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El
marxismo como pedagogía de la
pregunta, Néstor Kohan.
- 24/1/05
 
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El marxismo como pedagogía de
la pregunta
Por Néstor
Kohan
(Argentina)
Comunicación al Seminario
de inauguración de la Escuela
Nacional Florestan Fernandes del
Movimiento Sin Tierra (MST)
Elogio del estudio
¡Estudia lo elemental! Para
aquellos
cuya hora llegó
¡Nunca es demasiado tarde!
¡Estudia el «ABC»! No basta,
¡pero
estúdialo! ¡No te canses!
¡Empieza! ¡Es preciso saberlo
todo!
¡Tú tienes que gobernar!
¡Estudia, hombre en el asilo!
¡Estudia, hombre en la cárcel!
¡Estudia, mujer en la cocina!
Anciano, ¡Estudia!
¡Tú tienes que gobernar!
No tienes casa, ¡ve a la
escuela!
Muerto de frío, ¡adquiere
conocimiento!
Tienes hambre, empuña un libro:
¡Es un arma!
¡Tú tienes que gobernar!
¡No tengas vergüenza de
preguntar, compañero!
¡No te dejes convencer!
¡Compruébalo tú mismo!
El que no sabe por cuenta
propia,
no sabe.
Controla tú la cuenta,
que la tienes que pagar.
Apunta con tu dedo sobre cada
tema
y pregunta: «¿qué es esto?»
¡Tú tienes que gobernar!
Bertolt Brecht
Ejemplo de lucha y hermandad
latinoamericana
No queremos comenzar nuestra
comunicación sin agradecer
sinceramente la invitación de
los compañeros y compañeras del
Movimiento Sin Tierra (MST) a
participar del Seminario de
inauguración de la Escuela
Nacional Florestan Fernandes.
No obstante constituir uno de
los movimientos sociales de
lucha y resistencia más
importantes y numerosos de todo
el continente, los hermanos y
hermanas del MST han tenido la
generosidad y la humildad de
invitar a compañeros de otros
lugares, con experiencias mucho
más pequeñas y restringidas de
formación política. También en
esa humildad, en esa ausencia de
mezquindades y sectarismos, el
MST constituye un claro ejemplo
a imitar para las luchas
actuales de nuestra América.
Para nosotros constituye un
inmenso orgullo y un auténtico
honor esta invitación y por eso
la agradecemos desde el corazón.
Marco de nuestra experiencia
Las opiniones y reflexiones que
expondremos a continuación,
aunque son personales, se basan
en una triple experiencia
colectiva.
En primer lugar, la desarrollada
en la Cátedra de Formación
Política Ernesto Che Guevara
(que coordinamos junto con
Claudia Korol y un equipo de
compañeros docentes), al
interior de la Universidad
Popular Madres de Plaza de Mayo
(UPMPM).
Las Cátedras Che Guevara
nacieron en Argentina en el año
1997, al cumplirse treinta años
del asesinato del Che. Ayudados
y asesorados por el Centro Che
Guevara de la Habana, en aquel
año proliferaron numerosas
cátedras libres por todo nuestro
país. Hemos participado en
varias de ellas.
En aquel 1997, tanto Claudia
Korol como nosotros estuvimos en
experiencias distintas, pero a
pesar de todo siempre con el
mismo objetivo: contribuir a la
recuperación del pensamiento del
Che Guevara como parte de la
recreación de la cultura
antiimperialista y
anticapitalista en nuestra
sociedad. Eran los tiempos del
neoliberalismo salvaje. Los años
nefastos de Carlos Saúl Menem,
las privatizaciones y la
política de mano dura contra el
movimiento popular.
Pasó el año 1997. Muchas de esas
cátedras fueron perdiendo
vitalidad o directamente
desaparecieron. Haciendo un
balance posterior de aquellas
primeras experiencias, creemos
que fueron muy valiosas, sobre
todo porque dieron los primeros
pasos en una época donde el
neoliberalismo —al menos en
Argentina— parecía eterno. Pero
también tuvieron limitaciones.
La principal consistía en que
muchas de esas experiencias no
lograban sedimentar a lo largo
de un año un saber colectivo.
Desfilaban los exponentes
—muchos famosos o célebres,
siempre apellidos con prestigio—
pero algunas veces sin un claro
hilo conductor. Se corría el
riesgo de concitar la atención
de un público numeroso pero sin
vinculación orgánica con los
movimientos sociales y sin la
necesaria construcción de un
saber colectivo que sirviera a
largo plazo como herramienta de
lucha. Por momentos, en alguna
de aquellas experiencias, se
tocaban los límites peligrosos
del “espectáculo”. Es decir, que
los asistentes concurrían a una
palestra donde pasivamente
escuchaban a los expositores
como quien asiste a una función
cinematográfica o teatral. A
pesar de esa limitación, la
experiencia fue útil y
productiva.
