¿Jugamos?
Un cuento de VERÓNICA EDYE
(“La vida es aquello que va
sucediendo mientras vos te
empeñás en otros planes” John
Lennon)
Cuando mi editor llamó por
segunda vez, decidí desconectar
el teléfono. Le había prometido
el diskette con una nueva
versión castellana de Crimen y
Castigo, para el fin de semana
pasado y no había logrado
terminarla. Soy traductora
pública especializada en idioma
ruso, vivo de mis adaptaciones,
pero estaba absolutamente
bloqueada. |
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Hacía días que un humor de
perros me acompañaba, como un
cruel y obsesivo sirviente, sin
abandonarme en ningún momento. Y
era a causa de una sumatoria de
cosas que me estaban agobiando:
el dinero que nunca alcanza sin
importar cuánto uno se deslome
trabajando, pues sólo nos
otorgan unas míseras regalías
por cada libro vendido, mi madre
con sus eternos reclamos
exigiéndome que sea otra, la que
ella soñó, el cansancio
acumulado hacia fines del año y,
lo peor de todo, el descubrir
que (mi ahora ex) novio me había
abandonado por una de mis
amigas.
¡Y pensar que se pasaba el día
criticándola!
¡Me sentía tan estúpida, tan
dolida y tan traicionada!
Realmente, no me había dado
cuenta de nada hasta que fue
demasiado tarde para recomponer
lo que habíamos tenido, ¡si es
que alguna vez hubo algo
parecido a un sentimiento
verdadero! Ahora empezaba a
dudarlo. No podía dejar de
pensar en dónde había estado la
falla ni en ellos abrazados en
la cama que yo había compartido
con él.
Estaba harta de mirar la
televisión sin verla, de hacer
solitarios en la computadora y
de leer sus cartas llorando
hasta que los ojos me dolieran
mientras desde una radio alguien
me cantaba al oído más penas de
amor, así que decidí salir de mi
encierro voluntario y la única
idea que me vino a la mente fue
la de ir al cine. “-Seguro que
ver alguna película me va a
distraer”-pensé entusiasmada; y
salí rumbo a la zona de las
salas que se instaló en mi
barrio, a pocas cuadras de la
avenida principal. Era un lugar
de casas bajas, el mismo en el
que nací, pero a escasos cinco
minutos a pie de mi departamento
habían construido un shopping
con uno de esos multicines de
pantallas pequeñas, ese tipo de
emprendimientos culturales que
un empresario intenta mantener
abierto antes de decidirse por
instalar un supermercado.
Pero mientras iba en camino la
depresión volvió a adueñarse de
mí, al pensar en que jamás había
ido al cine sin una pareja o
amigos o mis padres, y fue peor
aún al llegar y ver a toda la
gente acompañada. “¿Dónde están
los solos y solas que yo veía
antes?”-pensé con amargura y
tuve la sensación de que un
enorme rinoceronte se sentaba en
mi pecho, sin siquiera pedir
permiso y dificultándome la
respiración.
Por suerte, uno de los estrenos
estaba próximo a comenzar, así
que me compré un chocolate para
aplacar mi ansiedad, entré en la
sala semioscura y me ubiqué en
un costado. No sabía del todo el
título ni la trama, sólo que era
uno de esos films de creadores
novatos que se hacen con dos
pesos y carente de artistas
reconocibles.
La música del inicio del film
llenó el ambiente con un sonido
de jazz dulzón y triste,
mientras la protagonista
caminaba sola a la orilla de un
lago sobre el que se reflejaban
unos sauces llorones, y un grupo
de patos blancos como nubes
nadaban a la deriva sin apuro
por llegar a algún lado. La
cámara, que en el principio la
tomaba desde lejos, se fue
acercando y en primer plano la
cara y los ojos de ella se
hicieron presentes, con una
mirada de odio, la de una
asesina, que transformaba un
espacio estéticamente pacífico y
bucólico en un escenario de
aborrecimiento en la cual toda
calma solo era aparente. La paz
era una estrategia del director,
una cortina de humo, mientras
alguien (la mujer) planeaba un
asesinato y se empezaban a
mezclar imágenes de la próxima
víctima, un nuevo encargo para
(quien parecía ser) una
reconocida profesional.
