Las etnias guaraníes y su ubicación geográfica, por Paulina Buscarone. - 18/7/04 (Latinoamérica)
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Las etnias guaraníes y su ubicación geográfica, por Paulina Buscarone. - 18/7/04 (Latinoamérica)

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Las etnias guaraníes y su ubicación geográfica

Paulina Buscarone

La raza guaraní en la actualidad se divide principalmente en cuatro etnias, a saber: Mbyá, Avá, Paí ó Pañ' y Chiripá. Sin embargo, de acuerdo al material bibliográfico que se consulte y al periodo de la historia al que esté refiriendo, es posible encontrar muchos más grupos humanos guaraníes con otras denominaciones. Es por ello que definir claramente el espacio geográfico que ocupaban a la llegada de los españoles se dificulta bastante, dado que de acuerdo a los grupos y sub-grupos étnicos a los que se haga referencia, difiere la magnitud de la superficie de su hábitat. Por ejemplo, Hélene Clastrés habla de los tupí-guaraní y los sitúa entre la cuenca inferior del río Amazonas – Cananea – hasta Río Grande do Sul de Norte a Sur, y desde el Atlántico hasta el Río Paraguay de Este a Oeste[1]; el Padre Franz Müller, misionero que trabajó con los guaraníes a principios del siglo XX – 1908 – deja registro de la ubicación de los guaraníes a esa altura de la historia "A partir de los 27º de latitud Sud hasta aproximadamente los 25º lat. Sud hacia el Norte tiene su habitat casi exclusivamente los Mbyá en la llanura y los Guayakí en las serranías... Desde allí hacia e Norte, aún llegando hasta el Salto Guairá y más allá hasta entrar en Matto Grosso, aparecen, según nuestros datos, los Mbyá, si bien no como una colectividad cerrada, sino entre las tribus Pañ' y Chiripá como un enclave y mezclados con ellos. Los asentamientos de los Chiripá se encuentran, en su mayoría, hacia el Sud, los de los Pañ' generalmente hacia el Norte del río Jejuiguazú"[2]; y un informe publicado en internet habla específicamente de las etnias Mbyá y Avá Guaraní ubicadas entre las mesopotamias conformadas por los ríos Uruguay, Paraná y Paraguay[3].

De tales lecturas se desprende la vasta superficie habitada naturalmente por esta raza. Dentro de la cual encontraban todo lo necesario para su supervivencia y el desarrollo de su cultura.


La sociedad guaraní y su cultura

Para lograr una total comprensión de la cultura guaraní, es importante considerar a un mismo tiempo su aspecto social y religioso.

Los guaraníes no conciben su sociedad fuera de los límites de su religión, a tal punto que es sobre la base del pensamiento religioso donde se funda su real sentido de la existencia, del quehacer cotidiano y del fin último de su permanencia en la tierra. Es decir, los guaraníes vivieron en la tierra buscando permanentemente de la Tierra Sin Mal: espacio geográfico real, ubicado en algún lugar de este mundo, al cual podrá acceder cuando haya superado todas las vicisitudes que conlleva el peregrinaje hasta allí. Esta condición es necesaria y se considera el único modo de alcanzar la plenitud espiritual para ser dignos de vivir como dioses en la tierra.

La Tierra Sin Mal podría plantearse como un concepto filosófico-
social que en su trasfondo último pone a la sociedad como agente negativo y perjudicial para el hombre, dado que lo pervierte, impidiéndole acceder a la "plenitud", a la condición de dioses[4].
Hélene Clastrés lo describe en estos términos: La búsqueda de la Tierra Sin Mal es ... el rechazo activo de la sociedad ...el rechazo de toda prohibición... Es decir que el mal - trabajo, ley – es la sociedad. La ausencia de mal – la Tierra Sin Mal – es el contraorden... la Tierra Sin Mal es el lugar de la inmortalidad mientras que, aquí abajo, los hombres nacen y mueren, como si ésta fuera la correspondencia entre el orden social de las reglas (matrimonio, trabajo, etc.) y el orden natural de la generación (nacimiento, muerte)... El hombre nace bueno (nace para ser dios), la sociedad lo pervierte (aboliendo su naturaleza divina)...[5]

Dado el convencimiento absoluto que tenían de este pensamiento, no dudaban un momento en abandonar todo lo que tenían y embarcarse, con la guía de un profeta[6], en la búsqueda de ese lugar que, en cuanto se develara ante ellos les permitiría acceder a la verdadera condición del hombre: la condición divina.

