la ingenuidad de
Carpio.
Praga fue, según algunos, una especie de exilio
dorado. Pudo dedicarse a escribir, crear y armar
la estructura de poemas que dio origen al libro
mayor de su obra literaria: Taberna y otros
lugares. El poemario tiene como marco el mundo
cosmopolita de la capital checa y en especial la
taberna U Flekú, una maltería y fábrica de cerveza
oscura que parroquianos provenientes de todos los
rincones del mundo consumen en medio de música de
polkas. Un buen día, Dalton recibió una carta de
Roberto Fernández Retamar, quien le invitaba a
formar parte del Comité de Colaboración de la
revista Casa. Por el prestigio de la publicación y
la composición de su plantilla de colaboradores,
la invitación consolidaba su reputación como
escritor y revolucionario.
La colaboración se intensificó; cuando Dalton
regresó a Cuba, en 1968, tuvo una espléndida
acogida. Los cubanos le dieron condiciones para
que se volcara de lleno a sus actividades
literarias; trabajó en al menos siete libros
suyos, al tiempo que participaba en paneles,
recitales, coloquios y escribía para las
principales revistas cubanas del momento.
Pero en medio de aquella vigorosa actividad Casa
de las Américas vivía una hora difícil. Las
conocidas críticas y las diferencias por parte de
algunos escritores e intelectuales
latinoamericanos respecto del gobierno de Castro,
habían comenzado a hacerse públicas. "De los
catorce miembros del Comité original", detalla
Dalton, "hay que decir que seis... [habían]
variado en sus posiciones o presentado puntos de
vista conflictivos" frente a la visión sobre arte
y literatura que sostenía la plana mayor de la
institución cultural. En estos conflictos
participaron también autores cubanos, lo que
provocó numerosas asperezas entre el régimen y los
artistas. Estaba iniciando lo que Ambrosio Fornet
llamaría "el quinquenio gris" de la cultura
cubana.
En medio de ese caldo, Casa de las Américas
convocó al Premio correspondiente al año 1970,
invitando como jurados a un grupo de escritores,
sociólogos y académicos extranjeros. La
convocatoria, como cuenta Dalton, fue acompañada
de una intensa jornada de preparación política.
Los cubanos veían con sospecha a la representación
peruana (encabezada por el Rector de la
Universidad de San Marcos) y a un grupo
"potencialmente conflictivo" que tenía a la cabeza
al poeta Ernesto Cardenal, integrante del jurado
de poesía. Una de las principales misiones de
Dalton fue ganarse la confianza del nicaragüense.
Como se lee en la carta, Fernández Retamar le
habría dicho que contaba con él como un "hombre de
confianza" de la Revolución. Fue el Caballo de
Troya de aquel jurado.
Las cosas comenzaron a complicarse muy pronto.
Algunos de los jurados plantearon la necesidad de
que se les dejara tomar contacto directo, sin
mediaciones, con la realidad del país. Los jefes
de Casa no parecían dispuestos. Dalton, que se
encontraba mezclado con los jurados y les servía
como una especie de enlace con la institución,
observó que una parte de las quejas y dudas
confluían sobre él. "Yo me sentía entre varios
fuegos", se lamenta. "Las cosas no eran explicadas
ni tampoco cambiaban", dando lugar a tensiones y,
en su caso personal, dice, "a un verdadero
desconcierto".
Cuando terminó su actividad como jurado, Dalton se
quedó en La Habana y no participó en las giras por
el interior del país que les habían preparado a
los visitantes. Días más tarde, no sin
desasosiego, pudo constatar que los jurados
volvían con los ánimos caldeados, especialmente
Cardenal, a quien miraban con recelo. Si un
heterodoxo como Dalton fue capaz de considerar
"anormal" la petición de Cardenal de conversar con
seminaristas católicos, "negativas" sus
preocupaciones por la suerte de los homosexuales,
y hasta de contemplar la posibilidad de que el
cura fuera un agente de la CIA "navegando con
bandera de bobo", ¿qué podía esperarse de los
duros? Los hechos en torno a Cardenal son
interesentes de seguir porque, como veremos, si
bien no fue el único que estuvo en la mira en
aquel año 1970 en La Habana, su conducta se
convertiría en el principal detonante de la
renuncia de Dalton.
Cardenal se reunió también con el poeta Heberto
Padilla, que ya había causado una primera
conmoción internacional en contra del gobierno
cubano. Por si fuera poco, recibió también un
telegrama del arzobispo nicaragüense Miguel Obando
y Bravo. El obispo le pedía que interviniera a
favor del preso político Chester Lacayo. Cardenal
accedió, pero a cambió le pidió al obispo que
intercediera ante Somoza por los presos políticos
del FSLN. La inquietud de Dalton es
característica: "Detrás del Arzobispo de Nicaragua
está la CIA. ¿Cuál es el papel de Cardenal en
esto?".
La mecha se encendió durante un almuerzo donde
estuvieron presentes tres poetas que han llegado a
ser emblemas de rebeldía: Mario Benedetti, Ernesto
Cardenal y Roque Dalton. En la comida, Cardenal
lanzó fuego graneado sobre Benedetti pidiéndole
explicaciones, formulando críticas y reclamando
que por fin se le dejara hablar con campesinos. En
ese momento, Dalton apoyó a Cardenal. El ataque en
dos flancos alteró al uruguayo. Los tres se
levantaron de la mesa con el estómago revuelto.
Más tarde, Benedetti sostuvo que Dalton se había
portado con él de manera insolente. En su carta,
Dalton le replicó con una bufonada: "...no somos
señoritas de un colegio de monjas".
Pero aquel fue solamente el primer round. Horas, o
a lo sumo días más tarde, en un cóctel ofrecido a
Cardenal, Dalton volvió con el tema de su
desacuerdo por la manera en que se estaban
manejando las cosas con los invitados
internacionales. Esta vez tuvo que enfrentar la
ira del propio Director. En medio de una
conversación tensa, Fernández Retamar le advirtió
que ya sabía que andaba "hablando basura", y
remató diciéndole: "Roque, en último caso somos
nosotros quienes invitamos a los jurados
extranjeros y somos nosotros los que sabemos qué
hacer con ellos". Aquella frase, proveniente de su
"mejor amigo cubano", dice, "no me dejaba otra
alternativa [que la de] retirarme del trabajo de
Casa". Las cosas no terminaron allí. Entre dos
rones, Dalton insultó a Fernández Retamar.
Dalton tuvo tiempo de lamentar aquel error, pero
su destino en la más respetada institución
cultural cubana estaba sellado. El ambiente en su
derredor se hizo frío. En vista de los hechos,
Dalton presentó dos cartas de renuncia, una de
ellas, la del 20 de julio, dirigida a Retamar, y
otra a Haydée Santamaría, sin dar explicaciones de
sus motivaciones, pensando que le iban a ser
pedidas expresamente. Pero esto no ocurrió.
"... Retamar hizo retirar mi nombre de la lista
del Comité antes de dos horas después de leer mi
nota".
En medio del crispado clima político de ese
momento, Dalton temió que su renuncia fuera tomada
como una maniobra "destinada a causar daño a Casa
". Comenzaron a circular rumores en su contra,
algunos graves. Genoveva Daniel, una funcionaria
de la institución, habría dicho públicamente de
Dalton que ya "no se sabía si todavía era
revolucionario o no". Entonces se decidió a
escribir una nueva carta, esta vez al todopoderoso
Comité Central del partido, en la cual insistió:
"Yo renuncié de Casa, repito, porque se me dijo en
otras palabras que no siguiera metiéndome en
asuntos que no eran de mi incumbencia".
Las cosas ya no volvieron a ser como antes. De
Casa de las Américas pasó a la agencia Prensa
Latina, alternando sus viajes con la redacción de
sus libros. Dalton siguió escribiendo para la
revista, pero para entonces ya era un preso de su
futuro.
En sus poemas, frecuentemente pringados de
sentencias, hay una que dice:
"La política se hace jugándose la vida o no se
habla de ella".
Dalton no parecía dispuesto a que el recuerdo de
ese verso se convirtiera en una voz burlona. Su
nariz apuntaba fuera de Cuba. Ese mismo año se
habían fundado en su país natal las FPL. Carpio
había renunciado a la Secretaría General del PC
salvadoreño y entrado a la clandestinidad, donde
sería conocido como "Marcial". En algún momento,
Dalton y Carpio se encontraron en París, cerca de
Pigalle, en el pequeño apartamento del poeta
Roberto Armijo. En esa ocasión Dalton le pidió a
su ex jefe que le hiciera sitio dentro de su
organización. Según Claribel Alegría, le habría
respondido que su lugar era como "poeta y escritor
marxista y no como un combatiente". Detrás de ese
lenguaje diplomático es fácil adivinar que Marcial
no quería volver a pasar por las sesiones de
"autocrítica" de Dalton.
No está claro si buscó incorporarse al
guatemalteco EGP y al FSLN, antes o después de
aquella reunión. Lo cierto es que no tuvo éxito.
Luego, La Habana le facilitó un encuentro con un
tipo que tenía toda la "pinta de un revolucionario
de almanaque" (según lo recuerda Sancho). Era
Alejandro Rivas Mira, el primero en la jefatura
del ERP, un grupo armado que recién debutaba en la
escena salvadoreña. "Sebastián", como se le
conoció en la clandestinidad, a pesar de su
juventud ya tenía una aureola. Era un estudioso
del marxismo y había estado en París en 1968.
Quienes lo conocieron aseguran que tenía una
personalidad de gran magnetismo y un humor
corrosivo. Con este comandante subió a bordo.
"Otra jugarreta de la locura y perdería mi puesto
de centinela formidable cayendo como la lengua de
un ahorcado hasta una jaula de lobos frágiles"
Parte II
De vuelta a Casa
La historia que sigue es más conocida: su regreso
y asesinato. Y lo que no se sabe, o se sabe a
medias sobre el crimen, ha hecho más espeso el
humo de la leyenda. Ahora sabemos que su retorno a
El Salvador también está ligado a sus conflictos
en Cuba. Ahora, también, podemos imaginar los
apremios personales de Dalton en ese proceso que
lo llevó directamente a las manos de sus
homicidas.
Por alguna razón, los veloces acontecimientos que
terminaron con su asesinato son llamados con
frecuencia como "el juicio de Dalton". Sancho
mismo, en sus notas autobiográficas, habla de la
existencia de un "juicio sumario". "El juicio" es
otra de esas construcciones de fantasía y lodo.
Como si se tratara de un episodio de Perry Mason,
se dice que el poeta estuvo "bajo arresto", en
custodia de una "unidad militar". También se habla
de la presentación de "cargos", tales como
fotografías en las que aparecía al lado de un
agente doble de la CIA, e inclusive de que un
capítulo de su novela Pobrecito poeta que era yo,
probaba su culpabilidad. Se habla también de la
existencia de un "defensor", Eduardo Sancho, que
habría tratado de salvar a "Dreyfus". Y se habla
de una "condena" y una "ejecución". Todo este
tribunal imaginario ha sido construido por sus
asesinos y, paradójicamente, por sus mismos
admiradores. Es terrible pensar que aquel defensor
de sindicalistas en sus años juveniles, terminara
en medio de semejante "tribunal".
En realidad, la manera en que las cosas ocurrieron
está muy lejos de un juicio y más cerca del tipo
de intrigas retratadas en Historia de Mayta de
Vargas Llosa. ¿Conoceremos algún día la verdad?
Quién sabe. Lo que sí podemos establecer ahora es
que las decisiones fueron fruto de deliberaciones
apegadas a códigos trastornados, cualesquiera que
estos fueran.
Como ya hemos referido, Dalton entró a El Salvador
a finales de 1973. Diversos testimonios coinciden
en señalar que su incorporación al grupo
guerrillero fue producto de un acuerdo patrocinado
por Cuba. El "tío Julio" fue nombrado asesor de la
dirección guerrillera. De acuerdo con Sancho, la
fatalidad se cebó sobre Dalton por una falta de
disciplina. Dalton con otro de sus compañeros
habían ido a impartir entrenamiento a un grupo de
obreros. Las normas establecían que una vez
cumplida la misión las armas debían volver a un
local de seguridad; pero Dalton no apareció. La
excusa de Dalton parece creíble: el ejercicio
terminó más tarde de lo que se esperaba ya que
tuvo lugar en una zona boscosa al oriente de San
Salvador. El jefe de Operaciones, que respondía al
nombre de Vladimir Rogel , ordenó que se le
detuviera por dos días. El hecho puso en marcha un
plan urdido por el mismo personaje que se encargó
de traerlo a El Salvador. Sancho asegura que Rivas
Mira se resistía al debate sobre concepciones y
estrategias, y que veía en Dalton una sombra para
su estilo caudillista de dirigir y manipular al
grupo de conjurados. Otra versión, que ya ha
motivado una narración de Horacio Castellanos
Moya, asegura que en el asesinato hubo motivos
pasionales (Dalton le habría quitado la mujer al
número uno de la célula clandestina). La versión
oficial del ERP asegura que darle muerte a Dalton
fue "un error político-ideológico" de la jefatura
de ese momento.
La triste historia de su muerte, todavía llena de
vacíos e inexactitudes, ahora tiene elementos
nuevos; algunos provienen del texto del ex
comandante Eduardo Sancho. Según esta versión, la
jefatura guerrillera veía inminente un
levantamiento popular en el que tendría destacada
participación un sector de militares del ejército
gubernamental. En ese clima delirante, la "falta
leve" de Dalton se convirtió en una falta grave:
insubordinación. Luego, se añadieron dos
acusaciones. La primera, que era un agente cubano.
Roque, dice Sancho, había "dicho en broma, en sus
conversaciones... que [había] trabajado para la
seguridad cubana... [y] eso fue tomado como
prueba". Dalton, entre tanto, permanecía en la
casa de su novia, Lil Milagro Ramírez. Cuando
Sancho le contó sobre la acusación de que era un
agente cubano, Roque "sólo se pone a reír". Y
añade: "Es posible que él no viera con amplitud lo
que se movía en cada acontecimiento".
