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Gabriela Mistral
en la Revolución educativa mexicana
*Reinaldo Villegas Astudillo
Preliminares
Gabriela Mistral ofrece una faceta desconocida
para el lector de América latina, por cuanto el
genio poético que la consagró como una gran
escritora, a partir de 1945, al obtener por
primera vez para esta América nuestra, el Premio
Nóbel de Literatura, opacó el quehacer educativo
que realizara en Chile; primero, como maestra
rural en el Valle del Elqui, el lar nativo y
posteriormente en condición de docente y directora
de varios centros de enseñanza media en distintos
puntos geográficos del país natal, hasta arribar
al año 1922, cuando recibe la invitación personal
del ministro de educación de México, José
Vasconcelos para ir a integrarse con otras
personalidades del continente en el proceso
revolucionario educativo, iniciado por la nación
del norte.
En México
Al arribar al país azteca, Gabriela se encuentra
con un pueblo y el gobierno del presidente Alvaro
Obregón, alborozados, por cuanto se hayan lanzados
en una tarea revolucionaria, centrada
especialmente en el sector agrario en esa época
cuando América, al sur del Río Grande está todavía
sumida en una larga siesta semicolonial, con un
elevadísimo porcentaje de analfabetismo y la
presencia de una oligarquía, que en la práctica
sucedió omnímodamente a los colonizadores
españoles, súbditos de un imperio real. Es por
ejemplo, el caso de Venezuela, que duerme bajo la
férula de un dictador semianalfabeto, más
preocupado de sus vacas y pertenencias agrícolas
que mantiene en sus extensas haciendas que de las
cuestiones de gobierno, encaminadas a la
preservación de sus connacionales, como lo fue
Juan Vicente Gómez; o el enseñoramiento de una
oligarquía en Chile, que mantiene excluidos de la
educación a incipientes sectores de trabajadores,
que han logrado desprenderse de latifundios para
incursionar mayoritariamente, a una edad temprana,
en los centros mineros salitreros o carboníferos
del país austral. Qué decir de Ecuador, Perú y
Bolivia con una gran masa indígena proscrita a los
contrafuertes cordilleranos, subsistiendo en
condiciones misérrimas de esclavitud, mientras una
minoría que no traspasa el 25 por ciento de la
población, residen en la capital, en el litoral o
en Europa disfrutan de los bienes que les
proporcionan sus extensas tierras, a cargo de
caporales o mestizos arribistas, cancerberos de
sus propios hermanos de raza, junto a las venales
autoridades gubernamentales, al servicio de los
latifundistas que aherrojan al ser indígena.
Revolución educativa mexicana
Será en México, donde Gabriela desarrolle en
plenitud un pensamiento y quehacer educativos, que
impulsó solitariamente, como una figura
quijotesca, en las escuelas rurales donde se
inició como maestra en Chile, y careció siempre
del apoyo necesario para llevar a cabo proyectos,
que iban mucho más allá de modalidades pedagógicas
asfixiantes, imperantes en aquella época.. La
realidad que le ofrece México es extraordinaria
sobre todo con, un jefe de estado, a quien la
escritora lo califica como un "mestizo ilustrado",
nacido en Oaxaca, la misma tierra originaria de
Benito Juárez. A esto se agrega, el contar con un
ministro-filósofo, José Vasconcelos, quien se
convertirá
en un eminente pensador latinoamericano, portador
de ideas muy opuestas al positivismo, esa
tendencia filosófica que surgió en el siglo XIX en
Europa y que hicieran suya los gobernantes de los
diversos países latinoamericanos también
"ilustrados", durante más de una centuria.
Pensamiento éste, que abogaba por un desarrollo
eficiente, y aséptico, donde predominará el orden,
la disciplina, producto de tesis europeas, no
importando tanto el hombre originario de estas
latitudes, por considerarlo proveniente de una
raza inferior, sin una mayor evolución
intelectual. Contradiciendo a un educador,
precursor en el continente de esta línea vinculada
con un profundo latinoamericanismo, surgido en las
últimas décadas del siglo XVIII, compartida por
Gabriela Mistral, una centuria después. Nos
referimos al venezolano Simón Rodríguez.