Este abandono y búsqueda significaba para ellos el proceso de purificación – junto con los ritos que debían realizar, guiados por los Karai – la demostración concreta de que estaban dispuestos a desprenderse de todo lo que dentro de una vida comunitaria se considera importante, y soportar el proceso de transformación física y espiritual que los haga dignos de alcanzar por fin la Tierra Sin Mal [7].

Y es dentro de este contexto en el que este trabajo se propone descubrir a los Guaraníes. Realizar una lectura de su cultura buscando en la profundidad de su pensamiento religioso la justificación de cada acto, de cada rito, del modo particular de asumir su presencia y permanencia en este mundo.

Así, al tener en cuenta esta postura filosófica de los guaraníes, empiezan a tener sentido ciertas costumbres de este pueblo, como por ejemplo su nomadismo, o la precariedad en la construcción de las viviendas, como se puede leer en la obra del padre Franz Müller:
Dedicar un especial cuidado a la construcción de una vivienda contradice la costumbre de abandonar la casa en la cual un miembro de la familia muere y en la cual es generalmente sepultado.

Finalmente los indígenas están siempre una parte del año ausentes, con intermitencias, de modo que sólo difícilmente puede crearse un apego al hogar.[8]


Los Españoles y los Jesuitas en América

A la llegada de los Españoles los Guaraníes tenían una cultura, un sistema de vida, de creencias, un modo de relacionarse con el mundo, la Naturaleza y sus semejantes que lógicamente se vio modificado.

Los españoles llegaron con el deseo de conquistar, y procedieron acorde a ese deseo, avalado y promovido, además, desde su tierra de origen:

..., el rey, dueño de las tierras, se consideraba propietario de los metales del subsuelo, de los bosques, de los ríos cuyas aguas corren sobre las tierras, y de los indios, corran o anden sin prisa sobre las mismas tierras... Las personas quedaban en efecto incluidas, según el feudalismo, en este concepto de propiedad: el dueño del suelo determinaba el trabajo de la gente, administraba justicia, fijaba el impuesto y podía obligar a toda clase de tareas (por ejemplo, atar hombres a los carros o al arado si faltaban animales para esos menesteres).

Mendoza llegaba como conquistador: por eso traía los elementos bélicos de cañones, armaduras, arcabuces y caballos...[9]

Los indios, que no sabían que la tierra no era de ellos sino ellos de la tierra y ni sospechaban que existiera el feudalismo como sistema que los fijaba al suelo y con éste los repartía, obedecieron las órdenes de los españoles durante dos semanas. Después los querandíes, pues de ellos se trataba, se negaron a seguir en su papel de proveedores, y sin plena conciencia del asunto pasaron a ser vasallos subversivos...[10]

La obra de los jesuitas intentó poner un manto de "civilización" a semejantes atropellos. Así en 1609 se inicia la evangelización sistemática de los jesuitas. Recluyendo a los guaraníes en las Reducciones, como único medio para protegerlos de los españoles y de los cazadores de esclavos portugueses.

En 1610 los jesuitas construyen la primer Reducción – Nuestra Señora de Loreto – ya con la autorización del Obispo y el Gobernador de Asunción: a concentrar en poblaciones a todos los indios cristianos y a gobernarlos con independencia de cualquier control civil español.
En nombre del Rey deben resistir todo intento, cualquiera fuese el pretexto, de tocar siquiera la libertad de los indios.[11]

La llegada de los jesuitas fue una solución para preservar a los Guaraníes. Sin embargo, a lo largo de sus 150 años de trabajo hicieron que tanto la organización social, como su sistema de relaciones parentales, su modo de subsistencia y básicamente su cosmovisión, fueran radicalmente trastocadas.