La segunda consistió en acusarlo de ser un agente
de la CIA. El testimonio de Sancho añade un hecho
nuevo: En 1973, cuando las organizaciones armadas
FPL y ERP iniciaron un proceso de acercamiento,
Rivas Mira habría llevado a uno de sus encuentros
el informe de que Dalton estaba por ingresar al
país. En respuesta al informe, Cayetano Carpio, en
presencia de Sancho y otros, expresó reservas
sobre Dalton. "Sus reservas consisten en la
información [de] que disponía el Partido Comunista
que afirmaba sin pruebas que Roque después de
estar preso y salir de la cárcel de Cojutepeque
[en 1964], tuvo un contacto en un hotel con la
CIA, con la embajada [de Estados Unidos]", y que
Dalton nunca pudo explicar ese contacto.
Aunque aceptemos que Carpio no tenía interés en
contar con Dalton en las entrañas del recién
formado aparato clandestino, no deja de ser
sorprendente que lo lanzara por el tubo con una
acusación tan grave y peligrosa --pero que tampoco
era infrecuente. El mote de ser "agente de la CIA"
fue, y sigue siendo, usado de manera muy liberal
en el lenguaje de izquierdas. En aquel fatídico
mes de abril de 1975, cuando la expresión se trajo
a cuentas, Sancho pensó en buscarlo pero Carpio
"se encontraba en ese momento fuera del país por
lo que no se le [pudo] ver como testigo
principal", asegura.
Existe todavía otro elemento más del que poco se
habla. A principios de 1975, Dalton viajó a México
enviado por la organización. Como narran diversos
testimonios, sin dar explicaciones se desapareció
de la vista de sus propios compañeros por espacio
de varios días, quizás una semana. Aunque se ha
especulado sobre la posibilidad de que haya ido a
la casa del exiliado salvadoreño Abel Cuenca, que
era un sitio de peregrinaje para muchos
revolucionarios, Dalton no paró allí. Desenchufado
de la organización, se hospedó en una casa de la
Colonia del Valle, en la calle Miguel Laurent.
Esta desaparición también fue abonada a la cuenta
de la desconfianza.
En este punto es necesario subrayar que el
"proceso" contra Dalton se produjo en medio de una
división, que ya era un hecho, dentro del ERP. A
principios de 1975, un sector de dicha
organización (que luego sería conocido como la
Resistencia Nacional, RN) tenía montada una
estructura clandestina paralela, la cual, en
definitiva, les salvó la vida a Sancho y a Lil
Milagro Ramírez (posteriormente, ella fue
asesinada en cautiverio por la Guardia Nacional).
Un ex combatiente, al que llamaremos "T", que
vivió de cerca los hechos y que ha preferido
mantener su testimonio en el anonimato, asegura
que en ese momento en la organización guerrillera
menudearon los trinquetes y las zancadillas
recíprocas. En ese clima peligroso, dice, Dalton
"jugó con las circunstancias" como "una mariposa
revoloteando alrededor de una vela", tomando
partido al lado de una de las tendencias y
escalando posiciones dentro del aparato
clandestino. De ser así, las acusaciones contra
Dalton no estaban dirigidas sólo contra su
persona; también tenían la intención de aleccionar
a la tendencia con la cual se había identificado.
Se convirtió, pues, en una víctima propicia dentro
de la pugna. No en la única, por cierto.
Los eventos relacionados con Dalton sin duda
precipitaron la inevitable división del ERP.
Cuando el asesinato era inminente, Sancho toma la
decisión de consumar la separación y salvar su
propia vida. En los últimos días de abril, Sancho
y Lil Milagro hablan con Dalton y le proponen la
fuga. Entonces ocurre un hecho trascendental:
"Roque no acepta... dice que confía en los
compañeros". Sancho recuerda:
"Desde ese momento perdimos su voz, su semblante
de preocupación, cierta sonrisa de aflicción, de
incredulidad de lo que ocurre".
"Cuando salí de La Habana..."
Una historia prohibida de Roque Dalton Tercera
entrega
Por Miguel Huezo Mixco cartas@elfaro.net No
volverían a verlo. El 1 de mayo, Sancho y Lil
Milagro se desenchufan del ERP y se refugian en su
retaguardia secreta. La historia de ese periodo de
venganzas está todavía por contarse. En lo que
respecta a Dalton, según Sancho, en una fecha no
precisada fue sacado por sus captores de la casa
de la colonia Málaga, próxima al barrio Santa
Anita, y llevado hacia otro lugar donde, el 10 de
mayo, lo mata "de sorpresa" una "unidad militar".
¿Quiénes decidieron sobre la suerte de Dalton?
Según Sancho, la decisión estuvo entre cuatro
personas. Tres de ellas --Alejandro Rivas Mira,
Vladimir Rogel y Joaquín Villalobos-- se
decidieron por darle muerte. Sancho, como se ha
dicho, se opuso. La versión de Villalobos,
reproducida en una entrevista con Juan José Dalton,
el segundo de los tres hijos del poeta, publicada
en Excélsior en 1992, es ligeramente distinta:
asegura que fueron seis hombres, incluído él
mismo, los que decidieron matarlo: Rivas Mira,
Jorge Meléndez, Vladimir Rogel, Jorge Alberto
Sandoval y Mateo (aunque Villalobos no lo recordó
en la entrevista, su nombre era Mario Vigil, un
estudiante de Artes)Lo que sigue, es parte de la
historia conocida: Su cuerpo fue llevado hasta la
zona de lava del volcán, en Quezaltepeque, al
norte de la capital, un botadero de cadáveres de
opositores a los militares salvadoreños. Los
restos de Dalton nunca aparecieron.
Aparentemente, fue devorado por perros y aves de
rapiña[ii]. Para "T", esa historia es otro
embuste: Le parece ridículo que un grupo de
"aspirantes a guerrilleros urbanos, más asustados
que valientes", atravesara la ciudad con un
cadáver. "T" escuchó que Dalton fue llevado a una
casa rodeada de fincas en los alrededores de
Montserrat, bastante cerca de Santa Anita, donde
fue muerto y sepu Esos son los hechos en trazos
gruesos, pero el conjunto de la historia sigue en
secreto y probablemente seguirá así por largo
tiempo. Con todo, nada hay que contradiga que el
"juicio" contra Dalton fue una decisión tomada con
los procedimientos imperantes en la carnicería de
Tony Soprano. ¿Quién asesinó a Dalton? Los
testigos directos de aquel crimen siguen fieles a
un pacto de silencio.
En los últimos años, la familia de Dalton ha
señalado repetidamente a Villalobos como autor
material del crimen. La acusación se basa en una
conversación sostenida en La Habana, en 1979,
entre la familia del poeta y disidentes del ERP,
entre ellos Eduardo Sancho. De acuerdo con el
testimonio de Juan José Dalton, en aquella
oportunidad se les reveló que "Villalobos había
sido el encargado de disparar contra mi padre"[iii].
Años más tarde, Sancho exoneró públicamente a
Villalobos y cargó con la responsabilidad única a
Rivas Mira.< Contra lo que muchos profetizaron en
el ya remoto año 1975, el ERP, con el cadáver de
Dalton a cuestas, llegó a convertirse en una
poderosa organización. A lo largo de la guerra
civil salvadoreña, los reproches contra su
dirigencia provinieron casi exclusivamente de
escritores y artistas.
El ERP tuvo ocasión de revisar su conducta en el
caso Dalton. Como resultado, emitió un documento
que, entre otras cosas, decía: "Convirtiendo a
Dalton en un 'revolucionario' de 'grandes
cualidades', faltando a la verdad sobre su papel
en el proceso revolucionario salvadoreño y
sublimando su efímera militancia; [los escritores
y artistas] piensan colocarse ellos como sector a
través de la bandera de Dalton, poeta y escritor,
ya que es esto lo que vuelve importante su muerte
y lo convierte en el héroe cuando la verdad es que
fue víctima y hechor de su propia muerte".
Aunque las paradojas no terminan allí: El ERP
contó entre su militancia al distinguido poeta
Roberto Armijo, miembro de la generación de Dalton;
en París, durante la guerra, Armijo tuvo
ascendencia entre políticos, escritores e
intelectuales latinoamericanos y europeos; su
dirigencia también gozó de simpatía en las
oficinas del Ministerio del Interior cubano, que,
junto con el aparato cultural, constituían "el
vínculo más importante entre la Revolución Cubana
y la izquierda latinoamericana"[iv].
Era un secreto a voces que los cubanos
"favorecieron casi sistemáticamente al Ejército
Revolucionario del Pueblo (ERP) en buena parte por
el encandilamiara el prestigio del icono como para
el de sus patrocinadores. "Lo peor es tener sólo
enemigos. No. Lo peor es tener sólo amigos..."
Mirando en retrospectiva sus desavenencias con su
propio partido, los acontecimientos de 1970 en La
Habana, y su encuentro fatal con el ERP, la
construcción romántica obligaría a la conclusión
de que esos incidentes fueron resultados de su
espíritu crítico y anti solemne. Ese Dalton es
verdadero, pero no es completo. No creo faltar a
la verdad si subrayo que Dalton también fue capaz
de actitudes solemnes y hasta reprobables. Tenía
habilidad no sólo para el sarcasmo.
Una parte de su poemario Los testimonios, de 1964,
está dedicada "A mi Partido", un homenaje que
parece más cerca de la zalamería que del fervor
revolucionario. En ese mismo libro, al lado de los
héroes históricos sacrificados, aparece Cayetano
Carpio, a la sazón Casi diez años después del
asesinato de Dalton, Carpio resultó señalado como
parte intelectual del repugnante crimen en Managua
de Mélida Anaya Montes, la segunda al mando de su
organización. Las FPL y la dirigencia del FSLN
culparon del asesinato... a la CIA. Muy pronto,
las pesquisas del aparato de seguridad
cubano-nicaragüense develaron que más bien era
resultado de una lucha intestina.
En aquella ocasión, los cubanos prácticamente
sacaron de un cajón una pistola que le había
regalado Omar Torrijos y se la dieron a Carpio
para que se suicidara[vii]. Pocos años después, en
otra de esas nuevas historias prohibidas, la
paranoica dirección La posibilidad de que un buen
día un matón se convierta en un miembro prominente
de la sociedad, es sólo concebible en el terreno
de lo político. Algo como esto hemos presenciado,
atónitos, en la realidad salvadoreña de posguerra.
Es posible, entonces, que la fuerza del mito de
Dalton esté asociada a la necesidad de contar con
una elite moral que se enfrente al relativismo
predicado por la política cotidiana.
Siendo Dalton parte de esa elite, los albañiles de
su prestigio, desde quienes lo presentan como un
guerrillero ejemplar hasta quienes lo retratan
como un ser pintoresco, hemos banalizado sus zonas
oscuras y exaltado las virtudes que demandó un
momento: el de la lucha revolucionaria. Se trata,
sin embargo, de un esfuerzo que pone a Dalton a
pelear en desventaja: No tiene ni la astucia ni el
pragmatismo del político, como tampoco el ardor y
la discipliUna lectura del siglo XXI de la obra de
Dalton exige un abrelatas y no sólo las candorosas
interpretaciones construidas bajo el impacto de su
martirio.
Para desentrañar la historia de su muerte se
requiere de una máscara antigás, como la que él
mismo propuso para ingresar en los palacios de la
Iglesia; antes de lo cual había escrito: "La única
organización pura que va quedando en el mundo de
los hombres es la guerrilla", algo que dicho por
él ahora suena como una macabra tomadura de pelo.
Pocas literaturas pueden darse el lujo de tener un
mito como éste. Dalton es el tipo de personajes
que trastornan la idea misma que un país y una
cultura tienen de sí mismas, y ayuda a construir
otra, que engrasa los tránsitos de la imaginación
y la conciencia hacia nuevos momentos.
Por su actitud sacrificial y su peso simbólico,
por la condensación de estupidez y de fatalidades
que se arremolinaron en torno a él, Dalton es un
Orfeo del siglo veinte que bajó (para no regresar)
a los infiernos de una ética trastornada. Es, para
usar una expresión de Brodsky, exponente de una
poesía de "alta velocidad y nervios expuestos"[viii].
De una velo
EL ÁGORA
Roque Dalton, el "pueta" irreverente Este jueves
14 de mayo se cumplieron un aniversario más de la
desaparición de la humanidad y del genio de las
letras salvadoreñas: Roque Daltón García. Varios
poetas salvadoreños quisieron rendirle homenaje a
este literato realizando conversatorios y
recitales de poesía el día de su cumpleaños.
Otros, como Otoniel Guevara, buscan instaurar una
nueva era para la poesía haciendo del natalicio de
Roque una fecha de jolgorio nacional.
Diego Murcia / Fotos: David Enrique Méndez cartas@elfaro.net
Roque fue uno de los tantos de su generación que
ostentaron el título de "pueta", una deformación
del uso de la profesión literaria, que servía para
identificar de forma despectiva a los "vagos" o
"bohemios". Se les solía asociar con putas,
alcohol, parrandas y otras tantas cosas
innombrables para la pulcra sociedad del "qué
dirán".
Es difícil creer que un "irreverente" pueda ser
tan recordado como él lo es hoy en día. Es más,
nadie creería que aquel muchacho que salía las
calles a protestar vistiendo faldas de "cachiporrista"
y maquillaje de mujer, moviéndose, burlescamente,
al compás de "El pueblo unido jamás será vencido",
sería considerado como uno de los poetas más
grandes de la historia salvadoreña contemporánea.
Aún no se sabe cuál fue el destino de sus restos
humanos, sin embargo, sigue estando vivo entre las
páginas de sus herederos o las pláticas de los
bohemios.
Por eso el pasado 14 de mayo, los poetas, que
rehuyen hoy de la responsabilidad de ser "puetas"
(de seguro por respeto al maestro), salieron de
sus aposentos, a platicar de él, o por él, con
quienes no tuvimos el gusto. Esta fue su manera de
rendirle homenaje a la poesía de este pulgarcito
que se hizo gigante a base de papel, pluma y
tinta. Aun uno de ellos no dudó en decir que "si
Roque estuviera vivo se hubiera ido a beber en
lugar de venir al homenaje", así era él, confirmó
Otoniel Guevara uno de los poetas salvadoreños que
quiso festejar a Roque Dalton con un pequeño
jolgorio.