La trama se iba complicando a
medida que transcurrían los
minutos pero en lugar de
ayudarme a distraerme de mis
sentimientos de angustia y
abandono, me estaba produciendo
un mayor agobio, así que me
levanté, decidida a salir de
allí cuando, literalmente, me
topé con un niño de unos ocho
años que no me dejaba pasar.
Estaba sentado en unas de las
butacas con las piernas en alto
y apoyados los pies en el
asiento de enfrente. Recuerdo
que pensé que era demasiado
chico para ver esa película y
él, leyendo mis pensamientos, me
miró y con una sonrisa tierna me
dijo muy despacio: -“ ¡Hola!, me
llamo Juan y si querés pasar vas
a tener que pagarme peaje. No me
mires así, es barato. Yo estoy
aburrido, sólo te pido que
juegues un ratito conmigo. ¡Nada
más! ¿Dale?”
-“Mirá nene...”-empecé a decir
enojada pero enseguida me callé
al ver la expresión de soledad
que tenía su rostro, me ví
reflejada. Me causó gracia su
impertinencia. ¿Por qué sentí yo
que debía complacerlo?
-“Está bien, da igual”-dijo
levantándose de hombros. –“Lo
más seguro es que no te acuerdes
cómo era jugar.”
-“¿Y... a qué querías
jugar?”-pregunté casi por
compromiso y lástima.
-“Yo suelo entrar en las
películas y ahí del otro lado
podés elegir lo que más te
guste. ¡Es re divertido! ¡Más si
somos dos!”-dijo más
entusiasmado y con una sonrisa
pícara.
-“Pero...”
-“¡Ah no!, sin peros. Sólo
dejate llevar. ¿Si?”
-“Está bien”-dije entusiasmada
al comprobar que esas
sensaciones de dolor y congoja
ya no las sentía. Nada tenía que
perder. Es decir, sí, mi
credibilidad. Porque... ¿cómo
contar a los que me conocen que
ese niño se paró de un salto, me
tomó de la mano y sin saber cómo
de pronto me encontré dentro del
film?. ..
Era parte de los extras de una
fiesta en la cual la
protagonista bailaba con un
hombre muy buen mozo, alto,
elegante y seductor, su próxima
víctima.
Busqué con la mirada a mi
cómplice de aventuras pero no
logré encontrarlo, sentí miedo,
pero de pronto lo vi, estaba
espiando la escena desde lo alto
de una escalera y me llamaba con
la mano, así que crucé el salón
para reunirme con él.
-“¡Hola”-lo saludé con
entusiasmo. -¡”Esto es
increíble”
-“Te lo dije. Bueno, ahora tenés
que elegir quién vas a ser, o
qué vas a ser. Yo te sigo”-dijo
con total naturalidad.
-“No sé, así de golpe...”
-“Es fácil, nosotros los niños,
siempre jugamos a ser otros. Por
ejemplo doctores, visitas,
animales, monstruos... ¡Dale
sino la película va a terminar y
ya no habrá tiempo!”
-“¡Ya está!!”- dije de pronto,
luego de pensar un instante y
dejarme llevar como cuando era
una niña y jugaba a la mamá o a
las muñecas y le conté mi
elección. Y aunque una parte de
mí sólo podía sentir cierta
inquietud y hasta pensar que me
había trastornado, igual
continué con la propuesta. Tal
vez eso no era estar en la
película sino simplemente, jugar
a...
-“¡Buenísimo, vamos!”-me
contestó dando un salto de
alegría. Y al darme vuelta un
hombre apuesto, moreno y alto me
estaba... ¡hablando!
-“Espero que mi hijo no la haya
molestado.”-dijo con una sonrisa
encantadora.
-“No, todo lo contrario. Me
llamo Patricia”-me presenté
mientras le tendía mi mano, como
si ese acto ceremonial y cortés,
de identificarme, fuera
necesario.
