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El nuevo cine argentino está en otra parte,
por Alfredo Cabrera
Cada tanto aparece la muletilla de un nuevo cine argentino en los grandes medios. Y últimamente ha vuelto a desplegarse.
Pero frente al nuevo viejo cine de ficción complaciente camuflado de comprometido y disfrazado de cine social que se exhibe en los cines comerciales, hay otro nuevo cine registrado en video y exhibido en las provincias, en los barrios, en las empresas recuperadas, en los emprendimientos productivos y en los movimientos de trabajadores desocupados.
Aquél cine de ficción social es hoy el cine que el sistema de dominación colonial y sus funcionarios locales promocionan y fomentan como una manera de ocultar las llagas de miseria que ese mismo sistema provoca en nuestra sociedad con la complicidad de los funcionarios coloniales, incluidos los del cine y la cultura.
Un cine que trata, por ejemplo, de transformar en héroes a un par de despreciables sujetos de ideología menemista. Un cine que entre reinas y medianoche nos vende basura envuelta en papel de regalo. Y encima se presenta como un ejemplo de éxito, como si ser un buen manipulador de imágenes al servicio del poder fuese un objetivo válido de vida profesional.
Un cine que en el mejor de los casos recurre -supuestamente- a describir a los sectores marginados pero que, sin embargo, lo único que hace es confundir a los marginados con los marginales. Estrategia muy inteligente a la hora de separar a la clase media de los trabajadores ocupados y desocupados que luchan y se movilizan; pero nosotros sabemos que los trabajadores no utilizan la pobreza como coartada para robar y matar y no se transforman en represores de la bonaerense para salvarse.
Pero frente a toda esta canallesca confusión, una nueva generación de jóvenes realizadores de verdad independientes nos propone otra cosa. Nos propone un cine que no aspira a la marquesina individual o la nota comprada en la página de espectáculos. No. Lo que nos propone es un cine documental hecho de carne y de sueños.
Hoy hay una enorme y nueva camada de jóvenes documentalistas.
Sus miembros, lejos de la frivolidad que rodea al Instituto de Cine y sus corifeos, tampoco se han convertido en servidores de los aparatos políticos que merodean en los arrabales del poder y no se han transformado tampoco en provocadores y servidores gratuitos de la inteligencia estatal.
Ellos tampoco están en el centro de la escena y el gran diario argentino no les dedica una tapa del suplemento de espectáculos como a los usurpadores del falso cine piquetero. Ellos producen en la periferia y sólo aparecen promocionados en los pequeños periódicos locales, en boletines de trabajadores desocupados, en cuadernillos de micro emprendimientos o cooperativas de base. En todas las provincias, en sus capitales y en las ciudades más importantes, y aún en muchos de sus pueblos, así como en los barrios del gran Buenos Aires, hay grupos de realizadores jóvenes que se expresan mediante la imagen documental, y que resisten junto a su gente, honestamente, simplemente, sin alaridos y sin proclamas.
A ellos nos referimos. Ellos son el nuevo cine argentino, mal que les pese a los mercenarios, a los comerciantes y a los burócratas sindicales y políticos.
Alfredo Cabrera
Videísta documentalista
Corrientes, Argentina
Movimiento de Documentalistas
www.documentalistas.org.ar
Gentileza:: Mariana Kowal
mak@lvd.com.ar
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