El ser y sus respuestas, José
Repiso Moyano. - 12/2/05
 
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El ser y sus respuestas
El ser cuando existe no
tiene ante sí cosas, sino que
"está" interaccionando con las
cosas, enraizado entre las cosas
y conformado a través de las
cosas.
Por lo tanto, en realidad, no
deduce las cosas ni entremedias
vive de la nada, no, porque
evidente es que vive por las
cosas y no hace más que el
"saberlas".
Muchos piensan que la adaptación
–por reducción- supone meramente
una adecuación al medio y no es
así por coherencia, en cuanto
que el ser "ya" –en una
proporción- se encuentra
"adecuado para adecuarse" al
medio; es decir, el ser "con" lo
que le ofreció el medio se
habilita de continuo para lo
nuevo que le transcurrirá o se
le ofrecerá. Según esto, el ser
no ofrece al medio algo para que
éste reaccione, no, sino más
bien que él –por ser conformado
por el medio- espera con una
preparación para reactualizarse
con respecto a lo nuevo que
comportará el medio.
Así es, conque el ser sólo
aprende lo que existe, lo que le
ha permitido aprender; aunque él
haya llegado a donde haya
llegado, desde luego, porque sus
recursos son recursos
"madurados", producidos con el
medio, porque sus "herramientas
de acción" han tenido las
referencias, las condiciones y
los modelos de base y de
desarrollo dentro y a merced del
medio. En consecución, sí, el
ser es una derivación, una
fluctuación, una vinculación con
sólo lo que existe "de antemano"
o de una forma primordial o
ineludible.
Ahora bien, hay quienes –sobre
todo bocazas- dan sus voces al
viento, a lo que salga o a los
medios de comunicación para
conseguir confundir una y otra
vez repitiendo que el ser humano
tiene ideas, fantasías,
conceptos extrarreales o nosequé,
etc. Sin embargo, aun cuando
tenga muchas de esas
"propiedades", bueno, lo que de
verdad depara son las cosas
reales, en efecto, digamos que
por delante y por detrás, en
todas direcciones e, incluso,
dentro de sí. O sea, a lo claro:
es un producto de ellas y, como
lo es, las comportará y, como
las comportará, antes tendrá que
"saberlas", "haberlas advertido
existencialmente" como en un
suceder ya lo hace con
interacciones.
Por supuesto, en concreto, el
ser humano podrá poseer
fantasías, pero los elementos de
esas fantasías –las imágenes,
los conceptos o todo lo que
utiliza o pueda utilizar en
suma- son reales; lo que ocurre
-¡ah!- es que lo deforma para
sí, para sus emociones, para su
intimidad: hacia un error o
hacia una incitación
–provocación- por despertarse en
un plazo un proyecto gracias al
cual condiciona –con su
voluntad- en lo posible "su"
realidad próxima. Por ejemplo:
si uno elabora la fantasía de
"un borrico que vuela", de
entrada, de entrada digo, "un
borrico" –tan habitual- es un
elemento real y "que vuela"
también –aunque no lo quisiera
el susodicho o dichoso borrico-.
Otro ejemplo: "un ordenador que
nada", pues ya todo su mecanismo
y sus energías son elementos
reales, y "que nada" también.
Conque no, no es que el ser
humano invente a lo grande –como
un dios- la realidad, no, mejor
digamos que… la usa, que la
canaliza para sí, para sus
conocimientos; por ello primero
"la sabe", puesto que ¿cómo
puede canalizarla si no "sabe"
siquiera si existe?
En derredor del medio, el ser
humano –con más aptitudes-
utiliza en lo posible el medio,
no, no la nada, y sus conceptos
son herramientas, herramientas
que se refieren a él o que en
confluencia él –el medio-
también las ha producido.
Nada es un "abracadabra" de lo
que no existe en cuanto a que
algo –que ya es algo, por mínimo
que sea- se encuentra sujeto,
derivado–en usufructo-, a algo
que existe.
