|
Las etnias
guaraníes y su ubicación geográfica
Paulina Buscarone
La raza guaraní en la actualidad se divide
principalmente en cuatro etnias, a saber: Mbyá,
Avá, Paí ó Pañ' y Chiripá. Sin embargo, de acuerdo
al material bibliográfico que se consulte y al
periodo de la historia al que esté refiriendo, es
posible encontrar muchos más grupos humanos
guaraníes con otras denominaciones. Es por ello
que definir claramente el espacio geográfico que
ocupaban a la llegada de los españoles se
dificulta bastante, dado que de acuerdo a los
grupos y sub-grupos étnicos a los que se haga
referencia, difiere la magnitud de la superficie
de su hábitat. Por ejemplo, Hélene Clastrés habla
de los tupí-guaraní y los sitúa entre la cuenca
inferior del río Amazonas – Cananea – hasta Río
Grande do Sul de Norte a Sur, y desde el Atlántico
hasta el Río Paraguay de Este a Oeste[1]; el Padre
Franz Müller, misionero que trabajó con los
guaraníes a principios del siglo XX – 1908 – deja
registro de la ubicación de los guaraníes a esa
altura de la historia "A partir de los 27º de
latitud Sud hasta aproximadamente los 25º lat. Sud
hacia el Norte tiene su habitat casi
exclusivamente los Mbyá en la llanura y los
Guayakí en las serranías... Desde allí hacia e
Norte, aún llegando hasta el Salto Guairá y más
allá hasta entrar en Matto Grosso, aparecen, según
nuestros datos, los Mbyá, si bien no como una
colectividad cerrada, sino entre las tribus Pañ' y
Chiripá como un enclave y mezclados con ellos. Los
asentamientos de los Chiripá se encuentran, en su
mayoría, hacia el Sud, los de los Pañ'
generalmente hacia el Norte del río Jejuiguazú"[2];
y un informe publicado en internet habla
específicamente de las etnias Mbyá y Avá Guaraní
ubicadas entre las mesopotamias conformadas por
los ríos Uruguay, Paraná y Paraguay[3].
De tales lecturas se desprende la vasta superficie
habitada naturalmente por esta raza. Dentro de la
cual encontraban todo lo necesario para su
supervivencia y el desarrollo de su cultura.
La sociedad guaraní y su cultura
Para lograr una total comprensión de la cultura
guaraní, es importante considerar a un mismo
tiempo su aspecto social y religioso.
Los guaraníes no conciben su sociedad fuera de los
límites de su religión, a tal punto que es sobre
la base del pensamiento religioso donde se funda
su real sentido de la existencia, del quehacer
cotidiano y del fin último de su permanencia en la
tierra. Es decir, los guaraníes vivieron en la
tierra buscando permanentemente de la Tierra Sin
Mal: espacio geográfico real, ubicado en algún
lugar de este mundo, al cual podrá acceder cuando
haya superado todas las vicisitudes que conlleva
el peregrinaje hasta allí. Esta condición es
necesaria y se considera el único modo de alcanzar
la plenitud espiritual para ser dignos de vivir
como dioses en la tierra.
La Tierra Sin Mal podría plantearse como un
concepto filosófico-
social que en su trasfondo último pone a la
sociedad como agente negativo y perjudicial para
el hombre, dado que lo pervierte, impidiéndole
acceder a la "plenitud", a la condición de
dioses[4].
Hélene Clastrés lo describe en estos términos: La
búsqueda de la Tierra Sin Mal es ... el rechazo
activo de la sociedad ...el rechazo de toda
prohibición... Es decir que el mal - trabajo, ley
– es la sociedad. La ausencia de mal – la Tierra
Sin Mal – es el contraorden... la Tierra Sin Mal
es el lugar de la inmortalidad mientras que, aquí
abajo, los hombres nacen y mueren, como si ésta
fuera la correspondencia entre el orden social de
las reglas (matrimonio, trabajo, etc.) y el orden
natural de la generación (nacimiento, muerte)...
