Ecos de un viaje a Buenos Aires- La fuerza de la sangre (Donde se habla, con nostalgia, del Pabellón 23), Por: John Argerich.- 4/2/04
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-Ecos de un viaje a Buenos Aires-

LA FUERZA DE LA SANGRE
(Donde se habla, con nostalgia, del Pabellón 23)

Por: John Argerich

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El suegro de Felipe Montegrande se llamaba Angel Viggiano. Una figura respetada en el bañado de Flores. Y al verlo pasar con ese aire de camba, la gente recordaba comentarios de hace unos días, nomás, cuando los garcas de la Fede vinieron preguntando. Porque su imagen estaba asociada al barrio, que no lo olvidó nunca, en sus largas justas con el Código Penal. Menos aún lo hubiera olvidado la prensa vespertina, que si no habla de la joda, dígame Vd. cómo va a vender el diario. Pero una cosa es cierta. La memoria de don Angel evocaba viejos tangos, metidos como púa en el corazón de mi arrabal.

"Está en cana, prontuariado
como agente' la camorra,
profesor de cachiporra,
malandrín y estafador…
-decía uno.

Pero si vamos a cantar la justa, esas eran cuitas del ayer. Porque Angelito ahora andaba más suelto de cuerpo, que un gorrión sentimental. Gambeteando la risueña en el doñaba. Corta y dulce libertad, recién salido de Devoto con indulto judicial. Mas no por olfa ni bocina, ¡attenti Garibaldi!, a ver si manyan bien. Que de puro guapo se chupó pirulo y medio en la celda 112 del pabellón 23. Pero cuando hay iniciativa, todo se da en este mundo, y a la final puso los 45 en polvorosa, dejando mucho afeto tras de sí. Retristones los cumpas, como se puede imaginar. Porque el Angelito era ante todo, un tipo bien. ¡Y qué barra fenómeno tenía, che! La pesada, como se suele decir. Un grupito con valores de rango internacional. El gringo Cipoletti, los zomellis Albajián, Pancho Ledesma, y qué sé yo. Gente de mundo. O sea toñas con contactos para embocarla en el futuro, jugando a ganador. Porque las relaciones son todo, che. Y los locos competían por poner sobre el tapete la mejor craneada. Un homenaje al espíritu de empresa que hizo grande la tierra de nuestros mayores, permitiéndole echar cierta sombrita en el globo terráqueo, como se suele decir. O sea que para tener marote, no hay que ser yanki ni japonés. Y a mayor abundamiento, agregaremos que la futurología era tema predilecto de cualquier recreo.
-¿Cuándo salís, Rata?
Y el aludido mencionaba una fecha lejana.
-Disculpáme, pero preciso otro socio. Me tomo el pire en octubre, y la merca está que pela, negro.
-¡Otra vez será!
Tenía razón, el cofla, porque Devoto parece un club social. El Jockey de la pesada, un decir.De entrada, andás como perro en cancha de bochas. Derecho de piso, para que me entiendan. Pero cuando te apiolaste, la vida va en carroza. Con cierto aquerenciamiento también, porque habiendo vocación, volver es una constante histórica. Que si no, bien jodido sería seguir en onda. Y cierta yornata a la hora de ducharse, apareció un negrazo corpulento con facha de malevo, que le decían "Yaguareté". Hablaba poco y nada, casi siempre en guaraní. Pero como de tanto ir el frasco al inodoro, a la final se rompe, parecía inevitable que un buen día el payuca se topara con la barra. No de pedo, sino porque siempre andaba buscando roña. Pero a mal puerto iba por leña, unidos, como fueron siempre los purretes. Sin embargo, el destino la gambetea por sorpresa, como ocurrió cierto 25 de mayo, que se jugaba un amistoso de fóbal interprisiones. Habían traído lo mejor de Caseros, Dolores y Sierra Chica, para disputarnos la copa, y la tribuna coreaba sus consignas a viva voz.
-¡Devoto, Devoto, Devoto…!
-¡Rajá, patadura!
-¡Cuando salga, me las pagás!
Gritería bien intencionada, es bien cierto, pero los hinchas no podían compensar a garganta el marcador. Con aquella incómoda visita dando pesto. Cosas de la vida. Entonces apareció el correntino, con cara de culo y ladrillo en mano. Proyectil que arrojó con precisión campestre rumbo al marote del toña que defendía la valla de Caseros. Ganaron, porque el referí dió por terminado el encuentro antes de que se armara la podrida. Pero hubo un despiole flor. Con los grises repartiendo leña, hasta que llegara la Federal. Y en ese ambiente de rosca, el grone tropezó con la barra. Uno de cuyos miembros más ilustres en un rapto de grandeza, dijo:
