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Biografías
GIUSEPPE INGENIEROS: UN PENSADOR VIAJERO
Por Ricardo Katz (*)
Especial para Agencia NOVA
Nacido en Palermo, Italia, José Ingenieros (1877.1925) castellanizó su
nombre debido a la emigración de su familia a la Argentina, producida
por las persecuciones sufridas por su padre, un culto periodista de
ideas socialistas. Conocido por su vasta producción vinculada a temas
relacionados a la psicología, la filosofía y la historia, en 1905 fue
designado por el gobierno nacional como representante en el 5º Congreso
Internacional de Psicología, en Roma.
Las Crónicas de viaje del célebre ensayista, preocupado por los
intrincados vericuetos del pensamiento, son una buena prueba de ello.
José Ingenieros sostenía, que no cualquiera estaba capacitado para
disfrutar de las maravillas de la ciudad eterna y expresaba que:
“Las pupílas frívolas nacieron ciegas para la evocadora visión de la
Roma pagana; es ciudad de ensueño, templo de grandezas pasadas, lugar de
peregrinación para almas superiores. Sin un profundo y exquisito
sentimiento de arte, sin un amor latino, casi filial, por sus escombros
elocuentes, la permanencia tórnase pronto inútil y tediosa”
Pese a lo prejuicioso de su comentario, éste emana de un espíritu,
sensibilizado justamente por la posibilidad de percibir aquello que
otros no ven, gracias a su educación.
Es tonificante seguir al psiquiatra en su arrebato espiritual originado
por el panorama que contempla, porque, efectivamente, parece
compenetrarse con el paisaje, y nos da una lección acerca del turismo
enriquecedor, que requiere del conocimiento previo. Y, estudioso de las
psicologías y mentalidades, lo deslumbra de Roma que sea la síntesis
material de dos fuerzas sublimes, ya que podría condensarse en una sola
frase la impresión de las ruinas imperiales: realizan la más admirable y
armónica ilusión de la potencia y de la belleza.
Como no todos tenían la suerte de ser medianamente cultos, Ingenieros
propone varias recetas para acercarse a Roma, puesto que para sentirla
“es necesario ponerse al unísono con ella”. Palabras admirables que
hablan de un profundo amor por el conocimiento. Un primer camino para
lograr este objetivo era leer a las numerosas celebridades que habían
acudido a la ciudad buscando inspiración y dejaban páginas maravillosas
sobre Roma.
Los espíritus prácticos sólo disfrutan de un éxito pasajero, pero hasta
que su potencial no sea reorientado, los hombres como Giuseppe sólo
podrían buscar la grandiosidad, la armonía entre la potencia y la
belleza, en el pasado. Rastreador de los hilos invisibles del desarrollo
humano, el estudioso argentino analiza el momento, pero ubicándolo en el
devenir de la historia. Decía que: “La civilización moderna sólo concibe
lo útil y lo económico. La democracia induce a renunciar, por ahora, a
toda obra puramente grande o puramente bella”.
La conciencia histórica ha permitido que un paseo, por una ciudad
cargada de significaciones como Roma, se transforme en un viaje a través
de los siglos y en una proyección al futuro del contraste entre el
presente y el pasado. Adecuadamente preparada, la mente puede abandonar
limitaciones muy humanas y lograr la compenetración con las huellas
dejadas por otros hombres y mujeres. Escribía José Ingenieros:
“En la melancolía de esa noche estival, toda llena de recordación y de
silencio, pensamos con sobrecogimiento que nuestros pies humillaban los
propios mármoles por donde transitaron su gloria o su infamia los reyes
y los cónsules, los tiranos y los emperadores”.
(*) Licenciado en Ciencias de la Educación y escritor.
Gentileza:: Agencia NOVA [
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