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COSTA RICA
El teatro en el año 2004.
Cantidad contra calidad
La actividad escénica
profesional costarricense, que
se concentra en la capital,
siguió en el 2004 la misma
tendencia observada durante los
últimos lustros, según se
desprende de los 26 comentarios
evaluativos publicados en este
diario, 18 de ellos firmados por
el crítico William Venegas y el
resto por quien escribe.
Por un lado, de nuevo se notó
una marcada desigualdad
cualitativa en los montajes
subvencionados de los teatros
oficiales y universitarios; por
otro, continuó la abundante
oferta de títulos de parte de
las salas privadas y
comerciales, casi todos
sexicomedias de pronunciada
lubricidad; en contraste, unos
pocos grupos independientes
intentaron ofrecer al espectador
la alternativa de propuestas de
mayor seriedad y contenido más
hondo, pero no siempre
obtuvieron el éxito que
pretendían y, en algunos casos,
merecían.
LA CNT Y EL TN. Afectada por la
falta de un presupuesto adecuado
y todavía recuperándose de la
gestión perjudicial de su
antiguo director, la Compañía
Nacional de Teatro (CNT) solo
produjo dos montajes durante el
año.
El primero fue Rinocerontes, de
Eugène Ionesco, obra clásica del
teatro de lo absurdo, que se
malogró debido a la dirección
desastrosa del argentino Lorenzo
Quinteros, bien que la
escenografía atractiva de Pilar
Quirós redimió parcialmente la
puesta.
El segundo fue Arte, comedia
satírica de la francesa Yasmina
Reza, pieza que ha sido bien
acogida por el público en muchos
países, sin que el nuestro fuera
excepción, pese al comentario
poco entusiasta del colega
Venegas.
En la pequeña sala del teatro
Vargas Calvo, el Teatro Nacional
(TN) produjo cuatro
espectáculos. El primero fue
Como un puñal en las carnes,
monólogo tragicómico del
argentino Mauricio Kartun. La
obra contó con la actuación
convincente del argentino Jorge
Ricci y la dirección acertada de
Alfredo Catania.
Luego, ahí mismo el TN montó Mi
mamá, ¿me ama?, de la
costarricense Claudia
Barrionuevo, fina y entretenida
comedia que la autora misma
dirigió con mano segura.
También en esa sala el TN
reestrenó dos obras breves de
autores nacionales, en un nuevo
y hábil montaje de Mariano
González: Un trágico tico a
pesar suyo, adaptación de Samuel
Rovinski de un sainete del ruso
Anton Chéjov; y Naturaleza
muerta con violín, de Alberto
Cañas. La escenificación recibió
un comentario muy favorable de
William Venegas.
Por último, siempre en la Vargas
Calvo, Luis Fernando Gómez
dirigió Al abrigo de un bosque,
del francés Jean-Michel Ribes,
pieza en un acto que encontré
demasiado difusa y de una
ambigüedad decepcionante.
UNIVERSITARIOS. Dos montajes del
Teatro Universitario de la
Universidad de Costa Rica (TU),
presentados en el Teatro de
Bellas Artes, fueron comentados
de modo favorable por Venegas.
Este alabó el concepto escénico
original que la joven directora
Gina Monge desplegó en su puesta
de Yerma, de Federico García
Lorca, considerada una obra
clásica del teatro español del
siglo XX.
Asimismo, calificó positivamente
la escenificación de la veterana
María Bonilla de la pieza
Mujeres que beben vodka, del
mexicano Víctor Hugo Rascón,
varias de cuyas obras han sido
montadas aquí por Bonilla
anteriormente.
En contraste, yo manifesté una
opinión desfavorable del montaje
de Luis Carlos Vásquez de Ecos
de mi sangre, pieza de Arnoldo
Ramos que propone una
aproximación a las raíces
históricas del mestizaje racial
de los costarricenses, pero que
fue ninguneada por las refritas
luiscarladas del director.
La Escuela de Arte Escénico de
la Universidad Nacional (UNA)
produjo la puesta, destinada a
un público de colegiales, y con
ella se inauguró la remodelación
del teatro del Centro para las
Artes del campus Omar Dengo.
Un juicio similar me mereció el
montaje para colegiales de La
loca de Gandoca, basado en la
novela homónima de Ana Cristina
Rossi, y dirigido por Vásquez en
el Auditorio Nacional, con el
apoyo del Ministerio de
Educación Pública.
INDEPENDIENTES. En el teatro
Giratablas, Rubén Pagura
presentó con éxito El justiciero
enmascarado, espectáculo
unipersonal de teatro y música
que traslada y transforma las
andanzas de Don Quijote y Sancho
a nuestros días, en el contexto
del nerviosismo desatado por los
ataques terroristas del 11 de
setiembre del 2001.
A pesar del interesante
planteamiento teórico, algo
menos afortunado me pareció el
montaje de Juan Fernando Cerdas,
en el teatro Fanal, de Mujer y
carnicero, su propia adaptación
de dos cuentos del alemán Heiner
Müller.
EX, puesta de Fernando Vinocour
de su propio arreglo de dos
piezas breves del
franco-irlandés Samuel Beckett,
presentada en el Fanal, tampoco
se ganó el favor del crítico
Venegas ni del público.
Siempre en el Fanal, Venegas
repartió palo al montaje de El
burdel y la lluvia, dramaturgia
y dirección de los
costarricenses Diego Soto y
Pedro García, respectivamente.
Más indulgente se mostró Venegas
con los actores y el dramaturgo
tico Sergio Masís, cuya pieza La
celda de papel se estrenó en el
Fanal, pero la dirección de
Fabián Sales se ganó una opinión
negativa del crítico.
SALAS COMERCIALES. Títulos como
Secuestro a nalgada limpia
(Teatro La Esquina) y Papichulo,
nadie lo hace mejor (Teatro
Moliere) complacen a cierto
público, pero desalientan la
crítica. Sin embargo, William
Venegas hizo de tripas corazón y
presenció varios montajes de esa
índole.
Algunos, como VIP en la zona
roja (Teatro La Comedia) y Amor,
extraño amor (Teatro Chaplin)
sufrieron censuras severas; con
otros el crítico se portó más
benévolo, entre ellos La amante
del diputado y Terroristas del
corazón (ambos en el Teatro del
Ángel).
De mi parte, comenté de manera
favorable la nueva puesta en
escena de El chispero, sainete
costumbrista de Alejandro
Sieveking, que Lucho Barahona
estrenó en el teatro que lleva
su nombre.
FIA 2004. En general, los
espectáculos teatrales del
Festival Internacional de las
Artes (FIA 2004) se mantuvieron
a un nivel alto. Entre los 11
montajes presenciados y
comentados por William Venegas y
quien escribe, cabe destacar
Sibelius, pieza dramática de
Carlos Catania, con las sólidas
actuaciones del autor y su
hermano Alfredo, quien dirigió;
Memoria viva, espectáculo de
medios múltiples de la compañía
canadiense Les Deux Mondes;
Tararam, versión israelí de
Stomp, y, finalmente, Madame
Curie, pieza unipersonal que
evoca la vida, la obra y la
época de la famosa científica
polaca, con la interpretación
estupenda de la actriz uruguaya
Nidia Telles.
Andrés Sáenz. La Nación. 25
de diciembre 2004
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