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El amasijo
BALADA DEL
PIRULO 26
(Donde se habla de
lo que el viento se llevó) Por: John Argerich
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"Veinte
años no es nada…" -cantaba un cantor desde el
estéreo.
Y yo pensé que había cumplido veintiséis. No de
edad, entendámonos, que uno va para viejo. Sino
de suspiros frente al mar Báltico. Entonces
corrió la primera vuelta de vinacho en tetrapack.
-¿Te acordás, hermano? -dijo el Pocho Montalbán-
Parece ayercito nomás, cuando llegamos al
"exilio dorado", como batían los milicos.
-Es cosa de seis meses nomás, pensamos todos, y
rajó un cuarto de siglo en los hielos del
Círculo Polar… -comentó un correntino de
apellido sin vocales, a quien llamaban Lechón.
-¡Si lo reducís a días, te da un soponcio,
payuca! -expuso didácticamente el Pocho.
Y como pagaba la vuelta, hubo que escucharlo.
-La mayoría de los presentes llegamos vía Río de
Janeiro en 1978. Son 26 pirulos, que
multiplicados por 365 dan la friolera de 9490
yornatas jugando orsái. ¿Pescaste? 227.760 horas
de tu vida sin asado de tira, sin mondongo, sin
dulce de membrillo… ¡Todo por un berretín!
-Sin ensalada de mastuerzo, tampoco -suspiró el
correntino.
-Y a sesenta por unidad, surge una cifra
astronómica. 13.665.600 minutos de desarraigo,
preguntando "¿Habla español?"
-¡Cuánta malaria, señor!
-Ponéle la firma.
Los presentes se miraron en silencio, impactados
más que nada por aquella prueba de idoneidad con
la calculadora. Y yo ya estaba por reducir los
minutos a segundos por gusto de matar el punto,
como se dice, cuando un jovato tomó la de
conversar.
-Lo peor es el espejo -dijo- Busco por la
mattina mi apecto soñador que hacía estragos en
Florida, pero ese turro me entrega una imagen
cada vez más chota. Claro lunar a doble banda, y
el lavatorio tapado, con tanto lope de vega.
-¡A mí me pasa igualito, chamigo! -agregó el
ruso, al que como era pelirrojo, la pelada se le
notaba más.
-¡Pluma, pluma, porque éso es sólo un pomito del
balurdo! -sentenció otro valor de la barra,
llamado el Pirulo Gómez.
Y tras echarse el jopo para atrás con un
peinecito negro, agregó cabizbundo y meditabajo:
-La balanza es lo peor.
Frase que llamaba a la reflexión, así que el
gordo Gambetti hizo un comentario, reflejando
cierto pesimismo existencial por la movida.
-De los atletas que aterrizamos en Växjö no
quedó ni la sombra, no quedó. Y esa milonga
parece que hubiera ocurrido ayer. Pero el
almanaque le da jaque al más rana... ¡Junáme la
facha, si no!
Manos cordiales pasaron otra vuelta de quebracho,
y no teniendo nada mejor que hacer, arreciaban
las ganas de conversar.
-Si no empezaste con Viagra, tan mal no andás.
-repuso una voz cascada- Pero el destino de
cualquier punto sin baches de programación, es
venirse cada pirulo más carcamán. Nadie le viste
la talla al futuro, hermano. ¡Aunque el loco se
deslome por su imagen juvenil!
Mas las noches del exilio contienen gatos de
todo color.
-¡Vds. son unos mufas! -dijo Marcelo Corrrea,
uno que hacía pinta de bacán- En vez de chapar
la depre con las arrugas, yo me río de janeiro
haciéndome estirar la jeta. Lo que en Hollywood
llaman "face lift".
-En España dicen igual -agregó un gaita ex
vecino de Chacarita, que siempre andaba buscando
roña- Y por unos euros más también te estiran
las partes íntimas, así quedás bien en el
momento cumbre
-¡Gallego atorrante! -dijo el agredido.