La tertulia de este "unicornio con cuerno de
añil", se celebró, sobre todo, en podios
universitarios. Su "alma mater", la Universidad
Nacional, fue una de las que brindó, junto a
Matilde Elena López, Otoniel Guevara, Rafael
Mendoza, entre otros poetas, por la vida literaria
del "ofendido".
"Roque es el pretexto ideal para poder dedicarle
una tarde a la poesía", nos comentó Guevara al
tiempo que nos adelantaba que se están haciendo
gestiones ante la Asamblea Legislativa para
declarar el natalicio de "Roque" como "Día
Nacional de la Poesía".
El taller literarios de la "Universidad José
Simeón Cañas", junto al grupo de poesía Tecpán;
también rindieron tributo a este mítico poeta,
compartiendo los frutos de sus propios esfuerzos.
Los poetas Diego Calles, Daniel Castillo y Noé
Lima, miembros de Tecpán también hablaron de Roque
y su poesía. "Roque es un tipazo, un gran cabrón
que hizo una poesía maravillosa que sigue
emocionando a todos", comentó Noé Lima fundador
del grupo Tecpán.
Cada cual, a su modo, leía, como quien le reza a
un santo, sus poemas favoritos para complacer los
oídos de los espectadores. Algunos nunca habían
oído hablar de Dalton ni muchos menos de su
"Machete", "Anastasio", "A altas horas", entre
otros, pero la magia del poeta los absorbió. Como
dijera Otoniel Guevara al final del homenaje que
se preparó en la UES: "el poeta es el pretexto,
pero no es la esencia".Y qué mejor pretexto para
escuchar y leer poesía que hablar del "pobrecito
poeta que era él", en su cumpleaños y con la
nostalgia de "aquellos años": los años de Roque.
Daltografía
Roque Dalton García nació en San Salvador, el 14
de mayo de 1933 y murió asesinado el 10 de mayo en
1975 por compañeros de su misma unidad. Los hechos
que marcaron esta parte de su vida, en plena
congestión social, quedaron recogidos en su
novela-testimonio Miguel Mármol.
Fue educado en el colegio "Externdo San José",
centro educativo dirigido por jesuitas. A los 22
años de edad ingresó en el Partido Comunista
Salvadoreño (PSD), y de ahí en adelante su vida se
alterna entre la militancia revolucionaria y el
que hacer lieterario como escritor. Esto coincide
a su vez con las primeras encarcelaciones,
producto de su pensar revolucionario.
Formó parte del Circulo Literario Universitario al
mismo tiempo que Otto René Castillo, Manlio
Argueta, Roberto Armijo y Alfonso Quijada Urías.
En tres ocasiones logró obtener el Premio
Centroamericano de Poesía y el Premio Casa de las
Américas por Taberna y Otros Lugares.
Algunas de sus obras:
La Ventana en el rostro (poesía), 1961 El turno
del ofendido (poesía), 1963.
El Mar (poesía), 1964.
Poemas (poesía), 1968.
Taberna y Otros Lugares (poesía), Premio Casa de
las Américas, La Habana, Cuba, 1969.
Miguel Marmol (narrativa), 1972.
Las Historias prohibidas del pulgarcito (poesía),
1975.
Pobrecito Poeta que era yo (novela), 1976
El asesinato de Roque Dalton y las Crónicas entre
los Espejos
Por Alfredo Parada (Nuevo Enfoque)
Pareciera una frase de cliché, y quizá es así,
pero encierra una gran verdad, eso de que aquellos
que no conocen la historia de su país, no
comprenderán su futuro. Y tomo esa frase porque
¿¡Qué haríamos sin los lugares comunes!? La
izquierda política salvadoreña, uno de los bandos
de la guerra civil clausurada en enero de 1992, se
ha ocupado de tal conflicto aún antes de
finalizado, de sus antecedentes, sus causas, su
desarrollo.
Por lo menos, algunos de sus representantes. Al
contrario, los derechistas, la derecha política
nacional, espectadora y participante, calla. Sus
intelectuales no profundizan en la tragedia.
Propaganda nada más. Un articulito por acá, un
boletín por allá, un sesudo editorial
propagandístico, repetitivo. Nada, más. Si la
izquierda va dejando importante documentación
pública de su lucha en la guerra, la derecha
guarda silencio histórico. Su pensamiento, su
documentación no los expone. Las generaciones
futuras, esas sí, se enterarán de los extremos de
la tragedia.
Un libro valioso por aquello de ser historia
salvadoreña
Hoy me refiero a "Crónica entre los espejos", de
Eduardo Sancho o Fermán Cienfuegos, éste su nombre
de comandante de la insurgencia. Libro valioso por
aquello de ser historia salvadoreña, esto es,
latinoamericana tan así si analizamos el acontecer
a partir de la segunda mitad del pasado siglo, del
Continente que se expresa en castellano y
portugués. Algo de remarcar es que Sancho brinda
su genealogía y comenta vicisitudes de los
actores, dígalo así, de su árbol genealógico.
Importantísimo, primero por el ejemplo; segundo,
por el temor de algunas gentes de hablar de ellos
ni de su genealogía. O, porque la desconocen.
Eduardo se adentra en detalles importantes en la
vida de sus bisabuelos, abuelos, tíos.
Así surgen las influencias genéticas del autor.
Nótase las lógicas, legítimas tendencias políticas
contradictorias. Un ejemplo: la bisabuela materna,
Carmen Zaldívar, "discute con Mincho, el abuelo,
sobre política". Mincho, o sea, Benjamín
Castañeda, el abuelo, defiende el ascenso de
Hitler". La bisabuela Carmen es la primera mujer
en ingresar a la Universidad a estudiar Derecho.
Sancho continúa con lo sabido: "La oligarquía
insensible a la política social, no quiere que
asuma el Estado su aportación; sigue ejerciendo el
poder con la violencia institucional primitiva"
que ya Sancho ha denunciado en el Auditorio de la
Facultad de Derecho en 1968.
El autor recuerda que en ese año "los comunistas
no entienden el ABC del método marxista...". El
libro da para comentarios extensos. Para otros
libros. Traigo a cuento su aspecto del relato: Las
circunstancias de la muerte de Roque Dalton, el
poeta, el izquierdista, el combatiente. Fermán
-Eduardo es poeta, escritor, comandante, es decir,
general en la jerarquía guerrillera... y defensor
de Dalton en el juicio sumario a que fue sometido
por algunos guerrilleros. Ciertamente, Joaquín
Villalobos, ex -insurgente, es señalado por
algunas publicaciones, diarios, revistas, como el
autor directo del asesinato de Dalton. Sancho
revela algo más: "No hay justificaciones políticas
para su asesinato. Fue un error de la izquierda".
Así lo comentó, tiempo pasado, Sancho, entre
otros, con Regis Debray y Jorge Castañeda. Surge
otra persona en la absurda muerte del poeta:
Alejandro Rivas Mira o Sebastián Urquilla en la
guerrilla. Rivas Mira "es el de la responsabilidad
individual, no me cabe la menor duda", conforme el
autor. Rivas Mira, entiendo, es uno de los
involucrados en el secuestro y asesinato de
Ernesto Regalado Dueñas.
Dalton fue detenido en abril del 75, en unión de
Pancho, jefe del taller de explosivos, "por faltas
en la disciplina militar". La idea fue de
Sebastián Urquilla o Rivas Mira. En rigor Rivas
Mira, por sí y ante sí, decidió asesinar a Roque,
antes del juicio. Se ve que Rivas Mira es
discípulo aventajado de Stalín, supongo. De esta
inicial acusación, Rivas Mira se inventa la de
insubordinación. Luego, agrega otra acusación, la
de perturbar la insurrección. Después acusa a
Dalton de ser agente cubano, luego agrega la de
miembro de la CIA. ¿Envidioso el Sebastianito?
Mientras tanto, Roque ignora la trama diabólica.
Cree que se tratará de una detención de dos días.
Fermán Cienfuegos es el defensor, pero ante la
decisión infame es imposible salvar al poeta. Los
acusadores o jueces impiden que Roque se defienda
aunque éste lo ha solicitado. La cuestión es que
Dalton ya estaba muerto antes de ser acribillado a
tiros. Luego, sale del país Rivas Mira y lo
sustituye Joaquín Villalobos, ahora becado en
Oxford e importante propagandista de la derecha
oficial. El viraje del insurgente es de analizar
precisamente por su postura actual.
Todo relato histórico precisa analizarlo
En "El Tiempo Latino", periódico publicado en
Washington D.C., en su número del 21 de mayo de
1993, aparece un artículo de Carlos Quirós,
escribe sobre la muerte de Dalton. Cita de J.
Villalobos, esto: Dalton... "cae en circunstancias
del debate ideológico en el seno del movimiento
revolucionario, en el que yo creo, que él
desajusta de esa situación, no por ser mal sino
porque no pertenece a ese marco". "El Tiempo
Latino" agrega: el 13 de abril de 1975 comienza el
juicio sumario que el ERP lanza contra Roque,
acusándolo de ser miembro de la CIA. También se le
acusa de ser agente cubano infiltrado en la
organización.
En última instancia fue juzgado por ser agente
"independiente del color". La acusación nunca se
probó. Dalton fue fusilado el 10 de mayo de 1975,
junto a Pancho, el primer instructor militar
táctico, por haberse sumado a la posición de
Roque. De la lectura del relato de Fermán deduzco
que los autores intelectuales del asesinato del
poeta sufrieron el clásico odio o envidia del
combatiente al intelectual, escritor, guerrillero.
El órgano washingtoniano dice algo que afirma el
autor del libro: Fermán Cienfuegos es el defensor
frente al triunvirato militar supremo que juzga a
Dalton en el que no hay fiscal específico sino un
colectivo que llevó las acusaciones.
La decisión fatal fue tomada antes del juicio.
Quienes proponen el fusilamiento fueron Sebastián
y Vladimir Umaña, tercer jefe del ejército y
responsable de las operaciones. Joaquín Villalobos
se suma y vota por la muerte de Roque. Fermán se
opone con firmeza, y señala a Rivas Mira,
Sebastián, como el responsable intelectual y
personal de esta decisión política en las
condiciones de guerra "y quién debe responder para
un descargo de conciencia". Fermán intenta que
escape Roque de la furia odiosa de Rivas Mira,
Vladimir y otros. El poeta se niega, pues no cree
que se ejecute la conjura mortal.
Todo relato histórico precisa analizarlo, máximo
cuando no entramos en la narración de un
protagonista importante, tal la de Eduardo Sancho.
Aquí leemos revelaciones cardinales, por ejemplo,
como el entendimiento de militares jóvenes con los
insurgentes para precipitar el cambio
revolucionario. Hay más.
"El Tiempo Latino" cita a Villalobos con esto:
Dalton..."creo que fue culpable de nada... hay que
decirlo, pero en la parte concreta se configuran
cosas... por eso citaba lo de la disciplina... que
se tenía en esa etapa y que era muy férrea y que
era propio del esquema contestario... y en ese
momento una insubordinación, alentar una deserción
o una separación, era una falta grave, pero en
aquel momento se vio sólo eso, pero lo que había
era un debate de tipo político...".
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Roque Dalton vrs. la verdad (Entrevista con Juan
José Dalton)
Por Francisco Figueroa
Roque Dalton con Miguel Angel Asturias Foto:
Archivo Familia Dalton D.R.
Qué ocurrió en realidad la noche del diez de mayo
de 1975, hace 28 años; qué calles, puertas,
miradas y pensamientos se cruzaron antes de
realizar uno de los crímenes más aborrecibles de
nuestra historia, el del poeta Roque Dalton. Hay
quienes lo saben, pero lo callan. He llegado ante
la mirada de Juan José Dalton, transcurre un lunes
de Semana Santa de 2003. Le pregunto muchas cosas
y él contesta con la claridad de quien ha sufrido
la muerte y desaparecimiento de su padre, al mejor
estilo de los abominables escuadrones de la muerte
de nuestra Historia reciente.
FF.- ¿Cuál es tu opinión sobre el libro de Eduardo
Sancho, Crónica frente a los espejos, en lo que se
refiere a la muerte de tu padre?
JJD.- Mi opinión respecto al testimonio de Fermán
Cienfuegos o Eduardo Sancho no es ninguna opinión
académica, ni siquiera una crítica literaria o
periodística, sino la opinión de un lector normal
de nuestro país. Es un libro difícil de leer
porque es un poco enredado.
Yo he hablado varias veces con Fermán y tal como
él habla así ha escrito el libro; es un sancocho,
como una sopa de Colombia, es un revoltijo de
cosas... no hay coherencia en sus escritos ni en
su pensamiento, lo siento raro.
Según él, ese es el valor del libro porque trata
de diferenciarse a sí mismo cuando dice que uno es
Fermán y otro es Eduardo. Para mí eso es
inconcebible si se trata de una personalidad de
reconocimiento público. Cuando él trata de
diferenciar al humano con el comandante que fue,
es como que él está diciendo: "aquel realmente no
soy yo, aquel fue el papel que me tocó
representar". Esa es una evasión histórica del
papel que le tocó jugar en aquel momento.
FF. ¿Es sincero o no Eduardo? ¿Es el comandante o
el ciudadano quien habla en el libro?
Cuando él escribe no se quién está hablando, es el
papel interpretado de Fermán Cienfuegos o la
sinceridad de Eduardo Sancho, no sé quién es. Él
ha dado varias interpretaciones sobre la muerte de
mi padre y dijo en un programa de televisión que
en los próximos años van a surgir miles de
interpretaciones. Me parece que esta falseando la
realidad porque no estamos hablando de un hecho
por venir, sino de un hecho que pasó, y pasó como
pasó.
Fermán, cuando llegó como parte de una delegación
de la Resistencia Nacional (RN) a la Habana en
1978 o 79, no recuerdo, estando ahí mi hermano
mayor Roque, mi mamá y yo, nos dio un informe de
por qué habían asesinado a Roque. Dijeron, dijo,
que habían cometido un crimen imperdonable,
inaudito, y que producto de ese crimen el ERP
(Ejército Revolucionario del Pueblo) se había
dividido en dos, los asesinos de Dalton, y por
otra parte se había creado la RN, que eran los
seguidores de Roque Dalton, y que ellos eran como
los herederos y seguidores no solamente de Roque,
sino de su ideal y que él había logrado fundar la
RN. Estoy hablando de cuatro años después.
