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ESPAÑA
Cómo traicionar a Joyce y ganar
la partida
Vuelve La noche de Molly Bloom, el monólogo que Sanchis Sinisterra
escribió para Magüi Mira.
James Joyce fijó en el 16 de
junio de hace cien años, y en Dublín, el día en la vida de Leopold
Bloom que relata en Ulises. Para celebrar el aniversario, el
Círculo de Bellas Artes de Madrid ha programado varias actividades
entre las que destaca la recuperación, a partir del 2 de junio y
hasta el 16, de La noche de Molly Bloom. Se trata del monólogo que
José Sanchis Sinisterra escribió para Magüi Mira y que supuso su
debut profesional en las tablas. 25 años después de su estreno, la
actriz vuelve con esta pieza dramática.
A finales de los años 70 José Sanchis Sinisterra dirigía el Teatro
Fronterizo en Barcelona con el que trataba de “explorar en la
narrativa contemporánea para abrir nuevas vías al texto teatral e
intentar apropiarme de esa enorme libertad de que disfruta la
novela. Era un momento en el que el texto dramático estaba muy
desvalorizado –hoy lo sigue estando en algunos ámbitos–, y yo
intentaba cuestionar la noción de texto teatral, investigar si era
posible un teatro sin argumento”, explica el autor. Así que era
inevitable que fijara su atención en Ulises, de James Joyce,
seguramente la novela más debatida del siglo XX y una de las más
influyentes. Escogió el último capítulo de la novela y tituló La
noche de Molly Bloom la adaptación teatral.
En este capítulo Joyce culmina la jornada de su protagonista,
Leopold Bloom; tras un recorrido que dura veinte horas por Dublín,
Bloom vuelve a casa para dormir con su esposa Molly; son los
pensamientos, sueños y fantasías eróticas de esta mujer en una
noche de insomnio los que sirven al autor para componer una faceta
hasta ese momento desconocida del personaje de Leopold. Es un
soliloquio escrito en un estilo en el que apenas hay puntuaciones
y que intenta reproducir el caótico discurrir del pensamiento
humano. “Hacer la adaptación de una novela tan rica era una
tentación”, continúa Sanchis, “y el último capítulo en el que
Joyce consigue la proeza de intentar reproducir el flujo del
pensamiento de Molly Bloom era un desafío, porque algo tan
literario debía concretarlo en una forma oral, tal y como exige el
teatro. Las dificultades no fueron pocas: intenté recrear la
naturaleza de la protagonista, la situación en la que se encuentra
(noche de insomnio, durmiendo sobre una cama en posición inversa a
la de su marido), aunque yo creo que fue el trabajo de la
intérprete lo que permitió la identificación con el personaje
literario”.
–Magüi Mira, que entonces era su mujer, dice que el texto fue un
“precioso regalo que me hizo para siempre”. ¿Lo escribió
especialmente para ella?
–Si no hubiera contado con ella, no lo hubiera hecho, porque
entonces y creo que ahora también, había pocas actrices capaces de
interpretar un papel así.
TRAICIÓN AL TEXTO
–Ha dicho en alguna ocasión que esta adaptación constituyó una
enorme traición al texto de Joyce, ¿en qué sentido?
–Hay que hablar de traición a varios niveles, primero porque había
que reducir el texto y eso, simple y llanamente, se llama mutilar.
Pero hice modificaciones respecto al orden de los acontecimientos,
manejé dos versiones (la de José María Valverde y otra argentina
que no recuerdo su autor), en fin... pero la traición más fuerte
fue, como digo, convertir un monólogo interior, que intenta
reproducir el caótico discurrir del pensamiento y que es un flujo
de palabras y palabras, en un tributo a la oralidad; eso ahora se
llama intertextualidad. Se trata de una traición, pero en el buen
sentido del término, pues traicioné la textualidad de Joyce para
instaurar la teatralidad.
–Una de sus especialidades ha sido la adaptación de fragmentos
narrativos a la escena. ¿Qué encuentra de interesante en ello?