El hombre nace bueno (nace para ser dios), la
sociedad lo pervierte (aboliendo su naturaleza
divina)...[5]
Dado el convencimiento absoluto que tenían de este
pensamiento, no dudaban un momento en abandonar
todo lo que tenían y embarcarse, con la guía de un
profeta[6], en la búsqueda de ese lugar que, en
cuanto se develara ante ellos les permitiría
acceder a la verdadera condición del hombre: la
condición divina.
Este abandono y búsqueda significaba para ellos el
proceso de purificación – junto con los ritos que
debían realizar, guiados por los Karai – la
demostración concreta de que estaban dispuestos a
desprenderse de todo lo que dentro de una vida
comunitaria se considera importante, y soportar el
proceso de transformación física y espiritual que
los haga dignos de alcanzar por fin la Tierra Sin
Mal [7].
Y es dentro de este contexto en el que este
trabajo se propone descubrir a los Guaraníes.
Realizar una lectura de su cultura buscando en la
profundidad de su pensamiento religioso la
justificación de cada acto, de cada rito, del modo
particular de asumir su presencia y permanencia en
este mundo.
Así, al tener en cuenta esta postura filosófica de
los guaraníes, empiezan a tener sentido ciertas
costumbres de este pueblo, como por ejemplo su
nomadismo, o la precariedad en la construcción de
las viviendas, como se puede leer en la obra del
padre Franz Müller:
Dedicar un especial cuidado a la construcción de
una vivienda contradice la costumbre de abandonar
la casa en la cual un miembro de la familia muere
y en la cual es generalmente sepultado.
Finalmente los indígenas están siempre una parte
del año ausentes, con intermitencias, de modo que
sólo difícilmente puede crearse un apego al
hogar.[8]
Los Españoles y los Jesuitas en América
A la llegada de los Españoles los Guaraníes tenían
una cultura, un sistema de vida, de creencias, un
modo de relacionarse con el mundo, la Naturaleza y
sus semejantes que lógicamente se vio modificado.
Los españoles llegaron con el deseo de conquistar,
y procedieron acorde a ese deseo, avalado y
promovido, además, desde su tierra de origen:
..., el rey, dueño de las tierras, se consideraba
propietario de los metales del subsuelo, de los
bosques, de los ríos cuyas aguas corren sobre las
tierras, y de los indios, corran o anden sin prisa
sobre las mismas tierras... Las personas quedaban
en efecto incluidas, según el feudalismo, en este
concepto de propiedad: el dueño del suelo
determinaba el trabajo de la gente, administraba
justicia, fijaba el impuesto y podía obligar a
toda clase de tareas (por ejemplo, atar hombres a
los carros o al arado si faltaban animales para
esos menesteres).
Mendoza llegaba como conquistador: por eso traía
los elementos bélicos de cañones, armaduras,
arcabuces y caballos...[9]
Los indios, que no sabían que la tierra no era de
ellos sino ellos de la tierra y ni sospechaban que
existiera el feudalismo como sistema que los
fijaba al suelo y con éste los repartía,
obedecieron las órdenes de los españoles durante
dos semanas. Después los querandíes, pues de ellos
se trataba, se negaron a seguir en su papel de
proveedores, y sin plena conciencia del asunto
pasaron a ser vasallos subversivos...[10]
La obra de los jesuitas intentó poner un manto de
"civilización" a semejantes atropellos. Así en
1609 se inicia la evangelización sistemática de
los jesuitas. Recluyendo a los guaraníes en las
Reducciones, como único medio para protegerlos de
los españoles y de los cazadores de esclavos
portugueses.
En 1610 los jesuitas construyen la primer
Reducción – Nuestra Señora de Loreto – ya con la
autorización del Obispo y el Gobernador de
Asunción: a concentrar en poblaciones a todos los
indios cristianos y a gobernarlos con
independencia de cualquier control civil español.
En nombre del Rey deben resistir todo intento,
cualquiera fuese el pretexto, de tocar siquiera la
libertad de los indios.[11]
La llegada de los jesuitas fue una solución para
preservar a los Guaraníes. Sin embargo, a lo largo
de sus 150 años de trabajo hicieron que tanto la
organización social, como su sistema de relaciones
parentales, su modo de subsistencia y básicamente
su cosmovisión, fueran radicalmente trastocadas.