Lamentablemente, como siempre, como antes y como
en el presente se cayó en una servil imitación, lo
cual significó dejar de lado al indígena y a los
descendientes de esclavos provenientes de Africa
por considerarlos igualmente de una etnia
decadente, carentes de la inteligencia que podían
poseer un alemán o italiano, tal cual ocurrió por
ejemplo en Argentina y Chile, donde en el devenir
del siglo XIX se procedió al arrinconamiento y al
exterminio de las etnias aborígenes para dejarles
el campo libre a los foráneos procedentes de
Europa, a través de la"Guerra del Desierto" y la
mal llamada "Pacificación de la Araucanía".
México es la única nación del continente que le
ofrece a la educadora chilena la posibilidad de
plasmar ideas y proyectos, que mínimamente realizó
en Chile en una época de ausencias y abandonos,
especialmente en el valle nativo, instalado en el
denominado Norte Chico, donde comenzara en calidad
de maestra rural y constatara la presencia: "de
los piececitos de niños campesinos, azulosos de
frío" y en centros de enseñanza media; algunos,
recientemente creados, situados algunos muy
alejados de la ciudad-capital , ya fuera en
Antofagasta Punta Arenas o Temuco. En México,
renace y se integra de lleno a las acciones que se
llevan a cabo para adentrase en las barriadas de
las ciudades o en la sierra mexicana, en las
cuales residen los seres más abandonados , en una
gran proporción indígenas, muy venidos a menos por
mestizos republicanos que expropiaron las tierras
que les pertenecieron por años de años. Ella misma
lo señala: "Se empapa de las personas, de la
Naturaleza vegetal. La transita en trenes de
locomotora a vapor, entre revolucionarios, en
carreta tirada por caballos o bueyes. Peregrina en
las comunidades altas de Oaxaca. No le tenía miedo
al vértigo y cruza el país en los primeros
aeroplanos".
Las estrategias utilizadas para abordar el
subdesarrollo secular de México, el cual se repite
en todo el continente en las primeras décadas del
siglo XX. se plantean, así: Se pretende primero
formar un educador creativo, identificado con las
necesidades de su pueblo y carente de esa vanidad
que embarga a los graduados, que cuando ostentan
un título, aspiran a trabajar dentro de un aula de
clases, sentados en un escritorio, desvinculados
de la realidad circundante, situación de la cual
Gabriela señala que: "Los trabajadores no creen ya
en aquella escuela que les enseñó todas las
inutilidades y los lanzó a la vida con las manos
torpes para todos los oficios. Ellos no aman, no
pueden amar al maestro sin sentido de la vida que
les robó la riqueza de la sangre en un aula de
clase oscura y que les mató la alegría de vivir al
no ponerlos en contacto con la tierra-madre de la
cual emanaron el vigor y todas las excelencias más
que de sus lecciones sin entusiasmo".
Considera la Mistral, que los futuros educadores
no deben abotagarse con tantas teorías elaboradas
para educandos de otras realidades, como ocurre
hasta los tiempos nuestros - agregamos nosotros-.
De esa época cita a las figuras europeas de
Froebel y Pestalozzi, que orientan los procesos
educativos en tierras de ultramar. Estima que lo
más importante de los planteamientos de estos
docentes es recoger sus testimonios de vida, el
apostolado que ejercieron, modelo por seguir en
una realidad otra, donde tantos seres necesitan un
apoyo concreto y vertiginoso para salir de esa
etapa de postración endémica.
