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Cultura y globalizacion.- 4/2/05
 
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Cultura y globalizacion*
El trabajador de la cultura
soporta con su cuerpo una tarea
de Sísifo: abrir puentes allí
donde proliferan los abismos de
superficialidad.
Tejer vínculos y esperanzas
vitales entre personas y grupos
sociales para poner solidaridad
sobre la destrucción sistemática
de lazos y espacios comunes que
gesta en su inercia ciega el
capitalismo.
Infinita tarea. El
individualismo y la oscuridad de
cada indiferencia cotidiana son
el territorio a ocupar en una
lucha de violencias y
marginaciones.
El capitalismo destruye ocios,
pensamientos e intercambios
humanos, los reemplaza por una
búsqueda compulsiva del objeto
-definitivamente perdido, pero
reencontrable en la oferta
interminable de
objetos-mercancía -.
Esa busqueda de reencuentro solo
difiere la angustia hasta límite
impensables y define la soledad
por destino.
Para el trabajo alienado no hay
más sentido que el acto de
compra, fugaz reencuentro con un
deseo que escapa y prolifera en
objetos inútiles.
Para muchos, todo el trabajo de
sus días no alcanza para saciar
el hambre, para otros pocos,
toda la voracidad de objetos y
pertenencias compradas no puede
calmar la angustia de muerte y
finitud del tiempo humano. Sin
embargo la corriente diferencial
entre el hambre que extorsiona a
trabajar sin placer y la
voracidad que no agota el vacío
con ningún objeto, organiza la
existencia de nuestras
sociedades y en ese campo
rodamos al vértigo.
La cultura dá alternativa
existencial, Contra el vacío que
produce el capitalismo en el
después de cada acto de compra,
de cada rutina teñida de tedio y
penuria de sentido.
Buscamos una identidad social
reconociada entre azarosas
prácticas sociales que, como
desiertos, aspiran lágrimas y
sudor.Y, esa producción cultural
es la alternativa a la
producción de identidades desde
el poder de las instituciones:
la creatividad es un destino
contra el agua podrida
institucional: su poder es la
concentración extrema y vertical
de la carencia que nos obliga a
vivir en rituales de
sometimiento. En chantaje
fáctico a la razón y rehenes de
la necesidad. En las
instituciones domina la regla de
la productividad creciente del
malestar, y asi, TODOS PUEDEN
AGUANTAR UN POCO MAS.
Las políticas institucionales
son simulaciones paródicas que
nos deslizan a un orden de
virtual manipulación. Lo
detestable de las prácticas
políticas e institucionales es
esa capacidad esencial por
adaptarse y englobar, hasta
digestivamente, cualquier
brutalidad existente.
La política es una fusión entre
la ilusión y la ambición del
poder, ambas se entrelazan, son
máscaras intercambiables. Al
final, la resignación feroz del
político a los sentidos más
permeables y fáciles ( ceder
ante el poderoso y humillar a
los débiles ) confirma una
soberanía del acontecimiento, la
pleitesía al hecho consumado y
placer mórbido de guiarse por
él, casi, como los antiguos
leían en signos de la naturaleza
o producían revelación en
rituales chamánicos. El
acontecimiento, si es trágico
mejor, es el oráculo de la
actividad política.
y en la respuesta formal a lo
siniestro se negocia y se hace
política.
La productividad económica del
malestar:
Así como el escenario político
funciona porque existe un limite
individual y colectivo en la
percepción de lo siniestro - la
gente no vota anclada en lo
trágico, prefiere la ingenuidad
de soplar un deseo-. La
mercancía es lo que resta cuando
el deseo esta aniquilado y los
objetos internos alienados en
formas formas sólidas y
desencantadas de la angustia.
La ilusión es la regla del
intercambio real y el malestar
cultural es el motor del
circuito : ilusión - dinero -
mercancía.
El capitalismo extorsiona
trabajo asalariado incrementando
las desigualdades objetivas,
pero ¿ qué se hace con los
excedentes monetarios?, ¿cuál es
el destino de las ingentes masas
monetarias que orbitan el
planeta sin encontrar objeto,
condenadas a una reproducción
inercial que sólo catástrofes
cíclicas del valor pueden
frenar?. No hay objetos
suficientes y por eso el dinero
induce a la metamorfosis de
productos culturales en viles
mercancías.
Globalización de la banalidad.
La escena visual de los medios
masivos es un espectáculo
mórbido de la condición humana.
Una virtualidad terrorista que
controla cualquier ilusión
progresista sobre lo social. En
los mass media no hay destino,
todo se encadena en la fugacidad
de signos e imágenes que han
perdido su soporte humano,
vincular y social.
El recorte de los medios no da
esperanzas, lo público es el
crisol donde se reciclan y
fundan odios y tragedias.
Entonces, parece quedar sólo esa
oscura privacidad de la
individualidad como soporte de
la libertad.
La comunicación progresa en
oposición a esa virtualidad
unidireccional que organiza
manipulación con fines
económicos y políticos.
Una comunicación diáfana y
franca, entre iguales, es hoy en
día un bien escaso pues debe
superar los obstáculos de una
globalización indiferente. Y las
formas anuladoras del sentido
pleno que son las instituciones
( el esplendor de la orden y la
rutina inútil ).
La producción cultural gesta la
posibilidad de un dialogo que
progrese en sucesivos
malentendidos creativos. y en
una praxis orientada por la
generación de demandas sociales
y la circulación de las
ilusiones disponibles. Sólo
desde la creación cultural se
pueden afirmar las creencias e
identidades sociales como bienes
legítimos.
Tejer redes de comunicación
horizontales con fin, pretexto y
práctica en el arte, es el
puente para rodar por las
alegrías, heridas y ternuras,
territorios comunes de lo
sensible que anulan los abismos
de carencia de la globalización.
*De Eduardo F. Coiro
inventivasocial@hotmail.com
Gentileza::
inventivaedicion@infovia.com.ar
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