Los guaraníes se organizaban en grandes "familias", consecuencia del sistema de parentesco que los unía y comprometía social, política y económicamente. Los cuñados y yernos debían prestarse apoyo mutuamente. Por ello, los matrimonios se concebían en función de tales relaciones.

Cada familia era dirigida por un jefe, cuyo poder radicaba en su capacidad para hablar, para dirigir a la gente. Sin embargo, cualquier decisión importante era tomada por el consejo de hombres importantes de la aldea, por lo general los más ancianos y quienes destacaron en batalla. Y el jefe era susceptible de ser removido de su condición si abusaba de su autoridad y pretendía imponerse a la fuerza. Este puesto, aunque hereditario, no recaía simplemente en el primogénito, sino en aquel que demostrara mayor capacidad para ocuparlo. Es por ello que entre los guaraníes no existía el concepto de súbditos o vasallos. El jefe podía tener como adeptos a su pueblo, mientras éste lo considerase aceptable. Cuando el pueblo comenzaba a sentir el peso de su jefe, simplemente lo abandonaban a su suerte, separándose de él[12].

Los jesuitas dentro de las reducciones, al establecer un sistema jerárquico de cargos civiles y militares anularon en gran medida sus vínculos naturales.

"Aunque había en cada pueblo un corregidor, alcalde y regidores indios que formaban el ayuntamiento al modo que en los pueblos españoles, no ejercían jurisdicción, ni eran más que los ejecutores de las órdenes del cura, el cual civil y criminalmente daba sus disposiciones siempre blandas, pero sin permitir apelación ante otros jueces o autoridades españoles"[13]

"No se conocía la propiedad privada, ni las sucesiones. Si bien se adjudicaba a cada familia una quinta para que atendiera a su subsistencia, el sobrante de los frutos pertenecía a todos, aparte de que estaban obligados a trabajar tres días de la semana en la tierra común.

..., la vida reglamentada a son de campana; sus horas para comer, rezar, ocuparse de sus artes, dormir y procrear".[14]

Más de 150 años estuvieron los jesuitas en las misiones. Es por ello que cuando llegó la orden de expulsión de los jesuitas de las "tierras españolas" los aborígenes se vieron absolutamente desconsolados y desorientados. Desacostumbrados a la vida en la selva, ingenuos e indefensos ante los conquistadores y esclavistas, y despojados de la protección de las Reducciones, su destino fue irremediablemente trágico.

El decreto de destierro del Rey de España Carlos III, suministró a la postre el fundamento, en 1767, para la expulsión de los jesuitas de América del Sur.

Los indios cristianos, ajenos a lo que sucedía – más de 150000 vivían en la suma de las Reducciones – de pronto se vieron lanzados al pánico y la tristeza. Miles quisieron resistir. Y decenas de miles retornaron al riesgoso refugio de las selvas vírgenes.

Las Reducciones, puestas bajo la administración civil, fueron expoliadas, abandonadas, y en pocos años convertidas en ruinas.[15]

Lo que ocurrió con la mayor parte de los guaraníes que vivían en las reducciones es bien conocido: se encontraron mezclados con la población de los colonos, quienes no esperaban más que la partida de los jesuitas para adueñarse del Guariá.

...el radical trastorno de la sociedad tradicional que suponía el nuevo orden impuesto por los jesuitas: la forma del pueblo y de las casas, las actividades cotidianas, la economía, el sistema de parentesco, las relaciones intertribales... todo resultó transformado. ...les habían impuesto condiciones de existencia tales que es muy difícil de creer que los guaraníes hayan podido, después de un siglo, volver simplemente a la selva.[16]

Algunos habrán vuelto a la selva, sin embargo la mayoría ya estaba más asimilada a la vida europea, por lo que crearon pueblos cerca de las reducciones y se vieron sometidos a las políticas de gobierno de los españoles.