Los guaraníes se organizaban en grandes
"familias", consecuencia del sistema de parentesco
que los unía y comprometía social, política y
económicamente. Los cuñados y yernos debían
prestarse apoyo mutuamente. Por ello, los
matrimonios se concebían en función de tales
relaciones.
Cada familia era dirigida por un jefe, cuyo poder
radicaba en su capacidad para hablar, para dirigir
a la gente. Sin embargo, cualquier decisión
importante era tomada por el consejo de hombres
importantes de la aldea, por lo general los más
ancianos y quienes destacaron en batalla. Y el
jefe era susceptible de ser removido de su
condición si abusaba de su autoridad y pretendía
imponerse a la fuerza. Este puesto, aunque
hereditario, no recaía simplemente en el
primogénito, sino en aquel que demostrara mayor
capacidad para ocuparlo. Es por ello que entre los
guaraníes no existía el concepto de súbditos o
vasallos. El jefe podía tener como adeptos a su
pueblo, mientras éste lo considerase aceptable.
Cuando el pueblo comenzaba a sentir el peso de su
jefe, simplemente lo abandonaban a su suerte,
separándose de él[12].
Los jesuitas dentro de las reducciones, al
establecer un sistema jerárquico de cargos civiles
y militares anularon en gran medida sus vínculos
naturales.
"Aunque había en cada pueblo un corregidor,
alcalde y regidores indios que formaban el
ayuntamiento al modo que en los pueblos españoles,
no ejercían jurisdicción, ni eran más que los
ejecutores de las órdenes del cura, el cual civil
y criminalmente daba sus disposiciones siempre
blandas, pero sin permitir apelación ante otros
jueces o autoridades españoles"[13]
"No se conocía la propiedad privada, ni las
sucesiones. Si bien se adjudicaba a cada familia
una quinta para que atendiera a su subsistencia,
el sobrante de los frutos pertenecía a todos,
aparte de que estaban obligados a trabajar tres
días de la semana en la tierra común.
..., la vida reglamentada a son de campana; sus
horas para comer, rezar, ocuparse de sus artes,
dormir y procrear".[14]
Más de 150 años estuvieron los jesuitas en las
misiones. Es por ello que cuando llegó la orden de
expulsión de los jesuitas de las "tierras
españolas" los aborígenes se vieron absolutamente
desconsolados y desorientados. Desacostumbrados a
la vida en la selva, ingenuos e indefensos ante
los conquistadores y esclavistas, y despojados de
la protección de las Reducciones, su destino fue
irremediablemente trágico.
El decreto de destierro del Rey de España Carlos
III, suministró a la postre el fundamento, en
1767, para la expulsión de los jesuitas de América
del Sur.
Los indios cristianos, ajenos a lo que sucedía –
más de 150000 vivían en la suma de las Reducciones
– de pronto se vieron lanzados al pánico y la
tristeza. Miles quisieron resistir. Y decenas de
miles retornaron al riesgoso refugio de las selvas
vírgenes.
Las Reducciones, puestas bajo la administración
civil, fueron expoliadas, abandonadas, y en pocos
años convertidas en ruinas.[15]
Lo que ocurrió con la mayor parte de los guaraníes
que vivían en las reducciones es bien conocido: se
encontraron mezclados con la población de los
colonos, quienes no esperaban más que la partida
de los jesuitas para adueñarse del Guariá.
...el radical trastorno de la sociedad tradicional
que suponía el nuevo orden impuesto por los
jesuitas: la forma del pueblo y de las casas, las
actividades cotidianas, la economía, el sistema de
parentesco, las relaciones intertribales... todo
resultó transformado. ...les habían impuesto
condiciones de existencia tales que es muy difícil
de creer que los guaraníes hayan podido, después
de un siglo, volver simplemente a la selva.[16]
Algunos habrán vuelto a la selva, sin embargo la
mayoría ya estaba más asimilada a la vida europea,
por lo que crearon pueblos cerca de las
reducciones y se vieron sometidos a las políticas
de gobierno de los españoles.