Años más tarde, ya en el seno de
la Universidad Popular, nos
encontramos con Claudia y
decidimos volver a persistir con
nuestra terquedad. Creíamos
—creemos, seguiremos creyendo—
que el Che no pasa de moda. No
podemos cambiar nuestra
identidad político-cultural como
quien se cambia un pantalón, un
peinado o una camisa porque “ya
no se usan” o “ya no está a la
moda”. Es por eso que, aún
viniendo de diversas
experiencias, logramos construir
un criterio común y así nació la
Cátedra Libre Che Guevara, luego
transformada en Cátedra de
Formación Política.
Desde que la fundamos la cátedra
fue anual y contó con encuentros
periódicos semanales.
Durante el primer año de
desarrollo nos centramos
básicamente en el pensamiento
del Che, partiendo de su
biografía y su testamento
político —el célebre “Mensaje a
los pueblos del mundo a través
de la Tricontinental—, pasando
por sus estudios de economía
política y filosofía hasta
llegar a la historia
latinoamericana de diversas
generaciones de guevaristas que
intentaron continuar con su
ejemplo.
Durante el segundo año decimos
ir por un proyecto todavía más
ambicioso. Nos propusimos
exceder la figura del Che y
tratar de profundizar en el
pensamiento que nutrió la vida,
los valores y los proyectos más
queridos de Guevara: el
marxismo.
A partir de una iniciativa
conjunta con los hermanos y
compañeros del Centro de
Educación Popular CEPIS de
Brasil elaboramos una guía de
Introducción al pensamiento
marxista. Y con ese instrumento
comenzamos a trabajar con
diversos movimientos sociales y
con militancia de numerosos
partidos políticos.
En este marco específico, a lo
largo de los últimos años, han
transitado por nuestras clases
numerosas compañeras y
compañeros. Muchos militantes
independientes (sin pertenencia
orgánica) así como también
organizados (miembros de
diversas corrientes sociales y
políticas). Entre otros: del
Movimiento Teresa Rodríguez (MTR),
del Movimiento Territorial
Liberación (MTL), del Movimiento
de Trabajadores Desocupados
Aníbal Verón (MTD-A.Verón), del
Movimiento Sin Trabajo (MST),
del Partido Comunista (PC), del
Movimiento al Socialismo (MAS),
del Partido Revolucionario de
los Trabajadores-Santucho (PRT-Santucho),
del Partido de Liberación (PL),
del Partido de los Trabajadores
por el Socialismo (PTS), de
HIJOS e H.I.J.O.S. (las dos
corrientes del movimiento de
hijos de desaparecidos), de la
Coordinadora de Trabajadores
Desocupados Aníbal Verón (CTD-A.Verón),
del Movimiento Patriótico
Revolucionario Quebracho (MPR-Quebracho),
de la Coordinadora Febrero
Boliviano (integrada por
compañeros bolivianos residentes
en Argentina), entre otros.
La segunda experiencia colectiva
en la que basamos nuestro
balance y nuestras opiniones
personales es la conformada por
diversos encuentros de formación
política realizados directamente
con los propios movimientos
sociales. Particularmente con
sus equipos de formación.
Encuentros que fueron y son
llevados a cabo en forma
totalmente independiente de la
Universidad Popular. Esos
encuentros se desarrollaron y se
desarrollan principalmente con
el Movimiento Teresa Rodríguez (MTR),
Barriadas del Sur, Movimiento
Teresa Rodríguez “La dignidad” (MTR-La
dignidad), Movimiento de
Trabajadores Desocupados de
Claypole (MTD-Claypole), UTP
(Unión de Trabajadores
Piqueteros) y el Movimiento de
Trabajadores Desocupados de la
Matanza (MTD-Matanza). En estos
encuentros, los contenidos son
más variados. Abarcan desde el
pensamiento del Che Guevara y la
Introducción al pensamiento
marxista hasta cursos sobre el
pensamiento de Antonio Gramsci y
la teoría de la hegemonía.
La tercera experiencia en la que
nos basamos es el Seminario
anual de estudio de El Capital y
de otros textos metodológicos de
Carlos Marx (que coordinamos con
otro equipo docente),
desarrollado ininterrumpidamente
desde hace cinco años en el
marco de la Universidad Popular.
Por este seminario permanente,
que funciona en forma paralela a
la Cátedra Che Guevara (y que
cuenta habitualmente con un
público más reducido que esta
última), también han pasado
durante estos años militantes
políticos de varios de los
movimientos y partidos
anteriormente enumerados.
Nivel de las experiencias de
formación
Aunque en el Seminario sobre El
Capital participan compañeros
con un grado de formación
política previa, en la mayoría
de las actividades de la Cátedra
Che Guevara el público al que
está dirigido el estudio es la
militancia de base.
Creemos que allí se juega hoy en
día el futuro del movimiento
popular en la Argentina. En la
sólida formación de los
militantes que en los barrios,
las fábricas, las escuelas y las
universidades construyen redes
sociales y desarrollan una
actividad cotidiana contra el
sistema capitalista. A esos
compañeros y compañeras
apuntamos. A ese público está
dirigida fundamentalmente la
Introducción al pensamiento
marxista.
