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Yasmina Reza: “La lengua es la verdadera patria, pero
no siento como propia la cultura francesa”.- 10/3/04
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Yasmina Reza:
“La lengua es la verdadera patria, pero no siento como propia la
cultura francesa”
La prensa gala no
ha sido tierna con ella tras el estreno de su sexta obra, Une
pièce espagnole, dirigida por el suizo Luc Bondy, pero el Teatro
de la Madeleine de París está lleno todas las noches y ya ha
empezado la carrera de las traducciones y de la venta de
derechos en todo el mundo. Reacia a la entrevistas, la más
internacional de los dramaturgos franceses ha accedido a hablar
para El Cultural con motivo de su visita a Madrid, el 15 de
marzo, donde pronunciará una conferencia.
Catapultada a la fama en 1994 con Arte, quizá la obra de un
autor vivo más representada en el mundo, Reza (París, 1959)
considera que la última, Une pièce espagnole, es su mejor obra,
concebida según el principio de las muñecas rusas: los
protagonistas ensayan una obra española en la que a su vez
interpretan una obra búlgara...
–¿Por qué Una pieza española y no de cualquier otro sitio?
–España es un país que conozco, me parece que tiene un ritmo
particular en su lengua, en su música. Me gustan mucho los
españoles, me fascina su espontaneidad. Es un país vivo,
sensual. Me pareció que iba bien con el tipo de escritura que
quería utilizar en la obra que los actores ensayan dentro de mi
obra. Me sentía con un humor español.
–¿Ha vendido ya los derechos de la obra en España?
–Todavía no, por el momento la estamos traduciendo. Es bastante
curioso porque ya está traducida al argentino y quizá se
presente en España en esa versión. El problema de esta pieza
española es que su principio funciona en todas partes salvo en
España. Quizá funcione con unos argentinos que ensayan una obra
española, así se conservaría ese ligero desfase (de culturas).
Por otra parte, la obra es muy nueva, acabé de escribirla en
junio pasado y no quiero precipitarme. Ahora tengo la suerte de
que mis obras se montan en todas partes y es mejor retener un
poco los proyectos que decir sí a todos.
TRADUCCIONES CATASTRÓFICAS
– Para usted, que procede de una familia donde la música estaba
muy presente, es importante la sonoridad de las palabras. ¿Le
plantea muchos problemas en las traducciones?
–Sí, sí, es una catástrofe porque mi escritura es musical y las
traducciones siempre son un momento muy doloroso. Cuando no
comprendo en absoluto la lengua, no puedo controlar nada. Pero
en las lenguas que comprendo o que comprenden mis amigos o
colaboradores próximos, de entrada nunca encuentro en la
traducción lo que me interesa de la obra y acabo pidiendo al
traductor que vuelva a trabajar el texto varias veces.
–¿Qué le ha impulsado a tomar a los actores como protagonistas
de esta última obra?
–Son gente que frecuento desde hace muchos años. La relación
entre el actor y el autor es una relación muy complicada, hecha
a la vez de amor y de rechazo. El actor dice palabras inventadas
por otro, y no forzosamente de la forma en que la persona que
las ha inventado quiere que las diga. Hay un deseo de libertad
por parte del actor que va a ser constreñido por el autor. Y
éste, al mismo tiempo, espera una libertad del actor, pero en
una zona particular: demasiada libertad tampoco es buena. Es una
relación extraña.
–¿Se alegra de no haber perseverado como actriz? ¿Influye esa
experiencia en su forma de escribir?
–He actuado un poquito recientemente, pero por diversión. No
tengo ninguna nostalgia de ese oficio, mi posición actual es
infinitamente más libre. El hecho de haber sido actriz me
resulta útil a la hora de escribir, porque los autores que
tienen la experiencia física del actor conocemos los límites de
las palabras. Sabemos que podemos aislar una frase en su bello
silencio. No hace falta explicar nada, el actor está ahí para
eso. Supone una gran confianza en el actor y un tipo determinado
de escritura nada explicativa. A menudo, los autores que no
tienen esta experiencia escriben de manera más literaria y
poética. Es también una gran escritura, pero no es igual.
–Dice que se siente más próxima del personaje de Aurelia, que en
la obra es la menos afortunada de las dos hermanas actrices. ¿No
se ve como una triunfadora?
–Tengo la impresión de haber tenido mucha suerte, de haber sido
incluso extraordinariamente afortunada, pero en el fondo no
tengo la sensación de haber triunfado. ¿Triunfado en qué? El
éxito no tranquiliza, contrariamente a lo que se cree le hace a
uno muy vulnerable. Siempre se tiene la impresión de que es una
ilusión. Uno se pregunta si sabrá volver a hacerlo, y además yo
no quiero hacer siempre lo mismo, quiero ir más allá, probar
otras cosas, correr otros riesgos. La única cosa concreta del
éxito es que da una cierta seguridad financiera y, por
consiguiente, una gran libertad en el trabajo. Libertad para
esperar antes de ponerme a escribir, si no estoy inspirada. Soy
mi propio amo como escritora, pero aparte de esto me siento como
Aurelia, nada brillante ni gloriosa. Es mi naturaleza profunda,
algo que no tiene nada que ver con lo que ocurre a mi alrededor.
–¿Cómo se siente al ver sus obras montadas?
–Depende, hay sobre todo decepciones. En los casos en los que
suelo trabajar con el director elegimos juntos los actores y
asisto a los ensayos: es más bien una alegría y si hay sorpresas
son agradables. Pero cuando me invitan a algún sitio donde no he
tenido nada que ver con el montaje –de hecho ya no suelo ir–
acaba siendo terrible. Uno se cree en la obligación de decir que
está bien, aunque no lo sienta realmente.