Nunca jamás Fermán nos habló que hubiera algún
juicio, ni que él fuera el defensor; nunca jamás
nos contaron que lo habían detenido y que luego lo
acusaron de indisciplina, lo que coincide con el
libro, y después de agente cubano. Y como ninguna
de las acusaciones cuajaron, lo acusaron de agente
de la CIA y enemigo, y de que un día se dieron
cuenta que lo habían asesinado.
Fermán nos contó que él mismo había sido
perseguido y lo habían intentado matar en varias
ocasiones. Fermán fue protegido por las FPL
(Fuerzas Populares de Liberación), por Cayetano
Carpio. Las FPL protegían, no sólo a Fermán, sino
al resto de las RN que estaban siendo buscados por
el ERP para asesinarlos. Eso fue lo que nos contó
Fermán Cienfuegos, Ernesto Jovel y otros que no
recuerdo. Fue en 1979.
Pero Fermán y Joaquín Villalobos han intentado
culpar de la muerte de mi papá a los comunistas, y
sobre todo a Cayetano Carpio. Pero fueron ellos,
las FPL, Cayetano Carpio, quienes intercedieron
para que no hubieran más muertes después de la
muerte de mi papá. Eso es algo que hay que
aclarar, porque hoy, acusaciones de esa naturaleza
se están lanzando como transportando discordias de
aquellos tiempos a los hechos actuales.
FF.- Hay varias versiones, ¿pero lo que Fermán
dice en el libro es la versión oficial o hay otra?
JJD.- Fermán dice verdades a medias, o al menos es
lo que he escuchado. Él le quita toda
responsabilidad a Joaquín Villalobos, cuando el
propio Joaquín ha aceptado haber participado en la
decisión de matar a mi papá. Antes, el papel que
las RN le otorgaban a Joaquín, era algo más que un
simple autor intelectual del crimen. Por eso
Fermán está diciendo medias verdades y medias
mentiras.
FF.- ¿Qué es lo que le interesa saber a la familia
Dalton sobre este hecho? ¿Responsables directos,
autores materiales e intelectuales, nombres?
JJD.- Lo único que reivindicamos es que se nos
asesinó a nuestro familiar y no hemos recibido ni
las disculpas, ni un reconocimiento de que fue un
crimen injusto. Cuando yo entrevisté a Joaquín en
varias etapas y luego publicamos la entrevista,
Joaquín reconocía que él había participado. Y
parece que ese reconocimiento lo puso en tela de
juicio en su acción política y pronto comienza a
deslindarse de las responsabilidades, y
actualmente dice que él no tiene nada que ver ni
material, ni intelectualmente con ese crimen, que
él no era el jefe del ERP. Yo tengo esa confesión
grabada, la tengo escrita, revisada por él con su
letra, donde él dice: los que participamos en la
decisión fuimos tales y tales y yo.
En esa entrevista Joaquín dice que no hubo ningún
juicio, que ahí hubo una patraña para tratar
ocultar el crimen que estaban cometiendo, así lo
dice. Pero de pronto ahora sale diciendo que no
tuvo nada que ver en eso, que el crimen fue por
contradicciones entre antiguos comunistas,
deslindándose completamente de las
responsabilidades; ni siquiera en un incipiente
intento de llegar a la verdad hay sinceridad. Eso
es lo que más le duele a la familia.
Toda la exigencia que estamos haciendo es para
ayudar y aportar a la sociedad salvadoreña a
resolver un crimen que fue nefasto y que tuvo -y
todavía tiene por estar en la impunidad- una
repercusión tremenda en nuestra realidad, porque
cuando uno habla con intelectuales de afuera, con
gente joven que no conoce mucho la realidad
salvadoreña, le parece inaudito que la misma
gente, los mismos compañeros y hermanos, sus
compañeros de lucha, lo hayan asesinado.
La gente se pregunta ¿qué clase de gente es esa?,
¿qué les ha pasado?, ¿qué ética se mueve en El
Salvador? Y al ver nuestra historia se dan cuenta
que aquí se hace homenaje al que mandó a matar a
Monseñor Romero, se le rinde tributo a quienes
asesinaron a los jesuitas y se mantienen en la
impunidad los que mataron al poeta más destacado
de este país.
FF.- ¿Hay algo nuevo sobre este caso?.
JJD.- Creo que la muerte de mi padre necesita una
investigación más profunda y es un deber de esta
sociedad. Nosotros hemos sufrido lo impensable, la
desaparición física de la cabeza de nuestra
familia. Mi padre es difamado, los documentos del
ERP lo difaman, lo menosprecian, no reconocen su
calidad de luchador social. Fermán nos dijo que
los restos de mi padre habían sido resguardados y
que cuando triunfara la revolución o acabara la
guerra los restos de mi papá serían entregados a
la familia y que se le haría un homenaje, y eso no
era cierto... El cadáver no fue encontrado porque
fue abandonado junto a Pancho... lo tiraron en El
playón y el cadáver desapareció... y sus asesinos
siguen en la impunidad y la gente como Fermán,
quien fue considerado hermano de mi padre hasta
después de la muerte, está tratando de justificar
un crimen... La obra de mi padre es un pilar sobre
el que se sustenta la cultura, la identidad y la
historia de este país... Él fue una persona
integral, en su obra refleja sus contradicciones,
temores, se ensalzan sus amores, sus visiones, sus
defectos, errores... No lo veo apartándose de las
responsabilidades que le tocó asumir, no veo la
diferencia entre Roque Dalton y Julio Dreyfus (su
pseudónimo), fue una sola persona.
FF.- ¿No crees que el fantasma de tu padre terminó
matando políticamente a sus asesinos?.
JJD.- (Se queda pensando) No sé. Creo que la
mancha de haberlo asesinado es indeleble. Donde
quiera que Joaquín se pare, todo mundo sabrá que
fue uno de los ejecutores de Roque Dalton. Así va
a quedar registrado en la historia. Como político
él no quisiera tener esa mancha, pero debería ser
humilde en reconocer ese crimen. Todos hemos
cometido errores y tenemos debilidades y si
alguien cometió un crimen, que lo acepte y pida
perdón a la familia y a la sociedad, y eso lo
haría digno.
Luego de la entrevista hablamos un poco de poesía
y de su participación en el nuevo periódico
virtual "Desde El Salvador". No pude evitar sentir
ese sentimiento de mi juventud en la guerra, la
Semana Santa, el recuerdo de Monseñor Romero y un
Roque Dalton señalando con su pluma un abecedario
de justicia aún incompleto. Que lo complete
nuestra sociedad, nuestra historia lo merece.
El aniversario del ofendido
Pudimos evitar tu partida pararnos en la puerta de
la muerte registrar si no te llevabas algo robado
talvez un corazón errabundo de justicia que nos
perteneciera un ideario de libertad extraído
fraudulentamente de la biblioteca de nuestra
Historia un rostro en la ventana que no fuera el
tuyo que no correspondiera con tu pasaporte,
disfrazado quizás...
inventar alguna excusa migratoria para impedir tu
exilio
Pero no no pudimos detener tu pluma cuando voló a
la sombra cuando te despediste de nosotros
sintiendo lástima por la cobardía impotencia por
no escribir más páginas de esperanza Se nos
adelantaron los disfraces de libertad los que
calumniaron la palabra pueblo los que rabiaban
porque su pequeño poder se arrodillaba ante el
corazón poeta
Al enterrarte en la tumba del plomo le ahorraron
municiones al cazador de alegrías le besaron el
cañón le sirvieron en la bandeja la cabeza del
Bautista le dieron la primera plana necesaria para
desalentar para engañar para silenciar el arrullo
del verso que sopla por donde quiere
No pudimos obligar a quedarte para amasar el verso
y fabricar el pan para retoñar de insomnio frente
a la ignominia Y así te fuiste silbando horizontes
de infierno y mentira robándote las médulas de un
barrilete unido repitiendo las palabras de los
inocentes condenados a muerte Te llevaste la miel
de la abeja plurilingüe obligándonos a pronunciar
tu nombre cuando te supimos muerto Renacíamos con
los pétalos rojos de tu flor en la fragua del
combate hasta tu viejoemierda inocentemente
condenado igual que vos pronunciaba la abreviada
vida tuya en tabernas y otros lugares
Noche triste de la madre en mayo ni tus huesos
encontramos para sembrarlos en nuestro jardín sólo
saliste en silencio gritándole al avieso
guerrillero que la traición es matriarca de nuevas
conspiraciones pero que el verso es más eterno que
la vida y siempre se burla de la muerte
Francisco Figueroa
ROQUE DALTON
ROQUE DALTON
Nació en el Barrio San José, San Sansalvador, el
14 de mayo de 1935, fue asesinado el 10 de mayo de
1975, en manos de sus compañeros de lucha
revolucionaria entre las personas implicadas en su
asesinato está Joaquín Villalobos.
Dalton fue poeta, periodista, ensayista y
novelista. Fundador del Circulo Literario
universitario (1956). Miembro del Partido
Comunista de El Salvador (PCS), militó del
Ejercito Revolucionario del Pueblo (ERP).
Perseguido político, encarcelado en varias
ocasiones, vivió exiliado en México, Guatemala,
Checoslovaquia y Cuba, viajó por Sur América,
Europa, Corea y Vietnam.
La Asamblea Legislativa el 11 de diciembre de 1997
lo declaró POETA MERITÍSIMO, por su incalculable
aporte a la literatura de El Salvador. Dalton está
considerado como uno de los mejores literatos
contemporáneos que ha tenido el país, lo que ha
dado lugar al reconocimiento de su obra por su
contenido social. Roque Dalton expresa un
sentimiento de nacionalidad, en la que hace
referencia a la realidad histórica y a los visos
de nacimiento de una verdadera democracia.
Además de expresar los antecedentes salvadoreños,
constituye un verdadero legado para sus
compatriotas, que trasciende las fronteras.
Ganador en varias ocasiones del Premio
Centroamericano de Poesía (1956, 1958 y 1959),
Poemario El turno del ofendido, Mención
honorífica, Casa de las Américas (Cuba, 1962),
Taberna y otros lugares (1969). Sus principales
obras poéticas: La ventana en el rostro (1961), El
mar (1962), Los testimonios (1964), Las Historias
prohibidas de pulgarcito (1974). Testimonios: El
Salvador monografía (1963), Miguel Mármol (1972) y
otras. Además escribió teatro y ensayo.
Roque Dalton... como yo te he leído
Por Jorge Vargas Méndez
Roque Dalton
No intentamos una biografía del poeta y escritor
Roque Dalton, pues ha sido trabajo de diversos
autores hasta la fecha y sin duda alguna
aparecerán más adelante otros escritos
relacionados con esa encumbrada voz de la
literatura salvadoreña.
Lo que sí intentaremos es explorar el influjo que
tuvieron en su obra algunos poetas franceses
valiéndonos de un método al que bien podríamos
llamar literatura comparada.
Rumbo a Norteamérica, sí, pero a México
En 1961 este poeta ingresa por primera vez a
México, tierra a la que habría de retornar
posteriormente Incluso, fue allá donde durante
algún tiempo cursó estudios de antropología, en
ese México de Diego Rivera y Eraclio Zepeda, donde
también publicó algunos de sus libros.
Ahora bien, recordemos que en la década de los
cincuenta los surrealistas eran la avanzada o moda
literaria en tierras aztecas, un oleaje que había
comenzado hacia 1938 con la llegada del propio
André Bretón, principal teórico del surrealismo y
autor de los tres manifiestos de esta escuela. Sin
embargo, fue a partir de 1960 que los libros de
los surrealistas franceses comienzan a ser
traducidos y publicados en México.
Así las cosas, cuando Roque Dalton se encuentra en
aquel país, el surrealismo podía respirarse en la
Alameda M. A. de Quevedo o en un melancólico
parque de Coyoacán, por lo menos, por esos
espíritus inquietos del arte y la literatura, de
los que el poeta salvadoreño no fue la excepción.
Se ha afirmado que en La ventana en el rostro
(México, 1961), nos encontramos con un Roque
Dalton influenciado por César Vallejo, Pablo
Neruda, Nazin Hikmet, Miguel Hernández, García
Lorca y otros más. Pero en los siguientes, al
tiempo que recibe nuevos influjos, se somete a un
proceso de transformación e interpretación a la
luz de la patria nostálgica y sojuzgada hasta
escribir Taberna y otros lugares, Premio Casa de
las Américas 1969.
"El manuscrito de Taberna, presentado al jurado
del premio "Casa" bajo el seudónimo de Farabundo,
en homenaje al dirigente histórico salvadoreño
Farabundo Martí, estaba, sin duda, listo desde la
primera mitad de 1967. Vi a Roque por última vez
en 1966 y el libro iba en proceso. Así pues, los
acontecimientos de Praga 68 no pudieron influir en
estos poemas pero sí, evidentemente, la atmósfera
de aquella primavera y sus búsquedas en todas
direcciones. Para un joven poeta, comunista y
latinoamericano, forjado en la clandestinidad y
bajo el ejemplo de la revolución cubana, poeta que
había optado por la lucha armada como único camino
para la conquista de la libertad de su pueblo, el
calidoscopio ideológico que recorría la
Mala'Straná y los puentes del Voltava habrán sido
una experiencia inesperada, tal el encuentro con
un socialismo europeo, real, con infinitas puertas
que abrir". (Ver prólogo de Taberna y otros
lugares)
Con sobrada razón se ha afirmado que este libro
rompe con casi todos los libros anteriores, y es
que este volumen fue escrito bajo otro influjo
literario y tras un tiempo de bregar por la
militancia más comprometida y el exilio.
Cuando me asomo a la taberna
Cuando André Breton llega a México, un
poeta-pintor se vuelve su cicerone: el peruano
César Moro, a quien México adeuda el haber
promovido el surrealismo tras su llegada. Este
poeta escribió: "El surrealismo es el cordón que
une la bomba de dinamita con el fuego para hacer
volar la montaña...". Y Roque Dalton, al trasluz
de sus convicciones y recientes vivencias escribe,
en Decires: "El marxismo-leninismo es una piedra/
para romperle la cabeza al imperialismo/ y a la
burguesía"./ "El marxismo-leninismo es la goma
elástica/ con que se arroja esa piedra"./ "No, no.
