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Bancarrota cultural.- 28/12/04
(España)
 
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Bancarrota cultural
“...los colegios construidos por
la empresa pública Ciegsa nos
están costando el triple de lo
que valen en cualquier otra
comunidad gobernada por el PP o
que la Ciudad de las Artes y las
Ciencias ha triplicado ya, sin
más problemas, su presupuesto
inicial. Intolerables
desviaciones presupuestarias que
posiblemente acabarán
proporcionándonos el dudoso
mérito de poseer las
infraestructuras educativas y
culturales más caras, e
inoperantes, del mundo. Un lujo
que evidentemente los
valencianos no podemos
permitirnos, pero que tendremos
que pagar nosotros solitos, ya
que el Ministerio de Cultura ha
dejado bien claro que no piensa
participar en esta locura.”
DOMINGO MESTRE - Miembro de
Ciutadans per una Cultura
Democràtica i Participativa
(Versión publicada en Levante-EMV,
18-12-04)
Pese a la aversión que
tradicionalmente han despertado
las artes y los artistas entre
los conservadores españoles, el
área de Cultura -que en su
versión popular engloba todo lo
relacionado con la industria del
ocio y del espectáculo-
desempeñó un papel estelar
durante las dos primeras
legislaturas del PP en nuestra
Comunidad. Según hemos sabido
posteriormente esta inesperada
estrategia fue diseñada por el
anterior presidente con el
propósito de maquillar su
gestión con una imagen
cultivada, capaz de
proporcionarle, tanto a su
partido como a él, un aire
moderadamente ilustrado y
vanguardista que les sirviera a
ambos para catapultarse
políticamente hasta Madrid.
Vista la maniobra con cierta
distancia temporal, recuérdese
que entonces las referencias
populares eran de la talla
intelectual de Álvarez del
Manzano o Rita Barberá, se
entiende mucho mejor ahora el
por qué durante aquellos
frívolos años no se escatimaron
recursos para ninguna
iniciativa, por inoportuna o
descabellada que ésta fuera, que
pudiera esgrimirse a través de
los media como un nuevo icono de
su espectacular brillantez
(recuérdese, en este sentido el
quimérico Museo del XIX, que
sirvió de excusa para el
desmantelamiento del IVAM, o los
baldíos Encuentros Mundiales de
las Artes). A consecuencia de
este glamouroso trajín, tan solo
superficialmente artístico, lo
que su sucesor heredó fue una
deslumbrante -o, más bien,
deslumbrada- Comunidad
Valenciana que en realidad
estaba empeñada hasta las cejas
y que carecía, pese al colosal
despilfarro, de cualquier tipo
de proyecto.
Ante este panorama, cuando
Zaplana consiguió su objetivo
madrileño algunos críticos
locales albergamos fundadas
esperanzas de mejoría. Pero lo
que estamos viendo por ahora, al
menos en materia de cultura y
educación, no puede decirse que
vaya por el buen camino. La
alternativa Camps se está
mostrando mucho más interesada
en desmantelar las redes de
poder tejidas por su predecesor
que en inyectar un mínimo de
racionalidad al sector público
relacionado con las artes. Así
pues, aunque a Consuelo Ciscar,
la principal responsable del
actual despropósito, sí que se
la ha desactivado parcialmente
al acomodarla en la dirección
del desacreditado IVAM, la
situación no ha mejorado gran
cosa. Por una parte, sí que es
cierto que se están efectuando
importantes recortes, tanto de
fondos como de ambiciones; y
también parece que estos, en
opinión de los expertos,
resultaban del todo
imprescindibles para evitar la
bancarrota. Sin intención de
negar la mayor conviene, sin
embargo, matizar determinados
aspectos relacionados con estas
supuestas medidas de economía.
En primer lugar cabe destacar
que la nueva política no llega a
ser de verdadera austeridad
desde el momento en que nadie se
ha atrevido a romper
definitivamente con algunos de
los más derrochadores engendros
de la anterior etapa: las
penosas Bienales de Settembrini
o la epidérmica e innecesaria
reforma del IVAM. En segundo
lugar, que las restricciones se
están ensañando con los sectores
más débiles del exiguo tejido
artístico valenciano. De hecho,
entre las primeras víctimas de
la nueva administración cabe
destacar el indefinido cierre
del EACC, el único Centro de
Arte que todavía mantenía una
relación constante con la
creación contemporánea, o las
escasas ayudas a los artistas
emergentes, tal como ha sucedido
con la convocatoria de las becas
de Art Visual que este año ha
desaparecido sin que nadie se
tomase la molestia de esgrimir
argumento alguno. Dudoso mérito
que en términos contables no
puede suponer más que un
mezquino ahorro de calderilla
que resulta a todas luces
injustificable, tanto en el
actual contexto estatal como en
el europeo. Una cicatería
selectiva que se ve acompañada,
además, por el agravio
comparativo de saber que los
colegios construidos por la
empresa pública Ciegsa nos están
costando el triple de lo que
valen en cualquier otra
comunidad gobernada por el PP o
que la Ciudad de las Artes y las
Ciencias ha triplicado ya, sin
más problemas, su presupuesto
inicial. Intolerables
desviaciones presupuestarias que
posiblemente acabarán
proporcionándonos el dudoso
mérito de poseer las
infraestructuras educativas y
culturales más caras, e
inoperantes, del mundo. Un lujo
que evidentemente los
valencianos no podemos
permitirnos, pero que tendremos
que pagar nosotros solitos, ya
que el Ministerio de Cultura ha
dejado bien claro que no piensa
participar en esta locura.
Así las cosas, entran ganas de
reír, para intentar no llorar,
cuando el nuevo responsable de
estos temas, el conseller Font
de Mora, acusa de estafadores
intelectuales a quienes le
reclaman resultados tangibles,
ocultando con esta espontánea
muestra de su ignorancia lo que
no es sino impotencia, o
desinterés por su parte, para
diseñar iniciativas con algún
tipo de fundamento, o que cuando
menos aspiren a incidir de forma
perceptible en el tejido social
del que surgen. Personalmente
sospecho que ante lo que nos
encontramos no es ante un cambio
de rumbo en materia de políticas
culturales sino ante una
errática continuación, aunque
ahora ya sin apenas recursos
económicos, de aquella
espectacular deriva diseñada en
su día no para alentar y
difundir las artes y las letras
sino para la mera autopromoción
de quienes la impulsan. Y como
el actual portavoz autonómico -y
anterior responsable del área de
Cultura, Educación y Ciencia- ha
mostrado ya su verdadero y nada
ilustrado rostro al afirmar que
le parece «peligroso que la
ciencia se imponga sobre la
democracia» resulta inevitable
pensar que «vendrán más años
malos», los cuales, además de
ciegos (Ferlosio dixit), nos
harán mucho más zafios e
ignorantes. De ser así, aunque
finalmente algún milagro
financiero consiguiera evitarnos
la quiebra económica, la
bancarrota cultural la tenemos
garantizada. ¡Ojalá me
equivoque!
Gentileza::
AM [
marin_antseg@gva.es ]
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