-“¡Que raro! No recuerdo haberla
invitado y jamás olvidaría una
cara como la suya”-me contestó
mirándome a los ojos con
insistencia, mientras sostenía
mi mano un instante más del
necesario.
-“Gracias” –dije ensayando mi
mejor sonrisa mientras pensaba
en una excusa válida que
justificara mi presencia ahí.
“Y... no, no lo hizo. Yo...
-¡”Ah, veo que ya se
conocieron”-afirmaba un hombre a
mis espaldas, cuya voz yo no
reconocía. –“Puede estar
tranquilo señor Sulerban, le
asignaron a la mejor agente.
Patricia es excelente en lo
suyo”. –agregó ese actor, le dio
la mano y se fue, después de
palmearme la espalda. Yo entre
tanto, buscaba con la mirada a
mi pequeño amigo en un intento
de auxilio, y en cuanto lo
visualicé me guiñó un ojo de
manera cómplice, se sonrío con
un dejo casi de maldad y se
levantó de hombros como si esa
situación le fuera cotidiana.
-“No esperaba que fuera una
mujer...”-comenzó a decir el
señor Sulerban mientras me
llevaba a pista de baile y me
tomaba en sus brazos. Yo me dejé
conducir. Cuando una mujer ha
sido dejada, cualquier
invitación por más absurda que
sea, le resulta halagadora y
reconfortante.
-“Seguramente tampoco lo espere
de su asesino.”-dije secamente
como augurándole un triunfo.
-“Lamento tener que ponerla en
peligro, Patricia. De cualquier
modo, por lo que veo, ya la
tienen identificada”.
De pronto sentí que tenía que
responder de acuerdo a un
libreto básico, como si debiera
completar la obra de una autor
indeciso. ¿Será ese el sentido
del libre albedrío?¿ Somos
nosotros los personajes de una
historia que Dios ya no sabe
cómo continuar? Entonces respiré
hondo y respondí en un tono de
misterio algo exagerado:
-“Así es. Sólo esperamos que de
un paso en falso para poder
caerle encima. Entre tanto lo
mantendremos vigilado las 24
horas, no se preocupe”-y traté
de sonar convincente y
profesional.
-“¿Acaso va a dormir conmigo
ésta noche?”-me preguntó con voz
ronca al oído mientras
desplegaba todo su arsenal de
seducción, acerándose aún más,
haciéndome sentir su proximidad
y su aliento en mi cuello.
-“Ni en sueños”-le contesté con
una amplia sonrisa sarcástica,
mientras me alejaba un poco de
él y pensaba que unos momentos
antes estaba ejerciendo la misma
actitud con otra mujer, su
asesina. ¡¿Qué les pasa a los
hombres?! ¡¿No pueden dejar de
seducir?! En ese instante casi
desee que lo matarán pero
entonces recordé que yo ¡estaba
allí para jugar! Y me reí. Y me
percaté que le había contestado:
“¡ni en sueños!” ¿ Y si todo
esto fuera apenas una pesadilla?
-“Espero que no se haya reído de
mi proposición...” argumentó al
mejor estilo Bogart.
-“Claro que no, sólo me reía de
lo insólita que es a veces la
vida y de...”- pero me detuve de
pronto al ver a mí ¿superior?,
haciéndome una seña para que me
reuniera con él. “¿Quién sería
en realidad?”-pensé en ese
momento pero sin llegar a
detenerme demasiado en mis
pensamientos, me disculpé y
caminé a su encuentro, mientras
Sulerban se dirigía a la
biblioteca con uno de sus
colaboradores.
Yo ya estaba comenzando a
reflexionar en cómo escapar de
toda esa parafernalia cuando la
escena cambió totalmente.
De pronto me encontré portando
un arma y a la espera del ataque
de la homicida, quien había
engañado a Sulerban desde un
principio como vendedora de
arte, especializada en pintura
renacentista, de la cual él era
un ferviente coleccionista.
Yo comprendía la progresión
dramática de ese argumento, y
percibía que las cosas se iban
encadenando en una sucesión de
causa y efecto que no podía
explicar, pero tampoco ignoraba.