En la obra Historia Misionera – Una perspectiva integradora de Ma.
Angélica Amable, Karina Dohmann y Liliana M. Rojas se describe claramente el destino que tuvieron los guaraníes de las reducciones jesuíticas en Misiones luego de la expulsión de la congregación.

Las leyes sancionadas por el entonces gobernador de Buenos Aires, Francisco de Paula Bucarelli y Ursúa obligaban a los guaraníes a relacionarse con los españoles, aprender el idioma e incorporarse al circuito económico-monetario.

A partir de 1768 se produce la lenta y constante desarticulación de la estructura misionera-guaranítica. La organización política se transformó, estableciéndose un sistema administrativo, que fue modificado varias veces, y no siempre de manera acertada... La población fue disminuyendo sensiblemente a la par que la economía se deterioraba.

Después de varias décadas de disgregación del sistema jesuítico, las antiguas Misiones quedaban reducidas a pequeñas y débiles agrupaciones humanas.[17]

La pésima administración, el mal manejo del comercio, la explotación de los guaraníes que trabajaban en las plantaciones de algodón y yerba provocó la decadencia de los pueblos y fomentó las migraciones de los aborígenes hacia otros pueblos – Entre Ríos, Río Grande, Buenos Aires y Paraguay – donde podían emplearse para tareas domésticas y rurales.

[1] Hélene Clastrés: La Tierra Sin Mal, pág. 7, Ediciones del Sol, Bs. As., Argentina, 1993
[2] P. Franz Müller, Etnografía de los Guaraní del Alto Paraná, pág.
12
[3] Información descargada de la página web www.quanta.net.py??
[4] Hélene Clastrés en su obra La Tierra Sin Mal, propone un análisis mucho más exhaustivo sobre el pensamiento guaraní acerca de la Tierra Sin Mal y de su crítica hacia la sociedad. Sin embargo, para el objetivo del presente trabajo, solamente tomaremos de su obra la descripción que hace del viaje y sus motivos.
[5] Hélene Clastrés: La Tierra Sin Mal, pág. 79, Ediciones del Sol, Bs. As., Argentina, 1993
[6] Op. Cit. pág. 77
[7] Ibidem.
[8] Padre Franz Müller S.V.D. "Etnografía de los Guaraní del AltoParaná", pág. 65, 1908
[9] Gustavo Gabriel Levene, "Nueva Historia Argentina – Panorama Costumbrista y Social desde la Conquista hasta nuestros días", págs.
44-45, Tomo I, Séptima Edición, Osvaldo Raúl Sánchez Teruelo S.A.
Editor, Barcelona,1980
[10] Op. Cit. págs. 46-47
[11] "3000 Guaraníes y un tirolés. Padre Antonies Sepp von Reinegg.
Su vida y su obra entre los Guaraníes.", Obra de la serie: Misiones Jesuíticas, Texto: Franz Braumann, pag. 3.
[12] Padre Franz Müller S.V.D. "Etnografía de los Guaraní del AltoParaná", pág. 57, 1908
[13] Azara, Descripción e Historia del Paraguay, citado por GG Levene, pág. 276, Tomo I
[14] Juan Agustín García, La ciudad indiana, citado por GG Levene, pág.276 y 277, Tomo I
[15] "3000 Guaraníes y un tirolés. Padre Antonies Sepp von Reinegg.
Su vida y su obra entre los Guaraníes.", Obra de la serie: Misiones Jesuíticas, Texto: Franz Braumann, pag. 78-79.
[16] Hélene Clastrés: La Tierra Sin Mal, pág. 12, Ediciones del Sol, Bs. As., Argentina, 1993
[17] Obra citada pág. 75



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