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COLOMBIA
Grupo de teatro de El Nogal
monta 'Por los asombros de mi
alma', sobre el atentado
Después de la tragedia, el grupo
del club decidió desnudar sus
sueños, ansiedades, logros y
temores.
La noche del viernes 7 de
febrero del año pasado, mientras
los noticieros mostraban las
alarmantes imágenes del atentado
al Club El Nogal y se comenzaban
a enumerar los heridos y
víctimas, la actriz y directora
Laura García marcaba el número
de los integrantes del grupo de
teatro que, de no haber ocurrido
la tragedia, deberían ensayar al
día siguiente en las
instalaciones del lugar.
Una cadena telefónica se armó en
ese momento y cada uno llamó al
otro. Todos, al menos los
integrantes del grupo de teatro,
estaban bien. Solo un miembro
del colectivo, el abogado Jairo
Raúl Rodríguez, estaba dentro
del lugar y vivió la tragedia en
carne propia pero sin mayores
problemas, aparte del
traumatismo de sentirse en
peligro.
Al día siguiente, las directivas
culturales del club dijeron que
el grupo continuaba. Estaban a
punto de remontar Lisístrata, de
Aristófanes, y decidieron buscar
otro lugar para ensayar. Unas
semanas después, durante el
encuentro, todos escucharon de
labios de Rodríguez el relato
pormenorizado de lo ocurrido. En
ese momento, Laura ya había
tomado la determinación de
realizar un trabajo teatral que
sirviera como forma de reflexión
sobre lo acontecido. Así nació
Por los asombros de mi alma, la
pieza que estrenaron la semana
pasada en el reconstruido club y
con la que ahora harán diversas
funciones en varios lugares.
"No es una reconstrucción de los
hechos", dicen enfáticamente los
diez integrantes del grupo. "No
se puede jugar con lo que pasó,
con lo que sintieron las
víctimas, pero sí podemos hacer
una reflexión sobre lo que pasa
en el país", dice la arquitecta
Patricia Orozco.
Y la pieza es, antes que un
trabajo teatral en el sentido
estricto de la palabra, un
performance en el que los
actores mezclan elementos de
danza, de música y hasta de
actuación. "Hay muchos
sentimientos, pero sobre todo se
ve el dolor y la manera como se
aprende de lo que les ocurre a
las personas", cuenta la
estudiante de comunicación
social Vanesssa Martí, que junto
a su gemela, Andrea, es otra de
las integrantes.
El grupo teatral nació en 1996 y
desde entonces ha montado Chicó
Reservado (versión libre de la
obra Barrio Norte, del argentino
Miguel Martín Hernández), Cama
franca y Lisístrata. De los
actuales, solo dos actores son
fundadores: Jairo Raúl Rodríguez
y el asesor de seguros Jairo
Iván Uribe.
EL MONTAJE. Y con mi aliento
puro / comienzo a cantar hoy / y
no terminaré mi canto hasta que
muera. El verso del Canto a mí
mismo, del poeta estadounidense
Walt Whitman es un preámbulo
para los 11 cuadros que vendrán
a continuación. La alegría, el
odio, la violencia, la
sensualidad, la maternidad, el
terror, la naturaleza, la vejez,
el sadismo, la muerte y la
guerra son las formas de hablar
de lo ocurrido sin hablar
directamente. "Es el tránsito
por la vida de una persona",
dice la veterinaria Flor Marina
Yepes y añade la economista
Peggy Clavijo: "Alguien, después
de ver una función, me dijo que
era 'un ballet de la vida'".
A partir de improvisaciones
sobre las cosas más personales
de cada uno, Laura fue dando
forma a la pieza. Ninguno de los
integrantes se dedica hoy al
teatro y cada uno le hace el
quite a sus actividades
cotidianas para meterse en ese
mundo que antes, para casi
todos, era desconocido: "Mi hijo
me reclama el tiempo que le
dedico al grupo", cuenta Liliana
Janer, quien hace años fue
productora del Teatro Popular de
Bogotá.
Lo cierto es que para ellos, el
reto artístico es una especie de
terapia: "Hace unas semanas,
estaba en una negociación y les
conté a los clientes lo del
teatro y eso hizo fluir la
conversación más", agrega el
abogado Publio Perilla. Claro
que también menciona sus
aprietos, cuando en medio de una
audiencia debe inventar una
excusa pues no se siente seguro
de que decir que va para un
ensayo sea bien recibido por sus
representados.
En el escenario desnudo, el piso
cubierto con tierra amarilla y
unas velas alrededor, como en un
ritual, los actores ejecutan su
especie de danza de una hora.
"Esta obra se puede ubicar en
cualquier época y cualquier
lugar, es para sentir y no para
entender", concluye Andrea
Martí.
Diego Giraldo. El Tiempo. 16
de diciembre de 2004
Gentileza:: celcit [
celcit@sinectis.com.ar ]
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