Nuestra propuesta de trabajo
pedagógico
Al intentar batallar contra la
cultura dominante y contra las
huellas que deja impregnadas en
nuestro sentido común, nos
esforzamos por poner en
discusión uno de los prejuicios
más peligrosos que nos impiden
crecer. Un prejuicio que ha sido
sistemáticamente inoculado por
el sistema y sus ideólogos en el
seno de nuestro campo. Un
prejuicio que podría
sintetizarse de la siguiente
manera: “el pueblo no necesita
teoría, la teoría surge sola de
la marcha cotidiana. Hay que
caminar y... después se
verá...”.
Por supuesto que no hay —ni debe
haber— teorías autosuficientes.
Es la clase trabajadora como
sujeto colectivo quien debe
apropiarse de toda la historia
cultural de la humanidad. Y de
los saberes producidos y las
teorías acumuladas por las
generaciones que nos
antecedieron. Es cierto.
Pero al mismo tiempo también es
verdad que no podemos —ni
debemos— partir de cero. Como si
antes que nosotros naciéramos
nadie hubiera luchado, nadie
hubiera pensado, nadie hubiera
militado para cambiar el mundo.
Producto de la abnegación
personal, la lealtad
inquebrantable a los principios
éticos y el sacrificio de muchas
generaciones, de sus manos y sus
cerebros, de sus cabezas y sus
corazones, de sus luchas y sus
sueños más entrañables, se han
ido consolidando a lo largo de
la historia diversas enseñanzas
políticas. Sobre la base de esa
lucha milenaria, los
trabajadores y los intelectuales
revolucionarios, juntos y
unidos, han elaborado una serie
de saberes colectivos acerca de
la sociedad humana. Muchos de
esos saberes son hoy conocidos
con un término —nacido del
apellido de un individuo que
mucho aportó en este terreno—
que los resume y los sintetiza:
“marxismo”. Una palabra ardiente
y rebelde que en Argentina fue
durante muchísimos años
totalmente prohibida. Es más,
los militares genocidas de 1976
cegaron la vida de miles y miles
de jóvenes en nombre de la lucha
contra el “demonio marxista”.
Nosotros creemos sinceramente
que todas esas enseñanzas de
lucha y redención social, de
sueños y proyectos de libertad,
sedimentadas en el marxismo a lo
largo de tantas generaciones en
todo el mundo, no pueden
despilfarrarse. Sería una
tremenda pena desperdiciar tanto
esfuerzo, tanta decisión, tanta
valentía y volver a comenzar de
cero. Debemos apropiarnos del
legado de los que nos
antecedieron. Por supuesto que
con beneficio de inventario. Con
un criterio selectivo. A partir
del pensamiento crítico. Sin
dogmas, verdades reveladas ni
falsos altares. Pero debemos
apropiarnos de esos saberes.
Para ello intentamos elaborar,
desde la Cátedra Che Guevara y
junto con los hermanos y
hermanas del CEPIS, la ya
mencionada Introducción al
pensamiento marxista y otros
libros y materiales vinculados a
esta tradición de pensamiento.
Como un instrumento pedagógico
para abrir un campo de estudio
colectivo en el seno de los
diversos movimientos sociales y
la militancia popular. Sobre la
base de esta herramienta
desarrollamos la experiencia de
formación política.
Además de haber trabajado en
común con los compañeros del
CEPIS de Brasil, hemos
consultado y discutido los
contenidos de esta Introducción
con diversos movimientos
sociales que nos acercaron sus
necesidades, opiniones y
sugerencias.
Inicialmente, el texto circuló
impreso en forma artesanal,
tanto en la Cátedra Che Guevara
como en diversos círculos de
militantes, seminarios y
cátedras de otras ciudades del
país. A partir de esa demanda
del material, consideramos
oportuno reunir en un mismo
volumen la Guía y parte de la
bibliografía para facilitar la
tarea.
Los manuales de marxismo
¿Por qué elaborar una nueva
Introducción al pensamiento
marxista si ya existen numerosos
manuales de marxismo? Por
diversas razones.
En primer lugar, la mayoría de
estos manuales está estructurada
a partir de una visión
economicista del marxismo. El
economicismo constituye una
caricatura del marxismo. Una
reducción extrema de las tesis
de Marx, al punto que lo
convierten, simplemente, en “un
teórico de la economía”. Esto
significa que, en todos estos
manuales, la economía aparece
separada y divorciada de la
política (como si tuvieran
existencia autónoma, como si
fueran fetiches con vida
propia). Y ambas —economía y
política—, como si existieran al
margen de la ideología, la
cultura, la filosofía y el
sentido común.
