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Alfabeto: el poder de veintinueve letras, por Ricardo
Katz.
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27/4/04
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Alfabeto: el
poder de veintinueve letras
por Ricardo Katz (*)
Para Agencia NOVA
Todo el mundo habla de ahorro de energía, pero
muy pocos hacen algo por conseguirlo. Existe una
idea que de hacerse efectiva, permitiría ahorrar
millones de pesos. Es un pensamiento
increíblemente simple y su realización no supone
ninguna peligrosa racionalización del trabajo.
La propuesta sería eliminar la letra "h" de la
estructura castellana. A primera vista, la idea
puede resultar disparatada. Pero tan absurda no
es. Otras lenguas emparentadas con la nuestra,
como por ejemplo la italiana, prescinden de la
letra "h" muda. ¡Piénsese en la tinta que se
ahorraría si no existiese la "h" muda! Pero las
ventajas no acaban allí.
El pequeñísimo ahorro de energía podría
repercutir, con el correr de los años, en sumas
verdaderamente importantes; sería posible
imprimir más palabras en menos tiempo; habría
más palabras en cada página del periódico. ¡Y no
olvidemos la energía que desperdicia cada uno de
nosotros a lo largo de la vida escribiendo esta
letra en cartas, escritos judiciales o simples
listas de compra!
Pero dejemos de jugar con la imaginación. A
decir verdad, en el tema que nos ocupa ya se ha
producido la mayor ganancia de energía: la
invención del alfabeto. Las veintinueve letras
que van de la "A" a la "Z" se han convertido en
parte tan esencial, que nos resulta imposible
imaginar una vida sin ellas.
Si se nos recomendara diseñar un nuevo alfabeto,
la mayoría acabaría imitando el que siempre ha
utilizado. Incluso los miembros de los servicios
secretos dedicados a desarrollar nuevos códigos
para transmitir mensajes reservados reconstruyen
su ciencia basándose en el alfabeto. Esto
explica que durante la Segunda Guerra Mundial
los estadounidenses no utilizaran mensajes
escritos para transmitir noticias ultrasecretas.
No existe ningún código secreto que no pueda ser
descifrado en algún momento.
La transmisión oral resulta mucho más segura. Un
ejemplo típico: en casos especialmente
importantes, las noticias del ejército de los
Estados Unidos eran transmitidas oralmente por
dos indios navajos que utilizaban su inusual
dialecto. Pero si pensamos que la función del
alfabeto no es otra que la de facilitar la
comunicación entre los hombres, cualquier
esfuerzo por hacerlo ilegible resulta un
verdadero contrasentido.
Cuando se leen palabras en una lengua distinta
de las nuestras se descubre el fantástico poder
que se oculta detrás de estas 29 letras. Basta
que seamos capaces de descifrar los caracteres
para tener la impresión de poder repetirlos.
Incluso desconociendo su pronunciación. Un
clásico ejemplo lo proporcionan los arqueólogos.
Cuando en el siglo XIX se descubrieron los
"epígrafes etruscos" en Italia, los estudiantes
lograron leerlos sin más, pues las letras
guardaban gran parecido con el alfabeto latino.
Pero es necesario acudir a la historia para
poder comprobarlo. Muchos habrán experimentado
algo parecido al hojear algún libro en
castellano antiguo. Naturalmente podemos leerlo
fluidamente; sin embargo, algo en él nos resulta
pasado de moda.
* El origen de nuestra "M" latina es común al de
otras lenguas. Procede de los jeroglíficos
egipcios, en los que representaba el movimiento
ondulante de las olas del mar. Un caso típico de
grafis que permanece casi inalterable.
(*) Licenciado en Ciencias de la Educación y
escritor
nacional@nove-net.com.ar
Gentileza:: Agencia NOVA
noticias@nova-net.com.ar
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