El marxismo-leninismo es la idea/ que mueve el
brazo/ que a su vez acciona la goma elástica/ de
la honda que arroja esa piedra".
Al leer un poema de André Breton, por ejemplo
Cartero Cheval, rápido se percibe el peculiar
ritmo, el desenfado y ese automatismo por el que
siempre propugnó el surrealismo: "Nosotros los
pájaros que encantas siempre desde lo alto de esos
belvederes/ Y que cada noche no formamos más que
una rama florecida de tus hombros a los brazos de
tu carretilla bienamada. Que nos desprendemos más
vivos que centellas de tu muñeca/ Somos los
suspiros de la estatua de cristal que se incorpora
cuando el hombre duerme (...)".
Y Roque Dalton, incorporando lo propio dice en
Asalto General: Asaltaron a las estatuas por no
querer desembocar a las lavanderías asfixiantes a
los peces muertos y sus raíces/ asaltaron a los
toreros podridos a los códigos civiles en la edad
del engorde/ a los profesores de violín virtuosos
de la piel como un molusco (...)". Concluida la
lectura de dicho poema, no nos queda más que
adherirnos a las palabras de Jean Paul Sartre: "El
surrealismo destruye creando".
Aunque la anáfora no es exclusividad de los
franceses, es el poeta Jacques Prevert quien a lo
largo de Paroles la hace suya y la revitaliza. Lo
mismo ocurre con Dalton. Léanse los últimos versos
de Decires: "(...) y una honda en el bolsillo de
atrás/ y que muy bien podría conseguir una espada/
y que no soportaría estar cinco minutos/ en un
Salón de Belleza?". Ahora compárense con unos
versos de Prevert del poema Le paysage changeur
(Paisaje cambiante), todo él cundido de necesarias
anáforas: "Y los trabajadores saldrán y verán
entonces el sol/ el verdadero el duro el rojo sol
de la revolución/ y se contarán/ y se
comprenderán/ y verán cuántos son/ y mirarán la
sombra/ y reirán/ y avanzarán/ por última vez el
capital querrá impedirles que rían/ lo matarán..."
Y así como Prevert escribe La batteuse (La
trilladora), nótese su influencia cuando nuestro
poeta escribe Asalto general y compárese el ritmo,
la fuerza expresiva, el desenfado final, ya
aludidos. Así escribe el poeta francés: "(...)
gritaron aullaron cantaron y bailaron/ y bailaron
en torno de los graneros/ donde guardaba el trigo/
Donde guardaban el trigo molido agotado vencido/
trillado".
Pero también véase la omisión de algunos signos de
puntuación, ambos influidos por el también poeta
francés Guillaume Apollinaire. Y otra vez
obsérvese esa anáfora muy acentuada en la poesía
daltoniana y en el mismo poema Asalto General:
"(...) asaltaron a la ayuda de Dios a la noche al
día a todas las fechas asaltaron a los asaltantes
a los asaltados y al asalto asaltaron a las
exclamaciones me asaltaron".
Manlio Argueta citando a Jorge Narváez, al
prologar el libro Poesía de El Salvador (EDUCA,
1983), afirma lo siguiente: "(...) el trabajo más
exhaustivo y completo que se haya escrito sobre el
poeta, señala que Roque Dalton no podía asumir
pasivamente una tradición, ni un lenguaje ya
elaborado, sin darse a la tarea rigurosa de
someterlo a la crítica y modificarlo para
adecuarlo a las propias necesidades de poeta
militante salvadoreño. De ahí que es la novedad
que la poesía salvadoreña trae a nuestro sistema
de la poesía latinoamericana".
Un libro levemente odioso
Con la misma tónica surrealista, el poeta Paul
Eluard dice en su poema Algunas de las palabras
que hasta ahora, me estaban misteriosamente
prohibidas: "(...) Palabras maravillosas como las
otras/ Oh imperio mío de hombre/ Palabras que
escribo aquí/ Contra toda evidencia/ Con la gran
preocupación/ De decir todo".
Por su parte, Dalton en Ars Poética 1970, dice:
"Las letras de un poema/ no son las piececillas de
una máquina/ el mapa perfecto para explicar la
teoría molecular/ las letras de un poema/ son los
días en que no tuve tus noticias (...) Por eso es
que los poetas/ se persignan entre carcajadas/
ante la teoría del conocimiento". Y cuatro años
después, en su Arte poética 1974 de Poemas
Clandestinos: "Poesía/ Perdóname por haberte
ayudado a comprender/ que no estás hecha sólo de
palabras".
Con los últimos versos el poeta salvadoreño nos
confirma haber bebido en las fontanas de los
surrealistas y ello probablemente ocurrió en aquel
México de principios de los sesenta.
Así he leído a Roque Dalton, y quizás sea válido
en este mes, la siguiente paráfrasis: Cualquiera
puede hacer de los libros del joven Roque Dalton,
un liviano puré de berenjenas. Lo difícil es
conservarlos como son, es decir, como alarmantes
hormigueros. Lo que soy yo... también me monto en
un potro. ¿Me acompañan o no, hermanos y hermanas
poetas?
Roque volvió a El Salvador en 1973 con el rostro
alterado y dispuesto a tomar las armas: se integró
al ERP, la agrupación guerrillera más violenta de
esos años.
En 1970, Aída Cañas y sus tres hijos -Roque, Juan
José y Jorge- viajaron a El Salvador. Tenían un
permiso especial del presidente Fidel Sánchez
Hernández, obtenido por un familiar de Aída, el
vicepresidente de la Asamblea, miembro del PCN.
Después de una estadía de dos meses, regresaron a
Cuba con un tocadiscos que recibieron de regalo y
música de moda, incluyendo discos de Carlos
Santana y del concierto de Woodstock.
La casa de los Dalton se convirtió en un centro de
concentración de jóvenes. Los tocadiscos eran un
lujo que muy pocos tenían y el rock era prohibido.
En una ocasión, Roque, que en ese entonces
trabajaba febrilmente en tres libros, reprendió a
Juan José debido al volumen de la música. El
chico, que estaba con un grupo de amigos,
respondió dando un golpazo al tocadiscos para
apagarlo y se encerró en su cuarto, rehusó salir o
comer.
Algunas horas después, Aída tocó la puerta de Juan
José y le pidió que hablara con su padre. Roque se
sentía muy mal por lo que había ocurrido. "Mi papá
era un hombre muy sensible", recordó Juan José.
"Entré a su habitación y estaba muy triste, sobre
la cama. Levantó los ojos y, no me olvido, es como
si lo viera todavía: su mirada... no nos dijimos
palabra. Nos abrazamos y lloramos juntos. Yo supe
que sentía, que sentía que me había ofendido
frente a mis amigos."
El hombre de confianza Invitado a trabajar en la
revista Casa de las Américas por su director,
Roberto Fernández Retamar, Roque y su familia se
mudaron a La Habana en 1969. Fue una época
productiva para Roque, pero no duró mucho tiempo.
Él renunció del consejo editorial de la revista el
20 de julio de 1970. En una carta a la Dirección
del Partido Comunista de Cuba, explicó las
razones.
Roque fue invitado por Roberto a ser el "hombre de
confianza" de la revista durante los eventos del
premio Casa de las Américas 1970. Esto suponía
vigilar la delegación internacional de
intelectuales que visitaron Cuba, sobre todo los
"no militantes, de posición ambigua", como Ernesto
Cardenal.
Tratados como turistas, la delegación de
intelectuales extranjeros vocearon sus querellas a
Roque, que las llevó de regreso a Roberto. Las
delegaciones querían conocer la verdadera Cuba,
tener contacto con sus campesinos y trabajadores.
En una ocasión, Ernesto y otros escaparon del
grupo y visitaron Cuba por su cuenta.
Roque defendió las posiciones de las delegaciones
extranjeras y criticó la falta de transparencia de
Casa de las Américas, le dijo a Roberto que no
tenía el "coraje para enfrentar los problemas".
Así terminó el trabajo de Roque en la revista.
Irónicamente, la preocupación de los cubanos
resultó ser exagerada; en su libro "En Cuba",
Ernesto pintó una bella imagen de "la revolución
en progreso".
A partir de entonces, volcó todas sus actividades
en su propia obra, con inmensa urgencia.
Infatigablemente, completó varios libros, y
escribió y produjo obras de teatro y televisión
con gran éxito. También recibió entrenamiento
militar. Tenía en mente regresar a Centroamérica,
para incorporarse al trabajo "revolucionario" en
Guatemala.
"La violencia revolucionaria"
La agitación política de los primeros años de la
década de los 70 cambió los planes de Roque. Dos
organizaciones guerrilleras surgieron en ese
período, formadas en contraposición al Partido
Comunista: las Fuerzas Populares de Liberación
Nacional (FPL) y el Ejército Revolucionario del
Pueblo (ERP).
Roque estaba convencido de que la nueva
acumulación de fuerzas opositoras tendría
"utilización revolucionaria si a partir de un
momento el nivel de esa acumulación y su
desarrollo posterior se realizan por la violencia
revolucionaria".
Para él, el surgimiento de múltiples frentes de
lucha era un hecho positivo. Su ensayo de
análisis, Partido revolucionario y lucha armada,
escrito en La Habana en 1972, anticipa la creación
del FMLN, al contener la primera formulación
teórica de una entidad que cohesionaría los
diferentes grupos opositores: "Posiblemente se
abra en nuestro país -y no precisamente a largo
plazo- un proceso de desarrollo concurrente de
varias fuerzas marxistas-leninistas para la
conformación del futuro partido de la revolución
salvadoreña".
Entre 1965 y 1969, Roque había mantenido
comunicación con el entonces secretario general
del Partido Comunista Salvadoreño, Cayetano
Carpio, quien vio con "asombro" el desarrollo de
sus ideas que en ese momento estaban contra la
línea del partido. El PCS todavía le apostaba a la
lucha política y no a las armas. Roque mostró sus
primeros "esbozos políticos, pero con mucho
respeto, pensando él que talvez podría no ser de
mi agrado su audacia, su visión en ese sentido",
recordaría Carpio.
Este viejo líder comunista se inclinó
posteriormente por la lucha armada; se separo del
PCS y formó las FPL. Los seguidores más ortodoxos
de los dictados del comunismo fueron los últimos
en tomar las armas, a finales de los 70.
En 1972, Carpio recibió la noticia de que Roque
buscaba integrarse al "movimiento revolucionario".
"Sin embargo", escribió, "no fue por el lado de
nuestra organización por donde se canalizaron más
ágilmente esas inquietudes".
En el seno de la guerrilla Roque se integró al ERP,
la organización guerrillera más audaz y violenta
de la época, en diciembre de 1973. Entró a El
Salvador por vías legales, con un pasaporte falso
y con su rostro transfigurado por los mismos
cirujanos plásticos que alteraron la apariencia
del Che Guevara antes de partir a Bolivia.
Su seudónimo fue "Julio Dreyfus Marín". Rindió
militancia con grado de soldado combatiente y fue
miembro de la Célula de Vanguardia encargada de
formar el "partido". Conformó, con Alejandro Rivas
Mira, Eduardo Sancho y Ana Sonia Medina, el equipo
encargado de atender la relación con militares de
tradición demócrata-constitucionalista, que
planificaban, en 1975, un golpe de estado en
contra del coronel Arturo Armando Molina.
Pero el propósito principal de Roque en El
Salvador -con el apoyo del Partido Comunista de
Cuba- era establecer lazos de unión entre las
fuerzas para iniciar "la creación de una entidad
revolucionaria, un partido de vanguardia."
Y efectivamente, el desarrollo del trabajo
bilateral fue una de sus tareas como asesor
político del ERP. Felipe Peña, uno de los
fundadores de las FPL, fue su contraparte en ese
campo. En enero de 1974, el esfuerzo de
unificación tuvo su primer fruto, cuando ambas
organizaciones lanzaron su primer comunicado
conjunto.
Imprudencias La presencia de Roque fue resentida
desde el inicio por algunos líderes del ERP. El
Boletín General nº 1, fechado el 2 de febrero de
1974, señala: "Se cuestionó el porqué había
entrado a la organización vinculado directamente a
la Dirección y con el cargo de Asesor de la
Dirección Nacional sin haber pasado por un proceso
de prueba".
Documentos de ese período describen una lucha
ideológica interna que se remonta a los orígenes
de la organización en 1971, pero que se recrudece
a principios de 1974 y se desencadenaría en los
hechos de abril y mayo de 1975: la "lucha
fratricida" en el seno de la organización y a su
escisión en dos fuerzas.
A principios de 1975, Cayetano y Roque se
encontraron en una reunión bilateral, por primera
vez desde 1969. Cuando lo vio, Roque se lanzó a
los brazos de Cayetano y le dijo, frente a los
compañeros de su dirección: "Qué lástima,
compañero, que no pude encontrar los canales
ágiles para estar con usted; porque yo quería
estar a la par suya, en las FPL".
"Así era Roque", escribió Cayetano, quien pensó
que esa actitud había sido imprudente y poco
reflexiva. "Sin embargo, él era tan franco, tan
expansivo, que no pudo dejar de exhalar esa
frase."
EN LOS MEDIOS. Recorte del periódico "La Crónica"
del 28 de mayo de 1975.
No lo podía creer, nadie lo creía" Jorge Ávalos
Fotos de LA PRENSA/Museo de la Palabra El 10 de
mayo de 1975, Roque desapareció de la faz de la
tierra. El cuerpo del poeta, supuestamente
fusilado por sus propios compañeros, nunca fue
localizado
El 27 de mayo de 1975, una hoja volante circuló
profusamente por las calles de San Salvador
indicando que el Ejército Revolucionario del
Pueblo había sido "objeto de infiltración enemiga
por medio del salvadoreño Roque Dalton".
Él era acusado de traidor, de haberle costado la
vida a dos combatientes y del fracaso de algunas
acciones militares revolucionarias. "Roque Dalton",
concluía el comunicado, "fue detectado, capturado
y fusilado por las fuerzas del ERP. Existen
innumerables pruebas de su labor traidora en el
seno de la organización".