Por eso los manuales
tradicionales de marxismo se
editaban, habitualmente, del
siguiente modo: Manual de
economía marxista; Manual de
filosofía marxista (bajo el
título de Manual de materialismo
dialéctico); Manual de
sociología o teoría política
marxista (que llevaba por título
Manual de materialismo
histórico). Como si estos
“rubros” y “parcelas” del saber
no formaran parte de una misma
concepción unitaria de la
sociedad y la historia.
En estos manuales, el marxismo
se convierte en una “teoría de
los FACTORES”. Es decir, que
según la versión que los
manuales intentan divulgar y
difundir, para el marxismo, la
sociedad sería algo así como una
sumatoria:
[Factor económico + Factor
político + Factor ideológico].
Marx habría descubierto el
primer “factor”, el económico.
Habría que completarlo,
supuestamente, con los factores
restantes…
Esta visión, deformada y vulgar,
constituye una simplificación
absoluta del pensamiento
revolucionario. Una
simplificación, no porque
explique este pensamiento en
términos fáciles, comprensibles
y accesibles a todos (lo cual
sería muy bueno…), sino una
simplificación porque lo
deforma, lo mutila, lo segmenta,
lo fractura y, finalmente, lo
termina transformando en algo
completamente inútil para pensar
y actuar contra el capitalismo.
En segundo lugar, consideramos
que esos manuales incurren en un
mismo vicio de origen. No
obstante haber sido
confeccionados para divulgar el
marxismo en las masas populares
y haber cumplido esa función en
determinado momento de la
historia, todos estos manuales,
sin excepción, en sus múltiples
variantes (los stalinistas de la
Academia de Ciencias de la URSS
o del PC francés, los
trotskistas del SWP
norteamericano [Partido
Socialista de los Trabajadores
de EEUU] o aquellos que traducen
al español los esquemas y
recetas de Louis Althusser),
parten de una misma concepción
pedagógica.
En ella existe una rígida
jerarquía entre “el que sabe” y
“el que no sabe”. Entre aquel
que, supuestamente, vuela
velozmente por las altas cumbres
de “la ciencia” y aquel otro que
camina lentamente por el
subsuelo ideológico del sentido
común. A través del manual, el
primero le “transmite” al
segundo la doctrina y el
sistema. En lugar de socializar
el saber disminuyendo y
tendiendo a disolver las
jerarquías simbólicas y
culturales, estos manuales
terminan reproduciéndolas, en
una nueva escala y con lenguaje
“progresista”.
Sólo podría escaparse a esta
reproducción de las jerarquías
si el manual incluyera, de
manera central y necesaria, una
remisión a la experiencia vital
y subjetiva del lector y la
lectora, en lugar de presentarle
las definiciones
descontextualizadas y ordenadas
al margen de la propia historia.
De esta manera permitiría que
quien se inicia en el estudio
del marxismo pueda construir su
propia aproximación a la teoría,
a partir de sus propias
necesidades.
Al presentar ya “cocinadas” las
respuestas, previamente
elaboradas por los autores del
manual sin la participación
activa del sujeto que lee,
estudia y pretende (auto)formarse,
el manual reproduce entonces esa
jerarquía implícita. El lector
debe aceptar que lo conduzcan de
la mano, pasivamente, hacia la
revelación de “La Verdad”.
Además, en ellos el saber no se
concibe como una aventura
abierta y en construcción sino
como un círculo ya cerrado de
antemano. En el manual todo está
resuelto. El marxismo, nos
previenen, ya solucionó todo. El
marxismo, nos inculcan, tiene
todas las respuestas acabadas.
El marxismo, nos gritan,
constituye una doctrina
clausurada, terminada y
férreamente circular. Un Sistema
(con mayúsculas). Sólo nos resta
repetirla, memorizarla y
“aplicarla”.
Todas esas experiencias
pedagógicas parten de respuestas
preconcebidas en lugar de
presentar preguntas e
interrogantes abiertos. Cuando
aparecen preguntas, si es que
aparecen, lo cual es más bien
raro, son sólo de repaso o de
“aplicación de las definiciones
aprendidas”. Su pedagogía es una
pedagogía de la repetición, no
de la pregunta ni de la
interrogación.
El Che sobre los manuales
El Che Guevara, en una carta de
1965 a Armando Hart Dávalos,
caracteriza a esos manuales,
sencillamente, como “ladrillos”.
El Che afirma que estos textos
“tienen el inconveniente de no
dejarte pensar; ya que el
partido lo hizo por ti y tú
debes digerir. Como método, es
lo más antimarxista, pero además
suelen ser muy malos”. Más
tarde, el Che evalúa en el mismo
sentido el manual de
M.M.Rosental y M.Straks
Categorías del materialismo
dialéctico (típico manual de la
corriente soviética). Lo
caracteriza, sin mayores
trámites, como “un manual
incompleto, lleno de
dogmatismo”. Refiriéndose a ese
dogmatismo cerrado, el Che
sostiene que para aquella
cultura política, en la que se
basaban estas experiencias
pedagógicas de divulgación, “el
Manual era una Biblia –ya que
por desgracia la Biblia no es El
Capital sino el Manual-”. De
este modo, Guevara sintetiza la
incomprensible reverencia con
que el marxismo oficial en los
países del Este europeo trataba
a aquellos experimentos
pedagógicos.