–En España fue Josep Maria Flotats quien montó Arte. ¿Cómo fue?
– Hablamos bastante, pero era difícil trabajar estrechamente a
causa de la distancia. Él había visto la obra en París y yo
confiaba en él: había montado La gaviota, era una puesta en
escena excepcional, y también hizo formidablemente Angels in
America, no tenía ninguna duda sobre él.
PROFETA FUERA DE SU TIERRA
–La crítica francesa ha sido dura con Une pièce espagnole. ¿Por
qué cree que es mejor acogida en el extranjero que en Francia?
–Es verdad que la prensa francesa ha sido horrible, mientras que
la prensa alemana, la belga, la austriaca o la suiza han sido
elogiosas. Creo que el éxito extranjero no es bueno para mí en
lo que a los críticos franceses se refiere: la libertad que
tengo, el hecho de que no les necesite para llenar un teatro, no
es aceptable para ellos. Seguramente, también porque el éxito
comercial les resulta siempre sospechoso y todo eso se ha
agravado por el hecho de que no comento nunca mis obras, no voy
a la televisión, me niego a hacer mi promoción intelectual. En
mi opinión, las obras son lo bastante elocuentes. En un mundo
ideal, el artista no tendría que pronunciarse. Si solo
dependiera de mi, nunca daría entrevistas.
–Es usted hija de un ruso iraní y de una húngara, ha crecido y
vive en Francia. ¿Qué efectos tiene esa mezcla de culturas en su
obra?
–Al principio me hacían esa misma pregunta y solía contestar que
no influía nada. Pero luego, viajando por el extranjero, sobre
todo en los países anglosajones, mucha gente me ha dicho que no
tenía una escritura francesa, que no escribía como los
franceses, y finalmente creo que es verdad. Debe de haber alguna
influencia de la manera de hablar de mi casa, donde no lo
hacíamos en francés, y eso se refleja sin duda en mi manera de
escribir sin que yo pueda comprender cómo.
–¿Se considera integrada en la cultura francesa o se siente más
bien un poco de todas partes?
–Más que de todas partes, no me siento de ninguna. Evidentemente
me siento integrada en la cultura francesa porque hice todos mis
estudios aquí y, sobre todo, el francés es mi lengua. Creo que
en mi caso la verdadera patria es la lengua. Para la mayoría de
la gente es la tierra, pero para mí no, en absoluto. Sin
embargo, la lengua como patria es algo muy abstracto, por lo
demás, mi cultura francesa es bastante limitada, no considero su
historia parte de mi historia, ni tengo una cultura literaria
francesa mayor que la de otros países, tampoco es la música
francesa la que me gusta. En el fondo no tengo muchos lazos
culturales, salvo que luego en mi vida adulta he acabado amando
el país por su belleza, pero como tierra de acogida.
LA ETERNIDAD COMO ARGUMENTO
–Ahora que sus obras se representan o se leen en todo el mundo,
¿se pregunta al escribirlas si la entenderán igual fuera de
Francia?
–No, no, nunca he escrito para interesar o agradar a alguien más
que a mí misma. Lo que sí que hay es un afán personal de ir a lo
esencial, a la preocupación existencial: qué es el hombre, cuál
es el sentido de su vida, cuál es la identidad humana y cuál es
su relación con el tiempo. Por eso me parecía interesante hablar
de los actores, porque la relación de los actores con el tiempo
es muy aguda.
–¿En qué se diferencia de la del resto de las personas?
–Los actores envejecen como seres humanos, pero los personajes
no. Por ejemplo, cuando una actriz quiere interpretar a Nina en
La gaviota, sabe que tiene diez años para hacerlo, luego será
demasiado tarde. El hecho de que los personajes sean eternos
hace que el actor sienta de forma más violenta la condición
humana, nuestra falta de eternidad. La relación con el tiempo es
una cuestión que siempre me ha interesado, ya me la planteaba a
los 18 años, por no decir a los 16.
–Sus preocupaciones no han cambiado, y ¿su forma de escribir?
–Sí,por supuesto. Al principio eran más atmosféricas, más
clásicas, ahora escribo de manera más elíptica, más abierta, más
fragmentada. Pero esta evolución son tentativas que hago porque
me parece que el modo de narración implica un modo de
pensamiento. Es un poco la misma evolución que se ha producido
en la pintura, en la música.
ESCRIBIR DESPUÉS DE ARTE
–¿Fue difícil volver a escribir después de Arte?
– Sí, muy difícil. Tardé cuatro o cinco años, el éxito fue
desestabilizador. No llegaba a salir de esa obra, que por otra
parte yo no consideraba la mejor de las que había escrito. La
había terminado en un mes y medio y apenas si la había
corregido. Necesitaba deshacerme de todo eso y la única forma
era dejar pasar el tiempo. Une pièce espagnole también la he
escrito deprisa, aunque la he trabajado más, tres meses y medio.
Creo que es mi mejor obra.
–¿Le resulta más fácil el teatro o la novela?
–El teatro exige unas cualidades técnicas particulares porque
tiene que ser representado por actores, lo que impone una
limitación. No creo que la novela exija una técnica porque es
algo muy libre. Nunca decido de antemano si voy a escribir
teatro o novela. Un día escribo cinco líneas, puede ser una
persona que habla o una descripción, cualquier cosa, y a partir
de ahí arranco o no.
–¿Cómo ve el teatro en Francia?
–Para ser totalmente franca, no tengo ninguna opinión. (Risas).
Cristina Frade.
El Mundo. 27 de febrero de 2004
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