Creemos que la labor realizada en la Escuela
Francisco I Madero, cuando concurre Gabriela como
invitada para observar el proceso educativo y ella
decide quedarse, impresionada por la acción que se
lleva a cabo, ilustra la esencia de esta reforma
educativa que tan hondo cala en el pueblo
mexicano, y luego, en diversos puntos de la
geografía caribe-latinoamericana. Es el modelo de
la Escuela-Granja, que surge en los arrabales de
la gran ciudad, en espacios ociosos y abandonados,
donde por la iniciativa de un normalista se logra
la cesión de una par de hectáreas de terreno para
iniciar un nuevo modelo educativo en aquella
época, destinada a una sociedad agraria. Se reúne
a los infantes del sector y se empieza con
actividades vivenciales, antes de ingresar al
aula. Junto a los maestros se limpia el terreno,
se prepara la tierra para la siembra, el cultivo y
otras actividades similares que se adquieren en
ese laboratorio natural. Con el estímulo de
Gabriela, obtienen del ministro Vasconcelos el
apoyo en elementos técnicos y pedagógicos para
crear una verdadera comunidad educativa, integrada
por padres, representantes y vecinos del sector. A
la primera cosecha de remolachas, concurre el
Ministro, los alienta y los estimula sobre todo
cuando le informan que estos productos se
mercadean y que con los ingresos proyectan crear
una cooperativa para la adquisición de la semilla
y encargada de la venta. Posteriormente, vendrá la
creación de un pequeño Banco y de una Caja de
Ahorros.
De la práctica pasan a la teoría, con la donación
de libros para la creación de una biblioteca,
conformada por títulos de las principales obras de
la creación universal. Se crea asimismo un
vehículo de comunicación con la comunidad, como lo
es el periódico "El Agricultor". Por otro lado,
los estudiantes participan en trabajos
comunitarios al servicio del villorio en labores
de aseo y de limpieza .Tal modelo que se
multiplicó en distintos lugares de México, contó
siempre con la colaboración activa y permanente de
los ministerios de Educación, Agricultura y del
Trabajo en textos, programas, maquinarias,
semillas, animales, etc. Después, de tal resonante
éxito Gabriela Mistral se pregunta: ¿Qué serán
estos niños en diez años más? ¿Qué los
diferenciará de los otros formados en escuelas
primarias? La respuesta se la da ella misma: "No
serán por cierto aspirantes a bachilleres,
postulantes eternos a empleos, que llenan pasillos
de ministerios, pidiendo con un montón de
recomendaciones el puestecito fiscal más
mezquinamente remunerado, con tal de ser miseria
dorada, pobreza decente. Ni serán hombres
unilaterales, sin la visión de unidad de la vida
que caracteriza a los intelectuales, ni pesimistas
que se han hinchado de odio y desaliento por un
pequeño fracaso, del cual no tienen la culpa sino
sus manos torpes y su mente amodorrada…Serán
hombres de la tierra, sensatos, sobrios y serenos
por el contacto con aquélla que es la perenne
verdad. Harán una democracia menos convulsionada y
menos discurseadora que la que nos ha nacido en
América Latina, porque la pequeña propiedad (que
ellos exigirán y que conseguirán en México) aplaca
rebeldías, da dignidad a la vida humana y hace el
corazón del hombre propicio a las maravillas del
espíritu". Agrega, la
educadora chilena participante en la Reforma
Educativa de México:"La pequeña república agraria
que estos niños han creado les irá revelando el
régimen económico y los caminos por donde se busca
prosperidad de un país: No tendrán el odio de la
riqueza, que sólo cuaja cuando el hombre no tiene
nada que defender ni amar bajo el sol porque sea
suyo".
En México, Gabriela Mistral se dedicó plenamente
al trabajo educacional. A ella, se debe el sistema
básico de enseñanza de las primeras letras en
comunidades de campo y marginales, hoy extendido a
toda América, así como la creación de la Escuela
Nocturna para los trabajadores, que había
experimentado en la austral ciudad chilena de
Punta Arenas, entre los años 1918 y 1920, cuando
ejercía el cargo de Directora del Liceo de Niñas y
en las noches "parteaba" el conocimiento con
innumerables trabajadores que acudían a su escuela
en busca de las luces. A esto, se añaden las
escuelas ambulatorias que ideara el propio José
Vasconcelos con tan exitosos resultados.