–Ha sido y sigue siéndolo, pues acabo de adaptar para un
empresario madrileño Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago. Y
también he hecho Carta de la Maga a bebé Rocamadour, de la novela
de Cortázar Rayuela. La novela tiene una enorme libertad que no
tiene el teatro, en la medida que depende de muchas
circunstancias: un escenario, actores..., y la más importante, los
gustos del público, lo que lo convierte en un género más
conservador.
–¿Encuentra verosímil la moralidad de Molly Bloom para el Dubín de
principios de siglo en el que se ambienta la acción?
–Parece ser que para este personaje Joyce se inspiró bastante en
su mujer, Nora Barnacle, pues el estilo coincide con algunas
cartas que se conservan de ella. Pero yo creo que los deseos
eróticos, las fantasías y sueños que Molly cuenta son un poco
atemporales, independientes a la época del personaje. La
publicación de la novela fue un escándalo, la forma de expresarse
de Molly, mejor dicho de “impresarse”, escandalizó. Incluso de
nuestro espectáculo había gente que se iba de la sala molesta, y
eso que evitamos enfatizar la dimensión obscena del personaje.
El espectáculo supuso el debut profesional de Magüi Mira en las
tablas, pues hasta entonces sus actuaciones se habían limitado a
los ambientes universitarios. Obtuvo excelentes críticas y desde
su estreno, en Barcelona en 1979 y hasta 1987, la actriz lo estuvo
representando por toda España. Algunos críticos de entonces
hablaron de Molly Magüi como expresión de la buena identificación
que la intérprete consiguió con su personaje. Hoy, con 25 años
más, ella cree que puede estar más cerca todavía de Molly: “Si he
conseguido crecer como actriz, querrá decir que lo haré mejor que
antes, que fusionaré más todavía la dualidad Molly-Magüi. Sospecho
que una diferencia con la Molly de antes puede ser mi mayor
complicidad: ahora sé cosas que no sabía entonces, las sé
físicamente, han pasado por mi piel. Entiendo mejor su soledad y,
sobre todo, su maravilloso sentido del humor”.
–¿Molly es una feminista o una venus votiva que da rienda suelta a
sus deseos más íntimos?
–No es feminista porque no sabe, porque su entrega incondicional a
un hombre la aísla y la convierte en una mujer insolidaria. Pero
sí intuye y sabe que el mundo está mal, que la posición de la
mujer con respecto al hombre es injusta y rechaza esa situación
desde lo más profundo de sí misma.
–¿Qué se hace cuando se repone un espectáculo tanto tiempo
después? Me refiero a si tiene que volver a estudiar el texto, hay
que rehacer la escenografía, organizar ensayos...
–La propuesta escénica es la misma, lo que queremos contar al
espectador con este texto tan hermoso y genial permanece, los
elementos escénicos son los mismos, algunos de ellos, como la
cama, han formado parte de mi vida durante todos estos años. Pero
afortunadamente la vida se mueve y yo soy el personaje físico y
emocional de ese texto y por mí han pasado muchas cosas. Espero
ser capaz de poder usarlas para enriquecer más a esta mujer.
UNA CAMA SIMBÓLICA
La puesta en escena, dirigida también por Sanchis, es sencilla: el
espacio escénico –idea de Ramón Ivars– está concebido como una
isla hiperrealista en el patio de butacas; y todos los elementos
de atrezzo y escenografía lo convierten en un espectáculo muy
familiar. “La cama es el elemento central y simbólico del
espectáculo, fue una cama preciosa que nos prestó el teatro Lliure.
El resto del atrezzo los teníamos en nuestra casa o los adquirimos
en los Encantes de Barcelona”, añade el autor. El actor Andrés
Arranz da vida al durmiente Leopold Bloom al que su mujer Molly se
ocupa de desenmascarar en este último capítulo por si algún
lector, y a pesar de sus debilidades, había simpatizado demasidado
con él.
Liz Perales. El Mundo. 28 de
mayo de 2004
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