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ESPAÑA
Sin escenario que les exhiba
Se dispara la producción de
espectáculos.
La inflación de espectáculos que
sufre el mercado teatral español
actual y las complejas redes de
distribución creadas con la
descentralización del Estado ha
llevado al sector a una
complicada situación que sería
insostenible sin subvenciones. A
esto se añade las dificultades
que encuentran productores y
compañías para actuar en Madrid
y Barcelona, las plazas más
deseadas pero también las que
mayor inversión y riesgo
entrañan.
Madrid y Barcelona son las
plazas más deseadas por actores
y compañías de todo el país,
pero también las más difíciles
de alcanzar. No es fácil asumir
la inversión que exige actuar en
estas ciudades, además de
sortear otros obstáculos como el
de encontrar un espacio escénico
libre, por ejemplo. Por ello, la
vida de la gran parte de los
espectáculos que se producen en
el país tiene lugar a través de
los diez circuitos regionales
que han organizado las
comunidades autónomas y que
integran espacios escénicos de
titularidad municipal y
autonómica.
Como sostienen José Manuel
Garrido, exdirector del INAEM y
empresario teatral de Artibus,
“hacer teatro en España se está
poniendo muy complicado. Hay una
inflación de obras teatrales.
Antes de la descentralización
autonómica, la producción se
concentraba en Madrid y
Barcelona, pero hoy hay teatro
profesional en casi todas las
provincias. Podría pensarse que
como en todos estos años atrás
ha habido una política de
rehabilitación de teatros en
toda España se iba a producir un
equilibrio que daría salida a
estos productos. Pero no. Estos
teatros programan sólo los fines
de semana, lo que lógicamente
reduce las posibilidades de
exhibición”.
UN MERCADO PROTEGIDO. El asunto
se complica porque los teatros
no son un mercado libre al que
cualquier compañía pueda
acceder. Hoy las giras se hacen
a través de los diez citados
circuitos autonómicos, que
agrupan un total de 450 espacios
escénicos de titularidad
pública. Estos circuitos
subvencionan a los teatros, lo
que permite que las compañías
actúen en ellos a caché (el
precio que pongan); pero los
circuitos también establecen
unos criterios de programación
dirigidos a promocionar a las
compañías de su propia comunidad
y que actúan en su lengua, si la
tienen. Se da la circunstancia
de que hay circuitos como el de
Madrid o Castilla-León que son
permeables a producciones de
otras comunidades, frente a los
de Cataluña o Andalucía,
prácticamente infranqueables
para compañías que no sean
originarias.
Ana Gelín, de la distribuidora
Producciones Teatrales
Contemporáneas, explica que “hay
una mayor competencia, pero este
crecimiento de la producción no
se da tanto a nivel nacional,
sino de compañías locales o
autonómicas. Son las que reciben
apoyo, no suelen salir de su
circuito autonómico, pero
impiden entrar a las grandes
compañías nacionales”. Así que,
en muchos casos, la elección que
hacen los programadores de estos
teatros atiende más a razones
políticas que de calidad.
En el año 2000 se creó la Red
Española de Teatro, Auditorios y
Circuitos de Titularidad
Pública, una asociación cultural
sin ánimo de lucro que
inicialmente pretendía organizar
las giras de las compañías,
garantizándoles un número de
“bolos” poniendo de acuerdo a
los teatros. Pero su labor más
bien ha consistido en ofrecer
información y “recomendaciones”
de las producciones de cada
temporada, de forma que les
sirva de referencia a los
programadores. Hoy los
productores no se muestran
contentos con la labor de la
Red. “Al principio se creó para
que teatros y compañías pudieran
organizar sus giras de acuerdo
con la localización geográfica
de los teatros y, de esta forma,
poder ajustar más los precios.