Gabriela Mistral integrada a las Misiones
Gabriela Mistral, igualmente, se integra a las
misiones rurales, implementadas por el gobierno
mexicano para adentrarse en los sectores más
abandonadas de la república. Las integran, por
equipo: Un director, una enfermera, tres maestros
primarios, cuatro carpinteros, algunos albañiles,
un agrónomo, una modista, una profesora de
economía doméstica y el especialista de una
pequeña industria. El objetivo es el indígena, el
ser más abandonado a su suerte. La labor se
extiende por dos meses. Primero, enseñan a los
indios a construir sus casas con procedimientos
modernos y en seguida el cultivo de los suelos.
Conviven durante ese periodo con las familias
indígenas, a quienes instruyen sobre comidas
españolas, medicinas casera y les enseñan a leer
en breve plazo. Cuando se internan en la sierra,
los acompañan ingenieros para delinear vías y
dirigentes agrarios, quienes explican la política
educacional y agrícola del ente gubernamental.
Todo se configura en la participación comunitaria:
vialidad, escuelas, huertos, talleres artesanales.
Instalación de bibliotecas y talleres de lectura
comentada, en los cuales participa activamente la
Mistral. Todo este quehacer magnífico hace
exclamar a la educadora y creadora poética
continental: "Mi México. El único que está en mi
corazón".
Consideraciones finales
A modo de conclusión, diremos que tardíamente
hemos ido descubriendo las genialidades de
Gabriela Mistral tanto en la creación poética como
en el campo educativo, quehaceres que se insertan
dentro de la tendencia histórica en que siempre se
situó, y que como ya lo hemos manifestado, se
inscribe en esa visión de nuestra realidad
latinoamericana, eminentemente mirando hacia
nuestras propias entrañas y raíces, no dejándose
embeber por las luces de los imperios de uno y
otro siglo, que siempre han pretendido imponer un
modelo cultural, científico y tecnológico que
corresponde a otras realidades, a otros seres
diametralmente opuestos a nosotros. Gabriela es
continuadora de un pensamiento forjado por
pensadores como: Simón Rodríguez, Francisco de
Miranda, Simón Bolívar, Andrés Bello, Francisco
Bilbao, José Martí, Eugenio María de Hostos, José
Enrique Rodó, José Vasconcelos, José Carlos
Mariátegui y tantos otros más que siempre
extendieron sus miradas hacia nuestras tierras en
búsqueda de nuestras propias creatividades.
Muchos de aquellos que tildaron a Gabriela de
"señorona" "profesorcilla rural" y sustentadora de
posiciones conservadoras han tenido que variar
drásticamente la apreciación de la Mistral, cuando
en estas últimas décadas empezamos a conocer sus
trabajos difundidos, sin "apellidismos", quien sin
temores de ninguna especie se proyectó con
valentía por ejemplo, denunciando el asedio que el
imperio le hizo a Sandino hasta provocar su
muerte, o escribiendo "La Palabra Maldita",
refiriéndose a la Paz, en épocas de distorsiones,
asedios, amenazas y alineamientos ideológicos. En
el plano educativo, conocemos, ahora, en el resto
de América la gran labor educativa desarrollada en
México y en el plano poético, la aparición de su
obra Tala, en 1938 y que fue tardíamente conocida
por cierto infortunio en su primera edición, se
nos aparece como un elemento más de esta grandiosa
naturaleza americana, con sus seres aborígenes y
los entornos, a quienes tanto amó y continúa
conviviendo con ellos allá, soñando eternamente en
su tumba de Montegrande, al pie de de esos
murallones pétreos de la Cordillera- Madre y donde
ella suele responder a los peregrinos y
admiradores que la visitan con el silbido del
viento cordillerano, así como nos ocurrió a
nosotros, poetas y soñadores del Círculo Literario
Jotabeche de Copiapó, cuando nos fuimos a despedir
de ella, poco antes de transitar por los infiernos
de la dictadura y salir al exilio durante el año
1975.
*Educador y escritor chileno, radicado en
Venezuela, desde enero de 1976, quien próximamente
visitará a México.
1134vill@cantv.net
Gentileza:: Reinaldo Villegas Astudillo [
dicao5@hotmail.com ]
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