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colabora/mgz_colaboraciones_zobel.html
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RAFAEL SOTO VERGES / “ARTES”, nº 44. Madrid,
23 noviembre de 1963.
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Nos gusta más
la pintura de Zóbel que sus dibujos.
Aclaramos enseguida: Zóbel encuentra más
obstáculo -sempiterno obstáculo, padre de la
buena creación- en sus quehaceres plásticos
que no en los dibujísticos. Esta no podría
extrañarnos, habida cuenta de cierto
espíritu local -Zóbel es filipino- en sus
modernas concepciones. Las tierras del sol
naciente son la cuna de esa tradición más
lineísta que plástica. El escorzo oriental,
el perfil, la sombra chinesca, condujeron la
línea hasta el extremo practicable de
exquisita y atinada expresión. |
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En la factura
del dibujo, el espiritual criterio de la
línea no puede contentarse, como quisieran
Brown, Kent y Addison en cuanto al género
paisaje, con imitar hasta la perfección la
libertad de la naturaleza. Esta queda
obligada, como un jardín chinesco en Barrack-pour
o Buittenzorg, a atributos de magia, de
intención, pensamiento. Se vuelve taracea,
se amanera, compañera del hombre: ella le
sirve entonces como expresión, incluso de
sentimientos morales. |
La oriental
tradición lineísta -y seguiremos de cerca con
esta digresión la pintura de Zóbel-, la
perspectiva limpia, con ausencia de espesores
cromáticos, no pueden olvidar la oposición de
Kent. Kent es el dibujante que con más ahínco
oponen los ingleses a Le Nôtre. Defendió
tercamente el axioma de que la naturaleza tiene
horror a la línea recta. En lo que no pensaba
Kent es que así se proscribe toda regla y
escuela.
Pero hay que
volver los ojos hacia Pope. Recomendaba el
arte nuevo. Aquel que imbrica los ritmos
lineales del dibujo con los del
género-paisaje. Si los jardines clásicos
tenían base en la arquitectura, el orden
nuevo ha de tener su fuente en la pintura.
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Y estamos ya
de lleno en la cuestión. En el arte
oriental, el género-paisaje imita
formalmente la pintura. Y sus obras
pictóricas más representativas guardan las
rituales líneas -magia, sentimiento moral y
pensamiento-del género-paisaje, elaborado
para el recreo especulativo, no buscando la
presa de los tonos locales, sino de cada
hora, de sucesiva luz y entorno.
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Las
simplificaciones lineales nos muestran cómo
Zóbel busca la brevedad, la rapidez. Lo nimio y
lo vertiginoso, sujetos al mandato del ritmo
-ritmo de perspectivas, luces, horas- son
objetos del dibujo de Zóbel. El busca, muy
pensadamente, la imagen en la fugacidad. Sus
dibujos a pluma, en tinta negra, de minúsculo
trazo, comportan ese sello ritual, de ordenación
suave y elegante. No es un algo fugaz lo que él
dibuja. Sino su propio surco substancioso, su
trazo, en suma, su significación escorzal. El
puritano ánimo de la contemplación observa las
figuras en el trance del tiempo. En unas solas
rayas pudiera definirse el perfil del almendro
contra el azul vertiginoso. El simplismo
oriental apresa las imágenes por sus trazos
continuos, los caracteres conquistables por la
línea.
Pero a fuer de
lo simple, la conquista se vuelve
discutible. Detrás de esos minúsculos
elementos lineales podría esconderse también
la nadería. Eso sería entonces haber estado
elaborando un instrumento simplificativo sin
ulterior empleo. Estar abriendo estancias
para encontrar, también, la última vacía.
Zóbel sabe todo esto y su batalla estriba en
sujetar, entre los haces de las líneas, un
especial criterio de paisaje.
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Arduos son los
problemas del dibujo a pluma, sin apoyo de
luces, color, tintas corridas; más arduo aún
para este trazo estricto cuando huye lo
representativo. Pasarse del escorzo a lo
informal sería milagro artístico al no tener
apoyo en la materia plástica. |
Creemos que
Zóbel ha visto sus paisajes de perfil. Por amor
y a tenor de esa línea espiritualizada y libre,
no tectónica, sino con libertad de única
dimensión. Esa facilidad de Zóbel para tomar así
lo prodigiosamente prófugo y pequeño, nos
recuerda el dibujo de Dufy. La concepción de
Zóbel es distinta, más el tono lineal sí es el
mismo. En esa facilidad tiene Zóbel peligro, más
en ella también es donde le esperamos, para
totales logros, los que por conocerla la
estimamos.
RAFAEL SOTO VERGES
“ARTES”, número 44. Madrid, 23 noviembre de
1963.
Gentileza::
AMS [
antoniod17@ono.com ]
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