Por suerte, los ánimos se calmaron al intervenir
otra vez Gambetti.
-Esa idea del "face lift"puede ser interesante
para mejorar la buena presencia, pero ¿del vento,
qué contás? Mesejante milonga la pagariola el
Social.
-Un par de fasules no me mueven el piso
-contestó Correa.
Y mostró la hilacha, porque ese era el verso de
siempre, para impresionar a algún chauchón. La
verdad milanésica es conocida. Todo grasa
importado transita Pampa y la vía. Una certeza
cantada, aunque te rompás por hacer pinta. O
como dijo Villar: "Cuanto más rasca sea el
punto, más le gusta figurar". Pero dejemos atrás
el tema, porque ésta es solamente otra faceta de
los revires que impone el exilio a sus
protagonistas. ¡Y mirá si conocimos charlatanes
en la larga marcha! Al llegar, todos eran
comandantes. Pero les dieron depto, y empezó el
proceso acumulativo. Un cambio de meta, tirando
la camiseta. Porque en todas partes se cuecen
habas, y aquello de que el hábito no hace al
monje, es un lavado de coco para aprendiz de gil.
"Pacencia, la vida es así", anotó el gotán.
Pero a esta altura del partido, ¿para qué
desenterrar más miserias? Quizás muchos cumpas
se estén preguntando lo mismo, dos décadas y
media largas después del balurdo que nos hizo
merca de exportación. Porque no hay que destruir
inocuas fantasías que dan brillo gratis. En la
patria todos piensan que acá vivimos a lo bacán.
Y se pasan de vueltas por escuchar nuestros
relatos.
-¿Te costó mucho acostumbrarte? -es lo primero
que te sacude el vecindario, cuando aparecés por
San Fernando.
Uno dice que no, para hacerse el hombre de
mundo. Pero la justa es bien otra, si hacemos
memoria. ¡La pucha, que fue brutazo el cambio!
Yo recuerdo el impacto que me causaron las
albóndigas con dulce colorado. Además, ver a la
gente sacarse los tamangos no bien transponían
el umbral doméstico. Y de las revistitas
indecentes, mejor hablar otro día. Porque si
alguien dice que no las miraba, es un falseta.
Consideraciones que, aun siendo de considerable
peso, no desplazan el recuerdo de los vahos
intestinales. Plaga atmosférica que aqui se
libera sin aviso previo, en cualquier tiempo y
lugar.
"¡Chufff…!"
-¿Qué fue éso?
-Retropropulsión, señor.
Y uno, encandilado por tanta maravilla, se
quedaba pensando: "¡Que adelantados están, hasta
para echarse un pedo!"
Lo dicho hasta aquí me impresionó, pero en esta
vida uno se acostumbra a aceptar la realidad. Y
con los años, te vas asimilando al medio. Un
cachito hoy, otro mañana, cada paso hacia
adelante era tomar posiciones sin retorno.
Tranqui, como Venancio, porque las mutaciones
son lentas en la lucha por morfar. Buenos Aires
y su encanto había pasado a una dimensión
distinta con nombre de película: "Lo que el
viento se llevó". Pero éso no quita mérito,
porque sería inútil ir contra la corriente. Todo
lo cual ratifica las palabras del chivo Darwin.
"Si tu andar te lleva a Roma, hacé como hacen
los romanos" -decía- "que si no, quedás orsái".
-¿En vez de calzar tamangos, te viniste con
zuecos, che? -preguntó Gambetti.
-¡Son hermosos! -dijo el Lechón.
Y la voz de un cantor nos dejó pensando:
-¡Quién te ha visto, y quién te ve!
Moraleja: 26 pirulos de ausencia, son una grossa
porción.
THE END

Copyright: John Argerich, 2003
john.argerich@telia.com
All rights reserved.
La serie quincenal "El amasijo" se publica regularmente en veintidos medios, de siete países, existiendo una versión en idioma inglés.
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