-¡Enhorabuena por el espíritu deportivo, che! ¿Cuál es su gracia, si se puede averiguar?
Así supieron que el loco se llamaba Angel Margarito Peñaloza. Y al empezar el chatting hizo migas con Viggiano. Después la población carcelaria estuvo encanada una semana. Pero al mes pasó la bronca por el estofado, y volvieron a abrir las celdas. Que a la final, había habido mucho escombro, pero ningún fiambre. Y cuando Viggiano y Peñaloza salieron al patio, todo Devoto conocía al dúo como "los ángeles", por ser tocayos. Y en tal idilio pasaban los días, sin mayor velocidad.
-¡Visita para Angel Viggiano! -dijo una voz metálica en los altorpalantes del pabellón, cierta mattina.
¿Quién iba a ser? Nada menos que su yerno, Felipe Montegrande. Valor que tuvimos el placer de presentar al comienzo de esta crónica. Un amigo de verdad.
-¿Qué decís papito?
-¿Bien, y vos?
-¿Te acordás de Luraschi, el cuñado de la Chola, uno que es matarife? Va a medias con el dire, para afanar 1.000 kilos de asado por semana. Facturan a Devoto, y miti-miti.
-Juéperra…¡Por eso acá corremos la coneja, casi sin morfar!
-Pero el proyecto se pinchó cuando estaban en lo más lindo, y va a haber una investigación del Ministerio.
-¡Que se jodan, por turros, che!
-Pará la mano, que esta es tu oportunidad. ¿Laburás en la cocina, no?
-Si.
-Entonces le digo a Chola que se puede hablar con la Dirección. Pará la oreja, así manyás bien lo que te bato.
Esa tarde había una conferencia con altos jefes del Servicio Penitenciario, porque era preciso abrir el paraguas antes de que se armara un toletole de mi flor. Que en esa rosca chapaba hasta la ruda, un decir.
-Mi respuesta es clara- dijo el Felipe Montegrande ante los capos- ¡Cambio testigos por indulto! ¿De acuerdo?
-¡No faltaba más!
Y llegada la comisión investigadora, los muchachos de la barra juraron por la virgen, que estaban llenos hasta los bofes, de tanto morfar asado. Que les sirvieran unos fideos, por favor. Que en la puta vida habían visto al mionca del matarife cargar en la cocina lo que entregaba en Recepción. Y el dire estaba hinchado de orgullo, sintiéndose en la cúspide de su carrera.
"Vistas los descollantes virtudes que adornan el noble corazón del interno, recomiendo su indulto, como un homenaje al que se ha hecho acreedor".
Y el juez, que también iba prendido, no tardaba en decretar:
"El penado 123456-077-02, Viggiano, Angel Domingo, queda en libertad condicional"
Después salió el correntino Yaguareté, y semana tras semana volvían a gambetear el empedrado todos los muchachos de la barra. Lo cual demuestra lo importante que es saber adecuarse al medio, cuando se pasa una temporada en cana. Como hacían los monos sabios. Estar en onda, sin ver ni hablar.
-¡Otra vez, mi bañadito! -dijo Angel Viggiano cuando volvió al bajo Flores, satisfecho con una buena tarde, en el bondi 132.
El correntino, que lo estaba esperando en la casilla, asintió guiñando un ojo enrojecido de alpiste.
-¡Tomo y obligo! -dijo- ¡Levante su copa, y vea qué atardecer porá!
Pero el solaz es efímero bien. En eso llegó un celular, y los canas se largaron como locos, arriando a cafúa sin contemplaciones al que no formara un cincuenta. Menos mal que Viggiano andaba forrado con el escruche de esa tarde, y pudo pararlos.
-¡Me dejaste en bolas, botón! -exclamó al largar los fasules.
No faltando un guacho conocido que se despidiera con cinismo de vigilante, mientras largaba un poyo de costado.
-Andá por la sombra, andá…
Pero no todos eran iguales. El cana que contaba los mangos sabía tratar al cliente, y agregó bajito:
-¡Tranqui, jefe, y hasta el otro carnaval!
Esa es la Argentina que yo vi. La fuerza de la sangre, che. 


THE END                      

                                                    

Copyright: John Argerich, 2003
 john.argerich@telia.com 

All rights reserved.

La serie quincenal "El amasijo" se publica regularmente en veintidos medios, de siete países, existiendo una versión en idioma inglés.

 




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