Pero esto no es así”, explica
Gelín, quien sin embargo confía
en el nuevo equipo que acaba de
entrar a dirigir la Red:
“Esperemos que las cosas cambien
porque Gonzalo Centeno (el nuevo
presidente de la Red) es un gran
conocedor del medio”, añade. “La
Red no me resuelve nada”, añade
Garrido. “Distribuye una
información sobre las compañías
pero, lo cierto, es que al final
tengo que ir circuito por
circuito y teatro por teatro
para vender mis producciones e
intentar amortizarlas”. ¿Y
cuántos bolos tiene que hacer
hoy una compañía para amortizar
su inversión?. “Lógicamente,
depende de las características
de cada producción”, continúa
Garrido, “pero El retrato de
Dorian Gray, que actualmente
está de gira y llegará en
febrero a Madrid, tendría que
hacer unos 60 bolos para
amortizar la inversión si no
recibiera subvenciones, una
cifra que no alcanza casi
nadie”, añade.
La distribución se hace todavía
más complicada si se trata de
Madrid o Barcelona. En el medio
teatral es popular el dicho de
“si hemos actuado en Madrid,
hemos actuado”, que da idea de
la importancia que conceden las
compañías a la capital.
VALENCIA, LA TERCERA CAPITAL.
Madrid “actúa como un altavoz a
nivel nacional de nuestro
trabajo, ya que ahí están los
medios de comunicación
nacionales, pero también nos
permite hacer temporadas más
largas, estar dos o tres meses
en un teatro, pues la demanda es
mucho mayor”, señala Toni
Benavent, productor de la
compañía valenciana Albena,
quién dice también que “Valencia
se ha convertido en la tercera
capital teatral del país, cuenta
con una afición que permite a
muchas compañías permanecer en
cartel hasta seis semanas”.
Además de que resulta difícil
encontrar un teatro libre,
actuar en Madrid es una aventura
empresarial muy arriesgada para
las compañías, ya que en la
capital no encuentran el colchón
del teatro público. En Madrid
las compañías suelen actuar en
teatros privados, lo que implica
“ir a taquilla” (por lo general,
los ingresos se reparten al 50 %
entre el empresario del teatro y
la compañía, y comparten los
gastos de publicidad). Sólo hay
dos teatros públicos de
exhibición –el Albéniz y el
Centro Cultural de la Villa– que
establecen acuerdos más
ventajosos con las compañías (o
les dan un porcentaje más alto
de los ingresos por taquilla, o
pagan un caché, o llegan a una
fórmula mixta, además de correr
con los gastos de publicidad).
Pero estos dos teatros, como
dice Ana Gelín, “dan cobijo a
todas las compañías del país
¿qué teatro público de Barcelona
programa a una compañía
madrileña? Ninguno”.
UN NEGOCIO POCO RENTABLE. Albena
Producciones es una compañía
media que ha estado en Madrid
con Besos. Ahora acaba de
estrenar en Valencia, en el
teatro Talia, Tu vida en 65
minutos, de Albert Espinosa, un
formato de obra de dudosa
rentabilidad si se piensa para
Madrid:“Tendríamos que desplazar
a seis actores, dos técnicos y
un coordinador y contar con un
teatro de 500 butacas como
mínimo. Si tengo que pagar
salario, hotel y promoción, y
consigo llenar el teatro al 50%,
que ya está bien, perdería
dinero”, añade Benavent.
Incluso, obras con un cartel muy
atractivo no se han visto en
Madrid. Es el caso de La brisa
de la vida, que en la pasada
temporada interpretaron Nuria
Espert y Amparo Rivelles, o
Sarah Bernhart, que giran Emilio
Gutiérrez Caba y Charo López.
En Barcelona pasa otro tanto,
pero según la distribuidora Ana
Gelín hay menos alternativas:
“Los teatros públicos están
vetados a compañías no catalanas
y hay menos teatros privados,
además de que los costes suben
pues hay que pagar el hotel de
los actores...”. Quizá, la
ventaja esté en el asunto de la
publicidad: “tienen acuerdos con
el ayuntamiento para
promocionarse a través de
banderolas en las farolas que,
en Madrid, están reservadas
únicamente a promoción
institucional”.
Todas estas circunstancias
explican, según José Manuel
Garrido, “que el teatro
comercial busque vodeviles y
comedias ligeras para que le
salgan las cuentas, mientras el
teatro de arte se refugia hoy en
las salas alternativas”.
Liz Perales. El Mundo. 10 de
diciembre de 2004
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