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Juventud descarriada.- 3/1/05
 
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Fuente-
http://www.conocimientosweb.net
/mestizos/article20.html
Juventud descarriada.
Conforme pasa el tiempo, cada
vez es más evidente la fuerza
que esta tomando el descontrol
juvenil, moviendo los cimientos
de un sistema social frágil y
con errores en su estructura.
Esos errores en la sociedad son
los motores y catalizadores para
“incitar” al joven a perderse en
el mar del materialismo,
destruyendo su vida... y a largo
plazo, podría traer el
inimaginable colapso del núcleo
familiar. El resultado sería la
destrucción de la sociedad
mexicana, de la cual ya emergen
sus primeros efectos.
El uso inmoderado de las drogas,
el licor y el sexo, junto con
los sueños vacíos del
materialismo, poder y la “moda”,
encaminan al joven deslumbrado
por las mediocres sensaciones a
sentirse todo-poderoso y
superior a sus superiores
(padres, maestros, abuelos,
adultos.) Dominante, y con el
pensamiento de tener el
“derecho” de vivir al máximo,
con la “sapiencia” que piensan
tener, se aventuran a hacer todo
aquello que más aqueja a la
sociedad mexicana (nótese que
hago hincapié en la mexicana, y
no en la global).
La culpabilidad del caos juvenil
no recae esencialmente en los
jóvenes, ya que el problema es
la defectuosa sociedad moderna
mexicana. Antes de la conquista,
nuestras distintas naciones en
Anáhuac tuvieron la juventud más
ejemplar de todo el orbe.
Nuestra verdadera sociedad veía
como el máximo y mejor fin
social: el alcance de una vida
armoniosa con la naturaleza, con
el semejante, y con la
espiritualidad (no precisamente
religión).
Pero desde la ocupación de 1521,
el europeo pisoteo nuestro
exitoso sistema social para
imponernos su decadente método
social, el occidental. Al
ejecutarse la forma de vivir del
europeo entre nosotros, vemos
muchos errores y agujeros que en
vez de evitar el mal comportar
del joven, alimenta e incita la
perdición, lo cual al mismo
tiempo afecta al mismo sistema
que lo provoca. Un detestable
circulo vicioso que conforme
pasa el tiempo, erosiona y
desestabiliza la sociedad. Un
ciclo que aumenta gradual y
exponencialmente.
Los “valores” ilusorios son
glorificados en la actual
sociedad, alimentado por las
costumbres estadounidenses.
Estos valores erróneos provocan
que los jóvenes no sientan
respeto por la ecología, por sus
semejantes, o espiritualidad
alguna. Sumidos en la niebla,
los jóvenes no perciben los
males que puedan hacer, porque
ellos se guían bajo los
estatutos de la envilecida
sociedad occidental. Las
llamadas de atención del adulto
no funcionarán, ya que la
sociedad esta diseñada de tal
forma.
Como joven que soy, he analizado
el ambiente social desde una
perspectiva distinta.
Para volver a tener una sociedad
pujante como la de nuestros
ancestros, tenemos que quitar el
actual sistema colonizador, y
regresar a nuestras raíces. La
estructura de nuestros ancestros
llevó a sus habitantes en
términos sociales a la cima. El
potencial del joven tan solo
duerme, del cual necesita
despertar los valores y
tradiciones que nos legaron
nuestros Viejos Abuelos; respeto
a la ecología, al semejante y a
la espiritualidad... encaminados
por sus padres.
Juventud desolada.
El descarrilamiento de la vida
juvenil ha causado muchos
pesares en el desenvolvimiento
del joven ante el mundo. Al no
tener un suelo seguro, sin
ideales o identidad, los jóvenes
son capturados por el espectro
de un sistema social quimérico
que engaña con imágenes
holográficas de “progreso” y
“bienestar” por medio del
ingreso material (monetario).
El mismo sistema oxidado que
produce jóvenes descarriados,
también siembra la soledad
mental, al estar enganchados a
una cultura que no permite
levantar la cabeza, porque las
directrices mismas de esta
cultura obligan al joven a
permanecer en la corriente. Como
si fuera un furioso río, la
sociedad no permite al joven ir
contra corriente, teniendo así
una juventud con mentalidad de
veleta.
El joven sin poseer una visión
de futuro, y muchas veces sin
esperanza, es esclavizado al
sistema colonial, el cual lo
“invita” a su ruina personal.
Pero antes de su quiebra, existe
ese momento en que el joven se
encuentra naufrago en el turbio
mar de la confusión. Extraviado,
es blanco fácil del bombardeo
materialista, y sucumbe
desenfrenado a los valores
falsos.
En la tenebrosa oscuridad, sin
un rostro propio, el joven se
afianza ciegamente a lo
tangible. Muchas veces lo
tangible puede ser bueno, pero
en su mayoría lo físico esta
gobernado por las leyes
terrenales. El rango palpable
incluye al dinero (esclavizado
al trabajo), substancias
(encadenado al licor o drogas),
y la sensualidad falsa
(embarazos no deseados)... y con
una familia que alimentar... el
ciclo del “becerro de oro” se
repite de nuevo con el dinero.
Todo esto sucede porque el
materialismo es elevado como el
gran y único medio para tener
“éxito” bajo este sistema social
eurocentrico Al joven no le
importa superarse o aprender
nuevas cosas (o incluso retar
las establecidas), sino que en
su desolación sabe que con tener
dinero es suficiente. En vez de
pedir salud, armonía social o
sensibilidad, la juventud exige
ingenuamente trabajo, trabajo y
trabajo, tal como lo dicta
nuestro sistema social
decadente.
Sin volver retrógradamente,
tenemos que regresar a nuestras
raíces esenciales de Anáhuac que
nos enseñan que lejos del
inhumano materialismo, esta la
auto superación para trabajar a
fin de contribuir y mejorar
nuestra comunidad. Seamos dueños
de una meta positiva fija en
nuestra mente desde los años más
sustanciales del ser humano,
para no vagar ciegamente en
espiral.
El dañino cáncer ha carcomido
nuestra sociedad desde sus
cimientos por 500 años, pero aún
tenemos la maravillosa
oportunidad de cambiar de
actitud. Es imposible que la
juventud continúe con un sistema
social europeo que declaró
muerto a Dios (dicho por
Nietzche), coronando al seductor
dios engañoso, el materialismo,
como el motor del engranaje
social. Suena aterrador, pero es
la realidad que nuestros jóvenes
y jovencitas viven día a día, es
la realidad que yo como joven
aún sigo peleando en esta guerra
por la recuperación de nuestra
bondad.
La juventud es el futuro, con
una juventud extraviada,
entonces nos espera un futuro
desolador.
Autor: Miguel Angel Omaña Rojas
Gentileza::
Juanita Velez Taboada [
veleztaboada_juanita@latinmail.com
]
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