Dos mujeres Una de las primeras personas en ser
alertadas de esa noticia fue María García, la
madre de Roque. Un mes antes, María había estado
en La Habana visitando a sus nietos. El 10 de mayo
viajó a México y el 16 regresó al país. Esta vez,
ella no sabía que su hijo estaba en San Salvador.
"No lo podía creer, nadie lo creía. No sabía dónde
ir, a quién preguntarle. Así que fui donde siempre
había ido antes, a la Universidad Nacional.
Pregunté y pregunté y nadie me decía nada. En un
momento me desesperé y le grité a los dirigentes
de la asociación de estudiantes que eran unos
cobardes."
Un día de julio una mujer desconocida llegó a su
casa y le dijo: "Dicen que nos estaba buscando".
Era miembro de una nueva organización, la
Resistencia Nacional. Le entregó a la madre de
Roque objetos personales de su hijo y dos
fotografías, una tomada a la entrada de la taberna
checoslovaca U Fleku y la última foto, que lo
mostraba con bigote y lentes, con un enorme
parecido a su padre, Winnall Dalton.
Usted sabe: me quedan algunos meses de vida. Los
elegidos de los dioses seguimos estando a la
izquierda del corazón. Debidamente condenados como
herejes.
-Roque Dalton
"Nunca logré contener la risa", escribió Roque
Dalton en "Los hongos". "Incluso creo que el
resumen de mi vida podría ser ése: nunca logré
contener la risa."
En 1946, durante una misa para los estudiantes del
Externado de San José, un niño bajó los ojos y
"bajo el manto erizante de su éxtasis devoto" hizo
los gestos de la masturbación. Roque, de sólo 11
años, lo vio y rompió en carcajadas. El padre
Carlos Amman, que oficiaba la misa, se acercó y le
dijo: "Te quedarás castigado hasta las 7 de la
noche. Todos los días. Hasta nuevo aviso".
"En el corazón -confesaría Roque veinte años
después- estallaba el estrépito de los grilletes,
la adivinación del arrepentimiento por todas las
borracheras futuras, el rostro de tu asesino..."
El coyote aúlla En mayo de 1934, Winnall Agustín
Dalton entró al vestíbulo del Banco Occidental en
San Salvador para confrontar a su dueño, Benjamín
Bloom, por una disputa personal. Benjamín lo
esperaba, armado con un revólver y, cuando Dalton
cruzó la puerta, una bala le impactó en la cara.
Las trifulcas violentas entre dos estadounidenses
no eran inusuales, y ningún cargo fue presentado
contra el conocido banquero.
Dalton fue llevado de emergencia al hospital
Rosales que, aunque ya se encontraba en la 25.ª
avenida norte, su interior no era nada más que una
inmensa sala con un centenar de camas alineadas
contra las paredes. La enfermera que atendió a
Winnall Dalton se llamaba María García Medrano.
"La herida entró y salió por una quijada", me
contó María una tarde de mayo de 1984. "No era muy
grave. Pero Winnall no era un hombre acostumbrado
a estar sujeto. Tenía la boca vendada, la lengua
inflamada y todavía así cantaba canciones
mexicanas. Se le oía en toda la sala, como a un
coyote herido. Hacía reír a todo el mundo."
Los mercenarios Es posible que el californiano
Benjamín Bloom haya tenido buenos motivos para
querer matar a Winnall Dalton. De acuerdo con
Roque, su padre y su tío Frank, ambos provenientes
de una de las más distinguidas familias de Tucson,
Arizona, eran dos cazadores de fortuna. En el
camino a El Salvador, le robaron a Pancho Villa,
realizaron una estafa con un negocio de letrinas y
se casaron con "espeluznantes, pero riquísimas
jóvenes de la burguesía guatemalteca".
Los hermanos Dalton eran inusuales en otro
sentido: eran de origen mexicano. Hablaban español
e inglés, y la abuela de ambos había sido una
famosa cantante de corridos y huapangos. Una
familiar de Roque, la cantante de música pop Linda
Ronstadt, captó la atención del público
latinoamericano en los años ochenta cuando grabó
un disco con esas viejas canciones: "Canciones de
mi padre".
El bisabuelo de Roque, también llamado Winnall
Agustín, y su esposa Lupe Vásquez tuvieron el
negocio de vagones tirados por caballos más
prestigioso del Viejo Oeste. Ambos provenían de
California, donde los Vásquez tienen el mérito de
haber introducido la primera imprenta. Pero a
finales del siglo XIX, la familia perdió su
fortuna.
Cuando murió la madre de los hermanos Winnall y
Frank, la hermana mayor tomó las riendas de la
casa y adoptó el papel materno. El carácter
irascible de Winnall ha sido atribuido a una pelea
que tuvo con esa hermana mayor, su madre adoptada.
Un rencor profundo, imperdonable, separó a Winnall
y lo empujó a buscar su destino lejos de Arizona,
en "las hermosas (aunque inestables) tierras
centroamericanas... pobladas como siempre de
generales y mariposas".
Roque Antonio García Dalton nació el 14 de mayo de
1935. La partida de nacimiento lo declara "hijo
ilegítimo" de Winnall A. Dalton, quién rechazó con
vehemencia la paternidad del niño hasta que un
día, en 1937, María lo confrontó con la evidencia.
"Y él se topó con su viva imagen, con el pelo
rubiecito y los mismos ojos. Yo era una enfermera
certificada y quería continuar ejerciendo mi
carrera. No le pedía nada. Sólo que me ayudara a
costear la educación de Roquito."
Ese camino sería más difícil de lo que María había
imaginado. Con enorme tenacidad, no dejó nunca de
informar a Winnall de los avances de Roque,
enviándole copias de sus notas en el Colegio Santa
Teresita del Niño Jesús y en el Colegio Bautista,
así como las fotos de su comunión y de otras
actividades. Finalmente, Winnall mismo recomendó
que Roque fuera inscrito en el mejor colegio de
San Salvador en ese entonces: el Externado de San
José.
"Lo vestí con el traje de su comunión y lo llevé
al viejo local del Externado, un gran caserón
verde. No pasamos de la puerta. Apenas el rector
se enteró de que Roque era hijo natural nos dijo
que no podía ayudarnos. Regresé a casa con el
corazón destrozado y llamé a Winnall. Una hora
después, el rector del Externado me llamó y me
dijo: 'Señora, ¿por qué no me dijo que su hijo es
hijo del señor Dalton? ¡No sabe los gritos que nos
ha dado! Venga, que lo vamos a registrar'." Y así
fue -parafraseando a Roque- como el hijo del
millonario norteamericano en el barrio de los
golfos se convirtió, para los hijos de los
millonarios, en el rapaz escapado por no sé qué
puerta falsa del barrio de los golfos.
El fuego de la conciencia En 1953, cuando Roque se
graduó de bachiller en el Externado de San José,
su padre lo premió con un pasaje para estudiar su
carrera elegida de Derecho en Santiago de Chile.
Si cumplía y se graduaba, tenía otro premio: lo
reconocería con su apellido.
"Su papá lo quería lo más lejos posible de El
Salvador -recuerda María- para que no se metiera
en líos. Pero fue peor. Regresó con más ideas en
la cabeza y con cajas llenas de libros carísimos.
Leía muchísimo, de todo. Yo no sé qué libros
tenía, pero tenía libros hasta de marxismo. Se
había puesto bien rebelde y llegaba tarde a la
casa. Un día me dije: 'Esto no puede continuar'. Y
le quemé los libros. Toditos los libros que había
traído de Chile se los quemé. Cuando Roque se
enteró, se puso muy bravo. Yo nunca lo había visto
tan enojado en mi vida. Estaba tan enojado que
casi lloraba de la cólera y pateó las paredes y
gritaba diciendo: '¡Mamá, no sabe lo que ha
hecho!'. Y salió de la casa golpeando la puerta.
En ese momento supe que Roque ya no era el mismo,
que ya no volvería a ser el mismo."
De acuerdo con su compañero de cuarto en Santiago,
el artista René Castro, los 11 meses en la
Universidad Nacional de Chile, lejos de su patria,
lo expusieron no sólo a grandes deslices bohemios;
fue también la primera oportunidad que tuvo para
confrontar con perspectiva sus orígenes, para
probar los límites de su personalidad. Y fue en
Chile, también, donde encontró por primera vez el
camino hacia el marxismo, del cual su padre había
querido protegerlo.
Años más tarde, durante su primer exilio en
México, en 1961, Roque fue invitado a cenar por un
amigo que conoció en el Externado, Miguel Regalado
Dueñas. Después de conversar sobre el "señor Marx",
Miguel le impugnó a quemarropa: "Dicen que tú
ingresaste al Partido Comunista por complejos".
En su largo y oscuro poema autobiográfico "Los
hongos" -una exposición irónica de la culpa
católica contrastada a los servilismos del poder
político-, Roque respondería a esa sentencia con
el lenguaje de un abogado defensor: "Los
complejos, señores del Jurado, no tienen nada que
ver con la conciencia política: a lo más sirven
para otorgar el matiz trágico".
Un encuentro con Diego Rivera Comisionado por una
revista universitaria de Chile, traté de hacerle
una entrevista a este eminente pintor mexicano
llamado Diego Rivera; estaba en Chile para el
congreso de la cultura que se celebró en la
capital chilena. Yo llegué, simplemente, a cumplir
mi deber de hacerle una entrevista, pero ahí
encontré al hombre en uno de sus malos momentos.
Empezó a responderme cortésmente las preguntas,
hasta que, no sé por qué, se le ocurrió
preguntarme mi filiación política. Yo le dije que
era social-cristiano. Entonces él me preguntó, con
aquella manera exuberante que tenía, que cuántos
años tenía yo. Yo le dije que 18 años. Entonces me
preguntó que si yo había leído marxismo. Yo le
dije que no. Entonces me dijo que tenía yo 18 años
de ser un imbécil. Y entonces me echó. Me echó, y
yo horrorizado, por supuesto. Pero después de
salir y después de conocer lo que era Diego
Rivera, me interesó la actitud del hombre, y
empecé a investigar quién era. Fui a algunas de
sus conferencias sensacionales que dio en Chile.
Lo seguí. Me enteré, por ese incidente, de la
pintura mexicana, que era una cosa en la que yo
nunca había caído en la cuenta. Y, lo que es más
importante, me entró la preocupación por estudiar
marxismo; porque por primera vez en mi vida me
había pasado que una persona me dijera imbécil,
así, por no haber estudiado marxismo.
======================================== Roque
Dalton Casa de las Américas, Nº 135, nov-dic.
1982, La Habana.
ROQUE EN MOSCÚ. Roque en Moscú durante el VI
Festival Mundial de la Juventud en 1957.
El talento es", escribió Roque, "puras ganas de
molestar a los demás". Pero aún los genios
necesitan un período de aprendizaje.
A finales de 1953, Roque regresó de Chile, y vio a
El Salvador con nuevos ojos. Se encontró con "un
país donde la gente se muere de hambre, de
miseria, de explotación, terriblemente angustiada
por un destino en el cual está sumergido sin
siquiera tener clara conciencia. Y yo tampoco
tenía conciencia...".
En 1954, Roque se inscribió en la Universidad
Nacional de El Salvador y retomó la carrera de
Derecho. Al mismo tiempo, se integró a una célula
comunista.
Salvador Cayetano Carpio, que se convirtió en
líder de las Fuerzas Populares de Liberación,
escribió: "Roque fue en la Universidad, digamos,
el alma de la lucha combativa de los estudiantes,
pero con un sello especial: era reconocido por la
elaboración de las publicaciones picantes en
contra del régimen. Todo el pueblo esperaba el
periódico llamado 'La Jodarri', del que Roque,
durante varios años fue el director... "La
Jodarria" y el desfile bufo eran, precisamente,
donde se mostraba toda la agudeza poética pero
mordaz de Roque".
'La Jodarria' era el "órgano viril al servicio del
mal humor" de su facultad. Nada era sagrado para
Roque. La columna de noticias breves se titulaba:
"Cosas que caen en los huevos".
Años para protestar La década del 50 parecería ser
un período inusual para el desarrollo de un
marxista: el creciente mercado del café generó una
bonanza económica y cierto nivel de apertura
social que permitió el regreso de muchos
intelectuales exiliados.
Álvaro Menen Desleal, cuya agencia de prensa fue
censurada por el gobierno del coronel José María
Lemus, recordó en una entrevista las
contradicciones del régimen: "En la década de los
cincuenta, en plena persecución anticomunista,
cuando Osorio llenaba las cárceles y se asesinaba
a mucha gente, la explosión cultural era
maravillosa" (Cultura, 1999).
Y en efecto, con el apoyo gubernamental a las
artes se fundaron el Coro Nacional, la Orquesta
Sinfónica y la Dirección Nacional de
Publicaciones.
El triunfo de la revolución cubana produjo un
cambio en esa doble política. El gobierno de Lemus
se tornó intolerante ante la creciente audacia de
los intelectuales. Hechos graves, como capturas,
secuestros y torturas, así como la censura de
algunos medios de prensa provocaron repudio, y
dieron inicio a una nueva crisis política.
El 14 de diciembre de 1959, un grupo de
estudiantes universitarios saboteó el desfile
militar conmemorativo de la "Revolución de 1948".
Roque, acusado de ser uno de los dirigentes, fue
arrestado el día siguiente.
=======================================
**Roque regresó de Chile en 1953, ya iniciado en
el marxismo, e ingreso a la Universidad Nacional,
desde donde comenzó a hacerse notar como un
crítico mordaz del gobierno en turno.
Fichado Fotografías de Dalton en el archivo de la
Policía Nacional, 1960.
El año crítico Cuando Roque entró a la cárcel,
acusado de causar disturbios públicos, era el más
visible de los jóvenes intelectuales que militaban
en las filas del Partido Comunista.
Casado con Aída Cañas Morales en 1955, a la edad
de 19 años, compartía sus distintas facetas
-estudiante, organizador, poeta y periodista- con
su vida familiar.
La persecución gubernamental de que fue objeto
Roque durante todo el año de 1960 le dio
notoriedad como opositor. Sus líos con el poder
transformaron, eventualmente, a su madre y a su
esposa en pioneras en acciones de denuncia, sobre
todo en el tema de los "desaparecidos".