En esos “ladrillos” —que por lo
general disputan entre sí y a
los codazos para ver cuál es el
más ortodoxo— la teoría ya viene
masticada. Sólo hace falta
tragarla, si es que uno se anima
a hacerlo (ejercicio que no
siempre es grato).
¿Marxismo sin historia?
En su mayoría, esas propuestas
de divulgación marxista
responden al modelo cultural y
pedagógico consolidado en la
Unión Soviética durante los años
’30 (aún cuando en algunas de
ellas se cuestiona
discursivamente al stalinismo).
Al hacer completa abstracción de
las coordenadas históricas del
lector o la lectora, nunca se
parte de la sociedad en que se
vive y que se pretende cambiar.
El sujeto que lee y estudia y el
objeto a estudiar no están
vinculados entre sí. Están
escindidos y radicalmente
separados. No hay interacción
alguna entre sujeto y objeto, no
hay dialéctica. Hay un divorcio
absoluto entre lo que se lee y
lo que se vive en la vida
cotidiana. En el mejor de los
casos, algunos de estos manuales
invitan al lector a realizar un
esfuerzo por encontrarle
“aplicación” a las definiciones
que se formularon previamente.
Esto sucede, precisamente,
porque se estudia y se repiten
fórmulas, definiciones y citas
al margen de la sociedad
histórica en la cual se vive.
No es casual que en el contenido
de todos esos manuales no se
encuentre referencia alguna a la
historia de América Latina (las
culturas de los pueblos
originarios, el aplastamiento
realizado por la Conquista
europea, las masacres, los
genocidios periódicos, el
neocolonialismo, las recurrentes
dictaduras militares, los
desaparecidos, las “democracias”
contrainsurgentes, etc.).
En la bibliografía de esos
manuales tampoco pueden hallarse
textos producidos por
revolucionarios y marxistas
latinoamericanos. ¿No existen?
¿Nadie produjo en nuestras
tierras algo que valga la pena
ser leído? ¿Nadie pensó algo
digno de estudiarse?
En esos manuales sólo se hace
referencia a la historia
europea, aparentemente la única
que posee “dignidad” para
convertirse en objeto de estudio
teórico. Únicamente se leen o se
citan a sus “clásicos”… (pues se
atribuye el carácter “clásico”,
exclusivamente, a los
revolucionarios y pensadores
europeos, ya sea que pertenezcan
a las revoluciones burguesas de
los siglos XVI, XVII y XVIII o a
las revoluciones proletarias de
los siglos XIX y XX).
Por todo esto, cuando decidimos
encarar esta tarea de formación
política, nos resultó
imprescindible tratar de abordar
el desafío desde otro ángulo.
No somos autosuficientes. No
pretendemos descubrir (por
enésima vez) la pólvora. Como ya
señalamos, antes que nosotros,
varias generaciones han
reflexionado sobre sus
experiencias y las han
sedimentado en determinados
saberes teóricos colectivos,
entre los cuales el pensamiento
marxista constituye uno de los
fundamentales. El mismo Che
Guevara señala que “hay una
cuestión que tenemos que
entender, nosotros no podemos
ser hijos de la práctica
absoluta, hay una teoría; que
nosotros tengamos algunas
fallas, algunos motivos de
discusión de algunos aspectos de
la teoría, bueno, pues perfecto,
para poder hacer eso hay que
conocer aunque sea un poquito de
teoría, ahora inventar la teoría
totalmente a base de la acción;
solamente eso, es un disparate,
con eso no se llega a nada y hay
una teoría elaborada por gente
que han tenido una capacidad
realmente asombrosa, porque la
capacidad que tuvo Marx para
desentrañar las relaciones de
producción es algo realmente
admirable, casi inconcebible en
aquella época; y la capacidad de
Lenin para sistematizar todo
eso, para llevarlo a la
práctica, es algo también de una
altura enorme”.
A partir de esa reflexión del
Che y, sobre todo, a partir de
nuestra propia reflexión y
nuestra propia experiencia de
formación política, las nuevas
generaciones seguimos
considerando útil y necesario
formarnos en esta tradición de
pensamiento revolucionario. Pero
ya es hora de ir abandonando el
pesado lastre del dogmatismo y
el eurocentrismo, ambos
cristalizados en los viejos
manuales.
Creemos, por ello mismo, que
Carlos Marx, Ernesto Che Guevara
y Paulo Freire pueden y deben
darse hoy la mano, en América
Latina y en el mundo. Para que
el marxismo sea una herramienta
eficaz en la lucha contra el
sistema capitalista, en lugar de
un peso muerto que hay que
cargar en la espalda por temor a
la ortodoxia. Para que nos
permita pensar la sociedad
latinoamericana y su dolorosa
historia, en lugar de ocultarla
y negarla con argumentos
supuestamente “progresistas”.