En la obra Historia Misionera – Una perspectiva
integradora de Ma.
Angélica Amable, Karina Dohmann y Liliana M. Rojas
se describe claramente el destino que tuvieron los
guaraníes de las reducciones jesuíticas en
Misiones luego de la expulsión de la congregación.
Las leyes sancionadas por el entonces gobernador
de Buenos Aires, Francisco de Paula Bucarelli y
Ursúa obligaban a los guaraníes a relacionarse con
los españoles, aprender el idioma e incorporarse
al circuito económico-monetario.
A partir de 1768 se produce la lenta y constante
desarticulación de la estructura
misionera-guaranítica. La organización política se
transformó, estableciéndose un sistema
administrativo, que fue modificado varias veces, y
no siempre de manera acertada... La población fue
disminuyendo sensiblemente a la par que la
economía se deterioraba.
Después de varias décadas de disgregación del
sistema jesuítico, las antiguas Misiones quedaban
reducidas a pequeñas y débiles agrupaciones
humanas.[17]
La pésima administración, el mal manejo del
comercio, la explotación de los guaraníes que
trabajaban en las plantaciones de algodón y yerba
provocó la decadencia de los pueblos y fomentó las
migraciones de los aborígenes hacia otros pueblos
– Entre Ríos, Río Grande, Buenos Aires y Paraguay
– donde podían emplearse para tareas domésticas y
rurales.
[1] Hélene Clastrés: La Tierra Sin Mal, pág. 7,
Ediciones del Sol, Bs. As., Argentina, 1993
[2] P. Franz Müller, Etnografía de los Guaraní del
Alto Paraná, pág.
12
[3] Información descargada de la página web
www.quanta.net.py??
[4] Hélene Clastrés en su obra La Tierra Sin Mal,
propone un análisis mucho más exhaustivo sobre el
pensamiento guaraní acerca de la Tierra Sin Mal y
de su crítica hacia la sociedad. Sin embargo, para
el objetivo del presente trabajo, solamente
tomaremos de su obra la descripción que hace del
viaje y sus motivos.
[5] Hélene Clastrés: La Tierra Sin Mal, pág. 79,
Ediciones del Sol, Bs. As., Argentina, 1993
[6] Op. Cit. pág. 77
[7] Ibidem.
[8] Padre Franz Müller S.V.D. "Etnografía de los
Guaraní del AltoParaná", pág. 65, 1908
[9] Gustavo Gabriel Levene, "Nueva Historia
Argentina – Panorama Costumbrista y Social desde
la Conquista hasta nuestros días", págs.
44-45, Tomo I, Séptima Edición, Osvaldo Raúl
Sánchez Teruelo S.A.
Editor, Barcelona,1980
[10] Op. Cit. págs. 46-47
[11] "3000 Guaraníes y un tirolés. Padre Antonies
Sepp von Reinegg.
Su vida y su obra entre los Guaraníes.", Obra de
la serie: Misiones Jesuíticas, Texto: Franz
Braumann, pag. 3.
[12] Padre Franz Müller S.V.D. "Etnografía de los
Guaraní del AltoParaná", pág. 57, 1908
[13] Azara, Descripción e Historia del Paraguay,
citado por GG Levene, pág. 276, Tomo I
[14] Juan Agustín García, La ciudad indiana,
citado por GG Levene, pág.276 y 277, Tomo I
[15] "3000 Guaraníes y un tirolés. Padre Antonies
Sepp von Reinegg.
Su vida y su obra entre los Guaraníes.", Obra de
la serie: Misiones Jesuíticas, Texto: Franz
Braumann, pag. 78-79.
[16] Hélene Clastrés: La Tierra Sin Mal, pág. 12,
Ediciones del Sol, Bs. As., Argentina, 1993
[17] Obra citada pág. 75
NUESTRA AMERICA
nuestramerica-subscribe@yahoogroups.com
http://mx.groups.yahoo.com/group/nuestramerica/
Gentileza:: santoro_aghata [
santoro_aghata@latinmail.com ]
paginadigital
|