María García descubrió las condiciones de la
Penitenciaría Central de esta manera: "En medio
del callejón donde estaban los reos pasaban las
aguas sucias de la ciudad, en una canaleta. El
tufo era insoportable. Era una amenaza a la salud
y era indignante". El 8 de enero de 1960, sin
pruebas suficientes para retenerlo, el Juzgado
Quinto de lo Penal liberó a Roque bajo fianza.
Conmovido por los reos que conoció -Francisco
Sorto "perdió la razón a causa de un encierro de
cuatro años en la terrible celda número nueve"-,
inició un esfuerzo con la Asociación de
Estudiantes de Derecho de la Universidad Nacional
para proveer asistencia legal a cientos de reos
sin recursos económicos, muchos de ellos retenidos
durante años sin juicio ni condena.
Enemigo público
En julio de 1960, dos miembros de la Policía
Nacional, el comandante Adán Torres Valencia y
José Urías Orantes, fueron hallados culpables de
varios asesinatos y torturas. Roque participó en
la acusación.
La primera semana de agosto, agentes de la Policía
iniciaron investigaciones en torno a Roque y su
amigo José Napoleón Rodríguez Ruiz, como
sospechosos de haber asesinado a Armando López
Muñoz. La Policía rescindió cuando Álvaro Menen
Desleal acusó al gobierno de Lemus de perseguir a
los empleados de su empresa, Teleperiódico.
Lemus no cedió. Roque se había convertido en un
nuevo tipo de enemigo: un comunicador, alguien que
sabía tomar provecho de los medios de prensa para
incrementar el impacto de sus denuncias. El 25 de
agosto, Roque desapareció, por primera vez, de la
faz de la tierra.
La madre de Roque recorrió la Universidad Nacional
preguntando por su paradero. A pesar de su
ausencia, Roque volvió a ocupar la atención de los
medios. Circularon rumores de que había sufrido el
mismo destino que las víctimas de los policías
Torres Valencia y Urías Orantes: que había sido
torturado y asesinado, y que su cadáver, con las
orejas cercenadas, había sido echado en un
barranco.
Los estudiantes de la Universidad Nacional, con el
apoyo de la madre de Roque, montaron una campaña
para pedir su liberación. La Policía Nacional negó
tenerlo bajo su custodia. La campaña creció.
Finalmente, el lunes 12 de octubre, el director
general de la Policía Nacional, Manuel Alemán
Manzanares, emitió un comunicado de prensa.
Manzanares alegó que Roque había sido capturado en
la finca de Adolfo Espinoza en Rosario de la Paz
el 9 de octubre. Fotografías ilustraban la
evidencia: un fusil calibre 22 y literatura
marxista, incluyendo el libro "Songoro cosongo"
del poeta cubano Nicolás Guillén.
Nuevos cargos se emitieron contra Roque, y fue
llevado de nuevo a la Penitenciaría Central.
Considerado peligroso, fue recluido en la celda
número nueve.
Otra vuelta de tuerca Lemus fue derrocado el 26 de
octubre de 1960. Una multitud se congregó a las
puertas de la Penitenciaría Central para esperar
la liberación de los estudiantes y presos
políticos. Una foto memorable muestra a Roque
sonriendo, aunque débil y demacrado, en el momento
en que es saludado por mucha gente.
El 5 de noviembre, la recién instalada Junta
Cívico Militar entregó a representantes
universitarios las fichas policiales de los
estudiantes perseguidos por Lemus.
Roque regresó a los tribunales salvadoreños, como
ofendido, para acusar a sus captores. En una serie
de editoriales denunció las condiciones
infrahumanas de la Penitenciaría Central, la cual
sería demolida unos meses después.
Roque y Aída capturados.
El 25 de enero de 1961, desde el cuartel San
Carlos, un grupo de militares impulsó un golpe de
estado contra la Junta, en parte, por la presencia
en ella de "simpatizantes de Fidel Castro". Casi
de inmediato, enfrentaron protestas a lo largo del
país. En la avenida España, la Guardia Nacional y
la Policía reprimieron con violencia una
manifestación civil, dejando un saldo de varios
muertos y heridos. Roque fue capturado una vez
más, y exiliado a México.
Dos años después, Roque dedicaría su primer libro
escrito en el exilio, "El turno del ofendido", al
director de la Policía Nacional, el general
Manzanares. Las mentiras que tuvo que inventar
para justificar su condena, explicaría Roque, lo
convencieron de que aún estaba muy lejos de ser
"un verdadero revolucionario". Y por ello, a
partir de entonces, juró que él mismo se
encargaría de "proveer de materiales en mi contra
al juez".
¡Irreverentes!
En enero de 1959, las fuerzas guerrilleras
dirigidas por Fidel Castro entraron triunfantes a
La Habana (Cuba). Roque Dalton tenía entonces 23
años y trabajaba como redactor y periodista para
el más exuberante de los nuevos intelectuales
salvadoreños: Álvaro Menén Desleal, un maestro de
la provocación.
En agosto de ese año, ambos viajaron a Chile para
cubrir la conferencia de cancilleres de la
Organización de Estados Americanos. "En ese
cónclave", recordaría Roque seis años después, los
delegados cubanos "conmovieron intensamente las
masas populares chilenas". Por su parte, los dos
taimados salvadoreños no pudieron resistir el
impulso protocolario que los rodeaba.
Álvaro se había posesionado de un "anillo
cardenalicio" y envió a su asistente al más
exclusivo burdel de Santiago para anunciar su
llegada. Roque preparó a las prostitutas más
bellas de Chile para "recibir al emisario oficial
del Papa en una visita secreta". Cuando Álvaro
entró al burdel, las mujeres lo esperaban,
emocionadas. Organizadas por Roque, una por una se
arrodilló para besar el anillo de Su Excelencia,
el cardenal, que las honraba con su presencia.
Roque y Aída capturados.
El 25 de enero de 1961, desde el cuartel San
Carlos, un grupo de militares impulsó un golpe de
estado contra la Junta, en parte, por la presencia
en ella de "simpatizantes de Fidel Castro". Casi
de inmediato, enfrentaron protestas a lo largo del
país. En la avenida España, la Guardia Nacional y
la Policía reprimieron con violencia una
manifestación civil, dejando un saldo de varios
muertos y heridos. Roque fue capturado una vez
más, y exiliado a México.
Dos años después, Roque dedicaría su primer libro
escrito en el exilio, "El turno del ofendido", al
director de la Policía Nacional, el general
Manzanares. Las mentiras que tuvo que inventar
para justificar su condena, explicaría Roque, lo
convencieron de que aún estaba muy lejos de ser
"un verdadero revolucionario". Y por ello, a
partir de entonces, juró que él mismo se
encargaría de "proveer de materiales en mi contra
al juez".
¡Irreverentes!
En enero de 1959, las fuerzas guerrilleras
dirigidas por Fidel Castro entraron triunfantes a
La Habana (Cuba). Roque Dalton tenía entonces 23
años y trabajaba como redactor y periodista para
el más exuberante de los nuevos intelectuales
salvadoreños: Álvaro Menén Desleal, un maestro de
la provocación.
En agosto de ese año, ambos viajaron a Chile para
cubrir la conferencia de cancilleres de la
Organización de Estados Americanos. "En ese
cónclave", recordaría Roque seis años después, los
delegados cubanos "conmovieron intensamente las
masas populares chilenas". Por su parte, los dos
taimados salvadoreños no pudieron resistir el
impulso protocolario que los rodeaba.
Álvaro se había posesionado de un "anillo
cardenalicio" y envió a su asistente al más
exclusivo burdel de Santiago para anunciar su
llegada. Roque preparó a las prostitutas más
bellas de Chile para "recibir al emisario oficial
del Papa en una visita secreta". Cuando Álvaro
entró al burdel, las mujeres lo esperaban,
emocionadas. Organizadas por Roque, una por una se
arrodilló para besar el anillo de Su Excelencia,
el cardenal, que las honraba con su presencia.
Declaraciones
"La declaración de ofendido" y el manuscrito de
"El turno del ofendido" de Dalton, éste último
iniciado durante su estancia en la penitenciaría
central.
=================
EL MATRIMONIO DALTON EN MÉXICO. Aída Cañas Morales
y Roque Dalton en Xochimilco, México.
La corta Primavera en Praga
Todos los libros que Roque Dalton finalizó durante
el curso de su vida contienen un gesto de
superstición que es también una clave de su
carácter: todos tienen un espacio para recordar o
citar a su padre, Winnall Dalton.
El 24 de marzo de 1962, cuando se encontraba en
Cuba, Roque recibió un cable con la noticia de la
muerte de su padre. María García exploró la
posibilidad legal de la herencia y le pidió a su
hijo que regresara a El Salvador "para que al
estar presente veas las cosas como están y ver si
se puede lograr algo".
Roque rechazó la oferta. Aunque estaba conmovido
por la muerte de su padre y separado de sus
propios hijos, decidió permanecer en Cuba, que en
ese entonces era un importante centro cultural
para los intelectuales de izquierda. El "hijo
pródigo", como Roque se llamaba a sí mismo, ya no
tenía la oportunidad de regresar al camino elegido
por su padre.
Un encuentro furtivo Durante su año de estadía en
México, donde estudió cursos de antropología,
Roque visitó Cuba por primera vez para el segundo
aniversario de la revolución. En 1962, regresó
para trabajar como escritor profesional,
integrándose al equipo de Radio Habana Cuba.
También fue periodista de la prensa diaria y
redactor de monografías históricas sobre El
Salvador y México. A finales de 1963, regresó a El
Salvador clandestinamente.
Sus hijos, entre los cuatro y los siete años,
apenas lo conocían. La Policía sabía que Roque se
encontraba en el país y lo consideraba un
"peligroso prófugo comunista". De ese período, el
cineasta Jorge Dalton recuerda un solo encuentro,
a los cuatro años, con su padre. La Policía tenía
bajo vigilancia la tienda La Royal, la casa de
María García, así que esta arregló un "conecte en
la esquina del cine Fausto, en el barrio de San
Miguelito".
"Nos desviamos y fui a su encuentro", recordó
Jorge en un artículo de 1999. "Tenía un bigote más
grande de lo normal, vestía de blanco. Parece que
tenía toda la intención de llevarme a pasear y, al
nomás dar los primeros pasos, un carro patrulla
venía a toda velocidad por la avenida España. Mi
padre tapó su rostro con mi cuerpo y sin pensarlo
mucho compró unos boletos para el cine. Estaban
exhibiendo 'Una dura noche' de Los Beatles; era la
primera vez que veía cine. Sin duda fue un lindo
encuentro con el cine, Los Beatles y mi padre."
Roque vivió varios meses bajo la más estricta
clandestinidad. El "conecte" con su madre, que lo
apoyaba con dinero, ocurría a través del Casino
Salvadoreño. Las pequeñas notas anónimas que María
le enviaba a su hijo aún se conservan, como esta:
"Envíote 300 Cambia casa No me escribas más quen
mano al casino Ten paciencia Espera Escasísimos
fondos".
La suerte loca En 1964, durante la primera semana
de septiembre, Roque fue capturado una vez más, y
fue recluido en el penal de Cojutepeque. Su
estadía dio a lugar a los "Poemas de la última
cárcel", conmovedores por su premonición de
muerte. Uno de los guardias, "el 357", le había
revelado que su caso era "muy delicado... hay
posibilidades serias de que lo maten".
Aída Cañas estaba en casa de su madre con sus tres
hijos -quienes rezaban, arrodillados- cuando su
esposo apareció, sucio, barbudo, con el rostro
lleno de rasguños, el día de Cristo Rey, el
domingo 25 de octubre de 1964
Roque se había fugado. La historia de su captura y
su escape la contó en la revista "Casa de las
Américas" y en otras publicaciones y entrevistas,
y se convirtió en el capítulo final de su novela
"Pobrecito poeta que era yo". El temor a la
muerte, infundido por "el 357", lo llevó a
intentar un escape. Con un trozo de madera,
primero, y finalmente con una cuchara, horadó una
de las paredes de bahareque de la celda en que
estaba recluido. De acuerdo con María García, su
hijo no llegó muy lejos: se topó con "la pared de
cemento de la casa contigua".
En su poema "Los hongos", Roque confiesa, con
vergüenza, de que a pesar de ser ateo se arrodilló
y pidió un milagro. Ese día, tuvo "la suerte loca"
de que un terremoto derrumbara la pared que él
había horadado previamente. Por muy inverosímil
que parezca la historia, LA PRENSA GRÁFICA reporta
que a partir del 14 de septiembre se inició una
ola de temblores, que culminó con una serie de
fuertes sismos en la zona paracentral del país
entre el lunes 21 y el viernes 25 de septiembre de
1964.
El testimonio de Roque incluía otra revelación: un
agente norteamericano lo interrogó. En una
entrevista con Radio Habana Cuba en 1966, Roque
afirma que durante su captura fue llevado la casa
particular del coronel Mario Guerrero para recibir
"mejores condiciones, según ellos decían, de poder
conversar con los americanos, porque en mi caso
hubieran llegado precisamente los americanos a
hablar conmigo y a mostrar su cara".
La intención de Roque al contar su experiencia era
denunciar la presencia de los Estados Unidos en
asuntos de inteligencia nacional. Esa declaración
sería utilizada con fines muy distintos en mayo de
1975, cuando una organización guerrillera, el
Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), la citó
para acusar a Roque de ser "agente de la CIA".
Dos años después, en un documento generalmente
conocido como el "Balance histórico de 1977", el
ERP admitiría que "el cargo de agente de la CIA
apareció como el final de una maniobra y no como
un hecho real" durante la pugna interna que
dividió esa organización.
El jurado delibera Antes de marcharse, Roque vivió
un par de meses más en la clandestinidad, durante
los cuales realizó un proyecto insólito, dadas sus
circunstancias: una antología de poesía. Él mismo
mecanografió el original y se lo entregó a Ítalo
López Vallecillos, en enero de 1965, con una carta
dirigida a la Comisión de Publicaciones de la
Universidad Nacional.