Para que nos facilite la tarea,
en lugar de obstaculizarla. Para
que nos permita comprender la
necesidad de unir al campo
revolucionario anticapitalista y
antimperialista, en lugar de
generar divisiones artificiales,
narcisistas, estériles e
incomprensibles. Para que nos
ayude a radicalizarnos cada vez
más, en lugar de moderarnos y
hacernos paulatinamente más
“realistas” e institucionales.
Para que nos permita hacer
observables nuestras falencias y
debilidades colectivas, en lugar
de cegarnos y volvernos cada vez
más sordos. En suma, para que
nos invite a formular nuevas
preguntas, en lugar de clausurar
los debates.
Qué entendemos por “pensamiento
marxista”
Hemos titulado nuestra propuesta
pedagógica Introducción al
pensamiento marxista. Pues bien,
¿qué entendemos por “pensamiento
marxista”? Entendemos el
pensamiento marxista como una
nueva concepción del mundo y de
la vida, como filosofía de la
praxis, como teoría crítica de
la sociedad capitalista, como
concepción materialista de la
historia y como una nueva ética
revolucionaria basada en la
creación de hombres y mujeres
nuevos. Creemos que el
pensamiento marxista debe tener
como máxima aspiración la
emancipación humana y la
superación de la alienación. En
nuestra propuesta de formación
política concebimos el marxismo,
básicamente, como una filosofía
de la revolución. Todas sus
teorías, todas sus preguntas y
todas sus hipótesis podrían
resumirse en la siguiente tesis:
¡rebelarse contra la injusticia
es legítimo!. No sólo es un
derecho. ¡Es un deber!. Esa es
nuestra razón de ser, nuestro
“principio fundamental”,
inclaudicable, innegociable, un
punto de partida que, pase lo
que pase, jamás aceptaremos
abandonar.
Pero esa sola tesis no nos
alcanza. Muchos otros
interrogantes quedan abiertos.
La formación política debería
apuntar a abrir el horizonte de
preguntas y ayudar al nacimiento
de esos interrogantes en la
militancia popular.
Objetivos de la formación
Como alguna vez dijo Fidel
Castro “no nos interesa formar
fanáticos sino hombres y mujeres
cultos y libres”. Concebimos a
la cultura no como una
acumulación mecánica de datos e
informaciones inconexas, vacías
de sentido, sino como una
dimensión profundamente
liberadora de la actividad
humana. Una dimensión libertaria
y rebelde que nos sirve para
enfrentar este medio social que
nos explota y nos mercantiliza,
que nos oprime y nos humilla.
Sí, hombres y mujeres cultos y
libres. Militantes con valores,
con convicciones firmes, con
voluntad y fundamentalmente con
decisión de llevar nuestros
objetivos a la práctica.
No hay mejor manera de ayudar a
que se desarrollen los valores
socialistas en el seno del campo
popular que la difícil pero
apasionante conjugación de
valores, convicciones firmes y
pensamiento crítico. Nuestro
gran objetivo apunta a amalgamar
la ética y la racionalidad, el
entusiasmo militante y el
estudio sistemático, la fe en la
revolución, la teoría
revolucionaria y la práctica
política. Lo decimos
abiertamente. Nos proponemos
ayudar a la (auto)formación de
militantes comprometidos, con la
cabeza y el corazón, con el
pensamiento crítico y las
entrañas, en la lucha popular
por la revolución socialista en
cada uno de nuestros países y a
nivel mundial.
La formación política y el
estudio teórico deben encararse
en forma rigurosa y sistemática.
Es una tarea a largo plazo. Pero
no los concebimos como un fin en
sí mismo, sino en función de
contribuir a las luchas
colectivas de nuestro pueblo.
Pedagogía de la pregunta,
sentido común y conciencia
socialista
No somos escépticos ni
relativistas. No nos da lo mismo
cualquier cosa. Tenemos algunas
certezas básicas. Suscribimos
determinados puntos de vista y
algunos principios fundamentales
que no sometemos a “negociación”
ni a transacción alguna. Creemos
que el capitalismo constituye un
sistema social de dominación
completamente injusto, perverso,
inhumano, explotador, destructor
de la naturaleza, jerárquico,
patriarcal y excluyente.
Necesitamos una alternativa para
luchar contra y superar al
capitalismo. Creemos que esa
alternativa, no sólo en
Argentina o en Brasil, ni
siquiera en América Latina, sino
en todo el mundo debe ser el
socialismo.
Pero sobre esa base de
principios innegociables tenemos
muchísimos interrogantes
abiertos. Un universo infinito
de preguntas —cuanto más
avanzamos en el conocimiento nos
damos cuenta de que sabemos
menos— se abren ante nosotros y
nosotras. No son preguntas “de
repaso”. No son preguntas “para
memorizar las definiciones
aprendidas”. No son preguntas
retóricas. Son preguntas
abiertas.