Bien, por lo explicado, por eso,
como lo que el ser tiene son
cosas reales inherentemente,
ésas no las puede excluir con su
acción, con el "saberlas"; no
obstante, ese "saberlas" produce
unas respuestas o reacciones o
conciencia. Más claro: el ser
"responde" interiormente
–vitalmente- a lo que "sabe" por
la necesidad -también
inesquivable- de hacer suyos
unos "sistemas de defensa", de
autodirección -en la parte
posible que le toque-. Pues,
ante las cosas –que "sabe"-
responde con esperanza, con
ternura, con sorpresa, con
paciencia, con tranquilidad, con
amor, etc.
Lo que quiero decir –directo al
grano- es que a causa de "saber
las cosas", de sus
conocimientos, el ser humano
responde, responde racionalmente
–con lógica- "esperando" de las
cosas, en tanto que las ha
tratado o… aún, aún, las trata.
Desde luego, el ser es
ontológicamente un sostenimiento
en esas respuestas:
lo que el ser dice –entre las
cosas y para las cosas- no de
ellas, sino una vez que las
"sabe".
Cuando habla de esperanza,
cuando lo hace, es porque
responde cualitativamente a algo
común a su ser ontológico; y eso
es inmanente a él, absoluto,
dado que, en el contexto de los
seres humanos, todo ser,
cualquier ser, responde
cualitativamente a algo común
–absoluto-: con la esperanza.
Así que jamás la esperanza puede
–ni por manipulación, ni por el
"lo digo porque lo digo" o ni
por locura de algunos- ser
relativa ya que, en esencia, es
algo absoluto –imprescindible,
consubstancial, constante,
permanente, continuo- a la
realidad del ser humano. ¡Ya!,
otro asunto es lo cuantitativo,
cierto es, que sí debe existir a
medida que al ser humano le
suceden unas circunstancias; de
lo contrario, todos serían
iguales, es decir, no existiría
ni diversidad biológica.
Por consiguiente, un ser humano
responde con la sorpresa –algo
común cualitativamente- conforme
le van sucediendo cosas o,
mejor, conforme va afrontando o
conociendo las cosas.
En el contexto de los seres
humanos, sólo –con prioridad-
eso es infinitamente absoluto:
el que un ser humano, para ser,
ha de responder o ya
inesquivablemente responderá con
esperanza, con tranquilidad, con
amor, etc. Aún así, este aspecto
es – por distinción-subjetivo
con respecto al conocer mismo y,
al ser otro asunto, pues se
diferencia tratándolo como
subjetivo, pero entiéndanlo como
"lo que el ser da a las cosas"
por las que se hace –que es lo
objetivo-. Por ejemplo: un ser
humano "sabe" –lo objetivo- de
una mujer con la cual tiene
luego un hijo (si no "la sabe"
no puede existir el hecho de
tener un hijo) y, paralelo a
eso, responde con esperanza, con
amor o con inseguridad (cuando
ya le son dadas unas
circunstancias cognoscitivas).
El ser humano no se va a otro
mundo para responder, sino
responde desde sus
circunstancias, y éstas son
absolutas porque tienen que
existir para que él sea: no lo
es desde la nada, desde la
inexistencia, desde las
confusiones que algunos quieren
imponer a ciegas racionalmente.
Por último, el ser humano es
porque existen las cosas con la
evidencia de que de continuo
está interaccionando con ellas:
nada es un ser humano "en" la
nada, quieto "en" ella, sin
proceder de nada. Bueno son
incontables, "infinitas" cosas
las que nos forman y, si nos
forman, existen; y no traen un
código nuevo de bienvenida
guardándose ellas otro, no, sino
un mismo código existencial.
Con eso, los proselitismos de
confusión sobran; aunque
lamentablemente están ahí, como
siempre han estado, para la
involución, para la manipulación
y para censurar siempre a los
que sí demuestran sin más truco
que la razón.
José REPISO MOYANO
N
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