La carta revela su actitud de desafío contra la
persecución y la censura institucional que lo
mantenía invisible como poeta. La obra de Roque
era virtualmente desconocida en El Salvador. "En
la prensa nacional -escribió-, en las editoriales
oficiales o privadas, se ha mantenido un
inviolable boicot contra mi obra, en un nivel que
no por honroso no ha dejado de ser dañino y
limitativo."
Aunque ya había publicado un par de plaquetes,
"Poemas", editado por la Universidad Nacional en
1967, fue el primer libro de Roque publicado en El
Salvador. Fue un triunfo de conciencia para su
autor y para Ítalo, que a partir de ese momento se
convertiría en el enlace editorial de Roque en la
región.
En 1966, Roque se estableció con su familia en
Praga. Allí trabajó en el consejo de redacción de
Revista Internacional, recogió el testimonio de
una leyenda del comunismo salvadoreño -Miguel
Mármol- y escribió su libro de poesía más famoso,
"Taberna y otros lugares", que obtuvo el premio
Casa de las Américas 1969. Este es uno de los
períodos mejor documentados de la carrera
literaria de Roque. Pero fue también, para sus
hijos, Juan José y Jorge, el primer período largo
de unidad familiar.
En una ocasión, los niños se encontraban jugando
en el sótano del edificio donde vivían. Hurgando
en los rincones hallaron una máscara antigás nazi,
con su esvástica, su águila y una inscripción en
alemán. Jugaron con la máscara, que se convirtió
en uno de los más preciados objetos que poseían.
Algunos años después, Roque la regaló.
M "Juzgamos a mi papá", recordó Juan José,
divertido, en una entrevista reciente. "Lo pusimos
a un extremo de la mesa y lo juzgamos por la
locura de regalar la máscara antigás nazi. Es una
de las imágenes que Arqueles Morales, el
guatemalteco, dice nunca haber olvidado de
nosotros: de cómo teníamos a nuestro papá,
abochornado, sometido al juicio de sus hijos."
Juego peligroso En el marxismo, Roque creía haber
encontrado una verdad absoluta. Nadie tenía el
nervio para cuestionar sus convicciones. Nadie,
excepto el poeta Armando López Muñoz, quien no se
cansaba de decir que Roque moriría "por comunista
o por tonto".
Roque lo conocía desde su niñez, pues vivían en el
mismo barrio. Cuando Armando regresó de estudiar
en México, le consiguió un trabajo en
Teleperiódico, donde trabajaba con Álvaro Menén
Desleal. También trató de reclutarlo en el Partido
Comunista.
"Hablarme de compromiso", escribió Armando en su
diario. "A mí. A quien de su libertad hizo este
caos de peticiones de auxilio o de emboscadas...
Pero qué se ha creído este imbécil."
Armando confesó que estaba escribiendo Juego
Peligroso, un libro que ridiculizaría el mundo de
los poetas salvadoreños. Roque sería uno de los
ejes de su sátira.
"En una pelea de bar", recordaría Álvaro en agosto
de 1999, "Roque le secuestró el manuscrito del
diario, del que yo guardo algunos fragmentos y
donde, efectivamente, aparecía muy fielmente
retratado como un comunista ingenuo".
Una semana después de ese incidente, Armando
aparecería muerto, apuñalado en un oscuro
incidente de taberna. Olvidado por la historia
literaria, su obra sobrevive, secretamente, en el
corazón de la única novela de Roque: "Pobrecito
poeta que era yo". Armando es Mario, el personaje
cuyo camino a la autodestrucción es reflejado en
las páginas de un diario.
Muchos de los pasajes originales de Armando son
ahora atribuidos a Roque, aunque este haya
confesado la fuente original del diario. En julio
de 1965 le escribió a Eraclio Zepeda que Armando
le había dejado "una especie de diario que yo he
reconstruido y ampliado, pero parece que no le
intereso mayormente, pues se me niega y se me
escapa de las manos".
En 1966, se estableció con su familia en Praga,
donde recogió el testimonio de Miguel Mármol, un
legendario comunista, y escribió su libro más
famoso, "Taberna y otros lugares".
En 1964, el nuevo partido militar en el poder, el
PCN, permitió que Roque abandonara el país con la
condición de que se marchara para siempre, junto
con su esposa e hijos.
En 1963, regresó al país de forma clandestina. La
Policía lo consideraba un "peligroso prófugo
comunista".
El derecho a la verdad La versión más aceptada por
la familia sobre la suerte de Roque vino de una
fuente inesperada: Joaquín Villalobos. Al
contrario de Sancho, que no fue un testigo de los
hechos aducidos, Villalobos no adjudica
responsabilidad única por la desaparición forzada
de Dalton a Alejandro Rivas Mira.
"Fue una decisión de la dirección de esa época de
1975", le afirmó a Juan José y enumeró los
siguientes nombres: Alejandro Rivas Mira, Joaquín
Villalobos, Vladimir Rogel, Jorge Meléndez, Arturo
Sandoval y Mario Vigil. En un momento, Villalobos
incluyó el nombre de Ana Sonia Medina, para un
total de siete, pero después la eliminó de la
lista.
Las entrevistas en las que está la información
fueron grabadas y sus transcripciones contienen
notas y correcciones de puño y letra de
Villalobos, quien, desde entonces, ha negado sus
propias declaraciones y su involucramiento en el
hecho.
Si hubo una ejecución, Villalobos estuvo presente.
Cuando Juan José le preguntó cuál fue la actitud
de Dalton "durante la ejecución", Villalobos
respondió sin vacilar: "La actitud de Dalton
durante la ejecución fue de oponerse a ella en
sentido de señalar que no, que eso iba a ser un
gravísimo error, que era una injusticia."
Si Dalton fue ejecutado el 10 de mayo de 1975,
entonces es muy posible que sus últimas palabras,
como Villalobos lo indica, hayan sido: "Esto es
una injusticia".
En 1999, gracias a las gestiones del Museo de la
Palabra y de amigos de la familia Dalton, como
Eraclio Zepeda, Janery y Pedro Pierre del Paso,
los archivos y "tesoros" de Roque Dalton fueron
repatriados a El Salvador. Todos los documentos
originales de Dalton, incluyendo sus cartas y
escritos políticos, así como los documentos de las
organizaciones guerrilleras citados en esta
investigación de Enfoques pueden ser consultados
en los archivos del Museo de la Palabra y la
Imagen de El Salvador, tel. 275-4870.
============================== Los últimos días
==============================
La ejecución de Roque Dalton no es un hecho
incontrovertible. Si lo fuera, los culpables de
esa supuesta ejecución estarían ahora fuera del
alcance de la ley, pues habrían cometido un crimen
que, bajo los designios de la ley penal
salvadoreña, ya prescribió. Pero no hay un cuerpo,
no hay evidencias, no hay rastro alguno de un
asesinato, ninguna certeza judicial que pruebe, de
manera concluyente, que Dalton esté muerto.
Los esfuerzos de la familia por recuperar el
cuerpo de un hombre -hijo, esposo y padre- han
sido persistentes, pero improductivos. A fin de
cuentas, solo confirman una verdad: Roque Dalton
desapareció de la faz de la tierra. Y eso
significa que podríamos estar ante un hecho
histórico de gran importancia: el primer caso, en
El Salvador, de una desaparición forzada ocurrida
dentro de las filas de una organización
guerrillera.
Durante muchos años, Eduardo Sancho le aseguró a
Juan José Dalton, personalmente, que el cuerpo de
su padre estaba resguardado. Sobre la base de
declaraciones como esa, la familia esperó hasta el
final de la guerra para iniciar una investigación.
Juan José esperó y actuó, guiado por la creencia
de que su padre había sido ejecutado y luego
enterrado en un lugar específico e identificable.
Aunque el caso de la desaparición de Roque Dalton,
por la fecha en que ocurrió, no estaba contemplado
dentro del marco de la Comisión de la Verdad, la
familia hizo una petición formal al director de
ONUSAL, Diego García Sayán, ex canciller de Perú,
quien aceptó indagar sobre el paradero del cuerpo
de Dalton. Él trabajó con fuentes anónimas y
supuestamente veraces, provenientes del ERP y la
RN.
El objetivo de la investigación de ONUSAL no fue
esclarecer el caso, sino localizar el cuerpo de un
hombre desaparecido. Ese cuerpo nunca fue
encontrado. Y las versiones que los investigadores
recogieron no fueron nunca concluyentes.
Falsas declaraciones Juan José ha señalado las
inconsistencias incluidas en los testimonios que
recogió el reporte de ONUSAL. Por ejemplo: la muy
remota posibilidad de que el juez de Paz de
Quezaltepeque haya encontrado el cuerpo de Roque y
que después lo haya echado a un barranco, sin
proceder con una investigación.
"Descubrimos", comentó Juan José, "por un lado,
que era una mentira que había un cadáver
resguardado. Por otro lado, descubrimos otra
crueldad más que se cometió contra mi padre: lo
hicieron desaparecer para tratar de borrar su
persona".
Las más recientes declaraciones de Sancho revelan
que él nunca estuvo en la posición de confirmar
detalles respecto al asesinato ni al entierro de
Roque Dalton. La escisión del núcleo político del
estado mayor del ERP ocurrió al menos 10 días
antes del desaparecimiento de Dalton. El atentado
contra la vida de Sancho el 8 de mayo de ese año y
las subsiguientes persecuciones por parte del ERP
lo mantuvieron lejos de los acontecimientos que
llevaron al crimen.
Las acciones en contra de Dalton, a la luz de esta
información, estuvieron relacionadas de alguna
manera al surgimiento de la Resistencia Nacional (RN)
el 1º de mayo del 1975, y no como se ha dicho
hasta ahora, que la RN, surgió como reacción a la
muerte del poeta.
Todo lo que pasó en esos aciagos días es todavía
una incógnita. "Lo único que sabemos con certeza",
manifestó Juan José, "es que, desde mayo de 1975,
mi papá no está con nosotros" .
ABRIL DE 1975 DOMINGO 13. Dos miembros del ERP,
Roque Dalton y Armando "Pancho" Arteaga, proveen
entrenamiento guerrillero a un núcleo obrero en
una ladera ubicada entre San Martín e Ilopango. El
ejercicio termina tarde. Cuando Vladimir Rogel,
jefe de seguridad, interroga a Arteaga por las
armas utilizadas en el entrenamiento, dos hombres
le apuntan y él responde: "No voy a discutir con
los que me están apuntando. A mí me han enseñado
que se le apunta sólo a los enemigos". Arteaga es
arrestado por faltas a la disciplina. Dos horas
más tarde, Dalton es arrestado por incitar la
actitud rebelde de Arteaga.
LUNES 14. Se anuncia, a las 24 horas del arresto
de Dalton y Arteaga, un "consejo de guerra"
integrado por Alejandro Rivas Mira, Joaquín
Villalobos y Rogel. Miembros de la dirección
nacional, Ernesto Jovel, Eduardo Sancho y Lil
Milagro Ramírez entre ellos, exigen una reunión de
emergencia. El consejo de guerra se lleva a cabo,
esta vez bajo el cargo más serio de
insubordinación. A los acusados no se les permite
hablar, Sancho actúa como defensor. Se resuelven
penas de arresto para Arteaga y Dalton.
MIÉRCOLES 16. El estado mayor emite un boletín
informando sobre las capturas. Rivas Mira se erige
como "jefe político de la organización" y rechaza
la autoridad de la dirección nacional; asigna
poder de emergencia sólo al Estado Mayor del ERP.
La dirección nacional pide la destitución de Rivas
Mira.
JUEVES 17. Última reunión de la dirección
nacional. El estado mayor toma la reunión por
asalto y disuelve el organismo de dirección
política; dicen haber detectado una "fracción
oportunista de derecha", con Dalton como "jefe".
El estado mayor declara representar la "mayoría
política".
DOMINGO 20. Los sectores que después conformaron
la Resistencia Nacional hacen un llamado a las
bases para celebrar un congreso que redefina "en
forma total la línea y la concepción estratégica"
del ERP. El estado mayor revela la identidad de
Dalton y lo acusa de "revisionista de derecha y
agente pro-cubano infiltrado en el ERP".
MARTES 22. De acuerdo a Villalobos, Felipe Peña (FPL)
critica la acusación de que Dalton es "agente pro
cubano". Les dice: "Están cometiendo un gravísimo
error. Esto que están haciendo ustedes aquí está
totalmente amañado". El estado mayor del ERP se
retracta del segundo cargo contra Dalton.
MAYO DE 1975 JUEVES 1º. Jovel, Sancho y Ramírez
realizan una reunión de emergencia y acuerdan la
separación orgánica de la "camarilla militarista"
del ERP.
JUEVES 8. El ERP realiza, sin éxito, tres
atentados contra la vida de Jovel, Sancho y
Ramírez.
VIERNES 9. El estado mayor del ERP elabora y
distribuye un comunicado en el que se condena a
muerte o al exilio a todos los que consideran
responsables políticos de la Resistencia Nacional.
SÁBADO 10. Un comunicado distribuido el 27 de mayo
anuncia que ERP ha "fusilado" a Dalton este día.
Otros documentos revelan la ejecución de Arteaga.
En "Crónica de los espejos", Sancho atribuye el
crimen a una justificación para "desplazar a Lil
[Ramírez] y a Fer [Sancho] de la jugada del
congreso, y arremeter por escarnio con la
ejecución de Roque".
ANTES DEL FINAL DE MAYO. El estado mayor lleva a
cabo una "reunión de la mayoría". Villalobos asume
control político junto a Rivas Mira cuando "las
tendencias [militaristas] encabezadas por Vladimir
Rogel" son "derrotadas". La Dirección Nacional es
disuelta. El Estado Mayor es ratificado como
"máxima autoridad militar del ERP" y se hace
responsable de la "conducción administrativa de la
organización". Villalobos llena el vacío dejado
por Dalton en la Célula de Vanguardia. Se dedica a
la construcción del "Partido de la Revolución
Salvadoreña".
DICIEMBRE DE 1975 Villalobos asume la dirección
política del ERP. Rogel y Rivas Mira son
suspendidos como dirigentes y militantes del
partido. El destino de ambos es incierto. Rivas
Mira escapa del país con fondos del partido. En
febrero de 1976, Rogel es ejecutado.
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