Nuestra propuesta de guía de
estudios para comenzar a
recorrer juntos una introducción
al pensamiento marxista intenta
incorporar tan sólo un pequeño
segmento significativo de esas
innumerables preguntas. Las
respuestas, que seguramente
surgirán del diálogo y el
estudio en grupos, deberán ser
colectivas.
Seguramente habrá respuestas.
Nuestras dudas e interrogantes
tampoco constituyen un fin en sí
mismo. No cultivamos el
escepticismo. Son dudas e
interrogantes metódicos,
imprescindibles para evitar todo
dogma y poder avanzar en la
construcción colectiva del
pensamiento social crítico.
Pero esas respuestas no saldrán
de la galera de ningún mago,
sino de la práctica política de
los movimientos sociales y la
militancia popular. Es en el
seno de los movimientos sociales
donde deberemos abordar,
colectivamente, la resolución de
esos desafíos. Ya nadie, en su
sano juicio, puede atribuirse la
propiedad absoluta de la verdad
única y revelada. Como
lúcidamente enseñaba Lenin, la
conciencia socialista se
construye desde afuera de la
lucha económica pero desde
adentro de los movimientos
sociales. Las vanguardias (es
decir aquellos que son ejemplo
en la lucha, sin los cuales los
sectores populares jamás podrían
triunfar sobre la hegemonía de
enemigos tan poderosos) deberán
ser vanguardias dentro del
movimiento de masas, no fuera de
ellos. Y la conciencia
socialista deberá construirse
dentro de esos movimientos de
masas. La formación política es
el instrumental
político-pedagógico destinado a
construir colectivamente esa
conciencia anticapitalista y
antiimperialista, más allá de
las meras reivindicaciones
económicas, pero siempre dentro
del movimiento social.
La discusión de fondo,
específicamente pedagógica pero
por eso mismo totalmente
política, gira en torno a las
reflexiones de Lenin sobre el
difícil vínculo entre
espontaneidad y dirección
conciente; y a las reflexiones
de Gramsci sobre saber popular,
sentido común, filosofía de la
praxis y teoría científica. En
definitiva, se trata de repensar
el nexo y la vinculación de
aquello que las y los militantes
traen consigo a los cursos de
formación política y aquello a
lo que aspiramos que cada uno se
lleve consigo —para multiplicar
y potenciar la militancia—
cuando estos cursos terminan.
Conocimiento y ética,
racionalidad y mística
Para reforzar la confianza en la
lucha popular, la certeza de la
posibilidad de triunfar, la
necesidad de organizarse y la
impostergable tarea de unidad
revolucionaria contra el sistema
la teoría crítica sola no
alcanza. Hay que acompañarla de
mística y entusiasmo. El
conocimiento aislado, sin el
orgullo y la autoestima de
participar en la lucha, no
resulta suficiente. Hay que
conocer con la cabeza pero
también con el corazón.
Precisamente por eso en nuestra
experiencia de formación
apelamos a la pedagogía del
ejemplo del Che Guevara. En su
vida y su pensamiento político
se amalgamaron todas las
lecturas necesarias del
marxismo, todo el estudio
teórico de los clásicos,
incluido el estudio colectivo
durante años de El Capital (la
obra principal y la más difícil
de Marx), junto con la
importancia de la moral, de los
valores y del ejemplo cotidiano.
Ya hemos tenido, en Argentina y
en Brasil, buenos ejemplos de
conocedores del marxismo que han
puesto su saber y su erudición
al servicio de los poderosos.
Juan Carlos Portantiero, en el
caso argentino, y Fernando H.
Cardoso, en el caso brasileño,
constituyen dos ejemplos
paradigmáticos de ciencia social
sin ética, de saber erudito sin
valores, de acumulación de
teorías académicas sin
compromiso.
Seguramente la dificultad para
acompañar la concientización con
las emociones y la mística ha
sido una de nuestras mayores
debilidades y desafíos
pendientes en la formación
política en Argentina. Es
probable que haya sido nuestra
mayor falencia.
Primer balance, dificultades y
desafíos políticos de alcance
general
A la hora de ensayar un primer
balance de lo realizado hasta
aquí, una de las dificultades
mayores con que nos hemos
tropezado ha sido el tremendo
sectarismo, el recelo y la
desconfianza mutua que reina
entre varios movimientos
sociales de Argentina y entre
muchos compañeros. Este ha sido
un obstáculo mayor, de alcance
general.
En ese sentido, la Cátedra Che
Guevara intentó contribuir a
crear un espacio pluralista de
encuentro, de diálogo, de
estudio, de debate y de
formación colectiva donde se
pudieran cruzar diversas miradas
y enfoques del movimiento
popular argentino. Ese espacio
permitió encontrar puntos en
común entre diversos
movimientos, imposibles de
debatir por separado, en los
encuentros de formación con cada
una de las corrientes.