El lugar del encuentro para la
supuesta transacción era en el
barrio chino, detrás de un
vivero de venta de bonsáis, y
allí estaba yo observando a la
asesina a la espera de su presa
como un animal al acecho. Cuando
Sulerban se presentó se lo veía
aplomado, habló del precio de
las obras, pidió ver las
pinturas y entonces adiviné que
dentro de esos tubos que
guardaban los óleos, seguramente
estaría el arma predadora. Así
fue y en cuanto lo apuntó salté
como una leona enfurecida sobre
ella, y mientras le ordenaba a
él que huyera. ¿Por qué tanto
esmero para detener a una mujer
que no había visto nunca antes,
y defender a un desconocido? La
pelea cuerpo a cuerpo era
descarnada cuando de pronto algo
me recordó que sólo era un
juego, tuve una distracción
fatal y ella aprovechó para
soltarse de un tirón, me miró
antes de huir y sólo me preguntó
que quería a cambio, antes de
correr desesperadamente. Mi
boca, como siguiendo una orden
de mi cerebro, que yo no
dominaba, pronunció un nombre y
en sus ojos pude advertir el
compromiso de una nueva misión
asumida. Alguien debía ocupar el
lugar que le estaba reservado a
Sulerban en el infinito y en
algún banco universal de la
infamia ella tenía la
oportunidad de hacer justicia.
¿Quién nunca deseó estar en mi
lugar en este instante? ¿Acaso
nunca desearon ver hecho puré a
un ex que nos dejó por otra
persona?
Pensando en la línea de acciones
que había disparado en el
argumento, salí de allí cansada
y aturdida y me topé con el niño
que desde el otro lado de la
calle me llamaba desesperado.
-“¡Apuráte, dále! , ya casi
termina la película y debes
volver, yo no te dije que tenias
que incidir en la historia, sólo
debías jugar”. -exclamaba muy
serio y cuando me acerqué a él
tomó mi mano y la tironeó hacia
delante. Una vez más todo cobró
otra dimensión, ya la música del
final resonaba en la sala
mientras la última escena
mostraba a Sulerban en su
oficina hablando con el
inspector, sonriendo por la
fortuna de haberse salvado y con
¡mi cartera en sus manos!
Finalmente se vio un fundido a
negro y yo me quedé atónita
mirando correr los títulos. Se
encendieron las luces y una voz
metálica desde un altoparlante
invitó al público a retirarse
para que pudiera ingresar el del
horario siguiente. Yo estaba
shockeada.
Me dí vuelta tratando de
encontrar al niño, de pedirle
una explicación pero no encontré
a nadie y la acomodadora me
pidió amablemente que me
retirara, (según ella por
tercera vez) o llamaría a
seguridad.
0bedecí.
Cuatro días más tarde, volví a
escribir. Aquella experiencia no
tenía explicación, aunque le
diera vueltas y más vueltas y yo
debía terminar un trabajo que
pagaba mis cuentas.
Estaba absolutamente concentrada
en mi tarea, feliz de saber que
no me rescindirían el contrato
si entregaba la traducción la
semana siguiente, cuando una
amiga me llamó y por su
intermedio recibí la noticia que
pensé: ya no escucharía.
A mí ex novio lo habían matado
en plena calle. No fue con
intenciones de robo, nada le
habían quitado, excepto la vida
y, supongo, su irónica sonrisa
de eterno ganador.
Y la policía (según luego leí en
los diarios) declaró en un
memorandum de prensa, que fue
(dicen, luego lo supe) el
trabajo de una asesina
profesional que, una vez más,
había escapado de la escena del
crimen casi por milagro.
Colgué, me quedé unos momentos
mirando la nada, con una lejana
e incomprensible satisfacción y
volví a mi note-book cuando el
teléfono volvió a sonar.
Esta vez sí me quedé muda.
-“¿Jugamos? “-preguntó la voz
del niño, y ante mi estupor
soltó una risotada maléfica que
inundó todo mi ser.
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DATOS PERSONALES
NOMBRES: VERÓNICA PATRICIA
APELLIDO: EDYE
FECHA DE NACIMIENTO: 14/03/1960
CORREO ELCTRONICO: verito1460@yahoo.con.ar
ESTUDIOS CURSADOS:
-PRIMARIO: COMPLETO
-SECUNDARIO: COMPLETO / TITULO:
BACHILLER
-TERCIARIO: COMPLETO / TITULO:
TÉCNICA EN PERIODISMO
(INSTITUTO MARIANO MORENO)
OTROS ESTUDIOS:
-DISEÑO DE MODAS Y VESTUARIO:
COMPLETO (profesora particular)
ACTUACIÓN: 3 Años (PROFESORES:
NICOLAS MEDINA y SANTIAGO DORIA)
-EXPRESIÓN CORPORAL: 2 Años
(PROFESOR: NESTOR PEREZ
FERNÁNDEZ)
-TECNICA VOCAL: 2 Años
(PROFESORA: GLORIA TISSERA)
-TÉCNICAS DE ESCRITURA: COMPLETO
(PROFESOR SEBASTIÁN ADURIZ/
CENTRO CULTURAL ROJAS)
-GUION PARA T.V. Y RADIO:
COMPLETO (PROFESOR LUIS BUERO-
A.P.T.R.A)
OBRAS DE MI AUTORIA:
- “LA CITA”: obra de teatro en 2
actos, estrenada en el teatro
“Astrolabio”, año 2002
- “AMANECER DEL ALMA”: novela
(sin publicar)
- “POR LA SANTA RUSIA”: obra de
teatro musical para 30 actores
en escena (sin estrenar)
- “UNA DE VECINOS”: cuento (sin
publicar)
- “LA TUMBA DE AL LADO”: cuento
(sin publicar)
- “PACTO DE SILENCIO”: cuento
(sin publicar)
-COLABORACION AUTORAL:
-“SALVENSE SI PUEDEN” - de
Benjamín Telias- Año 1986
-“OBELISCO 2003” - de Benjamín
Telias- Año 1988 / Estrenada en
Centro
Cultural San Martín.
-COREOGRAFIA:
-“SOR –PRESAS” -de Néstor Coco
Cragnolini / Encuentros
Teatrales Barriales
Proyecto “Roberto Arlt” –
Temporada 2001
VESTUARIO:
- “LAS COSAS QUE NOS SEPARAN” –
Año 1981
-“SALVENSE SI PUEDEN” - Año 1986
-“ARRANCAME LA VIDA” -(versión
con Silvana Di Lorenzo)
-“ENSUEÑO VENECIANO” -Años 1998/
1999/2000
-DISEÑO Y REALIZACIÓN DE TRAJES
DEL Año 1900 PARA EVENTOS
ESPECIALES PARA LA FIRMA “AVON”
- Años 1998/1999/2000/2001/2002
ACTUACIÓN:
-ELENCO ESTABLE MUNICIPALIDAD DE
VICENTE LOPEZ – Años 1983 y 1984
Dirección Santiago Doria
-“EL AMOR DE LA ESTANCIERA” –
ganadora del primer premio del
encuentro de Teatro del Circuito
Cultural del Gran Buenos Aires /
Representada en el Centro
Cultural San Martín - Año 1983
-“SALVENSE SI PUEDEN” – Año 1986
-“ENSUEÑO VENECIANO” –Centro
Cultural Recoleta- Año 2000
PUESTA EN ESCENA Y DIRECCIÓN
GENERAL:
-“ENSUEÑO VENECIANO” –de Carlos
Gerard / Centro Cultural
Italiano de Buenos Aires /
Centro Cultural Italiano de
Colón, Entre Ríos / Centro
Cultural Recoleta. Años
1998/1999/2000
-“LA CITA” –de mí autoría/
Teatro Astrolabio. Encuentros
Teatrales Barriales Proyecto
“Roberto Arlt”- temporada 2002
OTROS:
-SECRETARIA DE LA CAMARA
ARGENTINA DE LA MODA
Gentileza::
luisbuero [
luisbuero@tutopia.com ]
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