Otras dificultades (subsidiarias
pero no menos importantes) con
que nos hemos encontrado en la
práctica de formación han sido:
(a) La debilidad política que se
deriva de una falta de
preparación teórica en la
militancia de base.
(b) Los prejuicios contra el
estudio y la teoría política,
originados ya sea en el
populismo nacionalista (para
aquellas vertientes sociales que
se originan en el peronismo) o
en el obrerismo extremo (para
las que provienen del marxismo
clásico).
(c) El culto a la espontaneidad
y a derivar toda estrategia
exclusivamente de la marcha del
“día a día”.
(d) El rechazo (muchas veces
justificado) del viejo
dogmatismo, que sin embargo se
transforma habitualmente en un
rechazo a secas de cualquier
referencia al marxismo.
(e) La pérdida del hilo
histórico y de la memoria
histórica que impiden
reconstruir la historia de las
rebeldías y rebeliones
anteriores a la de nuestra
generación provocando, de esta
manera, el desconocimiento de
experiencias militantes del
pasado.
Desafíos específicamente
pedagógicos
Entre los desafíos
específicamente pedagógicos que
deberán ser encarados en las
próximas fases de la formación
política se encuentran los
siguientes:
(a) Superar la pesada herencia
europeísta de los manuales de
divulgación marxista,
estructurados a partir de
experiencias exclusivamente
europeas (principalmente
provenientes de la URSS y sus
Academias de Ciencias, pero
también de otras corrientes
políticas).
(b) Incluir y desarrollar la
reflexión sobre los propios
sujetos en lucha.
(c) Estructurar los contenidos
de estudio a partir de la propia
historia latinoamericana. La
lógica de investigación no puede
prescindir de la propia historia
a riesgo de caer —una vez más—
en un decálogo de fórmulas
metafísicas, sin tiempo, sin
espacio y sin sujeto.
(d) Incorporar al estudio textos
producidos por marxistas
latinoamericanos (principalmente
de Ernesto Che Guevara, pero
también de José Carlos
Mariátegui, Aníbal Ponce, Julio
Antonio Mella, Roque Dalton,
Carlos Fonseca, Camilo Torres,
Miguel Enríquez, Mario Roberto
Santucho, Silvio Frondizi, Fidel
Castro, Gustavo Gutiérrez, Ruy
Mauro Marini, Carlos Marighella,
Caio Prado Junior, Florestan
Fernandes, Paulo Freire, Pablo
González Casanova, Agustín
Cueva, Sergio Bagú, Adolfo
Sánchez Vázquez, entre
muchísimos otros), regularmente
desconocidos y ausentes en los
manuales y cursos elaborados a
partir de experiencias
exclusivamente europeas.
(e) Investigar e incorporar
textos de lectura producidos por
militantes revolucionarias de
nuestro continente,
habitualmente negadas,
silenciadas o directamente no
editadas.
(f) Evitar el modelo vertical
donde se trata de “volcar
información” sobre compañeros
que supuestamente “no saben
nada” y necesitan ser conducidos
hacia “la verdad” revelada. (Un
buen recurso para evitar ese
modelo vertical consiste en
presentar preguntas para el
debate colectivo, pero no
preguntas de repaso donde habría
que repetir las definiciones
inculcadas, sino preguntas
abiertas que sirvan como
disparador en la elaboración de
categorías y análisis
políticos).
(g) Lograr el difícil equilibrio
entre participación popular y
profundidad conceptual, evitando
tanto el academicismo como el
“basismo” populista.
(h) Rescatar, junto al proceso
de concientización, la
importancia fundamental de las
emociones y la mística, sin las
cuales no se puede construir ni
consolidar la identidad
colectiva de quienes luchan.
La pedagogía del Che como
elemento de convergencia
Aunque la formación política que
intentamos desarrollar no se
limita exclusivamente a Guevara,
creemos que en el Che se
expresan nuestros máximos sueños
y aspiraciones. El pensamiento
marxista del Che constituye una
síntesis de la extensa historia
antimperialista de nuestra
América y lo mejor del marxismo
heterodoxo europeo. Unidos,
ambas tradiciones, por un punto
de vista humanista y radical.
Pero su utilidad y actualidad no
se agota en esas fuentes
ideológicas. Además, la
pedagogía del ejemplo y la ética
socialista del Che nos sirve
para superar la dispersión, como
instancia de unidad
revolucionaria donde
encontrarnos todas y todos
aquellos que enfrentamos al
sistema de dominación e
intentamos formarnos
políticamente contra la
hegemonía del poder. Su mensaje
de lucha, esperanza y rebeldía
organizada nos reclama abandonar
las desconfianzas, los recelos y
los absurdos sectarismos entre
quienes militamos por uno de los
ideales más nobles que ha
conocido la humanidad: la causa
de la revolución mundial y el
socialismo.
Gentileza:: Pablo Kilberg [
pkilberg@datafull.com ]
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